Luis Corpas: pionero, consiervo y amigo

Un sentido recuerdo y reconocimiento in memoriam del Dr. Corpas.

28 DE NOVIEMBRE DE 2025 · 21:00

Luis Corpas Rivera,Luis Corpas Rivera
Luis Corpas Rivera

La inesperada noticia de la partida de Luis Corpas a la presencia del Señor nos ha causado dolor y también una cierta rabia. Al dolor propio de la separación se le une la “protesta” que acompaña siempre a una muerte prematura.

Luis nos ha dejado siendo relativamente joven y en plenitud de facultades. Nos cuesta creer que su desbordante vitalidad se haya apagado de forma tan brusca.    

Mi recuerdo de Luis se remonta a los días cuando los dos éramos estudiantes de medicina, por cierto, fue un estudiante brillante.

Hoy, 50 años después, en la hora de la despedida y turbado el pensamiento por la emoción, quiero destacar tres facetas de su persona que para mí   resumen su vida y su obra.

En primer lugar, Luis ha sido un amigo. He disfrutado de su amistad, su cercanía y su generosidad mostrada en detalles tan espontáneos como regalarte un libro que a él le había hecho bien. Era una persona que daba y se daba.     

Ha sido también un pionero. Luis era el prototipo del visionario, el hombre que ve posibilidades allí donde otros todavía no las han visto.

En la España evangélica de los años 80 y 90 donde había muchas cosas por hacer después de medio siglo de privación de libertad, él intuyó necesidades y posibilidades que plasmó en proyectos concretos.  Así nació FERMA en Málaga (Fundación Evangélica para la Rehabilitación de Marginados), una obra en equipo que buscaba aportar sanidad a una generación desangrada por la plaga de la heroína y otras drogas.

Posteriormente, a instancias de la FEREDE, puso en marcha y sentó las bases de la enseñanza de religión evangélica en España (ERE), un ministerio que goza ahora de un gran respeto. Recuerdo una anécdota contada por él mismo. En el transcurso de una reunión con los responsables del ministerio de Educación, el entonces subsecretario Alfredo Pérez Rubalcaba, destacado líder socialista, refiriéndose a Luis le dijo a uno de sus ayudantes: “Me parece que estos señores vienen mejor preparados que nosotros, lo han preparado muy bien”.

Podría hablar también de su labor pionera con los GBU (fue el primer asesor en Andalucía con GBE) donde su carácter extrovertido y su celo evangelístico dejaban huella allí por donde pasaba. Igualmente, fructífero fue su ministerio con la Alianza Evangélica, destacando, entre otras, su contribución en las primeras Jornadas de Bioética

Comprometido con la iglesia local, con corazón pastoral, generoso y hospitalario, su casa ha sido siempre un lugar de encuentro. En esto, como en todas las otras facetas, Luis ha contado con la preciosa ayuda de su esposa María Victoria, su compañera fiel y, yo me atrevería a decir, su mejor consejera. Siempre los he conocido juntos (desde los años en la Facultad) y se me hace difícil imaginar la vida de Luis sin María Victoria.  

No puedo omitir su faceta como padre. Siempre procuró que la multitud de tareas no le impidiera “guardar su viña”. Es bien significativo que mi último contacto con él fue a raíz de su petición para que le orientara en un tema relacionado con la formación académica y profesional de una de sus hijas.  

Finalmente, Luis ha sido para mí un consiervo querido. Durante años hemos trabajado juntos en la causa del Evangelio; no ha sido difícil porque nunca ha sido un “llanero solitario” sino un “jugador de equipo”.  Su carácter infatigable, ¡a veces hiperactivo!, hacía difícil en ocasiones seguirle, pero siempre estaba dispuesto a escuchar y modular sus opiniones o decisiones si hacía falta.

Luis nos ha dejado, pero también nos ha dejado un legado que sigue con nosotros y nos estimula: su amor por el Señor. Me ha impresionado saber por boca de su querida esposa que muy poco antes de fallecer, temprano por la mañana, hizo dos cosas que revelan quién fue y para qué vivió Luis: envió un texto devocional a sus contactos como solía hacer cada mañana y, lo más impactante, estuvo escuchando la canción “Cerca de ti yo quiero estar para escuchar tu voz”. Parece como si el Señor lo estuviera preparando.  

Sí, la muerte es “el postrer enemigo”, su aguijón duele, pero por la esperanza de vida en Cristo podemos exclamar como el apóstol: ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?...  Mas gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de Jesucristo” (1 Cor. 15: 55. 57)  

Pablo Martínez Vila, 28 de noviembre 2025

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