Packer y el cristianismo hoy (10)

Una de las virtudes más llamativas de Packer era la manera en que dejaba de lado el rencor que domina todas las relaciones humanas. Entendía que ser cristiano no es sólo recibir perdón, sino también el deber de perdonar a otros.

18 DE AGOSTO DE 2026 · 18:50

Packer escribe en Christianity Today casi desde su fundación por Billy Graham en 1956 con Carl F. H. Henry como editor.,
Packer escribe en Christianity Today casi desde su fundación por Billy Graham en 1956 con Carl F. H. Henry como editor.

Sorprende a algunos que el teólogo que ahora celebramos su centenario, J. I. Packer (1926-2020), dedicara tanto tiempo a una revista como Christianity Today (Cristianismo Hoy), que no es una publicación teológica y ni siquiera se dedica a divulgar su particular percepción doctrinal. Era una curiosa combinación de “cuadernos de reflexión” (Thought Journal) con los semanarios de actualidad al estilo Time o Newsweek, a los que recordaba en su diseño, formato y extensión. Se dirigía a un público amplio, sin otra afiliación que el “cristianismo histórico” con el que se relaciona el movimiento evangélico en general.

En esta era de “nichos” digitales cada vez hay menos espacio para publicaciones generalistas. Los grandes diarios son ya meros instrumentos de propaganda de intereses partisanos, donde apenas hay lugar para la independencia de un periodismo que no responda a “la voz de su amo”.

Todo son consignas y hasta “noticias falsas” (fake news), pero da igual, escribes a un público que ya está convencido. Los demás dejan de seguirte en cuanto se molestan por cualquier cosa.

Y el algoritmo ni siquiera ya les permite leer los titulares, ahora casi siempre camuflados con un “cibercebo” (clickbait), para que no sepas de lo que hablan.

La verdad es que a nadie le gusta que le cuestionen sus prejuicios. Si no estás de acuerdo con algo de lo que se publica, dejas de seguirlo. No ves ya el sentido a leer algo que no sea conforme a tus ideas y opiniones.

Todo está polarizado y cualquier desacuerdo se ve como una agresión, una manifestación de odio. Es así como se entiende el cristianismo en Internet también hoy. Si no tienes mi doctrina y no se conforma a mi agenda política, no quiero saber nada de ello.

Como tantas publicaciones que había en papel, antes de llegar la crisis con Internet, Christianity Today era una revista bastante voluminosa, llena de artículos, noticias y reportajes, escritos por una amplia plantilla de redactores y aún una mayor gama de colaboradores. Todos pagados por su trabajo.

Su contenido era muy actual y el rigor de la información, así como el nivel de reflexión era muy grande. Lo que ahora representa esa publicación en Internet no es más que un pálido reflejo de lo que fue.

 

“Sentido periodístico”

La tarea de Packer no era sólo escribir en cada número, sino también revisar y hacer sugerencias sobre cada publicación.

Era un trabajo pagado, pero con la crisis que empieza a acabar con la prensa en 2002, Packer continúa haciéndolo, aunque no cobre ya lo mismo y se reduzcan sus obligaciones laborales al 25 %. Su editor, Harold Myra dice que tenía “un buen sentido periodístico y era un gran colaborador”.

Packer escribe en Christianity Today casi desde su fundación por Billy Graham en 1956 con Carl F. H. Henry como editor. Al principio no era más que un par de ensayos al año, lo que contribuía, ya que cuando comenzó solían ser bastante extensos y dirigidos a un lector que tuviera inquietudes intelectuales.

Packer y el cristianismo hoy (10)

Al principio Packer no contribuía más que un par de ensayos al año, ya que cuando comenzó la revista, los artículos solían ser bastante extensos y dirigidos a un lector con inquietudes intelectuales.
 

A lo largo de los años 80 se unen a esos artículos largos, lo que podríamos llamar sus columnas. Eran textos que llenaban una o dos páginas y aparecían en cada número sobre los más variados temas, que él mismo elegía y trataba de la forma más personal.

Los que estábamos suscritos a la revista aquellos años, era lo primero que leíamos, antes incluso de las columnas de Philip Yancey y Chuck Colson, que eran también muy interesantes.

Packer muestra una libertad en esas colaboraciones que no habías visto antes. Tienen un riesgo y una creatividad, nada comparable a sus otros escritos. Es una obra de madurez que revela ya un estilo literario depurado, pero de lectura fácil por su agilidad de pensamiento y expresividad.

Son comentarios llenos de toques personales, escritos desde la confianza y familiaridad del que sabe que no va a ser cuestionada su publicación. Ya que no le cambiaban ni el título, como suelen hacer los editores habitualmente.

Tratan de su afición al jazz, su historia familiar, las formas de escribir, el papel de la teología, la “imagen de Dios” o la necesidad de que haya ilustraciones acompañando a los textos.

Habla de C. S. Lewis, los puritanos, el Consejo Mundial de Iglesias, Lloyd-Jones y F. F. Bruce, sobre todo de sus paradojas. No son los lugares comunes, lo habitual que se dice sobre ellos. Hay siempre algo impredecible en esos textos. Es todo lo contrario a lo que ahora se suele leer en Internet. Lo importante no es el dato o la información, sino el conocimiento y la experiencia que tiene de ello.

Packer y el cristianismo hoy (10)

Las columnas de Packer en los 80 eran textos que llenaban una o dos páginas y aparecían en cada número sobre los más variados temas, que él mismo elegía y trataba de la forma más personal.
 

 

“El nuevo evangelicalismo”

En 1954 Billy Graham vio la necesidad de una publicación que fuera portavoz del avivamiento evangélico que se estaba produciendo en torno a sus campañas.

Es Wilbur Smith (1894-1976) quien le da la idea de una revista mensual que eleve el nivel intelectual del “evangelicalismo fundamentalista”. Este pastor presbiteriano había fundado con el evangelista bautista Charles Fuller y el pastor congregacional Harold Ockenga de la iglesia evangélica de Park Street en Boston, el Seminario Teológico de Fuller en 1947, tras enseñar en el Instituto Bíblico de Moody en Chicago desde 1938. Ockenga venía del Seminario Teológico de Westminster y había organizado la primera campaña de Graham por todo el continente en 1950.

La fundación que tenía la familia petrolera presbiteriana Pew financia el proyecto que inicia Graham con su suegro Nelson Bell (1894-1973), un médico misionero en China que había fundado a su regreso, la revista presbiteriana del sur de Estados Unidos que representaba la postura más conservadora de la denominación.

Se ofrece primero la dirección a Wilbur Smith, conocido por su interés por la profecía bíblica, pero estaba ya también jubilado en California.

Es el profesor de Fuller, Harold Lindsell (1913-1998), conocido por “la batalla de la Biblia” que enfrentará luego al cuerpo docente de este seminario en los años 70, el que propone el nombre de Carl Henry. La respuesta inicial de Graham es bastante significativa. Dice que “podría ser demasiado fundamentalista”.

La idea de Graham era “plantar la bandera evangélica a medio camino, teniendo una postura teológica conservadora, pero con una visión claramente liberal de los problemas sociales”.

Para él, “debía combinar lo mejor del liberalismo con lo mejor del fundamentalismo”. Es el sueño del “nuevo evangelicalismo” que representa Graham.

Él dice que “su visión de la inspiración debía estar en la línea de los últimos libros de Bernard Ramm” (1916-1992), el profesor de la universidad bautista de Baylor que era entonces conocido por su nueva perspectiva de “La visión cristiana de la ciencia y la Escritura” (1954). Smith había elogiado el libro de Ramm en la revista de Moody, pero su idea de la evolución no era la de la postura “inerrante” que basa la biología en la Escritura.

El movimiento evangélico estaba entonces dividido entre el sector duro del fundamentalismo de Carl McIntire (1906-2002) con su Consejo Internacional de Iglesias Cristianas y la Asociación Nacional de Evangélicos de Ockenga.

Graham aprovecha el antagonismo que producía McIntire en otros fundamentalistas como Bob Jones, John Rice o el mismo Francis Schaeffer, para lanzar un proyecto común que uniera este sector conservador con el más abierto de Ockenga.

La famosa campaña de Billy Graham en Inglaterra en 1954 le había mostrado la lamentable imagen que tenía el fundamentalismo de “separatismo, anti-intelectualidad y conflictividad”.

La revista debía evitar para Graham, los “shibolet” (Jueces 12:6) que enfrentaban a los evangélicos y ahondar en la línea que había abierto con sus campañas en un ámbito más ecuménico y de integración racial, distanciándose de la política conservadora que caracterizaba al fundamentalismo.

 

Carl Henry

Carl Henry (1913-2003) es un personaje apasionante en que se une el periodismo a la filosofía y la teología reformada al “neo-evangelicalismo”. Viene de una familia de inmigrantes alemanes en Nueva York, llegando a editar un periódico a los 19 años. Escribía de hecho para el New York Times cuando se convierte al cristianismo.

Estudia en la universidad evangélica de Wheaton y en el Seminario Bautista del Norte, donde enseña después de doctorarse en filosofía en la Universidad de Boston.

A Henry se le asociaba con el fundamentalismo como dice Graham. Su escatología era premilenial, como la de Ockenga, pero ya no buscaba señales proféticas del fin de los tiempos en el mundo moderno.

Su libro del año 46 sobre “Rehacer la mente moderna” tenía un prólogo del apologista Gordon Clark y estaba dedicado a los dos profesores de origen holandés que venían de la Universidad Calvino de Grand Rapids, Jellema y Van Til, que mantenían la “antítesis” de la filosofía reformada del teólogo y primer ministro neerlandés Abraham Kuyper.

El libro de Henry, “La mala conciencia del fundamentalismo moderno” (1947) tiene ese interés por la cultura que se enfrenta al pietismo legalista que había conocido en Wheaton, donde estaba prohibido cualquier juego con cartas, fumar o nadar con personas del otro sexo.

El prólogo de Ockenga dice que “si el cristiano que cree en la Biblia toma el lado equivocado en problemas sociales como la guerra, el racismo, el trabajo y las clases sociales, el alcohol y el imperialismo, es quizás tiempo de mirar al otro lado de la valla”.

Habla ya de “un fundamentalismo progresista con un mensaje social”, pero Henry no predica el “evangelio social”, sino que mantiene el evangelismo tradicional y la necesidad de regeneración como algo esencial.

Tanto él como Ockenga, rechazan la idea del Reino del dispensacionalismo, pero también el Reino ahora, como lo entiende la teología liberal. Está ya ahora, pero no será completado hasta que Cristo vuelva.

Packer y el cristianismo hoy (10)

Carl Henry (1913-2003) es un personaje apasionante en que se une el periodismo a la filosofía y la teología reformada al neo-evangelicalismo..
 

 

“Christianity Today”

Henry escribe a Graham que “la autoridad de la Escritura es algo fundamental para la controversia teológica”, como cree Packer. La postura “liberal y evangélica no tienen el mismo derecho y dignidad para la verdadera Iglesia”.

Al mismo tiempo que “el capitalismo no está fuera de la crítica cristiana”. El nombramiento de Henry tiene también mucho que ver con la postura del evangelista y pastor presbiteriano Donald Grey Barnhouse, que como editor de la revista “Eternity” veía que “los anticomunistas eran tan peligrosos como los comunistas”.

Es así como Henry comienza la revista Christianity Today con el lema de que “la verdad sin amor es normalmente ignorada, pero el amor sin verdad no es verdadero amor”.

Ese difícil equilibrio se mantiene en la sucesión de Henry por Harold Lindsell en los años 60, tras desechar la propuesta inicial de nombrar editor a Aiken Taylor, un presbiteriano del sur conocido por su postura anti-ecuménica y política conservadora.

Lindsell fue más explícito y agresivo que Henry, en su conservadurismo eclesial y político (¡hasta Edgar Hoover del FBI escribió para Christianity Today!). Henry veía, además, la “inerrancia” como una “prueba de consistencia evangélica”, pero no como un tema de división en el mundo evangélico.

Packer toma la mayor responsabilidad en la revista tras la dirección de Kenneth Kantzer de 1977 a 1982. En el 83 es hecho editor junto con John Stott en un consejo amplío, que se reduce a cinco en el 85 con él recibiendo ya un sueldo y escribiendo cinco extensos artículos en el 86.

El título de “consejero teológico” nunca fue oficial, pero es el nombre por el que se le conocían en la redacción por los demás editores. Cuando en el 91 se plantea el cambio de orientación de ser una publicación de pensamiento a una revista de actualidad, Packer está de acuerdo con la nueva dirección, que parecía ya la única forma de mantener su solvencia, económicamente. Ese año le proponen dirigir la revista a tiempo completo.

 

Ortodoxia generosa

Aunque Packer no acepta la posición, continúa revisando cada número en su forma y contenido, incluso después de la crisis del 2002. Su reciente biógrafo, Leland Ryken, se maravilla del empeño que puso en ello. Obviamente, no necesitaba el dinero.

Era un interés personal que chocaba a sus admiradores, porque como dice Ryken, era “una revista que regularmente te parecía más liberal que él”. En ella cabían todo tipo de opiniones, a menudo opuestas entre sí.

Algunos atribuyen esa actitud abierta de Packer a su anglicanismo, pero yo creo que tiene más que ver con su carácter, que era realmente generoso. Obviamente, hay tantos anglicanos de actitudes sectarias, como en cualquier otra denominación, pero pocos cristianos con la gracia que tenía él.

A veces parece ahora que sólo han quedado los fanáticos. Packer era conocido por su prudencia. No tenía el espíritu combativo que caracteriza a tantos evangélicos. Era amable, no estridente.

Una de las virtudes más llamativas de Packer era también la manera en que dejaba de lado el rencor que domina todas las relaciones humanas. La mayoría de nosotros no pasamos por alto las ofensas que hemos recibido.

Sin embargo, él entendía que ser cristiano era no sólo recibir perdón, sino también el deber de perdonar a otros.

Somos llamados a “no ser vencidos por lo malo, sino vencer el mal con bien” (Romanos 12:21). La parábola del siervo ingrato (Mateo 18:21-34) concluye con las tremendas palabras de que “así hará el Padre celestial, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (v. 35).

¿Cómo se puede tener esa capacidad para perdonar? La respuesta la da el Señor Jesús mismo, cuando dice “aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47). Es cuando entendemos cuánto hemos sido perdonados, al cargar Dios con el coste de nuestro perdón en Cristo Jesús, que podemos soportar el dolor de perdonar a otros.

No podemos tomar el lugar de Dios y hacer como que no hay perdón posible para algunas personas, como si nosotros fuéramos los únicos ofendidos, cuando es a Dios a quien también ofendemos. Es difícil, pero lo que imposible para el hombre, es posible para Dios (Lucas 18:27).

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