El Anticristo de ‘La Profecía’

La historia del film tan popular aún tras medio siglo gira alrededor de la pregunta de si el Anticristo pudiera estar vivo en nuestro mundo. Lo que nos lleva inevitablemente a la Biblia.

11 DE AGOSTO DE 2026 · 17:00

Medio siglo después de La Profecía (1976) nos preguntarnos si el interés que despertó por el Apocalipsis, ha llevado a conocer más la Biblia.,
Medio siglo después de La Profecía (1976) nos preguntarnos si el interés que despertó por el Apocalipsis, ha llevado a conocer más la Biblia.

Si medio siglo después aún nos fascina “La Profecía” (1976), cabe preguntarnos con su inspirador, Robert Munger, si “esta película ha hecho más por aumentar el interés por el Apocalipsis y las profecías bíblicas que todos los predicadores del mundo, juntos, en los cincuenta años anteriores a ella”. La historia de esta “obra de culto” comienza con la conversación en un restaurante del bulevar de Hollywood de Bob Munger con el productor de cine Harvey Bernhard. Este amigo cristiano “nacido de nuevo” le preguntó si había leído alguna vez la Revelación final de la Biblia que llamamos Apocalipsis.

Munger había sido un actor infantil en Indianapolis, hasta que se traslada a Hollywood con su madre en los años 40. Sigue allí la educación secundaria hasta que comienza a hacer papeles en series de televisión. Estudia Derecho en Los Ángeles y Pepperdine, hasta graduarse en la Universidad del Sur de California. Es aficionado al ajedrez, pero también a la política, ya que como estudiante funda un movimiento conservador que apoyaba a candidatos republicanos. Se llamaba Estudiantes por América, llegando a escribir algunos discursos para el candidato a la presidencia, Barry Goldwater en 1964. Entra en la Infantería del Ejército, pero se dedica finalmente a la publicidad.

Como todo evangélico, su fe se basa en una experiencia de conversión que llamamos “nuevo nacimiento”. La vive con su esposa Grace, que conoce en 1969 cuando era voluntaria en centros de rehabilitación y logopeda en Los Ángeles, mientras canta en uno de los primeros grupos de “rock” que nacen de la llamada Revolución por Jesús, cuando muchos en el movimiento “hippy” se vuelven a la fe cristiana. Eso explica que el “asesor religioso” que aparece en los créditos de “La Profecía” sea Don Williams, que partió también ya de este mundo en el 2022, Munger en 2012.

El Anticristo de ‘La Profecía’

El asesor de la película era Don Williams, pastor de la Iglesia Presbiteriana de Hollywood cuando estalla la Revolución por Jesús.
 

La revolución por Jesús

Williams aparece en la película con las letras que indican su doctorado en la prestigiosa Universidad de Columbia, después de estudiar en Princeton. Era el pastor de la Iglesia Presbiteriana de Hollywood, cuando estalla la Revolución por Jesús antes de llegar a la Capilla Calvario de Costa Mesa y después de la misión en el “verano del amor” de San Francisco, que dio lugar a la “comuna cristiana” –donde se convierte Lonnie Frisbee (1949-1993), antes de ir al sur de California–. Es en esta iglesia de Hollywood donde Williams abre el primer café-bar, llamado la Compañía de la Sal, donde comienza a cantar Larry Norman (1947-2008), tras dejar al grupo People.

Don es luego profesor de Nuevo Testamento en el Seminario de Fuller y Claremont McKenna, mientras está de pastor en otra iglesia presbiteriana en La Jolla (California). Es allí donde recibe el “bautismo del Espíritu” y entra en la Comunidad de la Viña, el movimiento nacido de la Capilla Calvario donde tuvo Bob Dylan su experiencia de conversión. Williams es, por lo tanto, una de las figuras centrales de la llamada Gente de Jesús (Jesus People). Además, era el que tenía mayor formación académica en universidades fuera del mundo evangélico.  

Una de las características principales de la Revolución por Jesús fue su obsesión escatológica. Alguien como Chuck Smith –padre–, predicaba en la Capilla Calvario, un domingo sí y otro también, sobre la profecía bíblica respecto al futuro. Su predicación era expositiva, pero monográfica. Basta escuchar canciones de Larry Norman como “Me gustaría que todos estuviéramos preparados” (I Wish We´d All Been Ready) en su disco para Capitol en 1969, para ver cómo ese evangelismo se basaba en la amenaza del Arrebatamiento.

El Anticristo de ‘La Profecía’

El evangélico Bob Munger (a la izquierda) con los actores Karl Malden, Lee Remick y Jack Warden en una producción de los 70.
 

Seltzer y Dooner

Un tema central de esa escatología era la inminencia de ese dictador futuro conocido como el Anticristo, que como dice “La Profecía”, se creía que vendría de la política. Un libro en particular es la mayor inspiración de “La Profecía”, según el guionista de la película, David Seltzer –uno de los pocos que sigue vivo todavía–, “La agonía del gran planeta Tierra” (1970) de Hal Lindsey (1929-2024). “Admito que me influyo más que “El exorcista” (1973) o “La semilla del diablo” (Rosemary´s Baby 1968)” –dice este “judío de familia ortodoxa, muy fundamentalista de origen europeo–. Tanto el director como el escritor son judíos.

Richard Dooner (1930-2021) era un judío neoyorquino, que se había criado en una familia que vino de Rusia para vivir en el Bronx. Dick había hecho televisión y tres películas poco conocidas a finales de los 60, antes de dirigir “La Profecía”, pero era amigo de Laddie, el hijo de Allan Ladd a cargo de la 20th Century Fox. Tanto él como Seltzer juegan el papel de agnósticos en esta historia. Como tantos judíos actuales, son bastantes escépticos ante lo sobrenatural y prefieren ver este relato como la historia de un matrimonio afectado por la tragedia de un hijo, que lleva a la esposa a un serio trastorno mental.

Es una visión parecida a la del judío de origen polaco, Roman Polanski en “Rosemary´s Baby” que, tras perder a su familia en el Holocausto, se acerca al mundo de lo oculto como un fenómeno psíquico. Como en todas estas tres películas sobre el diablo, hay una tensión entre la parte creyente, representada en “La Profecía” por los productores Harvey Bernhard y Robert Munger, frente al escepticismo de Seltzer y Dooner. Para muchos, es la ambigüedad de ellas, lo que hace que hayan resistido el tiempo como obras complejas, que tienen diferentes lecturas.

Munger acababa de lanzar en los cines para la productora del evangelista Billy Graham (World Wide Pictures), la película “El refugio secreto” (1975) sobre la fe de la holandesa Corrie Ten Boom (1892-1983) en un campo de concentración nazi, tras esconder judíos en su casa. Y promovería después, “Nacido de nuevo” (Born Again 1978), la película con el testimonio de Chuck Colson (1931-2012), “el fontanero” del escándalo Watergate del presidente Nixon, convertido en prisión a la fe evangélica por un libro de C. S. Lewis (1898-1963).  

 

¿Terror apocalíptico?

La gran lucha que tuvieron fue convencer a los estudios y al público que ésta no es una película de terror. No era una estrategia comercial, ni una manera de convencer a Gregory Peck para que hiciera la película (1916-2003). Era lo que querían hacer. Lo que distingue a estas películas del llamado cine de horror es que no sólo hay menos sangre en ellas que en una película de guerra, sino que su planteamiento es el de un “thriller”, o sea una historia de suspenso o suspense –según la terminología que usemos, española o latina–. Para distinguirlo del policiaco o las historias de espías, se ve como una historia de conspiraciones, pero en un sentido apocalíptico, no como un “thriller sobrenatural” al estilo de Shyamalan.

El Anticristo de ‘La Profecía’

La madre del niño en la ficción, Lee Remick, muere de cáncer con sólo 55 años.
 

Cuando el amigo de Munger, Harvey Bernhard, llama a Seltzer para proponerle escribir el guion, la pregunta era si había visto “El exorcista”, una historia sobre el alguien que no cree que exista, el diablo. Así que no le interesa hacer una secuela. Como necesitaba dinero y tenía dos hijos pequeños, acepta el proyecto con la condición de pasar tres meses leyendo la Biblia. Es aquí donde entra Don Williams, para explicarle el sentido del Apocalipsis. Obviamente no le entendió muy bien, ya que Williams no era dispensacionalista en su teología. ¿Qué significa eso?

El dispensacionalismo es una interpretación bíblica que divide la Historia en diferentes periodos, separando a Israel de la Iglesia y popularizando la idea del rapto como un arrebatamiento invisible –antes o después de un milenio literal con una Gran Tribulación y la aparición del Anticristo–. Como la dispensación en que se dan dones del Espíritu como lenguas, profecías o sanidades, ya habría acabado en la época de los apóstoles, el sistema entra en conflicto con el pentecostalismo clásico, que había abrazado las notas de la Biblia de Scofield, que difunden esta interpretación a principios de siglo. El movimiento carismático de la Comunidad de la Viña en el que entra Williams rompe con el dispensacionalismo, para mantener una teología del Reino como la del profesor de Nuevo Testamento del Seminario de Fuller, George Eldon Ladd, (1911-1982) que a veces se llama milenarismo histórico.

El Anticristo de ‘La Profecía’

La Profecía nace en un restaurante de Hollywood cuando un amigo evangélico del productor Harvey Bernhard le pregunta si había leído el Apocalipsis.
 

¿Maldición bíblica?

Según Seltzer, “la religión no se trata en las películas de Hollywood por miedo a resultar ofensivos”, sino es como en el llamado “cine bíblico”, un espectáculo de cartón piedra, voces altisonantes e imaginería de estampita. “De hecho –dice el guionista–, a todos les preocupaba que la Iglesia Católica la condenara”. El primer tratamiento de guion se llamaba “El Anticristo”, luego se cambiaría por “La marca de nacimiento”, antes de recibir el nombre de “La Profecía”. Todos los estudios rechazaron el proyecto al principio, hasta que un productor llamado Mace Neufeld se lo pasa a Dick Donner y éste a Alan Ladd de la Fox.

Bernhard es quien se lo propone a Gregory Peck, que acababa de perder a su hijo Jonathan, suicidado a los 30 años en Santa Barbara (California), tras una decepción amorosa y el diagnóstico de una arteriosclerosis. Esta es probablemente la razón que le hace identificarse con este padre herido por la condición de su hijo. Curiosamente, es la única película en que el actor participó de los beneficios, proporcionalmente. Su esposa en la ficción es Lee Remick, muerta de cáncer con sólo 55 años en 1991. El niño fue el más difícil de encontrar. Harvey Stephens era inglés, como casi todos los actores de la película, excepto la pareja protagonista. A raíz de su papel, su familia tuvo bastantes problemas en la iglesia a la que pertenecían.

La fotografía está a cargo del británico Gilbert Taylor, que haría luego “Star Wars”. Y la banda sonora le dio el único Oscar de su carrera a Jerry Goldsmith. Su música se ha comparado a veces con el gregoriano, pero este canto litúrgico no tiene voces femeninas como las de Goldsmith. El latín tiene algunos errores, pero es porque el director del coro no era un lingüista. Y es él, quien convierte el Ave María en una invocación a Satanás.

Fue el gran éxito del director Richard Donner, que le permite hacer luego “Supermán” (1978). Él es el primero en desmitificar la supuesta maldición que acompaña este tipo de películas. Los accidentes aéreos y automovilísticos de algunos de los participantes son para él, meramente circunstanciales. Es verdad que, sobre todo, las bombas que ponía entonces el IRA eran la noticia de cada día en aquella época, que yo pasaba también temporadas en Londres. Estuve de hecho en el “safari-park” de Windsor que aparece en la película, pero ya no existe. La película fue la tercera más vista ese año, después de “Alguien voló sobre el nido del cuco” y “Todos los hombres del presidente”.

El Anticristo de ‘La Profecía’

 Para los judíos que dirigen y escriben la película, no es más que  la historia de un matrimonio afectado por la tragedia de un hijo, que lleva a la esposa a un serio trastorno mental.
 

“La marca de la Bestia”

No vamos a contar ahora el argumento, para mantener la sorpresa de aquellos que no han visto todavía la película. Yo he leído la novelización que hizo el escritor, David Seltzer. Esto se había hecho sólo una vez antes con “Love Story” de Erich Segal. El libro fue escrito por el guionista durante el rodaje y se publica de hecho, dos semanas antes con un tremendo éxito. Como no estaba previsto en el contrato, provocó luego un gran malestar en el estudio, que no pudo participar de ninguno de sus beneficios. Esa es la razón por la que Seltzer no escribe la secuela de 1978.  

Lo único que necesitan saber es que la historia plantea la pregunta de si el Anticristo pudiera estar vivo en nuestro mundo. Lo que nos lleva inevitablemente a la Biblia. Como dice Seltzer, “los tres seises no son más que un símbolo, el signo de la Bestia que aparece en Apocalipsis”. Desde tiempos antiguos se ha querido dar al número un equivalente con las letras hebreas, para intentar descifrar un nombre, sea Nerón, Napoleón, Hitler, Saddam Hussein o hasta Bill Gates. Cualquier nombre te sale.

El autor de un libro sobre la saga en español, Luis Martínez Vallés (Y su número es 666), le dedica varios capítulos al tema, para concluir que el único estudio serio que ha leído es el de Greg Beale del Seminario de Westminster, que traduce de la página de la Coalición por el Evangelio. Aunque también le da mucho espacio a la variación de la que suele hablar Antonio Piñero del 616 de Oxirrinco, que está en la Universidad de Oxford y cita Ireneo de Lyon, popularizada por el programa de televisión de Iker Jiménez, Milenio 3. El antiguo evangélico Martin Gardner, matemático escéptico, tiene un divertido artículo sobre todas las combinaciones que se pueden hacer con el número.

 

El Anticristo en la Biblia

Lo primero que tenemos que saber es que la historia de “La Profecía” es una fantasía. En todo caso, estaría dentro de lo que se ha llamado a veces “escatología-ficción”. Lo que ocurre es que llama la atención a la Biblia, Es por eso que el consejo nacional de las Iglesias de Cristo lo valoró de forma positiva y la Escuela de Graduados en Teología de California le dio un premio especial por “dar un paso atrevido hacia un nuevo tipo de dramatización de una doctrina bíblica”. ¿Cuánto tiene, sin embargo, de bíblica?

Como solía decir José Grau, la Biblia no conoce un solo Anticristo. Se habla de ellos en plural. El término aparece en el segundo capítulo de la Primera Carta de Juan, versículos 18 y 22. También en el tercer versículo del cuarto capítulo. Es “todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne”. Ese es el espíritu del Anticristo, que “no es de Dios”. Es el que “habéis oído que viene y ahora ya está en el mundo”. A él se refiere también el versículo 7 de la Segunda Carta. Se le llama “Hombre de pecado” en la Segunda Carta a los Tesalonicenses. Y se le identifica también con una de las Bestias de Apocalipsis. En el Antiguo Testamento se le puede relacionar incluso con “el cuerno pequeño” del séptimo capítulo de Daniel.

Como observa José Grau y Don Carson en las dos mejores exposiciones que he escuchado sobre el tema, “seríamos muy ciegos y estaríamos bastante despistados si solamente fijamos la atención en un Anticristo final”, porque el énfasis del Nuevo Testamento es que “el peligro es ya inminente, está entre nosotros, no es sólo del futuro”. Ya en el primer siglo han surgido muchos anticristos, “engañadores que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne”. Son, por lo tanto, como dice Grau, “una amenaza constante y permanente para la Iglesia, no sólo una amenaza futura”. Y Juan dice que surgen de la cristiandad, no del ocultismo, sino de lo que llaman iglesia y entre los que se llaman cristianos. No viene del paganismo, la filosofía o las religiones orientales, tan de moda en Roma durante los dos primeros siglos.   

Al negar la humanidad de Cristo, su venida en carne, restan toda eficacia a la Cruz. La esperanza de Israel se ha cumplido. El Reino de Dios ha llegado en Cristo. Vivimos ya en los últimos tiempos, aunque no ha llegado todavía la hora final, cuando todas las promesas se cumplirán en la Segunda Venida de Cristo. Su inminencia está en que puede ocurrir en cualquier momento, como dice Jesús. La Revelación está en Cristo. Su obra de redención es completa. Ha hecho todo lo que hacía falta para salvarnos. “Consumada es”, dice en la Cruz. Lo que esperamos es la manifestación plena del Reino de Dios.

 

“¡Probad los espíritus!”

Lo que revela la Profecía bíblica es que vivimos un tiempo de lucha. El diablo es el enemigo de Dios, pero ya ha sido derrotado, aunque como vemos en Apocalipsis, todavía colea, se mueve. Hay maldad en la tierra y los anticristos hacen todo lo posible para impedir la extensión del Evangelio. Mateo 24 dice que los falsos maestros harán prodigios para engañar incluso a los elegidos. La verdadera Profecía nos muestra la naturaleza del tiempo en que vivimos. Por eso dice Juan en el cuarto capítulo de esta Carta que debemos “probar los espíritus”. No todo lo espiritual es de Dios.

“Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre”, dice Juan. Sólo el Hijo nos revela a Dios como el Padre. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. En ningún otro hay salvación. Por lo que como dice Grau: “Todo aquel que se confiesa unitario, que cree que Dios no es Padre, Hijo y Espíritu Santo, cualquier secta que niega la divinidad o la humanidad de Jesucristo, no es cristiana. Así de sencillo. Lo decimos con amor, porque Dios nos manda amar a todos los hombres, pero también por amor a los equivocados, tenemos que decir y repetir que cualquiera que se dice unitario, no es cristiano”.

Como concluye Grau: “Es una pena que temas como el Anticristo queden relegados a una especie de curiosidad para ver las señales de los tiempos del futuro y de dónde surgirá, si será alemán o judío, si será español o chino. A lo largo de los siglos hay muchos ejemplos de hipótesis que se han dado identificando al Anticristo con un personaje o con otro. Este no es el objetivo que tiene la Palabra de Dios al hablar del Anticristo o de los anticristos. Se trata de despertar nuestra conciencia y ponernos sobre aviso ante todas aquellas fuerzas que son antievangélicas, es decir en contra del Evangelio. Y lo que es antievangelio es en primer lugar anticristiano. El cristianismo es Cristo y si no es Cristo, no es nada”.

¿Y cuánto de Cristo hay en “La Profecía”? Mucho del mal, pero nada de Cristo. Se busca hacer un sacrificio, pero no se reconoce el de Cristo. Como en toda creación humana, vemos el problema, pero no encontramos la solución. Lo bueno es que apunta a la Biblia, que es la Palabra de Dios. No debemos tener miedo al libro de Apocalipsis. Debemos recuperarlo, arrebatándoselo a todos los chiflados que se han apropiado de él. En este artículo he intentado no cometer ningún espóiler, pero los que hemos leído el Buen Libro hasta la Revelación final de Apocalipsis, sabemos cómo acaba. ¡Permitidme el espóiler! ¡Termina bien!  

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