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    Maná para el peregrino XXIV
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    Las “Escenas de la vida misionera en España” de D. Ernesto Trenchard

    Agradecemos estos ejemplos que nos ayudan en nuestro peregrinaje por este mundo, con el único sueño de la encarnación de Cristo en este suelo que habitamos.

    MUY PERSONAL AUTOR Jacqueline Alencar 08 DE JULIO DE 2018 18:00 h

    Y otra vez me encuentro con unas Escenas de la vida misionera en España (Centro Evangélico de Formación Bíblica de Madrid); esta vez son de Ernesto Trenchard (1902-1972), quien fue misionero en tierras españolas por 46 años, junto a su esposa Gertrudis Willie, con quien se casó en 1927. Me ha encantado leer, en el prólogo escrito por Samuel Escobar, que Trenchard se sumergió en la realidad española llevado por la vocación de servicio a Dios y al pueblo español. Realmente es de valorar, porque a medida que te sumerges en estas escenas que retratan la vida de los Trenchard por pequeños pueblos, durante los primeros ocho años de su estancia en España, la verdad es que no era la panacea. Y digo ‘los Trenchard’, porque su esposa Gertrudis fue también, sin lugar a dudas, protagonista de estas escenas que hoy recordamos, y colaboradora esencial en la elaboración del valioso legado literario que nos dejaron.



    Comenta Escobar, quien conoció a Trenchard cuando vino a España para realizar sus estudios en la Universidad Complutense, que “Trenchard amaba a España y a los españoles; y le preocupaba el avance del evangelio y la edificación de las iglesias en el país”. Y que “se sumergió en la realidad española llevado por una vocación de servicio a Dios y al pueblo español, aprendió bien la lengua de manera que pudo producir un vasto caudal de literatura bíblica en español, además de realizar un ministerio docente por toda la Península”. Estas afirmaciones me recordaron a un misionero escocés con alma latina, D. Juan A. Mackay, y su inmersión encarnacional en la realidad latinoamericana, a quien muchos latinoamericanos llegaron a considerar como uno de ellos mismos. “La palabra evangélica debe hacerse carne autóctona…”.



    Hasta poder asentarse definitivamente en España, tuvieron que residir entre este país e Inglaterra, ya sea por el inicio de la Guerra Civil o la caída de Francia en la Segunda Guerra Mundial, se comenta en el libro. Posteriormente, se conoce que una vez instalados en Barcelona, empieza una actividad fructífera de docencia y producción literaria plasmada en la obra de Cursos de Estudio Bíblico. En 1953, Trenchard contribuye ampliamente a realzar la actividad de la Alianza Evangélica Española como su presidente, creando también una Comisión de defensa de los evangélicos. En ese mismo año es elegido presidente de la Unión Bíblica. Entre sus libros cito: Bosquejos de Doctrina Fundamental, Exposición de los evangelios según Marcos, Exposición de la epístola a los Hebreos, Exposición de la epístola a los Gálatas, Consejos para jóvenes predicadores, Introducción a los Cuatro Evangelios, Hechos de los Apóstoles: Un comentario, Exposición de la epístola a los Romanos, Exposición de la primera epístola a los Corintios, El niño y la escuela Dominical, Normas de interpretación bíblica, etc. Con José María Martínez escribe Escogidos en Cristo.



    Comenta escobar que, después de sufrir un infarto de miocardio en 1964, D. Ernesto dedicó sus esfuerzos a la preparación de maestros bíblicos, lo cual dio lugar al surgimiento de nuevos misioneros como Pablo Wickham y Jaime Stunt; otros dedicados a la tarea docente como Juan Solé, Juan Federico, Pedro Gelabert, Pedro Inglés, y decenas más como ellos, congregados alrededor de los Cursos de Estudio Bíblico y la editorial Literatura Bíblica.



    Dice Escobar que su labor docente y literaria se amplió más allá de las Asambleas de hermanos por medio de las periódicas Conferencias de orientación Bíblica, publicadas luego como Cuaderrnos, y las Semanas de Estudio Bíblico. Colaborando, además, en el ministerio de lectura sistemática de la Unión Bíblica.



    Podéis conocer con más detalle la biografía de Trenchard, leyendo el entrañable prólogo de Escobar, gran difusor de la obra y vida de otros



    Estas escenas, objeto de mi mirada en este día, fueron publicadas en inglés el año 1934. En 2011 salen a la luz en castellano gracias al trabajo de traducción de Catalina Redman de Wickham, asistida por Carolina Wickham de Martín, Llorenç Torras y Orlando Enríquez; quedando la revisión del estilo a cargo de Samuel escobar, prologuista del libro.



    Constato que retratan tantos lugares de nuestra geografía española, algunos de los cuales yo misma he visitado en la actualidad; algo cambiados, pero que aún conservan la esencia que caracteriza todo lugar, que fue lo que se incrustó en el corazón de Ernesto Trenchard.



    Leo: “... hay caminos que solo pueden ser transitados por esos carros indestructibles que son los conducidos por bueyes. Todos los lugares donde tenemos obra son bastantes accesibles, y a otros se puede llegar en burro”. “Durante nuestro primer año en Piedralaves, los fondos escaseaban, y los autobuses resultaban caros e inconvenientes, así que muchas veces fuimos andando desde Piedralaves a Sotillo, y viceversa, una distancia de unos doce kilómetros ida y vuelta. ... A veces pedíamos prestado el burro de la Sra. Felisa; y un día, cuando iba a ser vendido, nos atrevimos a comprarlo por la cantidad de unas 600 pesetas… Lo llamaban ‘el Evangélico’, por causa de sus servicios al Evangelio...”.



    En el libro se describen las costumbres y condiciones de vida del área rural de España, o, mejor dicho, de algunas zonas de España. Trenchard las describe con tantos detalles y al mismo tiempo con tal pasión, que te enganchas en la lectura queriendo transportarte a esa época tan difícil para el Evangelio. “Uno de los encantos de la vida en las aldeas de España es que se pueden ver fielmente reproducidas muchas de las escenas y costumbres que aparecen en la Biblia y que en nuestras islas británicas son nada más que nombres... Los olivares nos recuerdan a Getsemaní...”, dice. “Son pocos los municipios de España donde los procesos agrícolas han llegado a modernizarse algo. Usualmente la cosecha se lleva a cabo con una hoz, el trigo se recoge con la mano izquierda, y se corta en lo alto del tallo con la hoz. La cosecha empieza en junio, y grupos de segadores se encaminan hasta los campos donde se cultiva l trigo, para obtener una miseria, agachados durante todo el largo día de verano sobre el trigo corto, con los fuertes rayos del sol español cayendo a plomo sobre sus cabezas y espaldas. Las gavillas se llevan en carros de bueyes hasta la era. […] Sin embargo, el tiempo de aventar el trigo es tiempo más sano para los campesinos, porque cambian sus oscuras habitaciones de dormir sin ventilación por el glorioso frescor de las noches de verano. Muchas familias viven las veinticuatro horas del día en la era, preparando todas sus comidas allí, y haciendo sus camas de paja y una manta por la noche. Tal fue la hermosa escena del idilio de Ruth. La luna de la cosecha sube majestuosamente en un cielo de color de índigo profundo, tiñendo las hojas susurrantes de los olivos de un brillante color de plata, y cambiando cada planta, árbol y gavilla en algo romántico y de delicada hermosura. La orquesta nocturna de la naturaleza suple una música que, aunque le faltan las melodías del día, sin embargo, de una manera extraña armoniza con las escenas nocturnas, y además sirve para enfatizar el silencio del ser humano… Así llega el día, en el cual cada escena la representará sobre la era el campesino español”.



    Y yo recuerdo a Rut en la era de Booz, recogiendo las gavillas que para los pobres dejaban caer los trabajadores de acuerdo a la Ley de Dios.



    Cuenta también acerca de un colportor, un señor llamado Julián García, de Arenas, quien junto con su esposa se convirtió. A través de muchas pruebas, este matrimonio y sus hijos, menos uno, permanecieron firmes en la fe, dice... Yo he podido conocer a algunos de los descendientes de estos hermanos aquí en Salamanca.



    Es como si fueses viendo escenas de una película, todo es tan real, como cuando describe la llegada de unos misioneros enviados por el Obispo a Arenas, justo cuando estaban construyendo la capilla: “Ya estaba colocado el techo cuando algunos 'Padres misioneros' vinieron al pueblo para celebrar una 'Santa Misión' por orden del Obispo. Ya nos imaginamos que nada bueno traería esa visita. Y así fue. Hasta entonces la gente fanática del pueblo había soportado nuestra presencia con mucha calma, y habíamos sido tratados con mucho respeto y consideración. Pero los 'Padres misioneros' deliberadamente se pusieron manos a la obra para encender la mecha del fanatismo, denunciando a los protestantes y todas sus obras. Manifestaron su sorpresa de que los jóvenes de Arenas no hubiesen actuado contra los protestantes... Así fuimos declarados solemnemente gente inmoral, que podíamos tener hasta cinco esposas a la vez”. Eran épocas en las que a los protestantes se les escupía e insultaba.



    Algunos pasajes me hacen recordar a la iglesia en sus principios: “En la habitación al fondo de la casa de María se celebró la primera reunión unida de los grupos de Arenas y Guisando, después del bautismo de la mayoría de ellos en Sotillo; fue un tiempo de gran regocijo y de gran promesa...”.



    A medida que vas leyendo las palabras tejidas por el autor, el corazón se emociona viendo con cuanto tesón estos precursores del Evangelio en España se encarnaron en esta realidad, y la amaron, dejando atrás comodidades, parentela, costumbres… No me imagino grandes colas para venir para acá. O sí.



    ¿Cómo leer hoy estas líneas de Trenchard acompañándolo en el camino, y no como meros espectadores desde un balcón? Agradecemos estos ejemplos que nos ayudan en nuestro peregrinaje por este mundo, con el único sueño de la encarnación de Cristo en este suelo que habitamos.



    Concluyo con un poema de Santos García Rituerto, amigo y discípulo de Trenchard, que Escobar incluye en su prólogo:



     




    La última cuartilla



     



    Sé que te fuiste ayer, mas no del todo:



    Te quedas en el fruto de tu esfuerzo,



    De tu labor sin tregua ni descanso,



    Que florece y madura en el silencio…



    Se te ha quedado una cuartilla en blanco



    Que espera en vano aquel fluir sereno



    De tu medida y comedida frase,



    De tu sentido y magistral acento…



    ¡Descansa en paz! Ya hiciste tu jornada



    Y el Capitán llevó tu nave al puerto.



    Como tú me enseñaste: siervo somos



    De Aquél a quien tomamos por Maestro,



    Y ese punto final de nuestra obra



    Lo pone solo su divino dedo.



     

     


    2
    COMENTARIOS

        Si quieres comentar o

     

    Plutarco
    08/07/2018
    02:20 h
    1
     
    Conocí a don Ernesto cuando yo era muy joven y él predicó en "mi" iglesia, en el Puerto de la Luz, Gran Canaria. Aunque mucha agua ha corrido bajo el puente de mi vida, hay algo que nunca he olvidado y por lo cual siempre he estado agradecido: con el programa de estudio de la Biblia por correspondencia que creó don Ernesto di mis primeros pasos en el estudio formal y sistemático de las Escrituras. De ello doy testimonio un un texto, lleno de anécdotas personales, que ahora estoy escribiendo.
     
    Respondiendo a Plutarco

    Jacqueline Alencar
    12/07/2018
    18:11 h
    2
     
    Gracias, hermano Plutarco. Sus palabras son un testimonio vivo de las huellas dejadas por aquellos que nos han precedido, en este caso las de don Ernesto Trenchard. Esperamos poder leer muy pronto ese texto que está escribiendo. Saludos fraternales desde Salamanca.
     



     
     
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