El corazón endurecido

El corazón endurecido no ve la realidad de Cristo y no percibe el mensaje del evangelio. En vez de eso, sus ojos están muy abiertos a ver lo que no deberían ver, a mirar lo que lo envenena.

23 DE AGOSTO DE 2026 · 13:20

Foto: <a target="_blank" href="https://unsplash.com/es/@_s9h8_">Sven Hornburg</a>, Unsplash CC0.,
Foto: Sven Hornburg, Unsplash CC0.

Escuchen, pues, lo que quiere decir la parábola del sembrador: Los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón. (Mateo 13:18-19 Dios habla hoy)

El Señor Jesús explicó sólo dos de las siete parábolas que aparecen en el sermón del capítulo 13 de Mateo, la del sembrador y la de la mala hierba. Es aquí donde vemos que cada parábola debe tener un significado, según el modelo de interpretación que provee Jesús.

No son acertijos imposibles de descifrar, sino historias sencillas que hablan de la condición humana, y de la realidad de la acción de Dios. Al escuchar la parábola de Jesús, los oyentes debemos vernos retratados en el relato, y recibir el mensaje transformador.

El Señor Jesús describe cuatro tipos de entorno, al hablar de cuatro respuestas distintas de la gente al mensaje del reino. La gente es como el terreno donde cae la semilla.

Pero, como dijo el filósofo español Ortega y Gasset: “yo soy yo y mi circunstancia”. Al describir los cuatro tipos de persona, Jesús está describiendo cuatro tipos de entorno. El primero es el del corazón endurecido.

El camino está también compuesto de tierra, igual que todo el campo de sembradío. La diferencia es que esta tierra ha sido compactada a fuerza de mucho pisotearla. Es decir, la naturaleza humana es la misma en los cuatro diferentes tipos de entorno. Lo que hace la diferencia es la historicidad de cada corazón.

Hay muchos corazones duros, no porque su naturaleza sea diferente a la de la tierra buena, sino porque han sido endurecidos después de muchas pisoteadas de mucha gente.

Su corazón ha sido pisoteado, no solamente por la gente del mundo y de la sociedad, sino que, en muchas ocasiones, por las mismas iglesias. Es una terrible tragedia: los corazones endurecidos por culpa del mal testimonio de otros “cristianos”.

El corazón endurecido no ve la realidad de Cristo y no percibe el mensaje del evangelio. En vez de eso, sus ojos están muy abiertos a ver lo que no deberían ver, a mirar lo que lo envenena.

Sus oídos están prestos a escuchar lo que no les hace bien. Alimentan su espíritu de materiales tóxicos, de mentiras ideológicas, de interpretaciones que devalúan la dignidad humana.

No debemos interpretar la parábola como una descripción de destinos cerrados y condiciones permanentes del ser humano. Todo el terreno está sujeto a cambios. El arado de Dios puede entrar y convertir la tierra compactada y dura en tierra suave, en tierra buena, lista para dar mucho fruto. Lo que antes era territorio duro a fuerza de pisoteadas, puede llegar a ser tierra buena, cuando el dueño del terreno pasa su arado transformador.

Señor Jesús, has visto nuestra condición, conoces nuestra historia. Sabes por qué tenemos el corazón endurecido. Usa tu arado para transformarnos en tierra buena. Amén.

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Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Enrolado por la gracia - El corazón endurecido