Dígame

¿Puedes apreciar las huellas dactilares del Creador a tu alrededor y le buscas?

14 DE JUNIO DE 2026 · 10:00

Foto de <a target="_blank" href="https://unsplash.com/es/@pawel_czerwinski?utm_source=unsplash&utm_medium=referral&utm_content=creditCopyText">Pawel Czerwinski</a> en Unsplash,
Foto de Pawel Czerwinski en Unsplash

Una broma original es llamar a un número de teléfono y cuando alguien responde con el habitual “dígame”, simplemente decir “me”. Una broma parecida es cuando se está vertiendo agua en un vaso para un convidado, decir: “diga cuando”. El invitado suele decir “ya” pero se sigue vertiendo agua. El convidado se sigue estresando diciendo “que pares” o algo por el estilo. Habiendo llenado el vaso hasta el borde, decirle al invitado: Te dije que dijeras “cuando”.

Y cuando se trata de bromas, pues no está mal. Lo malo es cuando se emiten falacias intencionalmente jugando con el lenguaje para indoctrinar a los oyentes. Y esto pasa regularmente con gente muy inteligente. Debido a que tienen muchos estudios, no se cuestiona lo que afirman. Y estoy cansado de apreciar este problema entre los científicos ateos. No soy científico y me pueden dar mil vueltas en cuanto a datos que desconozco, pero lo que no pueden hacer es generar incongruencias esperando que les crea. Me explico:

Supuestamente, estamos aquí porque el azar nos puso aquí tras millones de años de proceso evolutivo. De la célula ameba hasta los primates y luego humanos. Y puede que los científicos sepan mucho acerca de la composición de una ameba pero se han metido con un lingüista. No voy a hablar de amebas ni primates que tantos datos desbordan mi cerebro, pero lo que sí voy a decir es lo siguiente en cuanto a la evolución y el azar desde un punto de vista lingüístico:

Por muchos comentarios que se hacen en cuanto a cambios anatómicos en el proceso evolutivo, ¿por qué no explican cómo pasamos de los gruñidos propios de los monos al lenguaje inteligible como el que estás leyendo? ¿Cómo explicar una capacidad de comprender humor y bromas como las descritas anteriormente? Multiplica este problema que los científicos no resuelven por tantos idiomas como existen y podrás apreciar la envergadura de la dificultad que los científicos naturalistas siguen soslayando.

Y eso es cuando damos por sentado que la ameba apareció de la nada. El problema es mucho mayor cuando consideramos un principio sintáctico que los científicos naturalistas se saltan a la torera y se quedan tan anchos:

Una frase tiene sujeto, verbo y complementos. Es decir, alguien hace algo dentro de un contexto. Eso tiene sentido. Por ejemplo, y de forma muy simplificada para no perdernos con los tipos de complementos: “Yo (sujeto) visito (verbo) a mis amigos (complementos). Hasta aquí bien. Lo que hacen los científicos naturalistas es borrar el sujeto y reemplazarlo por un complemento circunstancial y eso no tiene sentido. Me explico:

Apliquemos dicho principio a lo que dice la Biblia:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Es decir:

“En el principio (complemento circunstancial temporal) creó (verbo) Dios (sujeto) los cielos y la tierra (complementos)”.

Los cerebritos que quieren borrar la existencia de Dios dicen en vez:

“En el principio creó el azar los cielos y la tierra”. Apliquemos el mismo principio de nuevo:

“En el principio (complemento circunstancial temporal) creó (verbo) el azar (otro complemento circunstancial) los cielos y la tierra (complementos)”. Un complemento circunstancial no puede reemplazar a un sujeto. El azar no es una entidad que pueda “hacer” algo. Por definición, el “azar” es una circunstancia fortuita incapaz de lograr nada, mucho menos generar un puzle tan complejo como el ADN de cada organismo.

Además, si la nada explotó y lo generó todo, ¿de dónde se obtuvo toda la información genética de las dos espirales del ADN que podemos descifrar gracias a los microscopios electrónicos de transmisión (TEM por sus siglas en inglés)?

Por mucho que alardeen de que usan microscopios potentes y que saben mucho, este lingüista no se traga afirmaciones pseudocientíficas. Convendría ser conscientes de que cuando la ciencia se usa para promover una cosmovisión atea, no estamos lidiando con datos empíricos, sino con una filosofía que intenta contradecir lo que la Biblia dice. No disfracemos la cosmovisión atea de científica porque no lo es. Se trata de una creencia, al igual que la creencia bíblica en un Dios vivo y verdadero que lo creó todo. La única diferencia entre ambas creencias es el fundamento sobre la cual se basa la creencia. Tu escoges:

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

O

“Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Romanos 1:12).

Cuidado porque la Palabra de Dios dice:

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1).

 

No estoy en contra de la ciencia porque la ciencia que honestamente considera la evidencia presente en la creación llega a la conclusión de que debe haber un Creador inteligente capaz de construir un universo con estructuras complejas como las que podemos percibir sensorialmente tanto a nivel microscópico como interestelar. Pero cuando se hace uso de la ciencia para promover la hipótesis preconcebida de la no-existencia de Dios, entonces, reconozcamos que no se trata sino de otra creencia y que las bases de dicha fe no son fiables. Conviene recordar que “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

¿Puedes apreciar las huellas dactilares del Creador a tu alrededor y le buscas? Si me pides que te diga, escucha bien:

“Diles, pues: Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Volveos a mí, dice el Señor de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho el Señor de los ejércitos” (Zacarías 1:3).

No huyas de la realidad sino acude al Señor y Salvador en arrepentimiento y fe antes del Día del Juicio:

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:24-31).

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