“El cura según Cervantes”, de Luis Miner

¿Qué pensó del clero de su época el insigne autor del Quijote? ¿Qué eran los curas, según Cervantes?

14 DE JULIO DE 2016 · 20:30

El cura Pero Pérez.,Cervantes Quijote Pero Pérez
El cura Pero Pérez.

Luis Miner fue seminarista católico que dio por investigar sobre la figura de los curas en el Quijote. En este libro, escrito hace ahora cien años, trata la primera parte de la novela cervantina. Un nuevo libro examina la segunda parte del Quijote.

Liborio Azpiazu, en breves palabras de presentación, interroga: “¿Qué pensó del clero de su época el insigne autor del Quijote? ¿Qué eran los curas, según Cervantes?

El joven autor de la obra da cumplida respuesta en el prólogo. Dice: “le titulamos “El cura según Cervantes” “porque el presente estudio versa principalmente acerca del concepto que Cervantes tenía del cura”.

Como lo reclamaba la exégesis, el primer cura que llama la atención de Luis Miner es Pero Pérez, el cura de la aldea de Don Quijote. En la primera parte de la novela tiene cierto protagonismo.

Personaje peculiar este Pero Pérez, vecino y supuesto amigo del Caballero.

Puede que lo hiciera con buenas intenciones, pero hay buenas intenciones que matan. Preocupados todos, la sobrina, el ama, el barbero, Sansón Carrasco y el mismo cura por las locuras de Don Quijote en su segunda salida, fue suya la idea de sorprenderle, encerrarle en una jaula, instalar ésta en una carreta tirada por bueyes y llevar al bueno y débil Caballero camino de la aldea. Don Quijote no pierde la razón. Discurre: “muchas y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes; pero jamás he leído, ni visto ni oído que a los caballeros encantados los lleven desta manera…que me llevan a mí ahora sobre un carro de bueyes, vive Dios que me pone en confusión”. Sí, viva Dios y no vivan quienes hacen burlas del prójimo. Señor cura, malo, malo, malo.

Bueno, bueno, bueno, argumenta Luis Miner, quien justifica la acción del cura invocando su ministerio religioso. “¿No es quién endereza al descarriado?”, pregunta. Y responde: “Como que reputando a su coterráneo Don Alonso Quijada por el más funestamente descarriado, pone en juego las más ingeniosas trazas e invenciones hasta lograr regir y enderezar sus pasos hacia Dios”.

¿Hacia Dios, dentro de una jaula en carreta tirada por bueyes? No. El señor cura dirigió los pasos de Don Quijote hacia grupos de niños que reían burlonamente al verlo de aquella manera. Dirigió sus pasos hacia los habitantes de una aldea que no escatimaron mofa, choteo, vejamen a costa del indefenso y sufrido caballero. Otro destacado episodio lo protagoniza el mismo cura en el capítulo VI de la primera parte al hacer escarnio de la biblioteca perteneciente a Don Quijote. Así lo resume Cervantes.

“En tanto Don Quijote dormía plácidamente, la sobrina, el ama, el barbero y el cura entran irresponsablemente, curiosos furtivos, a la biblioteca del Caballero. Allí encuentran “más de cien cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados y otros pequeños”. Esto se cuenta en el capítulo VI, primera parte de la novela. Páginas después, capítulo XXIV, Don Quijote confiesa que en su aldea tiene “más de trescientos libros que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida; aunque tengo para mí que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de malos y envidiosos encantadores”.

No. Los encantadores no hicieron desaparecer los libros. Fue el señor cura quien les prendió fuego, llevado por ideas inquisitoriales. Según acaba el capítulo VI, de la quema sólo se salvaron tres. Escribe Cervantes: “cansóse el cura de ver más libros, y así, a carga cerrada quiso que todos los demás se quemasen”.

Luis Miner define a Pero Pérez en “El cura según Cervantes” como “eclesiástico jocundo al par que discreto” y justifica la quema de libros por el miedo que los curas de la época tenían a la Inquisición. Quería, como se dice, curarse en salud. El escritor francés Émile Chasles, en su obra de 1886 sobre la vida y la obra de Miguel de Cervantes, dice que el episodio más triste en la primera parte del Quijote fue la quema de libros por parte del cura. Imperdonable.

Relacionado con el cura aparece el canónigo de Toledo, impresionado al contemplar el traslado de Don Quijote a su aldea en una jaula. Pero este canónigo, “señor de los demás”, que confiesa al cura haber tenido “cierta tentación de hacer un libro de caballerías”, también aprueba la quema de aquellos que Don Quijote guardaba tan celosamente en su biblioteca.

El autor de “El cura según Cervantes” escribe otro libro que basa en la segunda parte del Quijote. A él me referiré la semana próxima.

           

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