Juego de Tronos: “perfecta radiografía” del alma humana

La serie de culto de mayor éxito de los últimos años presenta la lucha del poder en un mundo fantástico, un retrato preciso de la oscura ambición del ser humano, dice el crítico José de Segovia.

ESPAÑA · 01 DE JULIO DE 2012 · 22:00

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Épica, conspiraciones, grandes personajes y, sobre todo, el hambre de poder, son los elementos que se encuentran en la serie de televisión Juego de Tronos. Basada en los libros del escritor y guionista norteamericano George R.R. Martin, ha llegado al final de su segunda temporada en junio de este año. Juego de Tronos puede considerarse el último gran fenómeno global en torno a un producto cultural, así como lo fue El Señor de Los Anillos o Harry Potter. En España, la serie de televisión realizada por HBO hasta ahora había sido presenciada por canales de pago. Y aunque ha sido de las series más descargadas en los últimos dos años, su llegada al gran público se dará este mes de julio, cuando Antena 3 comience a emitirla en abierto. Pero no hay que olvidar que detrás de la serie de televisión se encuentra una saga literaria, que ya va por el quinto volumen (y previsiblemente llegará hasta siete) y que ha tenido una inmensa difusión, transformando a los libros de Canción de Hielo y Fuego en una de las colecciones más vendidas en nuestro país. Pero, ¿qué hay detrás de tal éxito? El teólogo, pastor y periodista José de Segovia ha explicado algunas de las claves en un reciente artículo publicado en Protestante Digital. UN MUNDO OSCURO @MULT#DER#52258@Tanto la serie como los libros presentan un mundo imaginario con claras referencias a la Europa medieval, una referencia que el autor americano admite como inspiración de la saga. Martin retrata un mundo oscuro, sórdido en algunos momentos, en los que se desarrolla una lucha de poderes entre los diferentes reinos de Poniente, un continente que recuerda a la Inglaterra de la Guerra de las Dos Rosas. Para José de Segovia, este mundo fantástico tiene poco que ver con la fantasía épica de Narnia, donde se presenta una historia alegórica del cristianismo. Más paralelismos podrían encontrase con la detallada Tierra Media de Tolkien, aunque el enfoque de Martin difiere del que fuera profesor en Oxford. Porque en el caso de Juego de Tronos se presenta, sobre todo, una lucha por el poder sin que haya un “poder oscuro” detrás que mueva las intenciones de los hombres. Es la “oscuridad del mismo corazón humano”, explica De Segovia en una entrevista realizada para Protestante Digital, lo que les lleva a esa juego en el que, como dice una de las protagonistas, “sólo se puede ganar o morir. No hay puntos intermedios”. HUMANOS CAÍDOS La lucha en Poniente se traza alrededor de un trono, “símbolo de poder político y personal”, siendo “la cosa más atrayente” para quienes lo pretenden. José De Segovia entiende que en esta saga el poder del trono cumple un papel semejante al del anillo de Sauron: se trata de un “amplificador psíquico”que muestra “qué es lo que mueve el corazón humano”. En este sentido Martin dibuja un retrato de la humanidad que “coincide plenamente” con la descripción bíblica del hombre caído. “La oscuridad de la historia corresponde al diagnóstico moral de la Biblia”, dice José De Segovia. “Es una perfecta radiografía de lo que es el pecado”, y en esta saga se destaca su procedencia “del mismo corazón humano”. La serie “no entra demasiado en el aspecto espiritual de lo maligno, sino que aquí el mal es fundamentalmente humano”, describiendo “seres que tienen un corazón depravado y viven en ese egoísmo en el que estamos por naturaleza; y a él se le atribuyen los males”. Así, a diferencia de otras ficciones, “no hay una fuerza diabólica detrás en la que “escudarse”, sino que vemos la maldad humana en todas las edades, sexos y condiciones. De niños a mayores, aquí están todos corrompidos: es un cuadro desolador pero realista de la condición humana”. IMPACTO VISUAL Quizá ha sido este retrato de violencia, sexo y ambición lo que ha llevado a que desde algunos foros cristianos se haya llamado al boicot de los libros y la serie, algo que también sucedió con Harry Potter en su momento. José De Segovia explica que “como cristianos tenemos que tener claro dos cosas: que el problema es el pecado, la condición humana caída, y que la solución para el hombre es Dios. Obviamente en estas series no encontraremos esta segunda respuesta, obras de creación humana. Así que ¿qué esperamos encontrar sino una respuesta que se acerque a la primera, al problema real del hombre?” Es por eso que “la oscuridad de la historia puede producir rechazo pero corresponde al panorama que presenta la Biblia”. “El público cristiano – agrega este pastor y periodista - ha tenido problemas para poder simpatizar con los productos de calidad que surgen de la cadena HBO, de la que desde Los Soprano encontramos series con esta tendencia. Suelen ser oscuras, existencialistas, rozando el nihilismo. En mi opinión es un error, porque apelan a una de las razones principales de la fe cristiana: cuál es el problema del hombre”. Tampoco se trata de la obra de un ateo que pretenda atacar a la religión cristiana. George R.R. Martin, el autor, se define como católico no practicante que manifiesta problemas para entender el problema del dolor y el mal en el mundo, lo que “hasta le lleva a cuestionar la existencia de Dios", como se puede leer en alguna de las entrevistas que ha concedido. Sin embargo, en los libros de Canción de Hielo y Fuego se percibe a un autor “fascinado por la religión, la espiritualidad, cuya referencia es la Iglesia Católica medieval anterior a la Reforma”. EL JUEGO DE TRONOS EN LA BIBLIA Entiende además José De Segovia que no será difícil para el público conocedor de la Biblia encontrar similitudes con algunas de las historias del Antiguo Testamento. “Gran parte de la historia de la monarquía dividida en Israel que encontramos desde Salomón, es un juego de tronos clarísimo. A la Escritura le interesa poner en evidencia la condición humana en busca de ese poder, de buscar el trono”. Y los ejemplos van más allá del reino de Israel. “El caso de Nabucodonosor es también radiografiado como una figura en la que Dios nos muestra que en su corazón había un ansia de poder, de mantener el control, de esa ilusión absurda de controlar nuestra propia vida”. El poder de <em> Juego de Tronos</em> LA SOLUCIÓN A LA SOBERBIA Lo que varía del relato de Martin a la historia bíblica es la respuesta de Dios. El autor norteamericano no da muestras de una solución a este problema del corazón humano. En cambio, en la Biblia sí se nos señala la salida. “En el Génesis ya encontramos el relato de una caída que viene de esa tentación de poder. La seducción de los primeros padres es que podían adquirir un poder sobre su destino. Esta completa falacia llega a la tragedia que encontramos en la Escritura. Nos muestra a personas con nuestra finitud y dependencia, pensando que controlamos algo, pero vemos qué poca influencia tenemos, y que no tenemos el destino en nuestras manos”, explica De Segovia. En nuestro caminar diario podemos comprobar esa imposibilidad de controlar nuestro destino. “Ni siquiera nuestra vida está en nuestras manos. Algunos incluso están orgullosos de lo que han conseguido en la vida, de cómo se ha esforzado y preparado, lo que han llegado a adquirir. Llegan al sueño de pensar que lo han conseguido ellos, sin darse cuenta que de haber nacido en otro lugar, en otra familia, de no haber tenido los contactos que ha tenido, sus propios talentos, no lo hubiesen conseguido”, añade el pastor. Por eso “tenemos que reconocer que vivimos con la ilusión egocéntrica de que nuestra vida es un logro personal, cuando lo que somos se lo debemos a otro. En la Biblia se nos enseña que es Dios mismo”. La solución para el problema del corazón humano pasa por la humillación. “El gran mensaje del evangelio es que teniendo el poder y la gloria, Dios se ha despojado de todo para hacerse como siervo, como esclavo, y se entrega, hasta dar la vida misma. Si queremos entender la fe cristiana tenemos que entender que es necesaria la humillación, la rendición de saber quiénes somos y dejar de vivir ese sueño de poder”. “Cuando ves una historia como ésta – continúa De Segovia - te sorprende la impotencia de los personajes. Incluso los más villanos, lo que quieren es el bien de sus hijos. Pero todos están dominados por ese sentido mezquino que nos mueve. Tenemos pequeñas vidas inmersas en nuestras ambiciones miserables. El mensaje del evangelio es que Dios puede sacarnos de esto en Cristo Jesús. Nos llama a esta entrega, a tomar la cruz para seguirle, despojándonos del sueño de ser reyes de nuestra vida”. En Juego de Tronos, la lucha por el poder mueve el corazón de aquellos que desean reinar a toda costa. La solución del ser humano pasa por reconocer a otro como rey. “La única seguridad y confianza la encontramos en el reino eterno de Cristo Jesús. Nos cuesta reconocer – concluye De Segovia - que no estamos destinados a reinar sino junto a él. Sólo así podemos encontrar sentido de nuestra vida”.

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