Prolegómenos a un curso de historia de la iglesia latinoamericana (I)

Sobre la relación entre la historia latinoamericana y la historia de la iglesia queda claro que la primera es inseparable de la segunda, con un fuerte énfasis abarcador y omnicomprensivo.

05 DE AGOSTO DE 2022 · 09:00

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Imagen de Leon Overweel, Unsplash.

Dentro de algunas semanas, el autor de esta columna dictará un curso breve (a distancia) sobre Historia de la iglesia en América Latina, un tema que le ha interesado siempre. La acumulación de materiales y perspectivas recientes al respecto es abrumadora, motivo por el cual es preciso plantear varias salvedades metodológicas y de enfoque, especialmente a la luz de las enormes transformaciones que han experimentado las diversas comunidades de fe en las últimas décadas. Se comparte con los/as participantes y lectores/as en general esta introducción personal, con la esperanza de que resulte de cierta utilidad.

 

Todo acontecimiento histórico es irrepetible, único. Todo relato o descripción de un hecho histórico no puede ser transparente, neutral, inmediato. Todo relato supone una “interpretación”, sea ésta consciente o no, querida o no voluntariamente intentada. Toda historia de la Iglesia supone un cierto manejo de los hechos eclesiales. De la concepción (sea cotidiana o teológica) que se tenga de la Iglesia, dependerá la historia que se haga.[1]

Enrique Dussel

Afrontar un curso como el presente implica, además de la obligada revisión de la bibliografía reciente, replantear críticamente la metodología para trabajar el tema, a fin de resultar pertinente para las necesidades actuales, ante las que una visión panorámica puede absorber las particularidades y, así, dejar de ver las situaciones específicas. Ante las nuevas condiciones, la pluralidad de percepciones obliga a tomar puntos de partida que antaño no se consideraban, pero que hoy son ineludibles. Es el caso de asumir desde el principio la enorme variedad de comunidades que, si ubicarse estrictamente en los espacios confesionales, forman un abanico social que no se adivinaba digamos, hace 30 años. El juego y rejuego de las identidades cristianas se discute, en el presente, de un modo muy distinto.

Para explicarse lo más adecuadamente posible la presencia y transformaciones de las diversas formas de cristianismo en los actuales países latinoamericanos es preciso hacer una revisión mínima de la historia del subcontinente. Asimismo, es necesario considerar los clásicos volúmenes, producidos desde hace varias décadas, que dan cuenta de dicha presencia desde una perspectiva crítica y renovadora. Por otra parte, deben tomarse en cuenta los trabajos sueltos que analizan el tema a nivel regional e incluso nacional. Sobre lo primero, existe un viejo debate acerca de la manera en que debe situarse la historia del fenómeno religioso en relación con los contextos sociopolíticos y culturales. Por ello, deben atenderse con interés las aportaciones de los historiadores de América Latina, a fin de contar con un sólido panorama de las etapas o periodos.

La revisión bibliográfica requiere considerar a los autores que, con el paso del tiempo, se consolidaron como obras imprescindibles para este tipo de abordajes[2]. Entre los más representativos están Enrique Dussel, quien mediante numerosas obras se estableció como el más visible de los especialistas en la historia de la iglesia latinoamericana, especialmente durante los años en que dirigió la Comisión para el Estudio de la Historia de la Iglesia en América Latina (CEHILA), organismo que existe hasta la fecha. Hipótesis para una historia de la iglesia en América Latina es de 1967. Historia de la iglesia en América Latina. Medio milenio de coloniaje y liberación, del mismo año, que ha tenido varias reediciones, por lo que ha cambiado la referencia en el título, hasta quedar: 1492-1992. Desintegración de la cristiandad colonial y liberación (1978), un estudio breve, pero muy aleccionador, que reúne varias ponencias y ensayos. El Episcopado latinoamericano y la liberación de los pobres: 1504-1620 (1979), estudio minucioso sobre algunos obispos notables de la época aludida. Historia general de la iglesia en América Latina. I/1. Introducción general a la historia de la iglesia en América Latina (1983), primer volumen de una amplia serie que abarcó todos los países, y en el que se plantean los objetivos y la metodología del proyecto. Dussel coordinó otros ocho tomos, así como tres correspondientes a los inicios de las actividades de CEHILA, entre 1975 y 1980. Curso de historia de la iglesia en América Latina (1985), notas expuestas en La Paz, Bolivia. Finalmente, editó Resistencia y esperanza: historia del pueblo cristiano de América Latina y el Caribe, en 1995, con la participación de otros 25 colaboradores. Sus artículos y ensayos sueltos sobre el asunto son innumerables (“Artículos de historia”, ver aquí).

Sobre la relación entre la historia latinoamericana y la historia de la iglesia queda claro que la primera es inseparable de la segunda, con un fuerte énfasis abarcador y omnicomprensivo: “La comprensión de la historia latinoamericana exige a los latinoamericanos la comprensión de toda la historia universal, y solamente después de dicho esclarecimiento podremos preguntarnos por el sentido de la historia de la iglesia”[3]. También era muy evidente, en la obra de Dussel y varios de sus contemporáneos, que el eje de la historia de las comunidades de fe se estaba moviendo de la iglesia-institución a la iglesia como variedad de movimientos y organizaciones eclesiales comprometidos con la necesidad de transformar la realidad circundante. Se trataba, en efecto, de un cambio en los modelos de iglesia conocidos hasta entonces.

Ciertamente, la historia de la iglesia ha sido, desde sus orígenes, una disciplina teológica, pero a partir de su independización de la teología como tal, tiene que llevarse a cabo a partir de criterios historiográficos estrictos. No obstante, como bien señaló el teólogo e historiador Hans-Jürgen Prien (1935-2022) en su momento, “el historiador no puede desistir de combinar la descripción crítica, históricamente correcta, con la interpretación teológica”[4]. Dussel lo expresó también: “Como historia es una expresión científica, y como historia de la Iglesia escrita por creyentes y militantes es al mismo tiempo teología, y esto porque ‘la historia de la Iglesia incluye como momento constitutivo de la reconstrucción del hecho histórico la interpretación a la luz de la fe. Es un quehacer teológico’”[5].

De Prien es, precisamente, La historia del cristianismo en América Latina, un monumental volumen de más de 1200 páginas, aparecido en alemán en 1978 y en español ocho años después. Dividido en cinco secciones y 16 capítulos, expone minuciosamente todos los aspectos relacionados con la llegada del cristianismo al subcontinente, partiendo de una visión fuertemente crítica de los actores implicados, tal como lo señala desde sus primeras palabras: “Este estudio intenta […] mostrar las líneas fundamentales de la historia de la Iglesia del Nuevo Mundo en el campo de tensiones de las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales de las diferentes épocas” (p. 11). Las páginas dedicadas a la influencia de la Ilustración y el surgimiento de la Inquisición en las colonias españolas son absolutamente imperdibles. El afán aparentemente enciclopédico de esta obra se ve compensado por las múltiples citas directas relacionadas con todos los temas tratados[6].

Prolegómenos a un curso de historia de la iglesia latinoamericana (I)

El historiador católico franco-mexicano Jean Meyer, especialista en la Guerra Cristera, publicó su Historia de los cristianos en América Latina. Siglos XIX y XX (1989, reeditado en 1991 y 1999), un estudio muy novedoso por su enfoque comunitario y la incorporación de otras religiosidades cristianas al análisis. Su opinión, sobre esto último, años después, es digna de citarse; a la pregunta: “En la Historia de los cristianos en América Latina […] dices que la Iglesia ayudó mucho a parir a nuestras naciones. ¿Doscientos años después de la Independencia y un siglo después de la Revolución mexicana la nuestra sigue siendo una historia eclesiástica?”, respondió como sigue:

Creo que no. Una historia de ese tipo, para empezar, tendría que ser, más que cristiana, religiosa, porque hay que incluir ahora a los mormones, a los Testigos de Jehová y a otras familias que ya francamente no son cristianas. El elemento actual más fuerte es el evangelismo, esa familia espiritual del protestantismo que se está propagando en el mundo como fuego en el pajar. Los gobiernos van a descubrir que era mejor tener un cuerpo eclesiástico con el cual te peleabas, pero también con el cual podías ponerte de acuerdo. Aquel cuerpo eclesiástico que podía ordenar, como lo hizo con los cristeros en 1929: “Se acabó, depongan las armas”. En cambio, ¿cómo tratar con decenas de miles de comunidades de aleluyas, de evangélicos, las llamadas “asambleas de Dios” que nunca pasan de cien familias? Allí se verá cuánto van a extrañar los gobiernos el antiguo conflicto entre la Iglesia y el Estado.[7]

Las dos últimas obras por mencionar, también con vocación amplia en su proyecto y contenido, son las de Pablo A. Deiros, Historia del cristianismo en América Latina (1992, 846 pp.; reedición: 2018) publicada en ocasión de los 500 años del descubrimiento y conquista de América por la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Su énfasis está definido en estas palabras de la introducción:

este volumen se propone reflexionar sobre la expansión del cristianismo en el continente latinoamericano desde su llegada al mismo hasta el presente. Esto significa estudiar un dilatado periodo de tiempo, que ya tiene quinientos años. Estos siglos han resultado ser los más febriles en términos de la significación, profundidad y rapidez de los cambios que ha vivido la humanidad como un todo a lo largo de su dilatada historia. Ha sido durante estos años que tuvo lugar el proceso de formación del mundo moderno, que todavía tiene vigencia. Y es también en este tiempo que América Latina se integra, no tanto a la historia universal -donde siempre estuvo desde una perspectiva latinoamericana-, pero sí a la historia del cristianismo.

Acaso su mayor valor radique en los enjundiosos análisis de sucesos polémicos en los que han estado implicadas muchas iglesias evangélicas. En Protestantismo en América Latina (1997), Deiros reunió un conjunto de reflexiones controversiales e inquietantes aderezadas con una propuesta de interpretación histórica.

El otro volumen es el del prolífico autor cubano Justo L. González y Ondina E. González, Historia del cristianismo en América Latina (2020), traducido de la edición en inglés (2008), corolario de sus abundantes publicaciones sobre la historia global del cristianismo que se complementa magníficamente con Documentos para la historia del cristianismo en América Latina (2020), recopilación de textos que muestran “los esfuerzos de justificar la explotación y de calmar la conciencia, pero también ardientes llamados hacia una transformación radical. Se muestran los intentos de usar el cristianismo para instar a los oprimidos a someterse, y su resistencia y hasta rebelión, también en nombre del cristianismo”. Previamente, y en un libro poco divulgado (Desde el reverso: materiales para la historia de la iglesia, 1993) aparecen dos aportaciones suyas muy notables: “La enseñanza de la historia de la iglesia desde una perspectiva global” y “América Latina en perspectiva histórica”, sumamente pertinentes para el estudio y la reflexión.

Después de estos magnos esfuerzos por aprehender la historia de la presencia cristiana en nuestros países queda la duda acerca de si los amplios volúmenes consagrados a ello aún cumplen la función de abarcar los diversos aspectos que la constituyen. Porque quizá hoy sea más necesario partir de las especificidades confesionales, geográficas y comunitarias, y así tratar de percibir el conjunto de una realidad variopinta que por momentos parece inalcanzable dado su dinamismo y capacidad de transformación.

 

Notas

[1] E. Dussel, “Introducción general”, en Resistencia y esperanza: historia del pueblo cristiano de América Latina y el Caribe. E. Dussel, ed., San José, Departamento Ecuménico de Investigaciones, 1995, p. 23.

[2] Véase Fernando Torres Londoño, “Cincuenta años de estudios históricos sobre la Iglesia en América Latina (1945-1995)”, en Anuario de Historia de la Iglesia, Universidad de Navarra, núm. 5, 1996, pp. 299-318.

[3] E. Dussel, “Reflexiones sobre la metodología para una historia de la iglesia en América Latina”, en Desintegración de la cristiandad colonial y liberación. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1978, p. 94.

[4] H.-J. Prien, “Consideraciones acerca de una eclesiología”, en Religiosidad e historiografía. La irrupción del pluralismo religioso en América Latina y su elaboración metódica en la historiografía. H.J. Prien, ed., Frankfurt-Madrid, Vervuert Iberoamericana, 1998, p. 91.

[5] E. Dussel, “¿Una nueva historia de la iglesia?”, en Historia general de la iglesia en América Latina. I/1. Introducción general a la historia de la iglesia en América Latina. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1983 (El peso de los días, 10), p. 86.

[6] Cf. Roberto Di Stefano, Reseña de Hans-Jürgen Prien, Christianity in Latin America. Edición ampliada. Leiden-Boston, Brill, 2013, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 50, julio-diciembre de 2015, pp. 82-85.

[7] Christopher Domínguez Michael, “III. Jean Meyer, el historiador de la libertad religiosa”, en Letras Libres, marzo de 2010, p. 69.

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