Sobrevivir no es suficiente

En Venezuela, las familias que buscan refugio o medios de supervivencia sin los recursos necesarios para conseguirlos se vuelven vulnerables a las redes de trata, la explotación y el abuso. La magnitud del desafío es inmensa. Por Maribel Prada, directora nacional de World Vision en Venezuela.

05 DE AGOSTO DE 2026 · 11:00

Lugares de refugio y educación para los niños en Venezuela. Foto: World Vision,
Lugares de refugio y educación para los niños en Venezuela. Foto: World Vision

Cumplido ya el primer mes desde los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, es imprescindible que reconozcamos una convicción que debe guiar todos los esfuerzos de recuperación y reconstrucción: sobrevivir no es suficiente.

Salvaguardar las vidas de las personas afectadas es, sin duda, una prioridad. Sin embargo, en World Vision entendemos que restablecer los derechos de los niños y niñas y reconstruir las capacidades locales requiere situar la protección en el centro de nuestra respuesta. La protección no es un anexo; es el eje central que da sentido y dignidad a todo lo demás. Proporcionar kits nutricionales y equipar comedores sociales solo tiene sentido cuando el acceso a estos bienes es seguro y digno. Nadie —ni hombres, ni mujeres, ni niñas ni niños— debería sacrificar su dignidad para obtener ayuda.

Nuestra acción humanitaria se basa en nuestra identidad cristiana y en principios innegociables: humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia. La ayuda humanitaria debe estar libre de cualquier condición. Es esencial defender esta convicción con vigilancia: en momentos de extrema necesidad, nunca faltan quienes están dispuestos a ofrecer ayuda a cambio de favores. Cualquiera que supedite la ayuda vital a un beneficio personal —ya sea económico, sexual, de reputación o de cualquier otro tipo— habla el lenguaje de la explotación y el abuso, convirtiendo el sufrimiento de los más vulnerables en un medio para alcanzar un fin.

El acceso al agua potable y al saneamiento no solo previene enfermedades: protege y defiende la dignidad de las familias, especialmente de los niños y niñas. Ninguna niña, adolescente o mujer debería tener que soportar, además de las privaciones materiales, la angustia de carecer de los medios para gestionar la menstruación con dignidad. Por eso diseñamos nuestras intervenciones de agua, saneamiento e higiene de tal forma que recibir un kit de higiene o acceder a instalaciones de aseo privadas esté totalmente libre de cualquier riesgo de acoso, intimidación o abuso.

Nadie debería sentirse vulnerable durante los actos más cotidianos de higiene personal y familiar. No es casualidad que World Vision haya integrado los Espacios Adaptados a la Infancia en todos sus procesos de distribución de bienes y servicios esenciales. Buscamos alcanzar dos objetivos: restablecer la sensación de seguridad en los entornos donde llevamos a cabo respuestas humanitarias y sensibilizar a niñas, niños y adultos sobre los riesgos de protección que todo desastre agrava.

Miles de familias han perdido sus fuentes de ingresos; por lo tanto, proporcionar medios de vida sostenibles y dignos también forma parte de la protección. Al restablecer los ingresos familiares, ayudamos a prevenir los mecanismos de supervivencia negativos que las dificultades suelen normalizar: una familia sin recursos puede verse obligada a sacar a sus hijos de la escuela para que puedan trabajar. El trabajo infantil que interrumpe el derecho a la educación es una forma de violencia que marca a los niños y niñas con el estigma de la exclusión y la desigualdad.

Del mismo modo, las familias que buscan refugio o medios de supervivencia sin los recursos necesarios para conseguirlos se vuelven vulnerables a las redes de trata, la explotación y el abuso. La magnitud del desafío es inmensa. UNICEF estima que casi cuatro millones de niños, niñas y adolescentes viven en las zonas afectadas y que al menos 680.000 necesitan asistencia humanitaria. Responder a esa escala solo es posible a través de la proximidad.

Como ONG profundamente arraigada en el país, con equipos nacionales y socios locales, trabajamos junto a socios religiosos, comunidades y estructuras locales existentes, reforzando sus propias capacidades de protección. Para nosotros, la localización no es un principio abstracto: es lo que hace que la respuesta sea real, pertinente y sostenible, porque las propias comunidades son las que mejor pueden comprender sus riesgos y recursos. Ningún derecho puede defenderse a costa de otro, y desde luego no a costa de la dignidad y la protección.

Por ello, a medida que pasamos de la ayuda de emergencia a la reconstrucción, renovamos nuestro compromiso a largo plazo. Aquí es donde nuestro enfoque nos distingue: no llegamos con la emergencia para marcharnos cuando desaparecen las cámaras. Por el contrario, acompañamos a los niños y niñas y a sus familias a lo largo del camino, desde la respuesta hasta la recuperación y el desarrollo.

Entendemos el nexo entre la ayuda humanitaria y el desarrollo: la respuesta de emergencia y la recuperación no son etapas separadas, sino parte del mismo camino hacia el bienestar integral, especialmente para los niños, niñas y adolescentes.

Les invito a unirse a nosotros en este largo camino de perseverancia, compromiso y fe para proteger el corazón de la infancia de Venezuela.

Proporcionar lo justo para sobrevivir no es suficiente.

Sobrevivir no es suficiente

Maribel Prada es directora de World Vision en Venezuela, donde la ONG lleva años trabajando, con más de 200 colaboradores nacionales ya presentes en el país. Desde Word Vision han activado una campaña de ayuda y donación para atender a los damnificados por los dos terremotos ocurridos en junio de 2026. Más información aquí.

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