Evolución y diseño: ¿dos ideas científicas?

La finalidad de la labor científica no es preservar el consenso sino descubrir la verdad y aportar un conocimiento preciso del universo. 

07 DE JUNIO DE 2026 · 13:35

Foto: <a target="_blank" href="https://unsplash.com/es/@halacious">Hal Gatewood</a>, Unsplash CC0.,
Foto: Hal Gatewood, Unsplash CC0.

Es frecuente escuchar o leer hoy la opinión que afirma que la teoría de la evolución es científica, mientras que el diseño inteligente no lo es. Como esta segunda asume que el universo y la vida fueron creados por actos inverificables de una mente inteligente, se la descalifica inmediatamente.

Ya en el siglo XIX, Darwin se opuso y atacó la legitimidad creacionista aduciendo que ésta no se sustentaba sobre una epistemología positivista y que, por tanto, no era conocimiento auténtico ya que no se obtenía a partir de la observación empírica.

Los futuros filósofos neopositivistas -como Sir Karl Popper, Carl Hempel, A. J. Ayer y otros- desarrollaron esta misma idea durante el siglo XX.

Tanto el criterio de verificabilidad como el de falsabilidad funcionaron como varas de medir -o criterios de demarcación- para determinar el límite entre la verdadera ciencia y la pseudociencia, la metafísica o la religión.

Si algo no se podía verificar mediante experimentos en el laboratorio o demostrar que era falso, no se debía considerar dentro del ámbito de la ciencia.

El propio Karl Popper -evolucionista convencido- escribió: “…la teoría de la selección natural no es una teoría científica contrastable, sino un programa de investigación metafísico; y aunque sin duda es el mejor de que podemos disponer al presente, tal vez pueda ser ligeramente mejorado”. 1

Esta opinión no gustó nada a los biólogos neodarwinistas de la época, como J. B. S. Haldane y Ronald Fisher, quienes llamaron al orden al gran filósofo de la ciencia y le mostraron algunos experimentos de laboratorio que supuestamente confirmaban la evolución y demostraban que ésta sí era verificable y falsable -tal como el criterio de Popper requería- y, por lo tanto, científica.

Le hablaron de la genética de poblaciones o de cómo varía el porcentaje de un gen en un grupo de animales a lo largo de las generaciones; del melanismo industrial de la mariposa de los abedules (Biston betularia); de la resistencia de ciertas bacterias a los antibióticos, etc.

Y, a pesar de que todo esto no eran más que ejemplos de microevolución -algo en lo que todo el mundo está de acuerdo-, y no de macroevolución -que es lo que realmente requiere el planteamiento evolucionista-, sirvieron para que Popper se retractara en parte y escribiera: “Al tratar de explicar experimentos con bacterias que lograron adaptarse, por ejemplo, a la penicilina, resulta bastante claro que la teoría de la selección natural nos sirve de gran ayuda. Y aunque sea metafísica, arroja un raudal de luz sobre investigaciones muy concretas y muy prácticas”. 2

Ahora bien ¿es tan sencillo determinar lo que es ciencia de lo que no lo es, tal como pretenden estos “criterios de demarcación”?

¿Acaso demuestran realmente que la teoría de la evolución es científica, mientras que el diseño inteligente es pseudociencia? La respuesta a ambas preguntas es negativa.

Resulta que, desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia, muchos de estos argumentos de demarcación se pueden usar también con igual fundamento contra las teorías evolutivas exclusivamente naturalistas.

Si el diseño se descarta porque no es posible saber cómo intervino el Diseñador en el mundo natural, ¿qué decir de las “explicaciones” neodarwinistas sobre el origen del ADN, la primera célula, la explosión biológica del Cámbrico y las posteriores, la aparición del Homo sapiens y su conciencia humana, etc., etc?

Actualmente, la ciencia sigue sin saber de qué manera aconteció todo esto y las hipótesis naturalistas que se barajan tarde o temprano recurren a argumentos tautológicos.

De ahí que toda la empresa de la demarcación haya caído en descrédito. A pesar de lo cual, algunos autores continúan todavía citándolos como argumentos contra el diseño.

Veamos algunos de los más utilizados.

Suele decirse que las afirmaciones científicas deben limitarse a las cosas materiales observables, pero el Diseñador no es observable.

Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta que los científicos proponen habitualmente planteamientos teóricos no observables con el fin de explicar los fenómenos observables.

Pero, lo cierto es que el Diseñador que propone la hipótesis del diseño es una fuente de información cuya actividad puede ser objeto de predicciones y de modelos matemáticos, como cualquier teoría física que se refiera a entidades no observables, tales como las supercuerdas, la materia oscura o los universos múltiples.

Otros dicen que la ciencia no puede apelar a un Diseñador sin explicar el origen de dicho Diseñador. Pero esto también es falso.

Por ejemplo, los arqueólogos suelen concluir habitualmente que un determinado objeto fue diseñado inteligentemente, a pesar de desconocer el origen o la identidad del diseñador.

Si todas las explicaciones científicas exigieran siempre tal condición, no se podría explicar nunca casi nada.

Al señalar que el diseño inteligente no permite hacer predicciones, se está también en un error ya que, según éste, debería haber estructuras y procesos en los seres vivos que no se pudieran explicar mediante los mecanismos fortuitos del darwinismo.

Y, de hecho, los hay, tales como por ejemplo, el flagelo bacteriano, la coagulación sanguínea o el propio ADN, entre otros muchos. De la misma manera, una predicción de la teoría del diseño, sería que un Diseñador omnisciente no crearía basura genética, ni ADN ni ARN redundante e inútil.

Si algo pareciera en principio carente de función, debería motivar un estudio científico más profundo ya que la predicción del diseño es que todo o casi todo lo orgánico sirve para algo o posee una utilidad concreta.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido con el mal llamado “ADN basura” y el “ARN basura”. Las predicciones evolucionistas sugerían que se trataba de algo redundante sin ninguna funcionalidad, restos de un pasado evolutivo en el que sí habrían sido útiles, pero actualmente ya no lo eran.

Sin embargo, hoy se están descubriendo continuamente sus múltiples utilidades biológicas. 3 Con lo cual se confirman las predicciones del diseño y no las evolucionistas.

A veces, se sugiere asimismo que el diseño está subordinado a intereses religiosos y esto lo descalificaría en el ámbito de la ciencia. Pero ¿desde cuándo las creencias religiosas de los hombres y mujeres de ciencia les descalifica como investigadores científicos?

Por ejemplo, el físico y cosmólogo teórico Paul Davies dijo: “postular una infinidad de universos invisibles solo para explicar el que sí vemos, parece un exceso de equipaje llevado al extremo. Es más simple postular un solo Dios invisible”.

Mientras que, por su parte, Stephen Hawking manifestó: “Para mí, la solución más simple es que no hay Dios. Nadie creó el universo y nadie dirige nuestro destino”. ¿Acaso sus convicciones personales invalidan su trabajo científico? Yo creo que no.

El diseño no parte desde la ignorancia para llegar a la conclusión de que debe haber una inteligencia creadora sino de aquello que las ciencias experimentales han descubierto en la naturaleza.

No apela al dios tapagujeros para justificar lo que todavía desconocemos sino todo lo contrario. Son los últimos descubrimientos científicos, como la elevada complejidad e información de la macromolécula de ADN o los sofisticados mecanismos moleculares del interior de la célula, los que le conducen a postular la existencia de una mente creadora.

Algunos autores han indicado que el diseño inteligente vulnera el consenso que existe entre los científicos. Esto es cierto, pero ¿acaso no lo vulneraron también Copérnico, Galileo, Kepler, Newton y el propio Darwin?

La finalidad de la labor científica no es preservar el consenso sino descubrir la verdad y aportar un conocimiento preciso del universo. Esto requiere, en determinadas ocasiones, romper el consenso existente o el paradigma imperante.

Otra objeción frecuente contra el diseño inteligente es la que se refiere a las imperfecciones que manifiestan algunos seres vivos. No obstante, la imperfección es una característica del diseño que no pone en entredicho la realidad del mismo.

El diseño no tiene por qué ser perfecto para ser detectable. Hay que tener en cuenta que algunas de las imperfecciones que hoy podemos ver en la naturaleza son inevitables ya que el equilibrio ecológico actual exige que todos los organismos tengan necesariamente que morir y reciclarse.

La diferencia fundamental entre la evolución y el diseño es el naturalismo. Según esta corriente filosófica surgida a finales del siglo XIX, la naturaleza es todo lo que existe. No habría nada sobrenatural o trascendente.

La ciencia adopta el naturalismo metodológico y muchos también el naturalismo metafísico. De ahí que se pretenda explicar el origen del mundo mediante causas exclusivamente naturales.

Desde luego, si el naturalismo se considera necesario en todas las hipótesis científicas sobre los orígenes, entonces el diseño no será nunca una hipótesis científica.

No obstante, cabría preguntarse ¿por qué tienen que ser las hipótesis científicas completamente naturalistas? ¿Deben las teorías de la ciencia sobre los orígenes limitarse siempre a las causas materialistas? ¿Acaso no sería lógicamente posible que existiera un agente personal antes de la aparición del universo y la vida en la Tierra?

El conocimiento de dicho agente ¿se podría inferir a partir de ciertos datos empíricos? ¿No es razonable suponer que dicho agente diseñara o influyera en el origen de la vida?

Responder que no a todo esto y seguir defendiendo el naturalismo metafísico es una postura inverificable y superflua que no aporta nada positivo a la humanidad.

Excluir el diseño a priori disminuye la racionalidad y la posibilidad de investigar los orígenes de otra manera.

En mi opinión, abrirse a la posibilidad del diseño es una condición necesaria para una ciencia histórica plenamente racional.

No deberíamos seguir preguntándonos ¿qué escenario evolutivo, materialista o naturalista es el más adecuado para explicar los orígenes? sino que, después de considerar todas las evidencias científicas de que se dispone hoy, tendríamos que empezar a plantearnos ¿cuál es el mejor escenario para explicar el origen de la complejidad biológica, uno estrictamente materialista o uno que involucre la agencia inteligente?

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Notas

1. Popper, K. R., 1977, Búsqueda sin término, Tecnos, Madrid, p. 202.

2. Ibid, p. 231.

3. Adey, B. N. et al., 2026, “Pervasive Transcription in the Human Genome Exceeds Background Noise”, Genome Biology and Evolution, Volume 18, Issue 5; 

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