Hay cristianos ricos de hoy que son más acumuladores que el “rico necio” de la parábola

Trabajar por reducir la pobreza en el mundo debería ser uno de los objetivos de la iglesia, como acto de cumplir con el mandato de projimidad.

25 DE AGOSTO DE 2026 · 13:00

Photo: [link]Jakub Żerdzicki[/link], Unsplash CC0.,
Photo: [link]Jakub Żerdzicki[/link], Unsplash CC0.

Es difícil hacer comparaciones entre ricos de diferentes épocas tan distintas como fue la época de Jesús y la nuestra, pero seguro que las acumulaciones de hoy son inmensamente más disparatadas y necias que en la época en la que nació y vivió nuestro Maestro, aunque hay dos aspectos: uno el puramente cuantitativo y el otro la ética de la actitud ante las riquezas que puede tener el enriquecido que suele ser en la mayoría de los casos injustamente enriquecido.

Nosotros hoy vamos a hablar más desde el punto de vista cuantitativo. No obstante, aunque no sea fácil hablar de este tema y no sea el asunto más agradable para los cristianos de hoy, vamos a ello. Es totalmente bíblico.

Hace ya mucho tiempo que leí el libro de Ronald J. Sider “Rich Christians in an age of hunger”, libro conocido en todo el mundo cristiano hablando de los desafíos que presenta la riqueza para tantos y tantos cristianos ricos de hoy en un mundo de hambre.

No voy a comentar el libro, pero creo que, según las enseñanzas bíblicas, no es lo mejor para el hombre ser un cristiano y, a su vez, muy rico en bienes materiales frente a tanta hambre e injusticia en un mundo desequilibrado en cuanto al reparto de los bienes del planeta tierra.

El libro citado de Ronald J. Sider sigue siendo de total actualidad y sería recomendable leerlo en nuestros tiempos en los que hay en el mundo unos mil millones de hambrientos.

A tantos y tantos ricos cristianos insolidarios que hay en el mundo se les echa sobre sus hombros una negra carga de responsabilidad que, si no fuera porque hacen esfuerzos por acallar sus conciencias, les sería muy difícil asegurar que son cristianos. Carga bíblica infinita, un fardo muy pesado para poder vivir con fidelidad y responsabilidad la espiritualidad cristiana.

A los ricos de este mundo que quieren seguir a Jesús se les exige desde el texto bíblico una cantidad de requisitos que hay que pararse y pensar mucho sobre ello.

La responsabilidad bíblica que se le carga es casi infinita y las dificultades para la vivencia auténtica del cristianismo son grandes…

Cargas: Hacer renuncias, compartir, no acumular y distribuir muchos de esos bienes entre los más pobres. El texto bíblico no se puede cambiar y yo creo que habría que predicar o enseñar sobre ello aunque sea penoso en la mentalidad de los cristianos de hoy. ¿Qué hacer?

Desde el texto bíblico no es nada deseable el ser uno de los ricos de este mundo que acumulan desequilibrando todo el conjunto social.

Sin embargo, incluso entre los creyentes de las iglesias más devotos y envueltos en cierto misticismo, la riqueza se sigue viendo como prestigio y los más ricos desde el punto de vista económico pueden ocupar sin duda los primeros lugares en nuestras congregaciones: primeros cargos, primeras atenciones, pleitesías y reconocimientos.

No cabe la menor duda de que, en nuestro aquí y nuestro ahora, en nuestro mundo actual, hay muchos cristianos ricos acumuladores que tienen mucho más acumulado que el necio rico de la parábola con sus almacenes y que podrían vivir con ello miles de vidas sin llegar a tener carencias, y que tienen almacenes bancarios con sobras que podrían prácticamente eliminar el hambre del mundo.

¡Cuántas veces he citado el texto bíblico que dice a los ricos que “la escasez del pobre está en vuestras mesas”! ¡Qué dura es la Biblia ante la injusticia y el robo de lo que pertenece a otros, de lo que empobrece al mundo!

Dureza totalmente aceptable y justificada en su totalidad. El mundo necesitaría estos mensajes de parte de los cristianos, de parte de la iglesia. Habría que estudiar seriamente las causas y los causantes de la pobreza.

Trabajar por reducir la pobreza en el mundo debería ser uno de los objetivos de la iglesia como acto de cumplir con el mandato de projimidad, porque más que de pobres habría que hablar de empobrecidos, los empobrecidos del sistema, los que, siguiendo las palabras de la parábola del Buen Samaritano, “han caído en manos de ladrones”.

Es una realidad sociológica que en el mundo podría haber alimentos para todos si hubiera renuncias por parte de algunos y deseos de projimidad por parte de otros.

Los pobres lo son porque no se les deja participar del justo reparto de los bienes del planeta tierra. Quizás se pueda decir que los pobres son la contrapartida de la existencia de ricos insolidarios en el mundo.

Los mercados insolidarios, las estructuras económicas injustas de poder y de pecado y las acumulaciones injustas de tantos enriquecidos del sistema es lo que les convierten en pobres.

Todo lo que deviene de ahí aumenta y agudiza la pobreza económica con la suma de la pobreza cultural y con el añadido de otras pobrezas en cuanto a falta de capacitación y empobrecimientos por falta de desarrollo personal. ¡Malditas pobrezas!

Son el escándalo más grande de la humanidad a la que tantos y tantos cristianos, enriquecidos o no, les dan la espalda. Desde estas líneas, una llamada a la responsabilidad cristiana no sea que no podamos responder a la pregunta “¿dónde está tu hermano?”. Peor aún: que la respuesta sea la de la muerte: “No sé. ¿Soy yo, acaso, el guarda de mi hermano?”.

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