La cristianización de ‘La Odisea’: así es la nueva película de Christopher Nolan
En la versión de Nolan del año 2026, el héroe de guerra Odiseo es un hombre destrozado. Desde el interior del caballo de Troya, trajo el pecado y la destrucción al mundo.
12 DE AGOSTO DE 2026 · 12:12
Quizá nunca se haya escrito una historia más grandilocuente que “La Odisea”.
Ulises conquista Troya junto con un ejército y con la ayuda de un caballo construido por él mismo. Tras diez años de asedio, por fin quiere volver a casa. Pero se pierde en el mar, aparentemente sin esperanza alguna. Junto a sus camaradas, durante el viaje no solo se enfrenta a tormentas y remolinos, sino también a un cíclope, una bruja, gigantes y sirenas cantantes, esas criaturas mágicas que, con sus voces, vuelven locos a los hombres.
Sí, incluso desciende al reino de los muertos. Y todo ello solo para regresar junto a su amada esposa, Penélope.
Una historia que no solo está hecha para ser contada a lo largo de los siglos y adaptada una y otra vez a los libros, sino que, sin duda, también es ideal para la gran pantalla. Nada menos que el famoso director Christopher Nolan (Origen, Interstellar, Oppenheimer) se ha atrevido ahora con la obra de Homero, de la época precristiana, y le ha imprimido su sello personal.
Y es que, en la versión de Nolan, el héroe de guerra Odiseo se convierte en un hombre herido, el maldito por los dioses en alguien incapaz de vivir con su propia culpa, y el héroe del caballo de Troya en alguien que, al igual que Adán, trae el pecado al mundo.

Alerta de spoilers. Para explicar cómo Nolan ha podido reinterpretar «La Odisea» de una forma tan cristiana, es necesario desvelar algunos detalles de la trama. Así pues, quien quiera disfrutar de la película por sí mismo al máximo —algo muy recomendable tanto para los aficionados al cine como a la mitología—, que deje de leer aquí y continúe solo después de haberla visto en el cine.
“Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos”, dice Odiseo. Los soldados acaban de cegar a un cíclope en una isla desierta; el mar está agitado. Los hombres especulan que el monstruo debía de ser un hijo de Poseidón y que ahora el dios del mar está enfadado. Odiseo descarta esa idea con sabias palabras. Aquí no se trata de dioses. Se trata de lo que hacen los humanos, es lo que el director parece querer decir.
Culpa y expiación
Odiseo, el marinero que no tiene demasiado aprecio por lo sobrenatural, que se enfrenta a monstruos y lucha contra ellos, pero cuyo mayor demonio es su propia culpa: ese es el protagonista de esta película. Pero, ¿de qué culpa se habla aquí? De aquella que, en la mitología, representa en realidad la mayor astucia: el caballo de Troya.
La historia también es bien conocida: durante diez años, Ulises y sus hombres sitian la ciudad de Troya, cuyas murallas resultan inexpugnables. Pero entonces a los guerreros se les ocurre una nueva idea. Construyen un caballo enorme y hueco, se esconden en su interior y esperan. Al poco tiempo, los enemigos se acercan movidos por la curiosidad, caen en la trampa y introducen el caballo en la ciudad. Por la noche, los guerreros que rodean a Odiseo salen trepando y conquistan Troya desde dentro.

El caballo de Troya
Una historia que, hasta ahora, ha narrado sobre todo la inteligencia de quienes construyeron el caballo. Pero Nolan lo ve de otra manera. En su versión, Ulises se da cuenta a lo largo de su viaje de que, en realidad, no ha traído sabiduría al mundo, sino muerte y ruina. Utilizar un regalo —dice finalmente— como arma, como puerta de entrada a la muerte, a los crímenes de guerra y al asesinato de los troyanos, es inhumano.
Pero ahora se ha abierto esta caja de Pandora y otros se servirán precisamente de ese mismo medio: discordia en lugar de hospitalidad, codicia en lugar de amor al prójimo, sed de sangre en lugar de compasión, maldición en lugar de bendición.
Así pues, al final no son los dioses los que hacen que Odiseo vague sin rumbo.
Cuando escucha el canto de las sirenas y está a punto de enloquecer, describe lo vivido como “el sonido de todas las promesas que no pude cumplir” y añade: “Me decían que no quería volver a casa”.
Más tarde, seducido por la solitaria ninfa Calipso, que primero lo salva y luego le roba la memoria durante siete años, queda claro: ella nunca habría podido borrarle los recuerdos si él hubiera querido recordarlos. Pero la culpa lastraba demasiado. Odiseo debe reconocerla, expiarla y, finalmente, someterse a los dioses y al destino en medio del viento huracanado del mar para poder regresar a casa. Desprenderse de sí mismo y de su ego.
Menuda historia, cuyo giro Homero difícilmente habría imaginado. Nolan, sin embargo, convierte la “Odisea” en un relato sobre la culpa y la expiación. Dota a la mitología griega de un núcleo cristiano.

Christopher Nolan: un gran narrador de nuestro tiempo
Esto demuestra una vez más que Nolan es quizás uno de los mejores narradores de nuestra época. Se atreve con temas de ciencia ficción, con la mitología, con el thriller. El hecho de que sus producciones sean, en su mayoría, costosas y se realicen con ayuda de numerosos efectos especiales, oculta la verdadera fuerza de sus películas: en realidad, no se trata tanto de monstruos impresionantes o espeluznantes, naves espaciales espectaculares ni escenas de viajes en el tiempo. Nolan conmueve gracias a sus personajes.
Aquí se trata del atormentado Ulises (magnífico, como siempre: Matt Damon); en Interstellar fue el astronauta Cooper (Matthew McConaughey), que dejó atrás a sus hijos por el bien de la humanidad; y en Origen, Dom Cobb (Leonardo DiCaprio), que en realidad solo quería volver con su difunta esposa.
Quizá algunos aún recuerden Memento y a su protagonista, Leonard Shelby (Guy Pearce), aquel policía que perdió la memoria a corto plazo y que se ganó la simpatía del espectador precisamente porque Nolan narró su historia en orden inverso para mostrar la percepción limitada de Shelby. Por cierto, una película que, hasta la fecha, no tiene parangón.
Son estas historias y estos destinos los que mantienen despiertos a sus espectadores incluso horas después de la experiencia cinematográfica. Odiseo, Cooper, Cobb y todos los demás quedan grabados de forma inolvidable en la mente y en el corazón. Esto es lo que caracteriza a la gran literatura, al gran teatro y también al gran cine.
Por cierto, incluso antes del estreno de la película ya hubo un debate entre los cristianos sobre su reparto. En primer lugar, porque la bella Helena es interpretada por la actriz negra ganadora de un Óscar Lupita Nyong’o, que por lo tanto no tiene necesariamente un aspecto típicamente griego. Y, en segundo lugar, porque uno de los guerreros del ejército de Odiseo es interpretado por Elliot Page, quien en 2020 declaró públicamente ser transgénero y cambió su nombre de pila.
Hay que preguntarse si la polémica sobre el reparto no desvía la atención de lo que realmente importa para los cristianos: que aquí un auténtico clásico griego cuenta de una forma totalmente nueva a una audiencia de millones de personas una historia sobre el perdón y la conversión.
Este artículo se publicó por primera vez en alemán en la revista Pro Medien Magazin y se ha traducido al castellano con permiso.
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