“Cuando mi familia supo que era cristiano, me dijeron que si no volvía al islam me mataban”

La historia de Joseph, un cristiano iraní que vive en Barcelona, muestra que la persecución religiosa no termina ni siquiera para las víctimas que consiguen huir de sus países.

Jonatán Soriano

BARCELONA · 04 DE NOVIEMBRE DE 2020 · 13:00

Joseph tuvo que huir de Irán hace dieciséis años, después de convertirse al cristianismo y ser amenazado de muerte por su familia. / Jonatán Soriano,
Joseph tuvo que huir de Irán hace dieciséis años, después de convertirse al cristianismo y ser amenazado de muerte por su familia. / Jonatán Soriano

La mañana es soleada, de esas en las que apetece sentarse en un banco de algún parque. Pero no puede evitar lanzar una mirada a cualquier persona que pasa por delante o que, al caminar, se acerca un poco más de lo debido. Esta prudencia, que en un principio extraña porque no parece encajar con el ambiente distendido en el que nos encontramos, se ha convertido en una actitud inmanente tras dieciséis años sufriendo amenazas y hostilidades por su identidad religiosa. Primero en Irán, su país de origen, y después en España, al llegar a Barcelona.

“Cuando ha venido algún iraní a la iglesia, he evitado revelar mi identidad y mi origen, porque no les conozco y tengo que ser prudente”, explica Joseph (nombre falso por motivos de seguridad). Para este iraní de cincuenta años, el inicio de su nueva vida comenzó en 2004, cuando abandonó el islam para convertirse al cristianismo. “Cuando mi familia supo que era cristiano, me dijeron que si no volvía al islam me mataban”, dice.

A partir de entonces, Joseph comenzó un largo viaje que le llevó a huir de Irán de forma clandestina y le acabó llevando a Barcelona, donde pasó los primeros meses viviendo en la calle hasta que entró en contacto con una iglesia evangélica que le proporcionó ayuda. “He encontrado a muchas personas aquí que me han ayudado, pero no mis paisanos. He encontrado a muchos iraníes que, incluso aquí, no aceptan que me haya convertido a Cristo”, señala.

Después de tres solicitudes de asilo político rechazadas, Joseph se encuentra en una situación de alegalidad desde 2018, aunque nunca ha recibido ninguna amenaza de deportación. Ahora se dedica a trabajar en una iglesia de la ciudad, aunque no tiene ninguna esperanza en cuanto a poder tramitar sus papeles con la embajada iraní en España. “ Si yo entro a la embajada nadie puede asegurarme lo que van a hacer ellos conmigo”, asegura.

Irán ocupa el noveno lugar en la Lista Mundial de Persecución de la organización Puertas Abiertas. Según los datos publicados recientemente por una organización secular dedicada a monitorear la situación social, política y religiosa el país pérsico, el cristianismo habría crecido hasta alcanzar al 1,5% de la población, es decir, más de un millón de personas.

“Cuando mi familia supo que era cristiano, me dijeron que si no volvía al islam me mataban”

El viaje de Joseph comenzó en Shiraz, su ciudad natal, y le llevó a embarcarse en una travesía peligrosa hasta Dubái, a coger un avión hasta Malasia y, finalmente a llegar a Barcelona. / J. Soriano

Pregunta: ¿Cómo es huir de Irán?

Respuesta: El viaje fue muy caro. Tenía un amigo que habló con algunas personas, arregló los detalles y lo pagó todo. Una semana después comencé el viaje. Primero de Shiraz a Bander Abbás, en un camión. Después de tres días esperando, me embarqué en una lancha a Dubái. Fue peligroso. Yo iba agarrado a una cuerda. Durante una parte del trayecto nos persiguió una embarcación del gobierno y llegaron a dispararnos. Mucha gente ha muerto en este trayecto. En Dubái estuve una semana en una casa y luego cogí un avión a Malasia, y desde allí pude llegar finalmente a Barcelona. 

Cuando hice el viaje de Bandar Abbás a Dubái, toda la documentación que llevaba era falsa. En Irán, cuando un musulmán se convierte a otra religión no tiene derecho a nada. Por eso no tenía pasaporte, por la oposición del gobierno de mi país y de mis padres. Y aquí también. Ahora parece que esté luchando contra dos gobiernos por mi caso, el de Irán y el de España. 

 

P: Tenías urgencia por salir de tu país.

R: Cuando me convertí a Cristo lo compartí con mis padres y el resto de mi familia. Mis primos, por parte de mi padre, trabajaban en un cuerpo de seguridad moral y religiosa (una alusión probable a la milicia paramilitar Basij, que según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, se encargan de garantizar que toda la población se adhiera al código islámico). Cuando supieron que era cristiano, me dijeron que si no volvía al islam me mataban. Por eso, para salvar mi vida y mi fe tuve que salir del país. Ahora ellos no saben donde estoy. Desde que salí de Irán, hace más de dieciséis años, no he tenido contacto con ningún familiar. Estoy solo, pero aquí he encontrado una nueva familia, que es la iglesia. Y siempre estoy con ellos. Tengo confianza en Dios. 

 

P: ¿Tu familia puede tener alguna idea de dónde estás o de si sigues con vida?

R: No lo creo. He conocido las historias de otros cristianos iraníes en Europa, como el caso de un chico al que mataron en un campo de refugiados en Holanda cuando iba a la iglesia. Cuando llegué aquí, comencé a buscar trabajo y encontré uno en una tienda iraní que vendía alfombras persas. El propietario del negocio había sido embajador de Irán en Italia. Cuando supo que me había convertido al cristianismo me amenazó de muerte. Más adelante, en 2011, comencé a trabajar en un restaurante iraní, pero no me aceptaban porque sabían que era cristiano. Me molestaban constantemente y, al final, me echaron.

Además, cuando ha venido algún iraní alguna vez a la iglesia, he evitado revelar mi identidad y mi origen, porque no les conozco y tengo que ser prudente. 

“Cuando mi familia supo que era cristiano, me dijeron que si no volvía al islam me mataban”

Joseph ha seguido recibiendo amenazas por parte de otros iraníes estando en España. / J. Soriano

P: Entonces, has seguido recibiendo amenazas incluso aquí.

R: Cuando tuve la primera entrevista con el gobierno español, en 2005, me asignaron un intérprete que fue haciendo público entre otros iraníes (hay cerca de 6.000 en toda España, según los últimos datos publicados por el INE, a principios de 2020) que yo me había convertido al cristianismo. No sé porqué lo hizo. Además, me amenazó con denunciarme a la embajada. Me dijeron que lo denunciase a la policía, pero yo no hice nada porque no conocía las leyes de aquí. 

 

P: ¿Fuiste a la embajada?

R: Todas las embajadas tienen la autoridad de sus países. Si yo entro a la embajada de Irán en España nadie puede asegurarme lo que van a hacer ellos conmigo. Pueden matarme dentro, como pasó con Khashoggi en la embajada de Arabia Saudí en Turquía. Dentro de las embajadas es muy difícil saber qué pasa. Conozco a otro refugiado cristiano iraní que está aquí y que ha llamado y ha escrito a la embajada, y le han dicho que como salió de Irán sin documentación y de forma ilegal no le van a tramitar ni el pasaporte ni ningún documento. Los gobiernos son violentos, discriminan y manipulan. Nosotros somos personas, pero la política es muy sucia.

 

P: ¿Y cuál ha sido la respuesta de la Administración española a tu situación?

R: La abogada que tenía en 2010 llegó a decirme que me casase con alguien de aquí para conseguir los papeles, pero me negué a hacerlo. Durante varios años he ayudado a otros refugiados dándoles clases de informática o inglés. También he asesorado a otros solicitantes de asilo, pero el gobierno no ha solucionado mi situación. Durante diez años he cambiado más de ocho veces de abogado para tratar de solucionar mi caso, pero cuando me cancelaron la solicitud de la Tarjeta Roja (de asilo político) en 2018, me dijeron que no podía hacer nada, que quedaba fuera del sistema. (Joseph saca del bolsillo de su chaqueta un rectángulo de papel muy bien doblado donde figuran sus datos. La fecha de caducidad indica 2018. Juntamente con una tarjeta de reconocimiento de discapacidad de la Generalitat de Cataluña, es todo lo que tiene)

Después de intentarlo tres veces no me han dejado volver a presentar una solicitud. Desde el gobierno me han dicho que no soy la primera persona en esta situación. Es una situación difícil porque no puedo volver a Irán, porque me matarían. Y aquí sí puedo quedarme, pero sin moverme y sin papeles.

Estoy contento por vivir aquí, porque tengo libertad para llevar la Biblia bajo el brazo, ir a la iglesia y compartir mi fe con otras personas y ayudarlas. Siempre pienso en cómo ayudar a personas que me encuentro por la calle, pero sin papeles es difícil hacer un voluntariado. En la iglesia sí puedo trabajar. Aquí soy libre para tener una vida normal, si el gobierno me deja. Con Jesús puedo vivir, hasta ahora estoy viviendo. He encontrado a muchas personas aquí que me han ayudado, pero no mis paisanos. He encontrado a muchos iraníes que, incluso aquí, no aceptan que me haya convertido a Cristo. 

 

P: ¿Cómo fue tu conversión al cristianismo?

R: En mi país yo he trabajado, sobre todo, de vendedor de ropa para niños y adultos. También estudié economía y, en mis ratos libres, informática desde casa. Tenía un amigo que se había convertido al cristianismo y un día me explicó quién era Jesús utilizando las palabras de la Biblia. En aquel momento yo acepté a Cristo en mi vida y, después de muchos meses, me bauticé en secreto, en una casa, a medianoche. 

Antes de que todo esto ocurriese había estado muy enfermo y no había recibido un diagnóstico concreto. Llegué a perder mucho peso y me quedé en un estado muy frágil. Durante mi enfermedad tuve un sueño donde creo haber visto a Jesús llamándome. Recuerdo que todo era blanco y parecía como si me estuviera esperando. Una semana después, en el mismo sueño, escuché que me decía que todavía no era mi tiempo. Después tuve el encuentro con mi amigo, que me explicó quién era Jesús y así me convertí, en febrero de 2004. Cuando les dije a mis padres y mi familia que Jesús es la única manera para ser salvos, me dijeron que si no volvía al islam me mataban. 

 

P: La situación de los cristianos en Irán es realmente difícil.

R: El ayatolá Jameneí ha dicho que no están dispuestos a dejar que el cristianismo crezca en Irán y que van a arrancar todas sus raíces en el país. Es una situación horrible, pero muchos iraníes se quieren convertir a Cristo.

“Cuando mi familia supo que era cristiano, me dijeron que si no volvía al islam me mataban”

Organizaciones cristianas y seculares coinciden en considerar como ciertas los últimos datos sobre el estado del cristianismo en Irán, que indican que ha crecido. / J. Soriano

P: ¿Por qué?

R: En mi país, si yo voy por la calle con la Biblia en la mano, la policía me detendrá, seguramente. Luego, en la cárcel, me preguntarán porqué me he convertido al cristianismo y, probablemente, después de mucho tiempo, me acaben matando. La gente se sigue convirtiendo al cristianismo, pero se mantienen en secreto. En tiempos del Imperio persa (dice refiriéndose al bíblico Ciro, y no a Reza Pahleví) teníamos más libertad que ahora.

 

P: ¿Pero cómo se convierte al cristianismo la gente en Irán?

R: Los cristianos, en secreto, se acercan a otras personas para compartirles el mensaje del evangelio, que si no se cree en el Hijo no se puede entrar en el Reino de Dios. En Irán se comparte la palabra de Dios, pero en secreto. Por eso hay tantos iraníes que se convierten a Jesús. Cada vez habrá más cristianos en Irán, porque muchas personas comprenderán que solamente Jesús puede salvar. Hay muchos países en los que está ocurriendo esto.

 

P: ¿Y cómo se organizan las iglesias?

R: En mi país, las iglesias que están abiertas tienen que facilitar toda la información de sus miembros y sus actividades al gobierno. No pueden compartir el mensaje del evangelio fuera del local. Prácticamente, todas las iglesias registradas de forma oficial están en esta situación, muy controladas. Así que la gente se reúne en casas. Hay muchas iglesias undergound. Hacen muchas actividades, como estudiar la Biblia juntos. Pero el gobierno las persigue de cerca, por ejemplo, infiltrando a algunas personas con cámaras para grabar lo que se hace. En muchas ocasiones tampoco permiten celebrar otros servicios, como entierros.

 

P: Pensando en todo el coste que te ha ocasionado seguir a Jesús, ¿cambiarías la decisión que tomaste en 2004?

R: Cuando acepté a Cristo sabía que pagaría unas consecuencias. Pero cuando las comparo con lo que podría haber conservado, todo lo demás queda en nada. Jesús fue a la cruz y lo pagó todo con su sangre. Cuando Jesús vuelva tendremos libertad absoluta.

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