Los oficios proféticos del periodismo (I): la información
En una realidad dominada por el elemento del pecado, se ha hablado del hecho de informar como de un ‘cuarto poder’. Pero eso es solo una distorsión.
13 DE MAYO DE 2021 · 17:00
Abro un paréntesis temático en esta columna que durará algunas semanas y que se enfocará en cómo se ha reflejado el periodismo en la cultura popular, sobre todo en películas y series, planteando una reflexión centrada en lo que creo que se puede aprender del texto bíblico en cuanto a este oficio que para algunos, como le pasaba a Gabriel García Márquez, nos sigue pareciendo el más bello del mundo.
Soy de los que piensan que la información (nunca mejor dicho) de quién escribe, quién está detrás de un texto, debe llegar al lector desprendiéndose de forma sutil del propio texto, evitando mencionar en la medida de lo posible detalles personales directamente, sin recurrir a la vía de la metáfora o cierta poética. Porque nos es muy fácil crearnos imágenes equivocadas acerca de lo que leemos, y para crearse un error mental de algo personal, vale más la pena que sea el mismo autor, la persona que ha vivido la circunstancia que ahora narra, la que se permita dar forma a la imaginación del lector.
Por eso, me veo obligado a advertir que a lo largo de este paréntesis me he permitido introducir algunos detalles de mi experiencia, aunque lo más metafóricamente posible, porque los he considerado imprescindibles para transmitir esa parte de mi cosmovisión que afecta, en concreto, a este oficio periodístico. Así que comenzaré esta serie de artículos diciendo que llego a ella después de llevar meses pensando en cómo plasmarla, y aplazándola también a causa de otros contenidos audiovisuales en los que he ocupado la reflexión en este espacio. Pero también, llego a ella con una mezcla de sensaciones, todavía debatiéndome en su pertinencia, con cierto temor a que el efecto del cansancio le dé un giro indeseado o me deje pensando durante días ante una frase inacabada. En este sentido, debo agradecer el ánimo que me ha infundido un artículo publicado recientemente en Protestante Digital, firmado por Jenny Taylor, y que me ha recordado la necesidad de “reeducarme sobre el periodismo como sacramento de todo lo que valoro”.
La información
A modo de curiosidad, uno de los mejores profesores que recuerdo haber tenido durante la carrera de Periodismo en la universidad fue el de Historia de la Economía, que luego descubrí que es el hermano de Pere Ponce, el actor que hace de párroco en las primeras temporadas de la serie Cuéntame cómo pasó. Me gustaba que no se limitase a enseñarnos los acontecimientos más destacados en la historia de la Economía, sino que se esforzase por relacionarlos con su impacto en el ámbito informativo, a pesar de no ser su campo.
En la Biblia, desde muy al principio, Dios advierte que el soborno “nubla los ojos del sabio y tuerce las palabras del justo” (Deuteronomio 16:19). Es decir, lamentablemente, existe una relación entre el dinero y la veracidad de las palabras que se transmiten, habladas y escritas. Y esto está a la orden del día. Tal y como se esforzó en enseñarnos nuestro profesor de Historia de la Economía, en pocos años ejerciendo el oficio (en el ámbito secular), pude corroborar que el sector financiero ha impactado el informativo, cuando comencé a cubrir una noticia que afectaba a uno de los anunciantes del medio para el que trabajaba entonces y el director y el administrador me dijeron luego que lo dejase pasar y que me buscase otro tema.
Lo cierto es que, en una realidad dominada por el elemento del pecado, se ha hablado del hecho de informar como de un ‘cuarto poder’. Pero eso es solo una distorsión, porque el entendimiento que el pecado genera de algo como el ‘poder’ está pervertido. Con esto quiero decir que una parte de quienes se han esforzado en popularizar el concepto contemporáneo tienen una concepción del poder muy limitada a la idea del dominio. Solo hace falta echar un vistazo al accionariado, las participaciones y las juntas directivas de los principales medios de comunicación de cada país. El soborno (entiéndase como financiación, patrocinio y todo lo que tiene que ver con una dependencia económica), puede torcer las palabras del justo. No estamos exentos de ello.
Esto lo plasma muy bien la serie House of cards, de la que ya hablé en relación al poder. Aunque no es de temática periodística, sí que dedica un espacio generoso a representar un retrato particular del uso de ese ‘cuarto poder’ por parte de la élite política. Por más que me pese, creo que la serie presenta un escenario muy realista de la situación actual del periodismo, dominado casi siempre, vencido muchas veces y visto como molesto (lo cual es positivo, su objetivo) a menudo.
La norteamericana The Newsroom y la británica Press plantean desde un enfoque más concreto los dilemas que afronta hoy en día el hecho de informar. En el caso de la primera, me parece quizá más realista, aunque la propuesta está fuera de lugar en este contexto: la idea de la redacción inmensa, que cuenta con todos los recursos necesarios a su disposición y un equipo humano que supera la densidad poblacional de algunos municipios de montaña, se va muriendo en Europa. Press, dirigida por Tom Vaughn, puede resultar algo idealista, con la superación sin grandes problemas de los dilemas morales más complejos en los que muchos profesionales de la información se encallan durante tiempo, aunque la cultura británica resulta mucho más próxima y se plantea desde la prensa escrita, lo cual le da un toque más original, alejado de las grandes superproducciones televisivas de Estados Unidos.
Ambas series se esfuerzan en remarcar el valor de la información independiente, la definición de aquello que es de interés público y lo que no, o el cómo gestionar las noticias que tienen que ver con personas en situaciones delicadas, por ejemplo.
Tal y como planteaba Taylor en su artículo, en relación al derecho de todas las personas a ser informadas en tanto que todas ellas son criaturas de Dios, me resulta revelador que, en la Biblia, Dios se esfuerce constantemente por transmitir un mensaje concreto a toda una población general, como Israel, en la que le quedaban fieles, sí, pero también había una mayor cantidad de rebeldes. Ciertamente, el periodismo puede ser un elemento particular de la revelación de la gracia de Dios, en tanto que todavía es tiempo de informar. De informar sobre las noticias, las de nuestro día a día, como aquellas ‘buenas’ de las que todos tenemos necesidad.
La desinformación
Uno de los conceptos clave desarrollado a partir de la aparición de las diversas plataformas online que permiten compartir no solo mensajes sino también noticias, es el de la desinformación. Y esto no tiene que ver con la ignorancia informativa o la falta de accesos a la información, sino más bien con la perversión del elemento de veracidad en la noticia, con la transformación del mensaje para que diga lo que se quiere que diga.
A mí me hace pensar en algo como lo descrito Números 13:27-33, con el informe de los diez espías que fueron enviados a reconocer la tierra de Canaán junto con Josué y Caleb. Desinformaron, desanimaron al pueblo, moldearon su opinión, y eso se trasladó en rebelión y castigo. Afectó a las relaciones y acabó de una forma trágica. “Aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová”. (Números 14:37)
¡Mucho cuidado con la desinformación! ¡Y mucho cuidado con la forma en la que, a veces, la asumimos y difundimos, formando parte de la cadena! La revista The New Republic presumía de ser una de las pocas cabeceras que viajaban a bordo del Air Force One, sin embargo tardó tiempo en descubrir que uno de sus articulistas estrella durante la década de 1990, Stephen Glass, inventó decenas de artículos, creando él mismo las historias y los personajes. De hecho, ni siquiera fueron capaces de llegar a la cuestión por ellos mismos, sino que lo hicieron a partir de la investigación de otro periodista de Forbes, en un proceso recogido en la película de 2003 Shattered Glass (‘El precio de la verdad’).
“El periodismo es un trabajo duro. Todo el mundo está bajo presión. Todo el mundo se afana por sacar el tema. Nadie duerme, pero puede sonreír de vez en cuando”, dice el personaje de Glass en la película, interpretado por Hayden Christensen. Entre sus consecuencias, el pecado también ha impactado el hecho de informar, y para muchos es una especie deporte extremo. Menos mal que la Biblia nos recuerda el valor de la verdad en la información, y de aquellas voces que se esfuerzan por transmitirla con fidelidad. “He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz”. (Nahúm 1:5)
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