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    ¿‘Yo te bendigo’ o ‘Dios te bendiga’?

    Una extraña costumbre que nos debe preocupar.

    BENE STUDERE AUTOR Juan Stam 29 DE ENERO DE 2017 21:00 h
    campo lavanda, arbol flores

    En los últimos años, amplios sectores de la comunidad evangélica vive pasando de una novedad sensacional a la siguiente, como un borracho que anda a caballo, al decir de Martín Lutero. Entre esas modas recientes está la costumbre de decir "Yo te bendigo" en vez del tradicional "Dios te bendiga".



    Aunque eso ya es muy común, y no dudo de la sinceridad y buena voluntad de las personas que me lo dicen, tengo que confesar que me entran dudas cada vez que alguien proclama esa solemne bendición sobre mi existencia. Me pregunto exactamente qué puede significar, o qué estará pensando esa persona. ¿Será simplemente una versión evangélica de "Buena Suerte"? Para ser sincero, esa invocación solemne no parece haber traído ningún beneficio concreto en mi vida (que de por sí es maravillosamente bendecida por Dios). Me cuesta tomar con seriedad una bendición puramente verbal y formal, por un desconocido o una desconocida que pronto se olvidará de mí y desaparecerá de mi vida, como yo de la vida suya.



    Me confunde aún más el otro lado de este nuevo fenómeno, y es que el flamante "Yo te bendigo en el nombre del Señor" ha desplazado casi totalmente la invocación de la bendición divina. Ya se oye muy poco "Dios te bendiga", y algunos hasta lo entienden como una falta de fe, una timidez en asumir la autoridad que Dios ha puesto en las manos nuestras y por ende ya no en las manos de él.



    Parece que esta "renovación" nace de una enseñanza que nos trajo el famoso pastor coreano, Yonggi Cho. Yo mismo escuché su sermón en Costa Rica cuando nos explicó que si Cristo nos ha entregado las llaves del cielo a nosotros, entonces ya no las tiene él. ¿Podría haber algo más obvio que eso? Después de su sermón, el reverendo asiático dividió a todos los presentes según las provincias del país para ejercer el poder de las llaves sobre sus respectivos territorios y proclamar bendición sobre sus provincias. Después, unos pastores alquilaron una avioneta para echar aceite, en el nombre del Señor, sobre las ciudades y campos, montañas y valles, de todo el país. La fuerza mística de la "bendición" taumatúrgica, reforzada por la fuerza mística del aceite bendecido, debía asegurar avivamiento en nuestra patria y una notable transformación.



    De hecho Costa Rica cambió mucho después, pero de mal en peor en pésimo. Y aunque la nueva doctrina de Yonggi Cho es lógicamente irrefutable, no es bíblica y de hecho es peligrosa para la iglesia. Lo que Cristo comparte con nosotros, no lo pierde él. El sigue siendo Señor de la iglesia y de la historia; las llaves todavía están en sus manos. Inferencias doctrinales, aun cuando son lógicamente válidas, pueden llevarnos a herejías. Muchas enseñanzas de los Testigos de Jehová y los Mormones son rigurosamente lógicas, pero gravísimos errores doctrinales. Como escribí en un artículo anterior, sobre el púlpito evangélico, "los heréticos son muy lógicos, pero nada bíblicos. No toda inferencia lógica del texto es fiel al sentido de él y al mensaje que el Espíritu Santo inspiró".



    A menudo me pregunto, "¿En qué cree este hermano que él (o ella) me puede bendecir? ¿Qué autoridad cree tener para declararme bendecido?". Creo que no exagero al ver aquí un vestigio del catolicismo tradicional, entre las muchas cosas poco bíblicas del catolicismo que los evangélicos hoy vamos incorporando en nuestra práctica religiosa en vez de otras cosas buenas de ellos. Cuando alguien me pronuncia una bendición de ésas, me digo, "Sólo falta que me bendijera el santo padre en Roma". ¿Pero creemos los evangélicos en la fuerza espiritual de "una bendición papal"? Personalmente, y con todo respeto, no creo que el Papa ni nadie más me puede declarar bendecido; eso sólo Dios puede hacer. Lo que pasa es que entre los evangélicos, no creemos en el Papa pero muchos queremos ser pequeños "papitos" y repartir bendiciones papales.



    Me parece que el fenómeno bajo consideración es síntoma de un problema más general. El "cristianismo lite" de nuestra época ha acentuado al extremo el individualismo, y en muchos casos el egoísmo, que son típicos de nuestra sociedad moderna. Contra las palabras de Jesús, vamos a la iglesia para lo que nos puede servir a nosotros. Para parafrasear una consigna de John F. Kennedy, "No preguntes lo que la iglesia puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer para el reino de Dios". Hoy los líderes de la iglesia se aferran a sus títulos, y en muchos casos lucran con el evangelio. A menudo hay un culto a la personalidad del líder y admiramos más al ser humano por quien Dios actúa que a Dios mismo. Y en la mayoría de estos casos, son los mismos apóstoles, profetas, evangelistas, sanadores y conferencistas que cultivan celosamente este culto a su propia personalidad.



    En esa subcultura individualista los creyentes comunes y corrientes merecen también su cuota de auto-gratificación numinosa, su propia tajada de poder espiritual. No quiero juzgar mal, pero sospecho que el poder pronunciar bendiciones bajo su propia autoridad, con un "Yo te bendigo", da cierta satisfacción personal a estos hermanos y hermanas "bendecidores", que un humilde "Dios te bendiga" no ofrecería. Aunque no sean apóstoles ni profetas, ni predican ni cantan ni curan, por lo menos pueden andar repartiendo solemnes bendiciones a diestra y siniestra..



    El culto a la personalidad, esta religión de gratificación egoísta que permea nuestra comunidad evangélica hoy, es muy cuestionable bíblicamente. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, un "don de sanidad" es el acto de Dios de dar salud a un enfermo, no alguna fuerza supernatural de curación que poseyera algún ser humano. Hoy día, si Dios en su gracia sana a un enfermo, mañana el milagro aparece en televisión y el sanador es famoso. Parecido pasa con evangelistas, conferencistas y salmistas. La gloria y la honra van al agente humano y no al Actor divino que sanó y que bendijo. Me parece que algo parecido pasa con la nueva moda de "Yo te bendigo, hermano".



    Es muy aleccionador el ejemplo de Pedro y Juan en los Hechos 4. Después de la curación del cojo, con el hombre sanado agarrado de sus brazos, los apóstoles rechazan todo mérito por lo que había ocurrido. "Varones israelitas, ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?" (Hch 3:12). ¡No dirigen sus miradas hacia nosotros, decían Pedro y Juan; queremos desaparecer para que sólo se contemple el rostro de Cristo! Hoy día parece lo contrario, que algunos sanadores dicen en efecto, "Miren estas manos; estas manos tienen poder para sanar".



    En otro sentido, es cierto que todos debemos ser de bendición unos a otros. En su sentido bíblico, "bendición" significa vida, salud, bienestar (Dt 30:19-20). Las lluvias y los pozos, los buenos partos y buena lactancia (Gén 49:25) son bendiciones que sólo Dios puede dar, pero nosotros podemos colaborar con Dios en realizarlas. Dios prometió bendecir a Abraham para que él fuera de bendición a todas las familias de la tierra. Esa promesa introduce el tema central del libro de Génesis: ¿cómo ser de bendición a los demás? Abraham bendijo a Lot, y hasta a los reyes de Sodoma y Gomorra, no por pronunciar fórmulas sobre ellos sino por defender su bienestar integral. Igual con Isaac, Jacob y especialmente José. José cumplió a cabalidad la promesa a Abraham, reorganizando la economía de Egipto para defender la vida, no sólo de Egipto ni sólo de los hebreos, sino de todas las naciones vecinas.



    Amado hermano, amada hermana, si quieres bendecir al pobre, dale algo que le puede ayudar en su necesidad. Si quieres bendecir al enfermo, no añada a su sufrimiento con frases piadosas o fórmulas vacías, sino tomarle la mano y orar por su salud, su paz y su bienestar integral. Si quieres bendecir a un matrimonio en crisis, o con hijos drogadictos, acompáñalos en su dolor y lucha y busca maneras de ayudarlos. Si quieres bendecirme a mí, regálame tu sonrisa cálida y tu amor sincero, y ora por mí con un buen "Dios te bendiga, amado hermano".



    ¡Eso sí es una excelente manera de bendecirnos unos a otros!


     

     


    8
    COMENTARIOS

        Si quieres comentar o

     

    marco
    02/02/2017
    06:53 h
    8
     
    son las teologías de la prosperidad, del poder, de la declaración, de los apóstoles humanos contemporáneos, los pare de sufrir, por mencionar algunos que la Biblia la modifican eh interpretan con estas expresiones de TE BENDIGO,. el principio es otro si quiero bendecir es la acción de que estoy actuando por el prójimo, enfermo, pobre ,encarcelado, abandonado, hambriento. como es esta Bendicion
     

    JMA
    31/01/2017
    18:32 h
    7
     
    Creo que el cambio del "DIOS TE BENDIGA" a "TE BENDIGO", tiene que ver más con que "DIOS YA NOS BENDIJO, CON TODA BENDICIÓN". Si dices "DIOS TE BENDIGA", muchos dicen que expresas que ÉL no está bendiciend, y sería decir una expresión religiosa de algo que ya DIOS hizo. Santiago 3:10 dice "De la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así". Con lo cual expresa que de nuestra boca sale Bendición o maldición, para nosotros y para otros. DIOS TE SIGA BENDICIENDO
     

    Alfonso Chíncaro (Perú)
    31/01/2017
    15:21 h
    6
     
    Gracias por la advertencia. Hay episodios en la biblia en que una persona bendice a otra (Jacob a Esaú, por ejemplo) y también están escritas palabras como "bendito seas..." (y otras cosas muy aparte son las bendiciones dadas por inspiración profética), pero nada parecido a la terrible distorsión señalada por Juan Stam. Bien. Bendiciones.
     

    charly
    31/01/2017
    02:22 h
    5
     
    Verdaderamente sólo Dios puede bendecir, porque de El son el poder, el Reino y la Vida Eterna. A veces nos salimos del camino y creemos que nosotros somos los que bendecimos. Hay que estar alertas para tener los pies sobre la tierra y no desviarnos por más deseos que tengamos.
     

    benjamin
    30/01/2017
    23:53 h
    4
     
    Es claro que Dios no bendice, incluso sin merecerlo (hace salir su sol y deja caer su lluvia sobre justos e injustos). Entiendo la preocupación por los abusos que se han mencionado. Creo que los cristianos también bendicen con hechos (e.g. dan de comer). Pero igualmente hay espacio para "bien decir" a los demás. Sobre todo en ahora donde las "maldiciones" abundan. Los sacerdotes bendecían al pueblo. Los padres a sus hijos. Que los abusos de unos no impidan que bendigamos con nuestras palabras
     

    jcofer23
    30/01/2017
    17:39 h
    3
     
    Dios te bendiga hermano!
     

    Óscar Margenet Nadal
    30/01/2017
    14:23 h
    2
     
    Amado Juan; como siempre, muchas gracias por tus sabios consejos corrigiendo modas antibíblicas con amabilidad, paciencia y hasta buen humor. Es obvio que los 'exitosos predicadores' que las inculcan ignoran que el AT nos insta 15 veces a 'bendecir' solo a nuestro Dios y su Nombre; y que Jesús nos enseña a bendecir y orar solo a los que nos maldicen y persiguen (Mateo 5:44; Lucas 6:28) y Pablo en Romanos 12:14 lo afirma. ¡Preocupémonos si así somos 'bendecidos' por otros! Un fuerte abrazo.
     

    TeoGraduado
    30/01/2017
    10:03 h
    1
     
    Brillante
     



     
     
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