La parábola como espejo

Para recibir las parábolas de Jesús es necesario tener la disposición correcta del corazón. No son acertijos misteriosos ni cabalísticos. Son historias sencillas para los de corazón sencillo.

08 DE AGOSTO DE 2026 · 23:50

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La predicación pública

Aquel mismo día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del lago. Como se reunió mucha gente, Jesús subió a una barca y se sentó, mientras la gente se quedaba en la playa. Entonces se puso a hablarles de muchas cosas por medio de parábolas.
(Mateo 13:1-3 Dios habla hoy)

El evangelista Mateo ha agrupado las enseñanzas de Jesús en cinco sermones de acuerdo a su contenido. Aquí tenemos el comienzo del tercer sermón: el sermón de las parábolas del reino. La ubicación es muy peculiar. La gente en la playa y Jesús hablando desde una lancha de pescadores, a unos pocos metros de distancia, para tener mejor perspectiva de todos y para comunicar mejor.

El púlpito/lancha de Jesús es símbolo de algo importante. Señala el papel que desempeña la predicación en la vida cristiana. El ministerio de Jesús no sólo consistía en hacer milagros y en morir en la cruz. También hay un contenido, hay un mensaje, hay una enseñanza que acompaña el seguimiento de Cristo. Mucha gente vive su fe cristiana sin tomar en cuenta la predicación. Hoy en día, la predicación se ha convertido en muchos casos en “un mal necesario”, mientras que los instrumentos musicales y los micrófonos de los cantantes ocupan el lugar central de la experiencia de adoración en muchas iglesias.

Jesús utilizaba parábolas para hablar a la multitud. Es una estrategia de comunicación para señalar, por medio de historias, aquellas verdades que son más obvias en el reino de Dios. La parábola es un espejo, que sirve para reflejar la realidad. Quienes tenemos oídos, debemos oír.

En las matemáticas, la parábola es una gráfica que consiste en dos mitades idénticas. Con su relato, Jesús propone la primera mitad, para que los oyentes completen la forma de parábola relacionándola con su propia realidad. Cada parábola es una invitación de Jesús a verse reflejados como en un espejo.

Sin embargo, sólo quienes de corazón sincero quieren entender el mensaje, son los únicos capaces de ver la parábola y completarla al recibirla en sí mismos. Una parábola es una provocación. Es una invitación a la conversión. Así cada predicación de la palabra de Dios debiera ser una llamada de parte de Dios para volver nuestro corazón hacia su camino. La función de la predicación, desde el púlpito o desde un bote de pescadores, es esa: afirmar la fe en el Dios misericordioso que se ha dejado conocer en la zarza ardiendo y en la cruz del Calvario, y llamar a cada corazón a vivir de acuerdo con esa revelación de Dios.

Jesús de Nazaret es el mejor predicador que ha existido, y sus sermones están a nuestro alcance para que podamos oír con nuestros oídos, ver con nuestros ojos, creer con nuestro corazón, y vivir con todo nuestro ser a la luz de la palabra predicada por Jesús.

 

El que tenga oídos para oír, que oiga

Les decía: — Una vez, un sembrador salió a sembrar…
(Mateo 13:3-9 La Palabra)

¿Qué nos dice la primera de todas las parábolas? Esta es la clave para el resto de las parábolas que siguen. Podemos entender todas las parábolas si logramos entender esta. En el sermón de las parábolas hay siete. Dos de ellas vienen acompañadas con su explicación por parte del Señor Jesús. Son esta y la de la cizaña. Las otras no traen explicación. De esas unas están dirigidas a la multitud y otras fueron dichas a los discípulos.

Son historias sencillas, de la vida diaria. Son ejemplos tomados de la observación cuidadosa del mundo. Jesús podía ver su contexto y tomar lecciones de ahí. Mientras más sencillo sea nuestro corazón, mejor seremos capaces de ver ejemplos en todo lo que nos rodea, como el sembrador que tira su semilla en su día de trabajo.

Y podremos también aprender lecciones valiosas de vida, lecciones de fe, lecciones sobre Dios, sobre sus propósitos de redención, sobre el corazón humano y sobre el mundo entero como objeto de la operación de rescate que Dios está llevando a cabo.

El que tenga oídos para oír, que oiga. Quien pueda entender esto, que lo entienda. Para recibir las parábolas de Jesús es necesario tener la disposición correcta del corazón. No son acertijos misteriosos ni cabalísticos. No son adivinanzas para los iluminados. Son historias sencillas para los de corazón sencillo. Son oportunidades de vernos retratados en las historias como protagonistas, junto con Dios, del rescate del mundo.

No vayamos a ser de los que viendo no vemos, y no entendemos. El mensaje es sencillo. No rebuscado. Hay un sembrador que lanza semillas, y éstas tienen diferente historia. De todas ellas, hay unas que sí llegan a dar fruto. Nos habla de un remanente fiel. Unos cuantos que no han doblado su rodilla ante la bestia. Unos cuantos que retornan del exilio, con su corazón renovado después de la experiencia dolorosa de la prueba. Vienen cantando por la esperanza de Cristo.

 

Todo depende del corazón

Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: — ¿Por qué hablas a la gente por medio de parábolas?... (Mateo 13:10-13 La Palabra)

¿Podemos imaginarnos la escena? Los discípulos comenzaron a intercambiar miradas entre ellos… tienen serias reservas acerca de la metodología de Jesús, y se deciden a actuar. Después que Jesús dice la primera parábola, vienen los discípulos a interrumpir el sermón. Se acercan a la barca que Jesús está utilizando como púlpito (tal vez metiéndose con el agua hasta el pecho, tal vez utilizando otra lancha), y hacen una pequeña reunión con su Maestro.

“¿Qué estás haciendo, Jesús? La gente no te entiende. ¿Por qué no hablas las cosas de manera más directa? ¿Por qué usas parábolas? ¿Por qué usas historias y analogías? ¿Por qué no mejor decir que eres el Mesías esperado, y que vamos a organizar al pueblo para tomar el poder en Jerusalén? ¿Por qué esta estrategia de enseñanza?”

La respuesta de Jesús ha dado mucho de qué hablar. A primera vista nos parece injusto: darle más al que ya tiene, y al que no tiene, quitarle incluso lo poco que tiene. Hay quienes han usado estas palabras para explicar cómo funciona el mundo: los ricos son los que tienen más oportunidades, son los que tienen acceso a más crédito, a mejor educación y a más puertas abiertas, mientras que los pobres se quedan excluidos de las mejores oportunidades de educación y de mejores niveles de vida. A eso le llaman “El principio de Mateo”. Sin embargo, en esta respuesta a sus discípulos, Jesús no está describiendo cómo funciona el mundo, ni mucho menos prescribiendo que así debería ser. Lo que Jesús dice es que todo está en la disposición del corazón. Todo depende de la manera de ver.

Jesús les dice: “A ustedes se les ha permitido ver una visión del reino de Dios. Ustedes saben cómo funciona. No todo el mundo tiene este don, esta visión; no en todos se ha desarrollado esa capacidad de ver. Cada vez que alguien muestra que su corazón está listo para la realidad del reino, las intuiciones y los entendimientos fluyen y se desarrollan libremente. Pero si no hay disposición de corazón, cualquier rastro de receptividad pronto se desvanece. Es por eso que uso parábolas: para motivar la respuesta, para empujar a la gente hacia la percepción receptiva. En su estado actual pueden mirar y mirar hasta el último día de su vida y no lograrán verlo, pueden oír durante horas hasta que se cansen y no lograrán entender el mensaje”.

Señor, examina nuestro corazón. Mira hacia lo profundo. Ve si estamos listos para recibir tu buena noticia. Y si no es así, cambia nuestro corazón. Danos un espíritu nuevo. Amén.

Tenemos oídos—vamos a oír. Tenemos ojos—vamos a ver. Tenemos corazón—vamos a amar. Tenemos manos—vamos a servir.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Enrolado por la gracia - La parábola como espejo