Las tres respuestas
En la cosmovisión bíblica, ser impasible es tener el corazón endurecido, seco y muerto.
14 DE JUNIO DE 2026 · 14:00
Respuesta 1.- impasibilidad
Los que tienen oídos, oigan. ¿A qué compararé la gente de este tiempo? Se parece a los niños que se sientan a jugar en las plazas y gritan a sus compañeros: “Tocamos la flauta, pero ustedes no bailaron; cantamos canciones tristes, pero ustedes no lloraron” (Mateo 11:15-19 Dios habla hoy).
En la segunda parte del capítulo 11 de Mateo aparecen tres respuestas al mensaje del reino. Dos son indeseables, y una es indispensable. La indispensable es la humildad, que veremos más delante. Las primeras dos son indeseables; son la impasibilidad y la impiedad, ambas son formas que toma la indiferencia. Recordemos que la indiferencia es uno de los productos de la idolatría, junto con la injusticia, la inmoralidad y la deshumanización.
Abordemos la primera de las respuestas, que es la impasibilidad. El Señor Jesús señala que la gente de su tiempo es impasible, es decir, que no es capaz de sentir nada. No bailan de alegría y no lloran con tristeza.
Los antiguos estoicos valoraban la impasibilidad como si fuera una virtud, pues es la capacidad de no conmoverse con una historia triste, ni reírse al escuchar un chiste. De esa manera, decían los estoicos, si alguien es impasible, no será dominado y demostrará fortaleza y firmeza en su carácter.
Sin embargo, para la cosmovisión bíblica, la impasibilidad no es una virtud, pues Dios mismo se conmueve con nuestras tragedias y también se alegra con la justicia, la rectitud y la paz.
En la cosmovisión bíblica, ser impasible es tener el corazón endurecido, seco y muerto. Romanos 12 dice que hemos de gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran. Nuestros sentimientos son un don de Dios que hemos de saber usar para la tarea pastoral y para la vida de la comunidad cristiana donde nos acompañamos mutuamente en el camino de la fe.
No seamos impasibles. Que nuestro corazón vibre con el corazón de Dios. Que nos entristezcan las cosas que a Dios le causan tristeza: cuando se pisotean los derechos de las mujeres y de los que están en desventaja social, cuando se manifiestan las evidencias del pecado en la vida. Y que nos alegren las cosas que a Dios le causan alegría: cuando se manifiestan los frutos de la sabiduría, cuando la justicia y la paz se abrazan y se besan, y cuando un corazón se entrega humildemente a Cristo.
Señor Jesús, perdona si hemos sido incapaces de vibrar de emoción contigo. Queremos llorar contigo por la injusticia, y reír contigo con las alegrías sencillas de la vida.
Respuesta 2.- impiedad
Los pueblos donde Jesús había hecho la mayor parte de sus milagros no se habían convertido. Entonces se puso a reprochárselo, diciendo: — ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!
(Mateo 11:20-24 La palabra)
La segunda parte de la tríada de respuestas al mensaje del reino en el capítulo 11 de Mateo es otra respuesta indeseable. Se trata de la impiedad. Es otra forma de la indiferencia. El culto al Dios verdadero produce compasión; en cambio, el culto idolátrico en cualquiera de sus formas produce indiferencia. Además, la idolatría produce injusticia, inmoralidad y deshumanización.
La impiedad es la actitud de vida que consiste en no tomar en cuenta a Dios para nada. Es no arrepentirse ante el llamado de Cristo, es no sentirse interpelado por Dios cuando se acerca a nosotros. Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Que deje el impío su camino y se vuelva a Dios. Quien tendrá misericordia de él y le perdonará… Dice Isaías 55:6-7. Dios se ha acercado a nosotros en Jesús y nos ha ofrecido la vida verdadera. No podemos dejar pasar esta oportunidad…
El Señor Jesús había trabajado duro en aquellas aldeas de Galilea. La mayor parte de sus milagros los hizo en Corazín, Betsaida y Cafarnaúm. Sin embargo, la gente de esos pueblos no se arrepentía; no cambiaba sus rumbos; no sentían que algo grande estaba ocurriendo justo frente a sus narices. Les parecía que el mensaje de Jesús no era nada especial.
Esta incapacidad de percibir lo especial en Jesús es una terrible condición del corazón. Es encogerse de hombros cuando ocurren frente a nosotros evidencias de la realidad del reino de los cielos aquí en la tierra. Esos milagros que día en día nos deja ver el Señor… Dios se nos acerca de mil maneras, y nos presenta su invitación a vivir en su camino. Veamos sus milagros el día de hoy.
Hay una mejor forma de vida, podemos ser mejores hermanos unos de otros, mejores amigos; según nuestra situación de vida, podemos convertirnos en alguien mejor por la gracia de Dios: Mejores hijos, mejores padres, mejores esposos, mejores personas por abrazar el mensaje del evangelio y vivir en la misericordia que es nueva cada mañana.
Señor Jesús, perdona si tus grandes maravillas nos han parecido como algo trivial, común y corriente. Ayúdanos a ver tus maravillas el día de hoy, y a buscarte de corazón.
Respuesta 3.- sencillez
Por aquel entonces dijo Jesús: Padre, Señor del cielo y de la tierra, te doy gracias porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los sencillos. Sí, Padre, así lo has querido tú. (Mateo 11:25-26 La palabra)
Después de dos respuestas indeseables que son manifestaciones de indiferencia, después de la impasibilidad de la gente de esta generación y de la impiedad de los pueblos galileos (Corazín, Betsaida y Cafarnaúm), el corazón de Jesús no está amargado ni apagado, sino que irrumpe en alabanza espontánea a su Padre celestial. Este rasgo del Señor Jesús es sorprendente. No se desinfla fácilmente por las respuestas negativas de la gente. No pierde su alegría. Alaba a Dios.
Hay una tercera parte de la tríada de respuestas al mensaje del reino; y como normalmente ocurre en el Evangelio según Mateo, el tercer elemento es la culminación de la tríada. Es la respuesta positiva de los sencillos. Es la humildad. La respuesta de los sencillos, de los humildes, de los que son como niños, ha alegrado el corazón de Jesús a pesar de la indiferencia de la mayoría de la gente. Hay algunos que sí responden al mensaje del reino. No todo es rechazo. Hay unos pocos que sí responden bien.
Para responder al mensaje del reino no hay nada mejor que la sencillez y la humildad. El mensaje del reino de Dios es sencillo: Dios es el rey, Dios manda y las cosas se deben hacer como Dios manda. No es necesario complicar el asunto. No es necesario escribir tres páginas enteras para demostrar que la letra O es redonda. A Dios no lo impresionan nuestras complicaciones, nuestras explicaciones rebuscadas, nuestros sistemas filosóficos, nuestra intelectualidad.
Con Dios no es necesario demostrar todo lo que sabemos ni todo lo que hemos estudiado. La marca de la verdadera sabiduría es la sencillez. Cada vez que aprendemos más cosas debemos ser más y más humildes. Estudiar más sólo nos hace ver todo lo que nos falta por aprender, todo lo mucho que no sabemos. Jesús prefiere la sencillez. Nadie sabe más que el Señor Jesús, y él se alegra por la respuesta de los sencillos y humildes. Esta es la forma de trabajar de Dios. Así es como le agrada trabajar al Padre (Así lo has querido tú). Este es un dato muy revelador.
Dios prefiere la sencillez y la humildad. Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. A Dios le gusta trabajar con gente sencilla, que no se complica rebuscando más y más para hablar de algo que no tiene por qué complicarse en absoluto. Respondamos al mensaje del reino con sencillez. Procuremos la sencillez en todo lo que hacemos, en nuestro lenguaje, en nuestros procedimientos, en nuestra conducta, y en todo nuestro ministerio, pues así le agrada al Padre.
Señor Jesús, perdona si hemos tratado de complicar las cosas, buscando impresionar a los demás. Danos un corazón tan humilde que nos ayude a entrar en tu canción. Amén.
Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Enrolado por la gracia - Las tres respuestas