Insaciable
Si bien esta realidad se acerca imparable, ninguno sabe cuándo se topará con ella. No obstante, hay esperanza para los que ejerciten sabiduría.
08 DE AGOSTO DE 2026 · 23:45
“El fuego que jamás dice: ¡Basta!” (Proverbios 30:16d).
Los incendios nos muestran una verdad que aparece reflejada en la Escritura. Si bien es cierto que comprendemos el sentido físico de tal afirmación, muchos niegan la realidad espiritual. Olvidan voluntariamente un principio de la física que respetan aquí y ahora y viven contentos en su pecado pensando que un día se helará el lago de fuego descrito en Apocalipsis 20:11-15. Si no lo hicieran, ya estarían implementando un plan urgente de evacuación propio y del mundo entero. En otras palabras, si creyeran las advertencias que vemos dispersas por toda la Biblia, ni descuidarían su propia evacuación ni la del resto del planeta. Sin duda, se pondrían a avisarle a todo quisqui.
Consideremos la probabilidad de que se hiele el lago de fuego:
“Tofet ya de tiempo está dispuesto y preparado para el rey, profundo y ancho, cuya pira es de fuego, y mucha leña; el soplo del Señor, como torrente de azufre, lo enciende” (Isaías 30:33).
Para quien no lo sepa, “tofet” significa “horno” en hebreo. Es un término que hace referencia a lo que nosotros llamamos “infierno”. Leamos Malaquías 4:1:
“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho el Señor de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.
Si eres consciente de que los incendios físicos no son nada comparado con lo descrito en dichos avisos, harás todo lo posible por remediar la situación antes de que sea una realidad irreversible y permanente. Y el caso es que Romanos 1:32 afirma que sabes que esto es cierto:
“quienes habiendo entendido el juicio de Dios…”
Pues bien, el que escribe es consciente de ello e intenta por medio de escritos como el presente alertar a la población para que se pueda evacuar al mayor número de personas. Si bien esta realidad se acerca imparable, ninguno sabe cuándo se topará con ella. No obstante, hay esperanza para los que ejerciten sabiduría. La Palabra de Dios no solo da la advertencia, sino que también informa de cómo escapar de las llamas:
“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” (Malaquías 4:2).
Hay salvación disponible. Esa protección es la sangre que Cristo vertió por los pecadores al morir en la cruz por ellos. Solo las personas que reconocen su pecado y lo dejan atrás confiando en la persona y obra de Cristo pueden activar su plan de rescate personal. Solo se salva una persona a la vez por lo que no te demores: Ponte a salvo y avisa a cuantos puedas confiando en la promesa de Dios:
“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apocalipsis 21:7).
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