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Celebrando el Día Universal del Niño al estilo de Jesús

Aún existen aproximadamente 152 millones de niños que trabajan para pagar las deudas familiares, para aumentar los exiguos recursos de casa. Otros padecen abusos, violencia, acoso, pobreza energética, y muchas menores son blanco de la trata, otro asunto preocupante.

MUY PERSONAL AUTOR Jacqueline Alencar 17 DE NOVIEMBRE DE 2019 15:00 h
Niños jugando en un barrio de América Latina. / Jacqueline Alencar

El 20 de noviembre se celebra el Día Universal del Niño, desde que en 1989 las Naciones Unidas redactaran un acuerdo internacional llamado la Convención sobre los Derechos del Niño.



Siempre se dice que los niños son el futuro de una nación, de una ciudad, un barrio, una casa, un colegio, una institución del Estado, etc., etc. Y te preguntas si más bien no debiéramos considerarlos como presente para que puedan ser futuro, pues si esperamos, tal vez en ese futuro nos encontremos con personas adultas que habían sido olvidadas en unas listas de espera interminables que fueron dejadas de lado.



Como cada año, esta celebración nos recuerda la aprobación de la CDN (Convención sobre los Derechos del Niño), que garantiza que todos los niños, sean del primer o del cuarto mundo, tengan los mismos derechos, teniendo los gobiernos el deber de hacer que se cumplan estos cuatro principios fundamentales de los Derechos del Niño:



1.- No discriminación: por la que todos los niños y niñas del mundo tienen los mismos derechos sin discriminación de su origen, sexo, religión, lengua, discapacidad, opinión o antecedentes familiares.



2.- Interés superior del niño, niña o adolescente: antes las decisiones de las organizaciones, instituciones o gobiernos debe prevalecer siempre lo que sea mejor para los niños.



3.- Derecho a la vida: el derecho a la integridad física y el desarrollo óptimo de los niños es prioritario.



4.- Punto de vista del niño, niña o adolescente: los niños tienen derecho a expresar su opinión, a ser escuchados y tenidos en cuenta ante las decisiones.  (UNICEF)



Según UNICEF, “Los 54 artículos que componen la CDN recogen los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños. Su aplicación es obligación de los gobiernos, pero también define las obligaciones y responsabilidades de otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas”



¿Hoy celebramos su día? ¿Y qué de mañana? Me invito e invito a celebrarlo todos los días. El mismísimo Jesús dijo a sus discípulos que los dejaran venir a Él, y que no fuesen un estorbo a ese acercamiento. Algo inaudito en esa época donde este colectivo, junto con las mujeres y los extranjeros constituían esa trilogía marginada en el pueblo de Israel. Les dio un valor, un lugar de privilegio, en medio de gran oposición. 



Ha pasado un año desde que celebramos el Día Internacional del Niño, y hoy nuevamente celebramos y nos alegramos por los niños que disfrutan de esta hermosa etapa; sin embargo, también nos damos cuenta de que aún existen aproximadamente 152 millones de niños que trabajan para pagar las deudas familiares, para aumentar los exiguos recursos de casa... Unos 73 millones realizan actividades que entrañan peligro para su salud, su seguridad y su desarrollo moral, como señala la OIT.  Esos que viven crisis crónicas. Donde el hambre es un mal endémico que propicia la desnutrición que los hace vulnerables frente a enfermedades como la diarrea, la tuberculosis, la malaria. También son víctimas del matrimonio infantil, la participación en los conflictos armados como niños soldados, la ablación, el acoso escolar, no acceso a la educación, a la atención sanitaria, etc., etc. Pero las cifras de las estadísticas aún superan a las de las posibles soluciones. No vemos una reacción de emergencia ante estas catástrofes humanas que ya no solo atañen a los países del llamado Tercer Mundo, pues muchas de estas lacras se han trasladado a los mundos que están escalones más arriba; informes nos cuentan que más de veinticinco millones de niños se encuentran en riesgo de exclusión social en Europa. Y que las ayudas merman... Y, como se ha señalado en otras ocasiones, en nuestro país muchos niños carecen de la alimentación necesaria, recordamos a los que llegaban al colegio sin desayunar. Otros padecen abusos, violencia, acoso, pobreza energética, y muchas menores son blanco de la trata, otro asunto preocupante.



Los niños migrantes pueden caer en manos de las mafias organizadas que rondan para obtener ganancias a través de la necesidad de los menesterosos. Niños y niñas son víctimas del tráfico infantil, y otros, 1,2 millones, son víctimas de trata con fines de explotación sexual. Los niños son secuestrados, engañados por falsas ofertas de trabajo, vendidos o regalados por sus propios familiares. Son las consecuencias de la miseria, de la falta de una formación que se viene arrastrando por los siglos de los siglos. Las largas filas de migrantes son el blanco perfecto.  Suena repetitivo, ¿verdad? Lo tengo tan repetido que a veces ya no siento… Pero ahí está la palabra que me recuerda: “Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25.40).



Hoy también por enésima vez quiero destacar que hace tiempo se agotó la fecha para que se cumplieran las grandes promesas realizadas a través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); no obstante, los mismos han sido sustituidos por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que son un conjunto de 17 objetivos y 169 metas destinadas a resolver los problemas sociales, económicos y ambientales que aquejan al mundo, cubriendo el período 2015-2030. A ver qué se puede hacer para que todos los niños tengan los mismos derechos y los estados velen por su cumplimiento. Todavía resuenan en nuestros oídos aquellos aplausos celebrando el acuerdo por unanimidad de la resolución A 70 – L1 Transformar nuestro mundo: la agenda 2030 para un mundo sostenible. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) habían sido formalmente adoptados ese 25 de septiembre en la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando su secretario general, Ban Ki Moon, aseveró contundentemente: “Si queremos cumplirlos necesitamos el compromiso político de los líderes”. Alguna vez la rutina me hace pensar que toda esta problemática es normal, mas de pronto salgo de mi letargo y tecleo agregando algo más; aunque sé que es algo mínimo lo que hago. 



En otro documento llamado Compromiso de Lausana, que es el resultado de un tercer congreso evangelístico mundial que tuvo lugar en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en octubre del 2010, y que fue gestado en el año 1974 donde se estableció, entre otras cosas, que la proclamación debía ir de la mano de la compasión, hay una sección dedicada a la infancia. Donde podemos leer:




"Todos los niños están en peligro. Hay aproximadamente dos billones de niños en nuestro mundo y la mitad de ellos está en peligro de pobreza. Millones de ellos están en peligro de prosperidad. Los niños que viven en las naciones ricas y seguras lo tienen todo para vivir, pero no tienen nada por lo que vivir. Los niños y los jóvenes son la iglesia de hoy, no únicamente de mañana. Los jóvenes tienen gran potencial como agentes activos en la misión de Dios. Representan una enorme fuente de recursos infrautilizados, sensibles a la voz de Dios y con voluntad para responderle. Nos alegramos de los excelentes ministros que sirven entre los niños, y deseamos que este trabajo se multiplique puesto que la necesidad es tan grande. Como vemos en la Biblia, Dios usa a los jóvenes y a los niños -sus puntos de vista, sus palabras, sus iniciativas- para cambiar corazones. Ellos representan la 'nueva energía' para transformar el mundo. Debemos escucharlos y no sofocar su espiritualidad infantil con nuestros enfoques racionalistas de adultos. Nos comprometemos a: A.- Tomar en serio a los niños mediante una nueva investigación bíblica y teológica que refleje el amor y el propósito de Dios para ellos y a través de ellos, redescubriendo el profundo significado para la teología y la misión la provocativa acción de Jesús colocando a 'un niño en el medio'. B.- Procurar formar a personas y proporcionar recursos para averiguar las necesidades de los niños de todo el mundo, siempre que sea posible trabajando con sus familias y sus comunidades, en la convicción de que el ministerio holístico dirigido a cada próxima generación de niños y jóvenes es un componente vital de la misión mundial. C.- Exponer, resistir y adoptar medidas contra toda clase de abusos a los niños, incluyendo la violencia, la explotación, la esclavitud, el tráfico, la prostitución, la discriminación étnica y de género, los objetivos publicitarios y el descuido voluntario". 




Además, en la Confesión de Fe de Ciudad del Cabo, sección 7(C), encontramos el fundamento bíblico de nuestro compromiso para buscar la justicia y ‘shalom’ para los oprimidos y los pobres:




“C)  Amamos a los pobres y a los que sufren en el mundo. La Biblia nos dice que el Señor muestra su amor hacia todo lo que ha hecho, que defiende la causa de los oprimidos, ama al extranjero, alimenta al hambriento y sostiene al huérfano y a la viuda.[27] La Biblia también muestra que Dios desea hacer estas cosas a través de seres humanos comprometidos con estas acciones. Dios hace responsables especialmente a quienes son designados como líderes de la política o la justicia en la sociedad,[28] pero ordena a todo el pueblo de Dios –por la Ley y los Profetas, los Salmos y los libros de Sabiduría, Jesús y Pablo, Santiago y Juan– que refleje el amor y la justicia de Dios en amor y justicia prácticos a favor de los necesitados.[29]



Este amor por los pobres exige que no sólo amemos la misericordia y las acciones de compasión, sino que también hagamos justicia denunciando y oponiéndonos a todo lo que oprime y explota a los pobres. «No debemos tener temor de denunciar el mal y la injusticia dondequiera que existan».[30] Confesamos con vergüenza que, en este tema, no compartimos la pasión de Dios, no encarnamos el amor de Dios, no reflejamos el carácter de Dios y no hacemos la voluntad de Dios. Nos consagramos nuevamente a la promoción de la justicia, incluyendo la solidaridad y la defensoría de los marginados y oprimidos. Reconocemos esta lucha contra el mal como una dimensión de la guerra espiritual que sólo puede librarse a través de la victoria de la cruz y la resurrección, con el poder del Espíritu Santo y con oración constante”.




Como se puede observar, este apartado constituye todo un llamado a los cristianos a que no dejemos de oír las potentes palabras de Jesús en favor de los más pequeños: "Dejad que los niños vengan a mí...".  Hace unos días se acaba de celebrar el primer Congreso Protestante sobre Ministerio con la Infancia y la Familia, celebrado en Madrid el 1 y 2 de noviembre, viniendo a reforzar estos esfuerzos que se vienen realizando en favor de la infancia. Más el de tantas organizaciones y personas que realizan con ahínco esta tarea de mostrar el amor de Dios a los más necesitados.



Como podemos observar, no queda otra ruta que la de seguir la senda trazada por Jesús, su ejemplo dejado como herencia; dando a los niños un lugar, como el que debe tener todo ser hecho a Su imagen y semejanza. Niños que viven como niños, con lo que corresponde a esta etapa: jugando, aprendiendo, educándose; niños preparándose para el futuro de forma integral, sin olvidar su presente, aquí y ahora.



Somos conscientes de que hay logros, pero son muy incipientes frente a las altas tasas de necesidad, aunque se hayan rebajado un poquito las cifras de niños trabajadores, se haya ampliado el acceso a la escuela primaria, reducido la probabilidad de que un niño muera antes de los cinco años, otros tantos puedan beber agua potable o ser vacunados. Pero todavía queda mucho por hacer, lo dicen las organizaciones que tienen un papel relevante en esta labor en pro de los más necesitados y vulnerables del mundo.



Por lo tanto, a mi modesto entender, la obra transformadora de Cristo en nosotros tendría que reflejarse en una toma de conciencia de que debemos trabajar, individualmente y como iglesia, por la justicia social, conocer de cerca la realidad de esos millones de seres humanos que claman para que otros, que se encuentran en mejor situación, sean su voz, o si no pueden serlo, sean sus manos o sus pies, o sus corazones. 



El papel de la Iglesia es fundamental porque ella existe para la Misión de Dios, como instrumento del Amor de Dios en el mundo, debe interesarse y comprometerse en satisfacer las necesidades básicas del hombre, no solo las necesidades espirituales, sino también las de afecto, justicia social, consuelo, amistad, techo, abrigo, salud física y mental y de sentirse digno. Ha entendido el carácter integral de la misión de Dios, pues Él se preocupa por todas las facetas humanas. Entiende que la Caída ha afectado nuestra humanidad en todos sus aspectos, ya que Dios nos creó como un todo. Así, la redención, la misión… también deben ser integrales, deben alcanzar todas las dimensiones de la vida humana, de la sociedad y de su entorno. La evangelización en solitario sería incompleta porque no alcanzaría a cubrir las necesidades reales del hombre; y, por otro lado, la dedicación solo a la acción social dejaría de atender el aspecto espiritual. Así que debe ser una comunidad que se preocupa de las repercusiones de la proclamación en lo social, lo económico, lo político… Es Iglesia que contextualiza el Evangelio para que el señorío de Jesucristo llegue a todos los recovecos de la vida del hombre, alcance todas sus necesidades y problemáticas. Y es profética porque provoca, anuncia, denuncia las estructuras injustas, comprometiéndose con las causas de los más débiles…



Los niños también deben saberlo…


 

 


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