¿Las mujeres siempre son inocentes por ser mujeres? El caso Lindsay Clancy

Exploraremos brevemente la respuesta mediática que ha tenido el caso, especialmente entre el público femenino.

02 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 12:00

Lindsay Clancy junto a su abogado, en el juicio. Foto: Captura CNBC TV,
Lindsay Clancy junto a su abogado, en el juicio. Foto: Captura CNBC TV

Un grupo de mujeres vestidas con camisas rosas se aglomera en la entrada de un juzgado de Massachusetts. Las prendas llevan mensajes como “She Needed Help” y “Peace For Lindsay”. Algunas realizan gestos de corazón con las manos y otras aplauden a la llegada de un coche negro. Quien viene en su interior no es una estrella de rock ni una activista social: es Lindsay Clancy, la enfermera obstétrica acusada de asesinar a sus tres pequeños hijos, de 5 años, 3 años y 8 meses.

En el 2023, mientras Patrick Clancy, el entonces esposo de Lindsay, salía a comprar un jarabe para uno de los niños y a pasar por comida, en un trayecto que la madre calculó cuidadosamente, los niños fueron estrangulados en el sótano por su madre con unas cuerdas de gimnasia.

La defensa de Lindsay arguye que, al momento de los hechos, la mujer se encontraba bajo los efectos de una psicosis producida por una depresión post parto y varios problemas mentales con los que venía lidiando hace tiempo y que la incapacitaban para distinguir entre el bien y el mal. Por esta razón, alegan que ella no debería recibir la pena de cárcel sino ayuda psiquiátrica.

La fiscalía por otro lado acusa que la mujer premeditó y planificó minuciosamente el delito. El día de los asesinatos, envió a su marido a hacer estos encargos, habiendo previamente trazado la línea de tiempo que le tomaría volver. Se le acusó de hacer búsquedas previas en su móvil que reforzar más la acusación de la premeditación. Se cree que, en el preciso momento de los actos, ella atendió la llamada de su esposo quien le preguntaba algo acerca del medicamento, la llamada que duró 14 segundos se podía escuchar a una Lindsay con voz tranquila, aunque algo agitada, luego declararía Patrick. El argumento de la fiscalía es por lo tanto, que aunque padecía de problemas de salud mental, tuvo la suficiente lucidez para planificar fríamente el crimen y por lo tanto, podía controlar sus acciones.

Cabe destacar que la mujer contaba con un extenso historial de problemas de salud mental desde el nacimiento de su primer hijo, los cuales se fueron agravando hasta el punto de requerir su ingreso en centros psiquiátricos en un par de ocasiones. Al momento de los hechos, la acusada se encontraba tomando 13 medicamentos diferentes recetados por su psiquiatra. Aunque intentó quitarse la vida después de cometer los asesinatos, sobrevivió y hoy enfrenta un juicio que ha generado una enorme controversia.

No es la finalidad de este artículo entrar en los detalles de la teoría de la psicosis al momento de los asesinatos, ya que el juicio continúa abierto y corresponde a los especialistas determinar hasta qué punto su estado mental afectó su capacidad para comprender y controlar sus actos.

Lo que me propongo es explorar brevemente la respuesta mediática que ha tenido el caso, especialmente entre el público femenino, y el precedente que su resolución podría sentar en una cultura influida por determinados discursos del feminismo contemporáneo, que tienden a interpretar a las mujeres principalmente desde la categoría de víctimas y que, en algunos casos, pueden llegar a minimizar su responsabilidad por el hecho de ser mujeres.

 

Fenómeno en redes sociales

Clancy, de 36 años, se declaró inocente en un juicio que ha alcanzado una gran repercusión mediática y que incluso puede seguirse en directo a través de plataformas como YouTube. Mientras tanto, el caso ha generado un peligroso trend en el que madres que de identifican con Clancy, aparecen en videos molestando a sus hijos o simulando su caída accidentalmente1.

¿Las mujeres siempre son inocentes por ser mujeres? El caso Lindsay Clancy

Esta tendencia no ocurre en el vacío. Es sabido que existe un movimiento de madres que se arrepienten de haber sido madres. En X, Instagram y YouTube pueden encontrarse numerosos videos y comentarios de mujeres que, a pesar de ser madres en la actualidad, expresan un profundo rechazo hacia la maternidad y manifiestan abiertamente arrepentirse de haber traído hijos al mundo, como lo expresa esta usuaria:

“La maternidad me ha arrebatado la salud, el tiempo, el dinero, la fuerza y el cuerpo”, afirma. “El precio es demasiado alto y las consecuencias son permanentes2

La maternidad es difícil. Requiere una mirada compasiva y una reflexión profunda. Sin embargo, la idea de renunciar a la maternidad se ha popularizado como un discurso dentro del cual cada vez más mujeres llegan incluso a celebrar públicamente sus propios abortos, como ocurrió con Emily Letts, quien en 2014 grabó el proceso de un aborto quirúrgico de primer trimestre, de aproximadamente tres minutos de duración, realizado en una clínica de Planned Parenthood en Nueva York, y lo tituló “Tiempo de aborto, toma dos”.

Movimientos como Childfree o el de las mujeres NoMo (Not Mothers) adquieren cada vez mayor presencia. En TikTok abundan los videos de mujeres bailando y celebrando el hecho de no ser madres, como si se tratara de evitar una enfermedad crónica.

La socióloga Orna Donath, autora del libro Madres arrepentidas: Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales declaró: “No creo que biológicamente exista un instinto maternal, pero lo que sí existe es una historia social alrededor del llamado instinto maternal3

 

La victimización del sexo femenino

Con este discurso circulando en nuestra sociedad, la maternidad es presentada como una experiencia complicada y, en el peor de los casos, como una condición capaz de destruir la vida de una mujer. ¿Qué tiene que ver esto con Clancy? Si determinados discursos contemporáneos presentan la maternidad como una experiencia tan difícil y casi insoportable para la mujer, entonces existe el riesgo de que, implícitamente, esta sea interpretada principalmente como una víctima de su propia condición. Desde esta perspectiva, sus circunstancias —la maternidad, sus hormonas, sus problemas psicológicos o la presión social— pueden terminar funcionando como una explicación que, llevada al extremo, parece justificar cualquier conducta, incluso el asesinato.

La verdadera pregunta es esta: ¿Qué ocurre cuando una cultura que ha aprendido a interpretar a las mujeres principalmente desde la categoría de “víctima” se encuentra con una mujer que puede ser simultáneamente víctima de sufrimiento y autora de un acto terrible?

Si una mujer es presentada constantemente como producto de sus circunstancias (sus traumas, sus hormonas, su maternidad, su salud mental, la sociedad) existe un riesgo inesperado: la de considerar que todas sus acciones son culpa siempre de alguien más. Tal vez una de las dificultades para aceptar la presunta culpabilidad moral de Lindsay tenga que ver con una concepción de la mujer que la presenta principalmente como víctima y no como agente moral. La mujer aparece como víctima en prácticamente todos los escenarios, incluso cuando los hechos exigen preguntarse por su responsabilidad. En esta distopía, ella termina siendo inocente solo por ser mujer. No se le concede simplemente el beneficio de la duda: se corre el riesgo de negar de antemano su capacidad de actuar moralmente.

Estas ideas tienen repercusiones en el mundo real. El fenómeno de las denuncias falsas por parte de mujeres contra sus exparejas o familiares masculinos, acusados de violencia de género, ilustra esta problemática. Aunque muchas de estas denuncias terminan siendo desestimadas, poco se habla de los problemas emocionales y psicológicos que pueden enfrentar los hombres que han sido acusados falsamente, así como del daño que una acusación de este tipo puede provocar de manera permanente en su reputación.

 

Cuando el crimen se convierte en heroísmo

Es en este contexto donde aparecen las mujeres vestidas de rosa que alegan ser feministas. En una escena casi dantesca, muchas mujeres pretenden reivindicar moralmente a Lindsay. Lo que sorprende no es que se compadezcan de ella. La compasión puede surgir incluso ante un caso tan escabroso como este. Tampoco resulta llamativa la identificación de algunas mujeres con la idea de que la maternidad es difícil y que, en determinados casos, requiere cuidados y apoyos especiales, especialmente para quienes padecen trastornos psiquiátricos.

Lo indignante es la glorificación de la acusada. Mi temor es que Lindsay Clancy termine convirtiéndose en un modelo de lo que se debe hacer y no en uno “de lo que no se debe hacer”. En el pasado, los de Jeffrey Dahmer o el Los hermanos Lyle y Erik Menéndez, generaron una ola de admiradoras, mayoritariamente mujeres, que enviaban cartas cariñosas a los condenados, los excusaban de sus delitos e incluso algunas iniciaron una relación sentimental con ellos, mientras estaban cumpliendo condena por los asesinatos.

Incluso en un mundo tan caótico como el nuestro, resulta difícil de comprender el recibimiento que algunas personas ofrecen a Lindsay, entre aplausos y corazones, como si se tratara de una heroína digna de admiración. Al mismo tiempo, se ha levantado una campaña de desconfianza contra Patrick, trasladando parte de la responsabilidad de la tragedia de la madre hacia el padre. Cabe destacar, sin embargo, que ni siquiera la defensa de Lindsay ha tratado de exculparla atribuyendo los asesinatos a Patrick, sino que sostiene que ella no se encontraba en condiciones mentales adecuadas al momento de cometerlos. De hecho, en detalles que han salido a la luz en la transmisión del caso en vivo, se ha dicho que su ex esposo incluso empezó a trabajar desde casa para estar más cerca de ella y de los niños.

Tania Llasera, en un video que posteriormente eliminó debido a la reacción mediática, dijo en apoyo a Lindsay: “Empatizo con una mujer que se ha cargado presuntamente a sus tres hijos”. “Todas las madres en algún momento hemos pasado por un momento horrible en el cual te sientes superada”. “Su marido, además, se iba de brunch con sus amigos, iba a esquiar, tenía una vida más allá de ser padre. En cambio, y creo que aquí muchas nos identificamos, la madre no tenía vida más allá de ser madre4".

 

La compasión no significa exculpación

Incluso si finalmente se demostrara que Clancy padecía una psicosis que eliminaba su responsabilidad penal, eso no justificaría automáticamente la cultura de identificación y glorificación que estamos viendo alrededor del caso. La campaña The Musgrove Family Fund ha reunido ya más de un millón de dólares en apoyo a Lindsay por parte de donantes anónimos5.

El caso todavía sigue desarrollándose. El veredicto podría representar, o no, un precedente para el mundo. Los casos mediáticos que impactan profundamente a la opinión pública pueden convertirse en catalizadores para crear, modificar o derogar leyes, como ocurrió con Roe vs. Wade, cuya sentencia de 1973 tuvo consecuencias decisivas sobre la legislación estadounidense relacionada con el aborto durante casi 50 años.

Por eso, la resolución de este caso importa tanto y podría convertirse en un modelo positivo o negativo que marque la ruta moral en referencia a la maternidad en Occidente. Parece que los niños nacen cada vez en un mundo más inseguro. Y, paradójicamente, de las tres víctimas —los hijos asesinados— se ha hablado poco y nada, mientras la atención se concentra casi por completo en la madre. Es un buen momento para recordar que la compasión no exige negar la responsabilidad, y que la responsabilidad tampoco exige negar la compasión. Una mujer no deja de ser una persona moral porque esté enferma. Reconocer la posibilidad de una enfermedad mental no exige convertirla en un ser desprovisto de responsabilidad. La compasión no significa exculpación.

 

Notas

1 Reportaje en NDTV

2 Artículo en BBC

3 Artículo en BBC Mundo

4 Artículo en El Mundo

5 Artículo en El Mundo

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - El Capitolio - ¿Las mujeres siempre son inocentes por ser mujeres? El caso Lindsay Clancy