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    Ser o no ser; esa es la cuestión

    Tras los largos festejos volvemos a la rutina diaria. Al enfrentarnos con las circunstancias habituales ¿podemos decir a conciencia que sabemos quiénes somos; y que somos lo que creemos ser?

    AGENTES DE CAMBIO AUTOR Óscar Margenet 14 DE ENERO DE 2018 18:00 h

    Las célebres ocho palabras de Hamlet no pasan de época (01). Nos plantean, también hoy, un reto imposible de eludir. Nada mejor que enfrentarlo al comenzar el año. Como es ya una costumbre, algunos de nosotros tomamos decisiones al finalizar el 2017. Entre ellas: ¿Respondimos a la doble cuestión del título?



    De una misma cuna cultural y con sus enormes legados, Dios nos benefició con un poeta como Shakespeare y un predicador y maestro de la Palabra como Martyn Lloyd - Jones (02). Pocos autores han influido en mi formación tanto como los mencionados. Pero, al doctor Lloyd - Jones le debo mucho de mi amor por el estudio de la Palabra que Dios nos revela en la Biblia.



    Escribo en gratitud a Dios por bendecirme con las enseñanzas que aún hoy recibo del galés que declinó ser médico de cabecera de la reina Isabel de Inglaterra con tal de servir a Dios.



    De su célebre prédica sobre ‘El Sermón del Monte’ transcribiré frases que revelan la profundidad de su pensamiento bíblico: este Sermón “fue predicado en forma primaria y específica a los discípulos. 'Sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo. . .' (03), comienza Lloyd - Jones. Enseguida nos propone: “Si este Sermón no tiene nada que ver con los cristianos de hoy, jamás deberíamos decir que somos ‘la sal de la tierra’ ni que somos ‘la luz del mundo’ (04) porque eso no se aplicaría a nosotros. Si todo el Sermón del Monte no se puede aplicar a los cristianos de hoy, todo él carece de importancia. Pero es evidente que nuestro Señor predicó a estos hombres y les dijo lo que debían hacer en este mundo, no sólo mientras Él estuviera aquí, sino también después de que se hubiera ido.



    Se predicó a personas que debían practicarlo en ese tiempo y por siempre después.



    No sólo esto. Para mí otra consideración muy importante es que las distintas Cartas del Nuevo Testamento nos muestran todas las enseñanzas del Sermón del Monte.” Y nos alienta a hacer una lista y comparar para comprobarlo. Reflexiona luego, el autor:



    “Las Cartas son para los cristianos de hoy; por ello si la enseñanza que contienen es la misma que tenemos en el Sermón del Monte, es evidente que su enseñanza es también para los cristianos de hoy. Este argumento es de peso e importante. Pero quizá se podría expresar mejor de la siguiente forma. El Sermón del Monte no es sino una expresión acabada, grandiosa, y perfecta de lo que nuestro Señor llamó su 'nuevo mandamiento'. Este nuevo mandamiento fue que nos amáramos unos a otros como él nos ama.



    Considera Lloyd - Jones que en las cartas apostólicas el Sermón del Monte es un desarrollo del mandamiento de amor. “Si somos de Cristo, y nuestro Señor nos ha mandado que nos amemos unos a otros, aquí se nos muestra cómo hacerlo.”



    El autor critica la idea del ‘dispensacionalismo’ de la que nace la confusión sobre el reino de Dios. Dice: “Estoy de acuerdo, desde luego, en que el reino de Dios en un sentido todavía no ha sido establecido en la tierra. Es un reino que ha de venir; sí. Pero es también un reino que ha venido. 'El reino de Dios está en medio de vosotros', y 'dentro de vosotros' (05); el reino de Dios está en todo cristiano verdadero, y en la iglesia. 'El reino de Dios', es el 'reino de Cristo'; y Cristo reina hoy en todo cristiano verdadero. Reina en la iglesia cuando esta lo reconoce de verdad. El reino ha venido, el reino viene, el reino ha de venir. Siempre debemos tener esto presente, sin embargo. Dondequiera que Cristo es aceptado como Rey, el reino de Dios ha venido, de modo que, si bien no podemos decir que reina sobre todo el mundo en los momentos actuales, sí reina ciertamente de esa forma en los corazones y vidas de todo su pueblo.” La definición que el autor hace del ‘reino’ y de ‘su pueblo’ es muy importante:



    “Se considera que Mateo escribió el evangelio especialmente para los judíos. De ahí que insista tanto en el reino de los cielos. ¿Y qué quiso subrayar Mateo? Los judíos tenían una idea falsa y materialista del reino. Creían que el Mesías era alguien que iba a llegar para emanciparlos políticamente. Esperaban a alguien que los liberara del yugo romano. Siempre pensaron en el reino en un sentido externo, mecánico, militar, materialista.



    Por esto Mateo coloca la enseñanza verdadera respecto al reino en las primeras páginas del Evangelio, pues el gran propósito de este Sermón es exponer el reino como algo que es esencialmente espiritual. El reino es sobre todo algo 'dentro de vosotros'. Es lo que dirige y gobierna el corazón, la mente y la perspectiva. No sólo no es algo que conduce a un gran poderío militar, sino que es 'pobre en espíritu'. En otras palabras, no se nos dice en el Sermón del Monte, 'Vivid así y seréis cristianos'; más bien se nos dice, 'Porque sois cristianos vivid así.' Así deberíamos vivir los cristianos; así hemos de vivir los cristianos.”



    Y es aquí donde se plantea la cuestión del ‘ser o no ser’ shakesperiano. El autor la enfrenta como a una dificultad a vencer: “Algunos dicen, ¿acaso no dice el Sermón del Monte que nuestros pecados se nos perdonan sólo si nosotros perdonamos a otros? ¿Acaso no dice nuestro Señor, ‘Si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas’ (06)? ¿No es esto ley? ¿Dónde está la gracia? Que se nos diga que si no perdonamos no seremos perdonados, no es gracia.



    De este modo parece que demostrasen que el Sermón del Monte no se aplica a nosotros. Pero si dicen esto, tendrán que separar a casi toda la cristiandad del evangelio. Recuerden también que nuestro Señor enseñó exactamente lo mismo en la parábola del siervo que ofendió a su rey (07). Este hombre fue al rey para pedirle que le perdonara; y el rey lo perdonó. Pero él mismo se negó a perdonar a un consiervo que también le adeudaba algo, con la consecuencia de que el rey retiró el perdón y lo castigó. Nuestro Señor hace el siguiente comentario acerca de esto: 'Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.' Es exactamente la misma enseñanza. Pero ¿enseña acaso que soy perdonado sólo por haber perdonado? No; lo que se enseña es, y debemos tomar esta enseñanza con toda seriedad, que si no perdono, no soy perdonado.” Lloyd - Jones pone mucho énfasis en este punto crucial, y añade:



    El que se ha visto como pecador culpable y vil delante de Dios sabe que su única esperanza del cielo es que Dios lo haya perdonado. El que de verdad ve, sabe y cree esto no puede negarse a perdonar a otro. Así pues, el que no perdona no conoce el perdón. Si mi corazón ha sido quebrantado ante la presencia de Dios no puedo rehusar el perdón; y, por tanto, digo a cualquiera que se imagine que Cristo ha perdonado sus pecados, aunque él mismo no perdone a nadie.”



    Tras lo cual advierte de manera pastoral: “Ten cuidado, amigo mío, no sea que despiertes en la eternidad y te encuentres con que se te dice, 'Apártate de mí; nunca te conocí.' (08) No interpretes mal la doctrina, la gloriosa doctrina de la gracia de Dios. El que de verdad ha sido perdonado y lo sabe, ese es el que perdona.”



    Finalmente, el Dr. Martyn Lloyd - Jones nos pregunta respecto del Sermón del Monte:



    “¿Por qué debemos estudiarlo? ¿Por qué deberíamos tratar de vivirlo? Daré una lista de respuestas.



    1. El Señor Jesucristo murió para que pudiéramos vivir el Sermón del Monte. Murió. ¿Por qué? 'Para... purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras,' (09) dice Pablo, el apóstol de la gracia. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que murió para que pudiéramos vivir el Sermón del Monte. Él lo ha hecho posible.



    2. El Sermón del Monte, como nadie lo puede hace mejor, muestra la absoluta necesidad del nuevo nacimiento del Espíritu Santo y de su acción interna. Estas Bienaventuranzas me derriban al suelo. Me muestran mi absoluta impotencia. Si no fuera por el nuevo nacimiento, nada podría. Lean y estúdienlo, enfréntense a sí mismos a la luz del mismo. Los conducirá a comprender la necesidad final del nuevo nacimiento y de la acción gratuita del Espíritu Santo. Nada conduce al evangelio y a su gracia como el Sermón del Monte.



    3. Cuanto más vivimos y tratamos de practicar el Sermón del Monte, más bendiciones experimentamos. Consideremos las bendiciones que se prometen a los que lo practican. Muchos enseñan sobre la santidad dejando de lado el Sermón del Monte; esto crea un gran problema: se nos pide experimentar la santificación. ¡Este no es el método bíblico!



    4. Si uno quiere tener poder en la vida y recibir bendición, vayamos directamente al Sermón del Monte. Vivámoslo y practiquémoslo con entrega total, y con ello llegarán las prometidas bienaventuranzas. 'Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.' (10) Si deseamos ser saciados, no vayamos a reuniones en busca de bendiciones místicas; examinemos el Sermón del Monte, sus implicaciones y exigencias, consideremos su necesidad absoluta.



    Este es el camino directo para alcanzar la bienaventuranza.



    Lloyd - Jones es consciente del contexto secular de su época (nada ha cambiado para mejor, sino para peor). Dice: “El mundo de hoy busca y necesita desesperadamente a verdaderos cristianos. Nunca me canso de decir que la iglesia no necesita organizar campañas de evangelización para atraer a otros, sino comenzar a vivir la vida cristiana. Si lo hiciera, hombres y mujeres llenarían nuestras iglesias. Dirían, '¿Cuál es el secreto de esto?' Casi a diario leemos que el verdadero secreto del comunismo es que parece hacer algo y dar algo a la gente. Se me dice a menudo, al hablar con jóvenes y leer libros, que el comunismo avanza tanto en el mundo moderno porque la gente siente que sus seguidores hacen algo y se sacrifican por lo que creen. Así ganan miembros. Sólo hay una manera de contrarrestar esto, y es demostrar que poseemos algo infinitamente mayor y mejor. He tenido la dicha de hablar no hace mucho con más de una persona convertida del comunismo, y en todos los casos no ha sido consecuencia de un sermón o argumentación intelectual. Lo que estos comunistas vieron en un sencillo cristiano fue la sincera abnegación y preocupación por los demás que ellos jamás habían conocido.”



    El reto que el autor nos lanza a los lectores y a mí es a ver que toda filosofía de vida, por bien intencionada que sea (comunismo, budismo, la Nueva Era, la Posverdad, u otros ismos) no es la respuesta. Por el contrario: “Creemos que el Hijo de Dios ha venido al mundo y que nos ha enviado al Espíritu Santo, el poder absoluto que permanecerá en cada hombre y mujer en los que Él hace vivir una vida como la suya. Vino, vivió, murió, resucitó y envió al Espíritu Santo para que ustedes y yo pudiéramos vivir el Sermón del Monte. Si todos nosotros viviéramos el Sermón del Monte, conoceríamos el dinamismo del evangelio cristiano; sabríamos que es algo vivo; no andaríamos buscando en otras partes.”



    Nos insta el autor a leer la historia de la iglesia para ver “que los verdaderos avivamientos han llegado cuando los cristianos tomaron en serio el Sermón del Monte y se enfrentaron a sí mismos a la luz de su enseñanza.



    Cuando el mundo ve a la persona que es verdaderamente cristiana, no sólo se siente condenado, sino también atraído, arrastrado. Estudiemos con cuidado este Sermón que apunta a mostrarnos lo que deberíamos ser, lo que podemos llegar a ser. Porque no sólo presenta lo que nos exige; señala dónde está la fuente de poder. Dios nos dé gracia para examinar el Sermón del Monte con seriedad y sinceridad y en oración hasta que nos convirtamos en ejemplos vivos del mismo, de su gloriosa enseñanza.”



    En los umbrales de este año, pidamos a Dios que nos permita ver a la nueva criatura que Él está haciendo en nosotros; para aprender a ser en Cristo, y abandonar cualquier otra opción de vida. Siempre dándole gracias porque sea Él quien en nosotros “produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (11) Amén.



     



    Notas



    01. “Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?... Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Sí, y ved aquí el grande obstáculo, porque el considerar que sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga. ¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios? Cuando el que esto sufre, pudiera procurar su quietud con solo un puñal. ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte (aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan; antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta previsión nos hace a todos cobardes, así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia, las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos. Pero... ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones.” Traducido de ‘Hamlet’, por William Shakespeare (1564 – 1616), soliloquio de la primera escena del tercer acto.



    02. Médico, pastor y predicador galés (1899 – 1981); autor de numerosas obras de enorme influencia evangélica.



    03. Mateo 5:1.



    04. Ibíd 5:13,14.



    05. Lucas 17:21.



    06. Mateo 6:14,15; Marcos 11:26.



    07. Mateo 18:23-35.



    08. Ibíd. 7:23.



    09. Tito 2:14.



    10. Mateo 5:6.



    11. Filipenses 2:13.



    Importante: las citas bíblicas, comentarios y énfasis son del autor de esta nota.


     

     





     
     
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