Proteger a los trabajadores humanitarios significa proteger a los niños y niñas

En el Día Mundial de la Ayuda Humanitaria, nos detenemos para rendir homenaje al valor y al compromiso de nuestros heroicos compañeros. Por Andrew Morley, presidente y director ejecutivo de World Vision International.

19 DE AGOSTO DE 2026 · 19:30

Andrew Morley. / World Vision.,
Andrew Morley. / World Vision.

Cuando se asesina a trabajadores humanitarios, son los niños y las niñas quienes pagan el precio más alto. Se detienen los repartos de alimentos. Se interrumpen los servicios sanitarios. Se cierran los espacios seguros. Se suspende la educación y la protección infantil.

Todo ello tiene consecuencias que ponen en peligro la vida de los más vulnerables. Esta es nuestra severa advertencia, ahora que la violencia contra los trabajadores humanitarios se dispara hasta alcanzar niveles sin precedentes.

Solo el año pasado, 350 trabajadores humanitarios perdieron la vida mientras intentaban salvar a otros. Y eso nos parte el corazón.

Por eso, con motivo del Día Mundial de la Ayuda Humanitaria, nos detenemos para rendir homenaje al valor y al compromiso de nuestros heroicos compañeros.

He conocido a muchos de ellos en todo el mundo: personas extraordinarias que salvan vidas y llevan esperanza a la infancia en los lugares más difíciles del planeta.

Sin excepción, su altruismo, dedicación y determinación me llenan de humildad y me inspiran profundamente.

Este año, en medio de tantas crisis mundiales que no dejan de agravarse, nuestro homenaje debe ir acompañado de una advertencia clara y urgente: la protección de los trabajadores humanitarios es inseparable de la protección de los niños y niñas.

El espacio humanitario se está reduciendo. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) se ignora cada vez más. Los entornos en los que trabajamos se están volviendo mucho más complejos.

Al mismo tiempo, las necesidades van en aumento. El número de personas obligadas a abandonar sus hogares se ha disparado de 65 millones hace diez años a casi 118 millones en la actualidad.

El hambre y el riesgo de hambruna van en aumento. Casi 250 millones de personas necesitan nuestra ayuda con urgencia.

Sin embargo, con demasiada frecuencia, nuestros colegas se enfrentan al riesgo de ser asesinados, heridos, detenidos u obstaculizados en su labor de ayuda a los más vulnerables.

Estos ataques no son solo agresiones contra las personas. Son ataques contra la propia humanidad, que socavan los servicios que millones de niños y niñas y familias vulnerables necesitan para sobrevivir.

La cruda realidad es que, cuando los trabajadores humanitarios no pueden llegar a las comunidades, la infancia es la primera en sufrir. He visto cómo las consecuencias son devastadoras.

En las Escrituras, se nos llama a cuidar de los necesitados y a estar al lado de quienes sufren. Los trabajadores humanitarios viven esa vocación cada día, a menudo con gran riesgo personal, llevando compasión y apoyo práctico a personas que se enfrentan a dificultades inimaginables.

En ningún lugar es esto más evidente que en Sudán, donde actualmente se está produciendo la mayor crisis infantil.

He visto cómo las repercusiones de este conflicto se están extendiendo por toda la región, y he conocido a nuestros valientes equipos sobre el terreno que están llevando esperanza contra todo pronóstico.

En esta región, los recientes informes sobre ataques letales con drones ponen de manifiesto una amenaza preocupante y en rápida evolución. Esto significa que las organizaciones humanitarias se enfrentan a nuevos riesgos al intentar llegar a las poblaciones vulnerables, y son los niños y niñas, como siempre, quienes soportan la carga más pesada.

Me sentí orgulloso de dar la bienvenida y firmar la Declaración para la Protección del Personal Humanitario durante un acto celebrado en la Asamblea General de las Naciones Unidas el año pasado.

Esta iniciativa global fue liderada por el Gobierno australiano y desarrollada a través de un grupo ministerial interregional en el que participaron Brasil, Colombia, Indonesia, Japón, Jordania, Sierra Leona, Suiza y el Reino Unido.

La declaración ya ha sido respaldada por más de 100 países. Cumple una función crucial al reforzar las obligaciones existentes en virtud del Derecho Internacional Humanitario.

También me reúno periódicamente con mis homólogos de otras organizaciones, incluidos los demás líderes del Comité Directivo para la Respuesta Humanitaria (SCHR).

Compartimos estas preocupaciones cada vez mayores en todo el sector y reconocemos que la capacidad de las organizaciones de ayuda para llegar de forma segura a la infancia y las familias en situación de crisis nunca debe darse por sentada.

Asimismo, reconocemos la extraordinaria contribución de los trabajadores humanitarios locales y nacionales.

En World Vision, la gran mayoría de nuestro personal procede de las comunidades a las que prestamos servicio. Conocen el contexto en el que trabajamos, sus matices y las necesidades de la comunidad.

Uno de nuestros valores fundamentales es sencillo: valoramos a las personas. Esta convicción surge de nuestra fe cristiana y de nuestra creencia en que cada persona ha sido creada a imagen de Dios y es digna de respeto, protección y cuidado.

Los ataques contra los trabajadores humanitarios no son inevitables, y nunca debemos aceptarlos ni pensar que son algo normal.

Por eso, en este Día Mundial de la Ayuda Humanitaria, hago un llamamiento a los gobiernos, a las partes en conflicto, a los donantes y a la comunidad internacional en general para que hagan todo lo posible a fin de garantizar que los trabajadores humanitarios puedan realizar su labor de forma segura.

Al lograrlo, protegemos a los niños y niñas, su dignidad, su bienestar y su futuro, dotándolos de los medios y el empoderamiento necesarios para prosperar y desarrollar el potencial que Dios les ha dado en la vida.

Andrew Morley es presidente y director ejecutivo de World Vision International, presidente de Joining Forces y ex presidente del Comité Directivo para la Respuesta Humanitaria (SCHR).

Andrew, que es ministro anglicano ordenado, combina un liderazgo basado en la fe con una amplia experiencia en el ámbito empresarial y humanitario. Anteriormente ocupó puestos de alta dirección en Google, Sky TV y Clear Channel, y sigue comprometido con la erradicación de la pobreza extrema y la mejora de las vidas de la infancia de todo el mundo.

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