“La magnitud de la devastación y pérdida es difícil de comprender”
World Vision informó desde Venezuela sobre cómo están organizándose para suplir las primeras necesidades y llevar ayuda incluso a puntos remotos que han sido afectados por el terremoto.
ESPAÑA · 15 DE JULIO DE 2026 · 12:15
Han pasado veinte días desde que dos terremotos sacudieron Venezuela con apenas 38 segundos de diferencia. El 24 de junio, a las seis de la tarde, las réplicas aún no habían cesado cuando el equipo de World Vision Venezuela ya estaba coordinando su respuesta. “A las ocho de la noche”, recuerda Claudia González, gestora de fondos institucionales de la organización, “todo el mundo preguntaba: ¿cómo vamos a ayudar? ¿Qué hacemos? Salimos a la calle”.
Claudia habla desde Caracas en una videoconferencia coordinada por World Vision, pero da muchos detalles sobre la situación en La Guaira. Ella creció allí, fue al colegio y al instituto en esta región. El pasado jueves recorrió esas mismas calles sin reconocerlas. “Calculo que he perdido más de 30 amigos. No solo ellos: sus familias, sus nietos, todo”. Para ella, este desastre se conecta con otro gravísimo sufrido en 1999, cuando las inundaciones del estado Vargas le arrebataron su casa y a algunos familiares en el mismo lugar.
Respuesta inmediata y presencia previa
World Vision pudo responder a la emergencia desde el primer momento gracias a que trabaja en el país desde hace seis años, con más de 400 empleados distribuidos por todo el país y una red de más de 2.000 líderes de iglesias locales con quienes ya colaboraba antes de la emergencia.
“Lo primero fue asegurarnos de que nuestro personal estaba bien”, explica Peter Gape, director nacional de World Vision Colombia y Venezuela. “Gracias a Dios, todos están a salvo, aunque algunos no pueden volver a sus casas porque están dañadas”. Al día siguiente del seísmo, los equipos ya estaban distribuyendo alimentos y kits de higiene junto a voluntarios de las iglesias.
Según el comunicado oficial emitido el 7 de julio, la organización ha prestado ayuda a 14.991 personas pertenecientes a 4.306 hogares en La Guaira, Caracas y Miranda, mediante distribución de cestas de alimentos, kits de higiene y agua, materiales recreativos y actividades de protección infantil. La red Esperanza Sin Fronteras, formada por más de 2.000 voluntarios de comunidades religiosas, ha sido determinante para escalar la respuesta y llegar a los puntos más vulnerables.
Una emergencia dentro de una emergencia
Las últimas cifras oficiales del Gobierno venezolano cifraban esta semana en 4.561 los fallecidos, con 16.740 heridos y 157 desaparecidos reconocidos oficialmente. Sin embargo, más de 61.000 personas siguen sin ser localizadas a través de los sistemas de búsqueda de familiares, una cifra independiente que se espera que disminuya conforme se restablezcan las comunicaciones. En total, 58.870 edificios han sufrido daños en al menos siete estados, siendo La Guaira el más afectado.
La situación ha empeorado en los últimos días por causa de las fuertes lluvias que están deteriorando las condiciones de vida de quienes permanecen en tiendas de campaña y asentamientos improvisados. Los hospitales y centros de salud llevan atendidos más de 12.841 pacientes y siguen desbordados.
Para Claudia González, esto agrava una situación que ya era de por sí muy deficiente. “Venezuela llevaba diez años en una situación muy difícil. Ahora esa situación ha colapsado del todo. Esto es una emergencia dentro de una emergencia”.
Llegar a donde aún no llegó la ayuda
Una de las prioridades en los próximos días es alcanzar comunidades de montaña como Carayaca y El Junquito, que forman parte del municipio de La Guaira pero han quedado aisladas. Gape describió en el livestream de la organización cómo líderes comunitarios y pastores están caminando entre tres y seis horas para llegar al centro urbano y pedir ayuda. “Su mensaje es: nuestras comunidades fueron afectadas, pero la ayuda no ha llegado todavía”.
Las iglesias locales están jugando un papel central también en la alimentación: muchas han montado cocinas comunitarias improvisadas desde el primer día, y World Vision las está equipando con hornillas y frigoríficos para conservar los alimentos perecederos que reciben en donación.

Atención a la infancia
Fola Komolafe, directora ejecutiva de World Vision Reino Unido, visitó el pasado jueves las zonas afectadas y los centros de distribución. En uno de los espacios amigos de la infancia habilitados por la organización conoció a Norangeles, una niña de 11 años que describió su pueblo, Catia La Mar, como “un cementerio”. También a Aurora, de seis años, que seguía enviando mensajes de WhatsApp a su padre sin saber que había fallecido en el terremoto.
“El mundo que vemos en las noticias no se parece a lo que hay aquí en realidad”, declaró Komolafe. “La magnitud de la pérdida y la devastación es muy difícil de comprender. Y lo más doloroso es que nuestro personal, las iglesias, las comunidades... todavía no han tenido espacio para llorar a sus propios muertos”.
World Vision advierte de que el impacto psicosocial será uno de los grandes retos a medio y largo plazo, especialmente entre los menores desplazados que viven en refugios y asentamientos informales.
Preocupaciones a medio plazo
Más allá de la emergencia inmediata, la organización señala varios riesgos que se van a prolongar en el tiempo: riesgo de brotes de enfermedades por agua contaminada y hacinamiento, infestaciones de roedores y acumulación de residuos por la falta de suministros básicos, interrupción de la educación en los estados más afectados, donde las clases siguen suspendidas mientras se evalúan los edificios escolares, y pérdidas económicas que Cáritas estima entre el 2% y el 10% del PIB venezolano.
Peter Gape resumía así el compromiso de la organización: “La solidaridad está marcando una verdadera diferencia en Venezuela. Sin embargo, la magnitud de esta emergencia requiere un apoyo sostenido. Seguimos comprometidos a garantizar que cada niño y cada familia puedan encontrar protección, esperanza y oportunidades para reconstruir sus vidas con dignidad”.
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