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Maná para el peregrino XXIX
 

Atisbos renovadores en el Estudio Salmantino del siglo XV: Pedro de Osma

compareció, de manera ejemplar, para hacer todo lo que se le mandare. Abjuró, humildemente. Cerró su boca. Salió de su Salamanca, de sus queridos recintos universitarios. Le concedieron la benevolencia de volver pasado un tiempo. Mas pareciera que hizo su última voluntad sin presiones: murió justo antes de la fecha que le habían concedido bondadosamente para que retornara.

MUY PERSONAL AUTOR Jacqueline Alencar 12 DE AGOSTO DE 2018 18:00 h
Portada del libro y Patio de Escuelas de la Universidad de Salamanca. / Jacqueline Alencar

En este año en que se conmemoran los ocho siglos de la Universidad de Salamanca, rescato un libro escrito en el año 2010 por José Labajos Alonso, y editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad Pontificia de Salamanca.



La obra, titulada El proceso contra Pedro de Osma, nos retrotrae al siglo XV, cuando nubes oscuras empezaron a cubrir el cielo azul de nuestra España; nubes que apagaron la luz de la libertad de conciencia, de pensamiento, de la tolerancia, y, muchas veces, la luz de la vida.



El libro del profesor Labajos denota una intensa y minuciosa labor de investigación, ya que con anterioridad había publicado otros trabajos suyos sobre Pedro de Osma, permitiéndonos conocer y profundizar sobre la vida y obra de este maestro del Estudio Salamantino, así como del contexto en el que se gesta y desarrolla el proceso que llevará al catedrático Osma al destierro, humillación pública, quema de sus obras escritas, y, lo más dramático, tener que abjurar de sus “doctrinas erróneas, heréticas, escandalosas y malsonantes”,al ser condenado por el inquisidor Alfonso Carrillo.



Pedro de Osma (1424-1480) se formó y ejerció actividad docente en la Universidad de Salamanca. Se dice que ingresó en el Colegio Mayor San Bartolomé y siguió los cursos en la universidad, donde oyó, entre otros, a Alfonso de Madrigal, el Tostado (1).



En el prólogo del libro, escrito por Mariano Álvarez Gómez, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, podemos leer que, cuando se inicia el proceso del que trata el libro, en mayo de 1479, Pedro de Osma ya era reconocido como reputado teólogo y comentarista de Aristóteles, y próximo a las doctrinas de Santo Tomás. En un contexto en el que nuestra universidad, que estaba al servicio de la cristiandad y de la Iglesia, evidentemente se suma a los intentos de renovación que se pretendía por parte del propio mundo cristiano. En ese ambiente surge la obra de Pedro de Osma (2).



El libro que hoy comentamos nos mostrará los resultados dramáticos de la lucha que tendrá lugar entre el humanismo y el nominalismo. Paso a paso, Labajos nos detalla, en su Presentación, el proceso que llevó a la condena de las doctrinas teológicas de Pedro de Osma sobre la confesión y las indulgencias. En el presente ensayo el autor nos hace adentrarnos en estas doctrinas para luego peregrinar por los recovecos de un proceso inquisitorial. Estremecidos oiremos la condena emitida por la junta de teólogos que, en Alcalá de Henares, reunió el arzobispo de Toledo, D. Alfonso Carrillo.



Clarificador resulta el apartado “Contexto de las doctrinas de Pedro de Osma”, en el que Labajos estima que Osma puede ser considerado como impulsor del humanismo y del conocimiento de Aristóteles hacia mediados del siglo XV. Nos señala que su talante humanista se denota en una preocupación por la Gramática, rechazo de la Dialéctica, en el acercamiento a la Retórica, y un esfuerzo por recuperar los textos originales de la Biblia. También vierte sus comentarios acerca de una actitud crítica por parte de Osma en asuntos teológicos. La cuestión de la penitencia y de las indulgencias a lo largo de la historia de la Iglesia había estado en continuo dinamismo, apartándose muchas veces de la ortodoxia, señala. Ante muchos cambios surgen movimientos en contra, los movimientos heterodoxos, los cuales, es posible, estuvieran en Pedro de Osma. Sin embargo, el autor comenta que, más bien, es probable que éste estuviera influenciado por libros como el Confesional del Tostado (1437), Libro de las confesiones de Martín Pérez (1315), el Tratado de la confesión de Juan Martínez de Almazán, las doctrinas de Alonso de Cartagena (1456),entre otros… Es en ese contexto de cambios y de renovación en torno a los sacramentos de confesión y de indulgencias que él pone por escrito sus opiniones, de forma crítica y traspasando los límites de la ortodoxia oficial. En realidad, Osma advertía acerca de “los abusos a los que se había llegado en la concesión de indulgencias”. Él fue uno de los que denunciaron esta doctrina y los atropellos perpetrados. 



Señala Labajos que son tres los títulos sobre el tema de la confesión y la indulgencia: el Quodlibetum de Confessione, el Tractatus de Confessione y un Tratado enviado a la Señora Duquesa de Alba. Y nos informa que “no hay constancia que exista ejemplar alguno del ‘Quodlibetum de Confessione’y un ‘Tratado enviado a la Señora Duquesa de Alba’, aunque su contenido parece estar reproducido en algunos artículos. En cuanto al Tractatus de Confessione, este “corrió la misma suerte que el Quodlibetum. Además, contra este cayó fuertemente la condena; los teólogos reunidos en Alcalá de Henares concluyeron que “las palabras del libro eran heréticas, erróneas, falsas, escandalosas, contrarias a las doctrinas de la Iglesia, frívolas…”. Debían ser destruidas por las llamas, hecho que se llevó a cabo primero en Alcalá y más tarde en la Universidad de salamanca.



Es impactante la celeridad con la que se ejecutó la sentencia, eliminando todo vestigio del pensamiento y obra de pedro de Osma referidas a la confesión y las indulgencias. Aún más, que incluso en el Estudio Salmantino se llevara a cabo sin pausas.



A pesar de la falta de estas obras, pues el arzobispo mandó destruir en nueve días todos los escritos de Pedro de Osma y de todos aquellos relacionados con el tema de la confesión y de las indulgencias, el profesor Labajos dice que, “ante la imposibilidad de acceder directamente a ellas, hemos tomado la decisión de reconstruir el contenido de los mismos, de una manera indirecta, a través de las respuestas que, por escrito, dieron a sus doctrinas el dominico Juan López de Salamanca con sus Articulos quodlibet y el Defensorium y el canónigo de Toledo Pedro Ximénez de Préxamo con su ‘Confutatorium errorum contra claves Ecclesiae nuper editum’. Creemos, dice, “que tantos los textos referenciados por Juan López de Salamanca como los escritos por Pedro Ximénez de Préxamo responden, literalmente, o al menos esencialmente, al texto de Pedro de Osma…”.



Dice Labajos que la génesis del Confutatorium de Ximénez de Préxamo contra la doctrina de Pedro de Osma “hay que situarlo en la ciudad de Toledo”. Resulta que fueron unos profesores de la Universidad de Salamanca que vieron como sospechoso de falsedad el ‘Tratado de la confesión’de Pedro de Osma y lo enviaron al arzobispo de Toledo para que lo leyera y analizara. Este lo pasó a Ximénez para que “examinara las cosas dudosas que hubiere en él” y las plasmase en un escrito.



También las Actas del proceso contra su doctrina en Alcalá de Henares, del 14 al 24 de mayo de 1479, comenta el autor, ayudaron en este intento de reconstrucción del texto de Osma. “En él se encuentran cuatro formulaciones diferentes de las Conclusiones sometidas a la deliberación de los teólogos allí reunidos, y condenadas por el arzobispo de Toledo y por el Papa Sixto IV”, añade.



Dice el autor que “el Papa se hace eco de algunas noticias que le habían llegado acerca de ciertas doctrinas sobre la confesión y los sacramentos defendidas con presunción y pertinacia en el Estudio de Salamanca por algunos de sus maestros a los que califica de ‘filii iniquitatis’… intentando inculcarlas en las almas de los fieles más sencillos […]”. A partir de ahí ordena al arzobispo de Toledo que forme un equipo de teólogos para que diluciden acerca de la falsedad de las proposiciones planteadas.



Sorprendente es la aclaración que nos hace el autor acerca de cómo llegó esta noticia a Roma, indicando previamente que la información que se tiene actualmente no precisa con exactitud sobre ello, pero “sí deducir algunas cosas y tener sospechas de otras”. Ahora, lo que sí se puede tener certeza es de que el germen de todo está en el Estudio de Salamanca. Es el arzobispo Carrillo quien transmite la información de que fue el maestro de teología y canónigo de Toledo Pedro Ximénez y el catedrático de Vísperas de teología de la Universidad de salamanca, y canónigo de Burgos, Pedro Díaz de Costana, quienes le comunicaron formalmente el asunto. El autor nos va desgranando detalles de la conjura de tal manera que nos vamos sintiendo testigos de toda la ignominia perpetrada “no por malicia ni con ánimo de venganza, sino por ‘zelo’ de fe y de la religión cristiana”, como afirman los denunciantes.



Interesante es percibir que, en la universitasde la época, caracterizada como ‘Alma Mater’, pueden haber germinado semillas de intolerancia y atentado contra la dignidad; no obstante, el autor nos transmite, a través de su escritura, que una vez recibida la información acerca de los hechos mencionados, la universidad pone de manifiesto “un deseo de defender la honra de la institución, y un gran aprecio del maestro Osma, como persona benemérita de la misma. Por eso, a la hora de dar respuesta al arzobispo a través del mensajero propio de la universidad, ponen todo cuidado en que sea persona que represente bien a la universidad y que sepa decir lo que cumpliere en defensa del maestro Osma…”. Como dice texto citado por Labajos: “… que se enbíe el dicho mensajero a costa de la universidad, e sea tal que represente a la universidad, porque es honra de la dicha universidad e toca el dicho negocio a persona que tanto fruto ha hecho en ella”. (Libro 3º de claustros, fol. 69). Además, señala que otros maestros del Estudio defendían sus conclusiones y “dan la cara por él”, como Fernando de Roa, Diego de Deza, Juan de Santispíritus, y los licenciados Juan de Quintana Palla, Rodrigo Martín de Enciso y Fernando de Talavera, los cuales también fueron acusados como “los principales setatores de las dichas conclusiones e libro, e que con pertinacia las afirmaban”.



Durante el proceso, y en una de las sesiones, Préxamo y Costana acusan a Roa, Deza, Enciso y Quintana Palla de ser defensores del libro. Los lectores pueden completar la información recorriendo las páginas de esta interesante obra del profesor Labajos, que nos lleva a repensar en el papel, individual y comunitario, que tenemos todos a la hora de preservar las libertades en todos los estamentos de la vida. 



En el libro, Labajos incluye las Actas del juicio, así como anexos y un índice onomástico para quien desee profundizar. Este libro se suma a otros anteriores que el profesor Labajos dedicó a Pedro de Osma, rescatándolo de ese olvido al que han sido sometidos, unos más que otros, los denominados ‘heterodoxos’. Aquellos que menospreciaron su propia libertad en aras de conseguirla para otros, y por hacer de su amada España un mundo mejor. Gracias a los que dedican tiempo a mantener viva su memoria. Solo así aquellas mordazas de ayer hoy se convierten “en lenguas que hablan de libertad y de fe cristiana”. Para que no olvidemos y utilicemos con sabiduría lo que fue conseguido, pues no fue a precio de ganga. 



He sentido como, si desde lejos, por los siglos, pudiera yo observar aquel nefasto día cómo se quemaban sus obras en la universidad. Leo que el rector se mostró diligente en el cumplimiento de lo mandado.“Los de allí reunifos dixeron que era rrasón de cumplir dentro de vj días lo contenido e mandado a la universidad por el arçobispo de toledo autoritate apostólica cerca de la quema de las conclusiones e confesión e tratados e defensorios del maestro osma, que el dicho arçobispo avía pronunciado por escandalosas e malsonantes e eréticas e erroneas según se contiene en su carta que a ellos fue yntimada, e conpliéndola en el término de los vj días…”.



Él compareció, de manera ejemplar, para hacer todo lo que se le mandare. Abjuró, humildemente… Cerró su boca. Salió de su Salamanca, de sus queridos recintos universitarios. Le concedieron la benevolencia de volver pasado un tiempo. Mas pareciera que hizo su última voluntad sin presiones: murió justo antes de la fecha que le habían concedido bondadosamente para que retornara. Había volado hacia una mejor morada con validez eterna, que de antemano le habían preparado primorosamente. Constatando que los hombres no tienen la última palabra. El relevo estaba asegurado.



 



Notas





  1. Ver Artículo de José Luis Fuertes en: Revista Española de Filosofía Medieval 11(2004), pp. 243-255. Pedro Martínez de Osma era de la diócesis de Osma, sin poder precisar si nació en Osma o en alguno de los pueblos de su arciprestazgo o del de San Esteban de Gormaz. Se formaría y ejercería su actividad docente en la Universidad de Salamanca. Ingresa en el Colegio Mayor de San Bartolomé el primero de mayo de 1444 y siguió los cursos en la Universidad, donde oyó, entre otros, al Tostado. En 1457 obtiene el grado de maestro en Artes a la par que desempeñaba la catedra de Filosofía Moral (1457-63), que poco antes había ganado. En 1463 accede al grado de maestro en Teología y a la catedra de prima de Teología, sucediendo a los dominicos que le habían precedido, Lope de Barrientos (1416-(,36?) y Álvaro de Osorio (1436?-63). Pedro de Osma permanecería en dicha cátedra hasta el 30 de abril l479, fecha en la cual salía hacia Alcalá de Henares ante el proceso que se le había abierto y comparecer ante la Junta de Teólogos el 15 de mayo. El dominico Diego de Deza le sucedería en dicha cátedra (1480-86), tras haber estado desempeñando diversas sustituciones. Algunas de sus doctrinas teológicas acerca de la confesión y de las indulgencias no estaban exentas de polémica, y serían condenadas en dicha Junta de Teólogos de Alcalá en esa primavera-verano de 1479. La condena le apartó de la Universidad y de la ciudad de Salamanca, haciendo que se le manifestaran todo tipo de dolencias. Moría el 16 de abril de 1480, confinado por la condena cerca de Salamanca, en Alba de Tormes.




  2. Ibídem. La Universidad de Salamanca por su posición de universidad eclesiástica al servicio de la cristiandad y de la Iglesia no era, ni podía ser ajena a los intentos de vertebrar la renovación que se estaba pretendiendo para la propia cristiandad en el siglo XV. La Universidad de Salamanca parece que se va dejando guiar por esta idea, pensando que era posible servir a ese proyecto de renovación y de ordenación de la unidad cristiana, y a la par de unidad nacional también y en esa dirección irían los esfuerzos de los grandes maestros salmantinos, que se aglutinan en torno al Concilio de Basilea: Alonso de Cartagena (1384-1456), Juan de Segovia (1393/95-1458), Alfonso de Madrigal, el Tostado o el Abulense (1401-1455). Y tras los concilios de Ferrara-Florencia (1438-39) y de Basilea (1431-49), alertando sobre el nominalismo, además del platonismo como una nueva filosofía de la concordia para la cristiandad y que se iría manifestando en Nicolas de Cusa, pero sobre todo a través de la Academia Platón de Florencia, en las universidades los empeños se iban a dirigir a encontrar una doctrina segura que pudiera vertebrar de modo seguro la filosofía y la teología. Platón o Aristóteles, esa era la tensión y el dilema. ¿Cómo repensar y responder mejor a las urgencias de la modernitas? ¿Cómo propiciar un mejor renasci? La apuesta en la Universidad de Salamanca se iba a decantar principalmente por Aristóteles y por Santo Tomás, aunque también se darían otras modulaciones. Es en esta coyuntura donde surge la obra de Pedro Martínez de Osma, integrando el humanismo y la herencia de Alonso de Cartagena, en pugna y alerta contra las novedades del nominalismo, y tratando de proponer una doctrina segura.





 



Sobre el autor:



José Labajos Alonso nació en Pedrosillo de Alba (provincia de Salamanca) en 1939. Es sacerdote, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca, donde ejerció como Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación (Facultad de Educación). Ha llevado a cabo una intensa labor investigadora en el campo de la Filosofía, con la que ha contribuido al conocimiento del pensamiento aristotélico medieval y salmantino del siglo XV. Sus escritos, repartidos entre el campo de la psicología y de la filosofía están publicados en varios libros y revistas científicas. Entre sus libros, citamos: Pedro de Osma y su comentario a la Metafísica de Aristóteles(Publicaciones de la Universidad Pontificia de Salamanca, 1992),Psicología de la Educación(2005)Psicología del Desarrollo (2005) y Temas de Psicología(2005) (Facultad de Educación-Universidad de Salamanca), Pedro de Osma y Fernando de Roa: Comentario a la Política de Aristóteles(Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca, 2006), Escritos académicos de Pedro de Osma(Publicaciones de la Universidad Pontificia de Salamanca, 2010).


 

 


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