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L. Cervantes-Ortiz
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Adiós, Nicanor: 103 años de antipoesía parriana

Creador y consolidador de lo que denominó antipoesía, una aplicación muy personal del habla coloquial a la poesía que él consideraba acartonada y poco expresiva.

GINEBRA VIVA AUTOR Leopoldo Cervantes-Ortiz 26 DE ENERO DE 2018 10:20 h
Nicanor Parra.

La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas N.P.



Con la muerte de Nicanor Parra este 23 de enero, la poesía latinoamericana cierra uno de sus ciclos más brillantes.



Dada su longevidad (103 años), este gran poeta chileno vivió en carne propia el gran desarrollo de la poesía en español del siglo XX de este lado del Atlántico y representó, al lado de una enorme pléyade de autores, una de sus cumbres máximas.



Premio Cervantes en 2011 y varias veces candidato al Nobel, dio continuidad y discontinuidad, según quiera verse, a la poesía de su país, cuna de Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda (Premio Nobel estos dos últimos), Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas y Enrique Lihn, por sólo citar algunos nombres.



También obtuvo el Premio Juan Rulfo en 1993, que motivó la aparición de Poemas para combatir la calvicie, en donde reconoció su devoción por el autor de Pedro Páramo en su discurso de aceptación con título en mapuche (“Mai mai peñi”), auténtico manifiesto antipoético muy a su estilo:



No se sabe qué es + admirable



Si el autor o la obra que dejó



Tanto vale la persona de Juan!



Un hombre como Rulfo



No podía hacer otra cosa

Que escribir esa biblia mexicana



 



Fuera de José María Arguedas

Y del inconmensurable cholo Vallejo



Pocos son los que pueden comparársele.1



 



Nicanor y Violeta Parra.



 



En palabras de Javier García, la obra parriana: “Al contar sus historias unía el discurso de la academia y de la calle, donde se asomaban frases de su hermano Roberto, Shakespeare, [Carlos] Pezoa Véliz, conceptos de la mecánica cuántica, Nietzsche hasta el Código de Manu”.2



Parra vio morir a muchos de sus estrictos contemporáneos como Julio Cortázar, Octavio Paz y Efraín Huerta, y a otros poetas mucho más jóvenes que él, incluyendo a su hermana Violeta.3



Ahora, con su desaparición física, la cual parecía no llegar nunca, algo que tomó siempre en broma, bien podría replantearse el panorama de la poesía latinoamericana después de los grandes fundadores, tal como lo sugirió el poeta y crítico argentino Saúl Yurkievich.



Creador y consolidador de lo que denominó antipoesía, una aplicación muy personal del habla coloquial a la poesía que él consideraba acartonada y poco expresiva, la dio a conocer en 1954 en un volumen (Poemas y antipoemas) que causó estupefacción en su país y que, poco a poco, se impuso como un hito renovador en todo el mundo de habla hispana.



Ese libro contiene ya un gran despliegue de antipoesía en sus tres secciones y algunos de los poemas más reconocidos durante toda su trayectoria: “Sinfonía de cuna”, “Hay un día feliz”, “Autorretrato”, “El túnel”, “Los vicios del mundo moderno”, y el más conocido y citado, “Soliloquio del individuo” (una especie de historia introspectiva de la humanidad), cuyo final dice así:



 



Yo soy el Individuo.

Bien.

Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,



A esa roca que me sirvió de hogar,

Y empiece a grabar de nuevo,

De atrás para adelante grabar

El mundo al revés.

Pero no: la vida no tiene sentido.



 



Según Andrew Debicki, el detonante de este proyecto poético consiste en “la tensión entre el anhelo de forjar visiones imaginativas y una actitud crítica frente a la realidad y ante una visión convencionalmente poética. Su empleo del lenguaje cotidiano y del tono conversacional, de la ironía y de la parodia, y de diversos recursos que chocan al lector y producen diversos tipos de distanciamiento son medios para captar esta tensión”.4



 



Hojas de Parra.



A su vez, el poeta chileno Hernán Lavín Cerda, en una antología publicada en México, observó: “Pienso que hasta 1954 —año de la publicación de Poemas y antipoemas—, el panorama de la poesía no sólo de Chile era un tanto uniforme a través del tono estilístico proveniente de la retórica de Pablo Neruda. Luego de la edición de ese libro de Parra (donde se reúnen algunas de sus mejores composiciones), las cosas empezaron a cambiar, poco a poco, aunque de manera sostenida. Me atrevo a decir —en calidad de testigo— que el primero en darse cuenta del asunto fue el propio Neruda, quien publicó en 1958 su obra Estravagario, volumen de poemas donde podemos observar cierta influencia parriana”.5



La opinión del famoso crítico estadunidense Harold Bloom sobre esta obra también es digna de citarse: “No son antipoemas, como dicen, son poemas. Son meditaciones, a veces alegres, pero frecuentemente muy plañideras y tristes. Y él tiene mucho autoconocimiento, conoce sus propias limitaciones. Ha tenido muchas experiencias de vida ¡Quizás cuántas mujeres!”.6



Quizá la estafeta que deja Parra esté ahora en manos de escritores como Fina García Marruz (Cuba, 1923), Ida Vitale (1923), Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925), Eduardo Lizalde (México, 1929) o Rafael Cadenas (Venezuela, 1930), lo que manifiesta la enorme vitalidad de esta expresión literaria diseminada por todo el subcontinente.



La influencia de la antipoesía no ha dejado de ser reconocida por las nuevas generaciones de autores. Alguien que destaca en esta línea es otro chileno, Roberto Bolaño (1953-2003), quien lo buscó en su casa antes de dar el salto a la fama como narrador, se refirió a Parra en estos términos:



El que sea valiente que siga a Parra. Sólo los jóvenes son valientes, sólo los jóvenes tienen el espíritu puro entre los puros. Pero Parra no escribe una poesía juvenil. Parra no escribe sobre la pureza. Sobre el dolor y la soledad sí que escribe; sobre los desafíos inútiles y necesarios; sobre las palabras condenadas a disgregarse así como también la tribu está condenada a disgregarse. Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado.7



La publicación de los dos grandes tomos de su obra completa en 2006 y 2011 (Galaxia Gutenberg) fue un gran acontecimiento editorial. Recientemente ha comenzado a circular El último apaga la luz, antología editada en España.8 Con estudios de matemáticas y física, en 1937 publicó Cancionero sin nombre, que le granjeó un pequeño reconocimiento.



Al ampliar sus estudios en Estados Unidos e Inglaterra, no cejó en su empeño escritural y estando en la Oxford continuó trabajando sus poemas. De ese esfuerzo surgió Poemas y antipoemas y, más tarde, como en una fuerte cascada, La cueca larga (1958), Versos de salón (1962), Canciones rusas (1967), La camisa de fuerza (1968) y Obra gruesa (1969).



Lo que vendría después fue el reconocimiento internacional y una nueva serie de títulos que mostraron su apuesta experimental cargada de una mirada que se posaba sin piedad sobre todas las certezas de su tiempo para “no dejar títere con cabeza”, como bien le profetizó Neruda, su gran antagonista: Emergency Poems (1972), Artefactos (1972), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Ecopoemas (1982), Chistes para desorientar a la policía poesía (1983, un libro que causó furor, sobre todo por su publicación en plena dictadura pinochetista), Hojas de Parra (1985), Discursos de sobremesa (2006), Obras públicas (2006), hasta culminar con Temporal, un libro inédito con el que celebró su centenario en 2014, y una multitud de recopilaciones y antologías.9



La poesía latinoamericana, en su conjunto, nunca había ido tan lejos en la fusión de la cotidianidad, con crítica socio-política y una vocación experimental sin tregua alguna.



 



El último apaga la luz.



En uno de sus textos más famosos resumió muy bien el impacto de su poesía:



La montaña rusa



Durante medio siglo la poesía fue



el paraíso del tonto solemne.



Hasta que vine yo



y me instalé con mi montaña rusa.



Suban, si les parece.



Claro que yo no respondo si bajan



echando sangre por boca y narices.



(Versos de salón, 1962)



A cada nueva publicación, los textos parrianos corroboraban la imagen iconoclasta del poeta nacido en Chillán, quien sin miramientos tomó la tradición de su país y la puso al revés para hacerle decir nuevas cosas:



En Chile



Es mal visto llegar a los 70



Sin Premio Nobel de Literatura



La Mistral era prácticamente una lola



Cuando se sacó el Gordo



Neruda se veía viejo pero era joven



Ese maldito cáncer a la próstata



 



O al referirse al país como tal:



 



Chile



Da risa ver a los campesinos de Santiago de Chile



con el ceño fruncido



ir y venir por las calles del centro



o por las calles de los alrededores



preocupados-lívidos-muertos de susto



por razones de orden político



por razones de orden sexual



por razones de orden religioso



dando por descontada la existencia



de la ciudad y de sus habitantes:



aunque está demostrado que los habitantes aún no han nacido



ni nacerán antes de sucumbir



y Santiago de Chile es un desierto.



 



Creemos ser país



y la verdad es que somos apenas paisaje.



(Obra gruesa, 1969)



Pero sería la vertiente religiosa de esta poesía la que más sorpresa y desazón ha causado a los lectores y críticos debido al desenfado y ligereza (aparentes) con que se ha ocupado del tema.



José Miguel Ibáñez Langlois (1936), sacerdote, poeta y crítico, es quien mejor ha seguido la pista de esta inclinación persistente en la poesía parriana, manifiesta en todos sus libros.10 Poemas como “Padre nuestro”, “La cruz” o “Cordero de Dios”, cuyo contenido parece abiertamente blasfemo, han sido interpretados por Ibáñez Langlois (cuyo seudónimo para la crítica es Ignacio Valente) con palabras como las siguientes, en un texto ya clásico:



Sus afirmaciones condicionales podrían ser suscritas por cualquier creyente. San Juan de la Cruz podría corroborar este poema: “Señoras y señores:/ Yo voy a hacer una sola pregunta:/ ¿Somas hijos del sol o de la tierra?/ Porque si somos tierra solamente/ No veo para qué/ Continuamos filmando la película:/ Pido quo se levante la sesión”. El poeta es testigo doliente de la gratuidad, la contingencia, la finitud, la carencia de sentido, la farsa y la aberraci6n del existir humano sin esperanza y sin Dios en el mundo. Sin Él, todo lo que podría ser salvación se vuelve fuerza corruptora Hay una verdadera ilación causal entre estas constataciones: “El arte me degenera/ La ciencia me degenera/ El sexo me degenera”, y el verso siguiente, abrupto final del poema: “Convénzanse que no hay dios”.11



Al momento de la aparición de los Nuevos sermones del Cristo de Elqui, personaje imperdible del folclor chileno, este mismo crítico escribió:



Como se recordará, el personaje que da título a ambas obras es un predicador ambulante, tan visionario como extraviado, con algo de fraile mendicante, de canuto [nombre despectivo para los protestantes, especialmente pentecostales], de iluminado, de charlatán, pero de pura cepa católica. […]



Siempre la misma pluralidad interior. Sus relaciones con la ortodoxia católica, por ejemplo, son esencialmente ambiguas y mudables. A veces raciocina como el teólogo más coherente: así, cuando frente a Feuerbach, Marx, Nietzsche —por supuesto que sin conocerlos— argumenta: “en su locura llegan a decir / que no fue Dios quien nos creó a nosotros / sino nosotros quienes lo creamos a Él / estupidez que no merece réplica / como si lo imperfecto / pudiera dar origen a lo perfecto / como si lo finito / dar origen pudiera a lo infinito / como si lo mortal / origen dar pudiera a lo inmortal”. Y acontinuaci6n la salida del incrédulo: “Todo puede probarse con la Biblia / por ejemplo que Dios no existe”. “Tienen razón los amigos escépticos / todo puede probarse con la Biblia / es cuestión de saberla barajar”. Para terminar sus prédicas, sin embargo, con la rotunda afirmación de fe: “la Santa Biblia / que es el único libro verdadero / los demás son hermosos pero falsos”.12



De modo que, como siempre sucede ante la desaparición de un gran escritor o artista, el mejor homenaje que podría esperarse es acometer el acercamiento a su obra. Parra es, para todo tipo de lectores, el antipoeta imprescindible.



 




1 N. Parra, “Discurso de Guadalajara. Mai mai peñi”; en Educar Chile, http://ww2.educarchile.cl/UserFiles/P0001/File/discurso%20parra%20guadala.pdf.





2 J. García, “Muere Nicanor Parra, el poeta que revolucionó la poesía hispanoamericana”, en La Tercera, Santiago de Chile, 23 de enero de 2018, www.latercera.com/noticia/muere-nicanor-parra-poeta-revoluciono-la-poesia-hispanoamericana/





3 Cf. L. Cervantes-Ortiz, “Premio Cervantes para la antipoesía”, en Magacín, supl. de Protestante Digital, 18 de diciembre de 2011, http://protestantedigital.com/magacin/12359/Nicanor_Parra_premio_Cervantes_a_la_antipoesia; Ídem, “N. Parra, poemas y antipoemas”, en Protestante Digital, 7 de septiembre de 2014, http://protestantedigital.com/magacin/33810/nicanor_parra_poemas_y_antipoemas; y el número dedicado por la revista elpoemaseminal, núm. 137-138, octubre-noviembre de 2009, a Parra en su 95º aniversario: https://issuu.com/lcervortiz/docs/eps137-13.





4 A. Debicki, “La distancia síquica y la experiencia del lector en la poesía de Nicanor Parra”, en Poetas hispanoamericanos contemporáneos. Punto de vista, perspectiva, experiencia. Madrid, Gredos, 1976, p. 161. Cf. Alfredo Ramírez Membrillo, La antipoesía de Nicanor Parra. Tesis de licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM, 2000, disponible en internet; y José Ángel Leyva, “Nicanor Parra, un siglo de humor”, en La Jornada Semanal, núm. 1020, 21 de septiembre de 2014, www.jornada.unam.mx/2014/09/21/sem-jose.html.





5 H. Lavín Cerda, “Nota introductoria”, en Nicanor Parra. 2ª ed. México, UNAM, 2012 (Material de lectura, poesía moderna, 126), www.materialdelectura.unam.mx/index.php/16-poesia-moderna/poesia-moderna-cat/275-126-nicanor-parra?showall=&start=1





6 Cit. por Rafael Toriz, “Nicanor Parra, hombre en su siglo”, en Letras Libres, 5 de septiembre de 2014, www.letraslibres.com/mexico-espana/libros/nicanor-parra-hombre-en-su-siglo





7 R. Bolaño. “Ocho segundos de Nicanor Parra”, en Radar, supl. de Página 12, 4 de diciembre de 2011, www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7524-2011-12-04.html.





8 “El último apaga la luz. Obra selecta”, en El Cultural, 5 de enero de 2018, www.elcultural.com/revista/letras/El-ultimo-apaga-la-luz-Obra-selecta/40501.





9 Cf. “Nicanor Parra (1914-2018)”, en el sitio Memoria Chilena, www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3629.html.





10 Cf. L. Cervantes-Ortiz, en Protestante Digital, 2014, .





11 I. Valente, “El sentido religioso de los antipoemas”, en El Mercurio, 27 de agosto de 1967, en Memoria Chilena, www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/Mc0013487.pdf.





12 I. Valente, “Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui”, en El Mercurio, 18 de marzo de 1967, en Memoria Chilena, http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-71465.html.



 

 


2
COMENTARIOS

    Si quieres comentar o

 

Marc
27/01/2018
05:27 h
1
 
Con la muerte de Nicanor Parra este 23 de enero, la poesía latinoamericana cierra uno de sus ciclos más brillantes. Un poco exagerado el panegírico...¿cómo que cierra un ciclo? Hay cientos de poetas en estas tierras sureñas que ni siquiera son mencionados por la injusta fama que escoge a uno o dos en detrimento de miles.
 
Respondiendo a Marc

lcervortiz
27/01/2018
15:41 h
2
 
El ciclo de los grandes nombres, precisamente. La vitalidad y diversidad de esta poesía es mencionada también en el texto. La continuidad de diversos tipos sigue su rumbo con mucha intensidad en el subcontinente.
 



 
 
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