IA: Valores ancestrales para los desafíos de hoy

Una vez más, escuché con agradecimiento cómo se reafirmaban conceptos bíblicos en el Parlamento Europeo, como que la dignidad humana deriva únicamente de la idea de que el ser humano está creado a imagen de Dios.

22 DE JUNIO DE 2026 · 19:45

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Foto: Weekly Word.

La inteligencia artificial ha invadido nuestras vidas, trayendo consigo tanto oportunidades ilimitadas como desafíos sin precedentes.

No podemos ignorarlo. El mes pasado, el papa León XIV se refirió a la inteligencia artificial como el desafío moral y social más importante del siglo XXI en su primera encíclica, Magnifica humanitas.

La semana pasada, asistí a un diálogo en el Parlamento Europeo de Bruselas sobre “Salud y bienestar en la era de la inteligencia artificial”, en el que se debatió cómo garantizar que la IA se rija por valores humanistas para el bien común.

Este diálogo forma parte de una serie de eventos similares, establecidos en el artículo 17 del Tratado de Lisboa, que exigen un diálogo regular, abierto y transparente entre movimientos religiosos y filosóficos, y representantes de las instituciones de la UE (Comisión Europea, Consejo Europeo y Parlamento Europeo).

Ya he escrito anteriormente sobre mi interés por estos eventos, que ofrecen una plataforma para que las voces cristianas, entre otras, influyan en las políticas de la UE.

A pesar de la amplia variedad de movimientos y visiones del mundo representados —cristianos y judíos, musulmanes y budistas, librepensadores y humanistas—, surgió un fuerte consenso sobre la necesidad de una regulación de la inteligencia artificial basada en valores.

Una vez más, escuché con agradecimiento cómo se reafirmaban sin concesiones conceptos bíblicos en el Parlamento Europeo, como que la dignidad humana deriva únicamente de la idea de que el ser humano está creado a imagen de Dios.

Varios ponentes se refirieron a la clara y actual encíclica del papa, que, por un lado, reconoce los inmensos beneficios que la IA puede aportar en medicina, educación, comunicación, descubrimiento científico y productividad económica; y, por otro, advierte que la dignidad humana debe defenderse contra sistemas que reduzcan a las personas a datos, eficiencia, beneficio o control algorítmico.

El papa reafirma la creatividad y la ingeniosidad científica como regalos que pueden contribuir al bien común. Sin embargo, insiste en que la tecnología debe permanecer al servicio de la humanidad, nunca como su amo.

Según él, la humanidad se enfrenta a la tentación de “la idolatría de la tecnología”, la creencia de que el poder tecnológico por sí solo puede garantizar la realización y salvación humanas, el significado y la moralidad, o la trascendencia.

Los seres humanos poseen una dignidad sagrada que no radica en la productividad o la inteligencia, sino en haber sido creados a imagen de Dios.

 

Transhumanismo

Los participantes en las conversaciones de Bruselas respaldaron la llamada del papa a una gobernanza ética de la IA mediante la cooperación internacional, la supervisión democrática, la transparencia, la rendición de cuentas y la reflexión moral.

Los sistemas de IA están moldeando cada vez más las economías, la opinión pública, el empleo, la seguridad e incluso las relaciones personales, sin embargo, su funcionamiento a menudo permanece oculto a la supervisión democrática.

Esta asimetría de poder corre el riesgo de crear nuevas formas de dependencia, manipulación, desigualdad y “colonialismo digital”.

El papa León critica la ideología del transhumanismo, a veces asociada con Silicon Valley. Las limitaciones, la vulnerabilidad, la mortalidad y la dependencia humanas no son defectos que deban ser eliminados mediante ingeniería.

Al contrario, argumenta, son parte de lo que hace a las personas humanas y capaces de amor, compasión, solidaridad y crecimiento espiritual.

El papa advierte contra visiones de la sociedad en las que los seres humanos son tratados meramente como máquinas biológicas que se pueden actualizar o en las que la identidad humana queda subordinada a los sistemas tecnológicos.

Insiste en que la inteligencia es más que computación; incluye conciencia, responsabilidad moral, sabiduría, capacidad de relacionarse y apertura a Dios.

La inteligencia artificial también debe ser “desarmada”, escribe el papa, lo que significa que debe separarse de los sistemas de dominación, militarización y competencia geopolítica.

Sugiere que la tradicional “teoría de la guerra justa” puede que ya no sea suficiente para abordar el potencial destructivo de las tecnologías modernas.

La humanidad se enfrenta a un dilema, advierte: el camino hacia la Torre de Babel, una humanidad sin Dios, que lleva a la uniformidad y la deshumanización, anteponer el beneficio a las personas, reducir a los seres humanos a meros datos, pérdida de la dignidad humana; o el camino hacia Jerusalén con Dios en el centro, la diversidad como fuente de riqueza, el camino de la hermandad y la colaboración, la inclusión y la responsabilidad compartida.

 

Groningen

Dos días después de mi visita a Bruselas, me encontraba en Groningen, en el norte de los Países Bajos, en un evento aparentemente sin relación que celebraba la fundación de una comunidad monástica seis siglos atrás (ver foto).

Desde su comunidad madre en Windesheim, cerca de Zwolle, los Hermanos de la Vida Común se extendieron por los Países Bajos y más allá, hasta el norte de Europa, estableciendo comunidades basadas en valores bíblicos.

No esperaba descubrir aquí un vínculo con el tema de los valores y la IA. Mi tarea en esta reunión era relacionar la influencia del movimiento con los valores europeos modernos, como la dignidad humana, la educación, la libertad de conciencia, la responsabilidad social, la ciudadanía activa, el respeto por el conocimiento y la cooperación pacífica.

Lo que no había comprendido del todo antes de llegar a Groningen era que mi introducción iba a dar paso a una discusión sobre la necesidad de estos valores ancestrales ante la creciente presencia de la IA.

Y es que los Países Bajos están estableciendo su primera fábrica nacional de IA en Groningen, respaldada por una inversión de 200 millones de euros de la UE, el gobierno holandés y fondos regionales.

La fábrica tiene como objetivo impulsar la innovación regional y reducir la dependencia tecnológica del país respecto a EE. UU. y China.

Incluso en los rincones más recónditos de los Países Bajos, los desafíos de la IA no pueden ignorarse.

Jeff Fountain, director del Centro Schuman de Estudios Europeos. Este artículo se publicó por primera vez en el blog del autor, Weekly Word.

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