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Un anabautista en el índice de libros prohibidos (II)

Su libro prohibido representa la primera expresión de Hubmaier como anabautista y, por lo tanto, el primer texto impreso de todo el anabautismo.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 11 DE ENERO DE 2015 12:00 h
anabautistas Ejecución de 37 anabaptistas en Amberes, Bélgica. / Herald Press

Baltasar Hubmaier fue considerado heresiarca tanto en el Índice de libros prohibidos elaborado por el Concilio de Trento (1545-1563) como por el Índice de la Inquisición española (1583-1584). Al igual que muchos otros en busca de la reforma/restitución del cristianismo, Hubmaier fue sacerdote católico romano y la lectura de la Biblia le llevó a coincidir con los postulados de otros anabautistas sobre el libre acceso a la Palabra y el derecho a interpretarla.1



Aunque Hubmaier, como anota John Howard Yoder,2 produjo una obra numerosa y sobre distintos aspectos de la vida cristiana, “su preocupación principal […] fue el del orden de una iglesia renovada: bautismo, santa cena, catequesis, disciplina”. Éste interés en los mencionados tópicos lo muestra nítidamente en Suma de la vida cristiana, “fue escrito a fines de 1525. Representa así la primera expresión de Hubmaier como anabautista y, por lo tanto, el primer texto impreso de todo el anabautismo”.3



El escrito de Baltasar Hubmaier fue dirigido a tres iglesias, localizadas en Ratisbona, Ingolstadt y Friedberg. Lo inició reconociendo que antes, como sacerdote católico, había tenido una vida disoluta y enseñado una “doctrina falsa, sin fundamento e impía”. Confesaba que “como Pablo, haberlo hecho por ignorancia”. Había dejado atrás todo lo que consideraba falso y con nuevas convicciones procedió a elaborar un resumen de lo que implicaba ser cristiano.



Como los anabautistas de Zúrich, con quienes mantenía contacto y conversaciones, Hubmaier consideraba esencial tener en claro que el segumiento de Cristo iniciaba con la conversión. Las personas no nacían cristianas, sino que debían decidir en algún momento seguir o no el Evangelio proclamado por Jesús. La conversión implicaba comprender que antes de la misma habían tenido lugar seguimiento de ideas y prácticas distintas a los principios normados por Jesucristo para quienes querían ser sus discípulos.



Después de renunciar a la antigua vida y nacer a una nueva en Cristo, argumentaba Hubmaier, correspondía dar testimonio público de la conversión. La demostración del cambio interno, espiritual, debía hacerse mediante el bautismo de creyentes, por lo que el converso/conversa “se hace bautizar con el aguan exterior, con lo cual da público testimonio de su fe e intención: de que cree que tiene un Dios y Padre clemente, benigno y misericordioso, en el cielo, a través de Jesucristo; de que está conforme y satisfecho con eso; de que se ha propuesto y se ha comprometido ya interiormente a enmendar y perfeccionar su vida en adelante”.



La confesión de compromiso con una nueva vida y recibir el bautismo debían tener lugar para Hubmaier en una comunidad de creyentes. La decisión personal no era individualista y sin conexiones con otros/otras que habían tomado el mismo compromiso, sino un acto libre que marcaba el inicio del caminar colectivo con quienes sostenían la convicción de seguir a Cristo en los términos propuestos por él.



Ya que Jesús había instituido también la conocida como Última Cena, Hubmaier instaba a sus destinatarios para que examinaran el significado de esta ordenanza. El propósito era, subrayaba, recordar lo realizado por Jesús en su ministerio. Frente a quienes sostenían que en la Cena del Señor celebrada en las comunidades cristianas acontecía la transubstanciación o consubstanciación, Baltasar Hubmaier afirmaba “que el pan no es el cuerpo de Cristo sino una rememoración del mismo. De igual manera, el vino no es la sangre de Cristo, sino también un recuerdo de que él derramo su sangre y la repartió en la cruz para lavar los pecados de todos los fieles”.



La comunidad de fe, a la que se ingresaba voluntariamente y en la cual la norma era la ética de Cristo, debía contrastar con la sociedad en que estaba inmersa. Por ello para los anabautistas, y por ser uno de ellos para Hubmaier, un resultado del compromiso radical con el Evangelio era “la persecución, la cruz y todas las tribulaciones en el mundo, a causa del Evangelio porque el mundo odia la luz y ama las tinieblas”.



Antes de identificarse con el anabautismo Hubmaier simpatizó con las propuestas de los campesinos por ir más allá de una reforma religiosa y hacer tambíen la reforma de la sociedad en lo político y lo económico. Como se sabe, la Guerra de los Campesinos (1524-1525) terminó trágicamente y a favor de las autoridades gubernamentales que reprimieron bárbaramente a los participantes en el movimiento. Hubmaier, en su pastorado en Waldshut, impulsó reformas sociales y algunos anabautistas de esta ciudad hicieron alianza con los campesinos sublevados.4



Entre los bautizados por Hubmaier en Waldshut estuvo la mayoría de la población, incluso varios integrantes del Concejo de la ciudad. Entonces Waldshut llegó a ser conocida como una ciudad anabautista.5 A diferencia del grupo anabautista de Zúrich, liderado por Conrado Grebel y Félix Mantz, comprometido con el pacifismo, Baltasar Hubmaier apoyó la participación de ciudadanos de Waldshut en la Guerra de los Campesinos. Dejó constancia de su desacuerdo con la vía impulsada por los anabautistas de Zúrich en un escrito titulado Sobre la espada.6



Waldshut cayó en manos de las tropas imperiales y Hubmaier andubo peregrinando por varias partes hasta encontrar refugio en Nicholsburg (Moravia), a donde también llegaron otros anabautistas huyendo de sus perseguidores. Hubmaier se instaló en Nicholsburg en julio de 1526, y tras unos meses logró que la ciudad orientada hacia principios reformados zwinglianos se transformara en bastión anabautista. Bautizó a cerca de dos mil personas, entre ellas al gobernante de la población, Leonhard von Liechtenstein.7



En julio de 1527 Baltasar Hubmaier fue arrestado por autoridades austriacas, juzgado y condenado a muerte fue llevado a la hoguera en Viena el 10 de marzo de 1528. Tres días después Elisabeth, su esposa, fue ahogada por los verdugos en el río Danubio. Habían pasado tres décadas y media de la ejecución de Hubmaier cuando el Índice de libros prohibidos por el Concilio de Trento lo condenó a él y a sus escritos y prohibió su lectura. La prohibición fue reforzada, cincuenta y seis años después, en el Índice de libros prohibidos de la Inquisición española, el que se aplicó rigurosamente en la Nueva España (México).8 Aquí llegó el conocimiento de Hubmaier mediante sus perseguidores, cuando lo enlistaron en la lista de los que consideraban herejes.



 



1 Stuart Murray, Biblical Interpretation in the Anabaptist Tradition, Pandora Press, Waterloo, Ontario, 2000, p. 37.



2 Textos escogidos de la Reforma radical, Editorial La Aurora, Buenos Aires, 1976, pp. 179-180.



3 Ibíd., p. 180.



4 C. Arnold Snyder, Anabaptist History and Theology, Pandora Press, Waterloo, Ontario, 2002, pp. 32 y 51.



5 Ibíd., p. 56.



6 Ibíd., p. 58.



7 Ibíd., p. 118.



8 José Abel Ramos Soriano, Los delincuentes de papel, Inquisición y libros en la Nueva España (1571-1820), Instituto Nacional de Antropología e Historia-Fondo de Cultura Económica, México, 2011.


 

 


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