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    Josafat y los misiles dirigidos por radar

    Un estudio novelado de I Reyes 22 y I Crónicas 18..

    AHONDAR Y DISCERNIR AUTOR Roberto Estévez 01 DE ENERO DE 2017 08:40 h
    ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramoth de Galaad?, le pregunta el rey Acab a Josafat./ Free Bible images

    - ¡Viva el rey de Judá, viva el rey Josafat., viva!



    Todos levantan las copas rebosantes del mejor vino de Israel.



    -  ¡Viva el rey de Israel repite el rey de Judá! todos levantan sus copas y dicen ¡viva!



    Todo había empezado con una boda real.



    El príncipe heredero de Judá se casó con la princesa del reino vecino de Israel.. Por ahora parece una novela romántica. A esto sigue un visita oficial del rey de Judá al de Israel . Acab ( rey del “reino de Israel) hace una gran fiesta en honor a su consuegro Josafat (rey de Judá)). Lo que éste no sabe es que “la cuenta de la fiesta” la va a pagar él con creces.



    En el medio de las festividades el rey impío del norte le hace una sugerencia al Rey Josafat. Este cae en la trampa que le va a poner en tremendas dificultades. Para mí es fascinante en esta historia el ver como los acontecimientos se suceden en una forma casi imposible de detener. Un hecho trae como resultado otro como si fuera en cascada.



    Brindis vienen y brindis van. El rey Acab está inusualmente simpático. Normalmente no es una persona extrovertida pero varias copas grandes de vino han producido su efecto. Jonatán, que normalmente no bebe, no ha tenido “más remedio” que acompañarlo en todos esos brindis reales. De pronto el rey Acab se dirige a sus invitados y dice de una manera espontánea y como si no lo hubiera pensado antes :



    -  ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria?



    Uno a uno, los presentes a la fiesta responden como si lo hubieran aprendido de memoria:



    -  Por supuesto Majestad , Ramot de Galad es nuestra.



    El rey Acab dirige sus ojos penetrantes e inquisidores a Josafat, y le pregunta



    -  ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramoth de Galaad?



    Todos los cortesanos lo están mirando. Josafat ha sido tomado medio de sorpresa y se da cuenta que está en una situación comprometida, pero en vez de retroceder cede y dice:



    -  Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo y mis caballos como tus caballos.



    De inmediato se da cuenta que ha cometido un error. Su conciencia lo ha tocado; sabe que esas palabras que ha pronunciado no son ciertas. Él era un hombre temeroso de Dios. Acab era un impío.



    El pueblo de Judá aunque imperfecto, había tenido avivamientos y muchos buscaban al Señor. La mayoría del pueblo de Israel se había dado a la idolatría y muy pocos buscaban al Señor. Lo único que tenían en común eran los caballos.



    Cuando dos personas lo unico que comparten son caballos las cosas no van a marchar bien (2 Cor. 6:15). Tras aquella profesión de Josafat se oye un gran aplauso. Muchos gritan:



    -  ¡Viva el rey Josafat, viva el rey!



    Josafat teme que ha caído en una trampa, y ahora, que ya se ha comprometido, pide la dirección de Jehová. ¡Qué fácil es tratar de ser religiosos y buscar la dirección de Dios cuando ya nos hemos decidido a seguir un cierto curso! Josafat dice:



    -  Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová.



    -  ¡Por supuesto! - responde Acab - ¡Faltaba más! Aquí tenemos nada menos que cuatrocientos profetas.



    Ya los tenía preparado suponiendo que pudieran ser llamados.



    Convocados de inmediato son traídos ante el trono improvisado para ambos reyes. Algunos tienen aspecto de religiosos. Otros son maduros, pero la mayoría parecen ser bastante jóvenes.



    Acab coloca en línea a los cuatrocientos profetas de veinte al frente con veinte hileras . El espectáculo es realmente muy interesante. Probablemente Josafat nunca había visto tantos profetas “de Jehová” en su vida y menos reunidos de esa manera. Los “profetas” allí parados parecían que venían como de una fábrica embotelladora. Acab se para y con voz fuerte dice :



    -  Iré a la guerra contra Ramot de Galaad o la dejaré?



    Los profetas responden al unísono como si fuera el coro de los niños cantores de Viena:



    -  Sube. Porque Jehová la entregará en mano del rey.



    Todos repiten la frase como si la hubieran aprendido de memoria. Quizás lo hicieron. Josafat los escucha hablar de Jehová pero hay algo que “no huele bien” (Gal.2:6).



    No tienen el aspecto de los profetas de Jehová que él conoce. Algunos se parecen a los aficionados a las carreras de carros.



    -  ¿Qué haré? - se pregunta a sí mismo Josafat al darse cuenta del embrollo en que se ha metido. Su corazón le dice que hay algo mal en este coro en que todos están de acuerdo que el éxito va a ser perfecto.



    -  Perdone su alteza - dice Josafat - Realmente aprecio la opinión de todos sus cuatrocientos profetas. Pero para estar absolutamente seguros ¿hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?



    El rey Acab responde:



    -  Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla, mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal.



    -  A mi me agrada la gente positiva - dice Acab. Me gusta la gente que mira al futuro en forma optimista. Pero no se preocupe, de todas maneras vamos a llamar a Micaías.



    Entretanto Acab hace una seña y aparece Sedequías. Este hombre es el principal de los profetas falsos del rey Acab. Está disfrazado de “hombre toro”. Se ha puesto dos cuernos de hierro. Cuando aparece hace unas maniobras caricaturescas de las que hacen los toros en las corridas. Un fuerte aplauso se escucha desde las gradas.



    - ¡Otra, otra! - Sedequias el profeta del optimismo hace otras piruetas mostrando sus habilidades teatrales. Es probable que para hacer su drama más obvio consiguió un payaso voluntario que representaba al rey asirio y cada vez que le daba una embestida el payaso gritaba y se tomaba sus traseros con las dos manos. El entusiasmo general era enorme. Había aplausos, vivas y algún que otro aleluya. Mientras tanto el oficial va en busca del profeta Micaías.



    - Por favor, señor profeta, sea “positivo” como los otros profetas, díga lo mismo que los otros, así el rey se queda contento y le va a dar un lindo obsequio.



    El Micaías mira al sirviente con tristeza. Piensa cómo es posible que haya tanto desparpajo para indicarle al profeta de Dios lo que tiene que decir. Micaías responde y dice:



    - Vive Jehová que lo que Jehová me ha hablado eso diré.



    Al entrar Micaías el rey Acab le hace la misma pregunta “¿iremos a pelear…o la dejaremos”. Se hace un silencio. El hombre de Dios responde: “”Sube y serás prosperado, y Jehová la entregará en manos del rey”. Ahora el silencio es sepulcral. Micaías ha dicho lo que todos querían escuchar. Las palabras son exactamente iguales que las que los falsos profetas pronunciaron.



    Pero la diferencia estaba en el tonillo de la voz; no era el tono de aquel que dice algo con certidumbre sino de quien habla con ironía. El rey se encoleriza. Su voz se hace fuerte y áspera: “¿No te he dicho que me digas la verdad?”.



    Micaías ahora cambia la inflexión de su voz. No es más con sorna. Ahora habla con seriedad y autoridad. “Entonces el dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes y como ovejas que no tienen pastor y Jehová dijo: Estos no tienen señor, vuélvase cada uno a la casa de su señor”. Micaías ha sido fiel ha su Señor.



    En los versos siguientes explica la visión que ha recibido. Ha tenido una revelación en la que ve a Jehová sentado en su trono y todo el ejército de los cielos junto a él, a su derecha y a su izquierda.



    La explicación del hecho que los cuatrocientos profetas están todos de acuerdo y sin embargo todos equivocados está en el versículo 23 “Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas y Jehová ha decretado el mal acerca de tí”. Micaías ha terminado su profecía.



    Sedequías, el caudillo de los Optimistas Sin Fundamento, se le acerca y le golpea en la mejilla. El impacto del tremendo bofetón le hace girar la cabeza (Mat.26:67). Indignado, el falso profeta pregunta:



    - ¿Por donde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a tí? ¿Creía acaso Sedequias que él tenía el Espíritu de Dios? Si así no lo fuera, no sería más que otro de los que creen que pertenecen al Señor y no lo son (Mat.7:22,23).



    Entonces el rey de Israel dijo: toma a Micaías y llévalo a Amón gobernador de la ciudad y dirás: Así ha dicho el rey, echad a éste en la cárcel y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción hasta que yo vuelva en paz”. Josafat se ha mantenido impasible al ver al siervo de Dios como era golpeado. Ahora, al ser encarcelado injustamente permanece sin decir nada.



    Esa noche a Josafat le cuesta dormir. Su conciencia le está remordiendo. ¿Por qué no defendió al profeta de Dios? ¿Por qué no dijo nada cuando fue golpeado? ¿Y si Micaías estuviera en lo cierto? Pero se dice a si mismo: Hay cuatrocientos profetas que se llaman a si mismos de Jehová que dicen que vamos a vencer.



    El espectáculo de los soldados arrastrando con crueldad al profeta no lo puede olvidar. El silencio del varón de Dios le inquieta la conciencia.



    Una y otra vez Josafat se pregunta y dice: ¿Por qué vine a verlo? ¿Por qué me comprometí a ir a la batalla? ¿Por qué me callé y no defendí al varón de Dios’?



    Unos meses después vuelve Josafat con su ejército. La duda le sigue persiguiendo. ¿Y qué si Micaías esta acertado?. El día señalado los dos reyes con sus ejércitos se dirigen al campo de batalla.



    Micaías está allí en la cárcel. Pan y agua es su alimento. Su calabozo es obscuro e insano. El lo soporta con paciencia porque sabe que el ser fiel al Señor a veces trae sufrimiento y dificultades. Sedequías mientras tanto, le saca lustre a los cuernos de hierro para lucirlos nuevamente en los festejos de la esperada victoria.



    Cuando los ejércitos ya están prontos para entrar en batalla, Acab tiene una idea:



    - Hermano Josafat - le dice - para estar bien seguros que no me pase nada en el caso muy improbable que esta profecía de Micaías sea verdad, me voy a disfrazar de soldado raso.



    - ¡Me parece muy bien! - dice Josafat - De esa manera nadie lo va a reconocer.



    - También voy a ponerme esa armadura impenetrable que compré el año pasado. Me aseguran que es absolutamente a prueba de toda clase de flechas y aún de lanzas. Me costó mucho oro pero vale la pena.



    - Bueno, quizás - dice Josafat - si Ud. se va a disfrazar yo también tendría que hacer lo mismo. No es que tenga miedo, pero por razones de “seguridad de estado”.



    - ¡De ninguna manera! - le dice Acab – Ud. tiene que permanecer con sus ropas reales para que sus tropas se animen. Ud. tiene que ser un ejemplo de valentía y no usar ninguna armadura.Y dándose media vuelta Acab se restregó las manos diciendo para sus adentros: Así no solamente preservaré mi vida sino que si algo le llega a pasar al bueno de Josafat mi hija sera reina en Judá.



    Josafat no sabe que hacer. Allí están los capitanes de los dos ejércitos. El no quiere aparentar que tiene miedo. Pero se da cuenta que ha caído en una trampa que le ha tendido nadie menos que su consuegro. Los dos reyes se separan y entran al campo de batalla. El rey de Siria ha dado la orden de concentrar la lucha contra el rey de Israel.



    Al comenzar las acciones Josafat se da cuenta del tremendo error cometido. Parecería que todos los carros de guerra convergen hacia él. Su custodia personal apenas puede lograr que el enemigo se acerque peligrosamente.



    - ¡Corre a la derecha! - le grita al que conduce el carro.



    El enemigo se está acercando cada vez más.



    - ¡Dobla a la izquierda! - le dice al darse cuenta que más tropas enemigas vienen por el otro lado. Josafat está desesperado.



    - ¡Da media vuelta y huyamos! - grita desesperado al ver cada vez más cerca los rostros feroces de los soldados enemigos. Desde una distancia, sobre una colina, Acab observa la escena y se ríe para sí:



    - ¡Qué bien que estuve en haberme disfrazado! Este pobre Josafat es un tonto, se quedó con sus vestiduras reales y su carro se destaca en el campo. Se le reconoce fácilmente a la distancia.



    A todo esto, Josafat ya no puede escapar.



    - ¡Ja, ja - dice Acab -vaya de la que me libré!



    El rey de Judá está completamente rodeado. “Josafat clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó de él” .(2 Cron.18:31)



    Creo que dijo algo así como :



    - De esta sí que no me salvo. Yo no soy el que Uds. creen que soy. Yo no soy el rey de Israel. “Pues viendo los capitanes de los carros que no era el rey de Israel desistieron de acosarle”.



    . Allí a lo lejos Acab todavía se jactaba del éxito de su estratagema.



    -  Con estas ropas comunes y con este carro sin escudos y emblemas nadie sabe quien soy. Aparte de esto tengo esta armadura a prueba de todo.



    A cierta distancia un arquero enemigo prepara su arco. Siente el impulso irresistible de tirar una saeta al espacio. Con toda la fuerza de sus robustos brazos prepara el arco y cuando está tenso al máximo suelta la cuerda.



    Lo que este soldado no sabe es que Dios va a dirigir esa flecha; que esa saeta que tira al azar lleva un propósito de juicio inexorable. Muchas veces me he imaginado esa flecha. Principia a subir y se pierde de vista y luego comienza a bajar. Parecería como que tuviera voluntad propia.



    Empieza a descender, y de pronto, en la mitad de la caída, se endereza y toma un ángulo oblicuo. Se comporta - como diríamos en nuestros días - como un misil dirigido por un sistema de radar , rayos laser y sofisticada computarización.



    De pronto la risa burlona de Acab se interrumpe. Una tremenda mueca aparece en su rostro.



    - ¿Qué sucede, mi rey? - dice el cochero.



    - ¡Estoy herido exclama el rey!



    - ¡ No puede ser! No hay soldados enemigos por aquí. Todos están bastante lejos.



    -  ¡Estoy herido repite el rey!



    Se da cuenta que el carro de guerra no puede salir del campo de batalla.“Arreció la batalla aquel día” (2a.Cro. 18:34). El rey se mantiene en pie, al principio, y trata de animar a sus tropas. Está rodeado por todas partes.



    Trata de parar la hemorragia y no puede. Lentamente el chorro de sangre va cubriendo el piso del carro de guerra. Ahora el rey no resiste más parado. Intenta mantenerse sentado y erguido como demostrando que todavía controla la situación.



    El sol comienza a descender sobre el sangriento horizonte. La voz de Acab se va atenuando hasta que un golpe estremece el carro. El rey con su coraza ha caído al suelo enrojecido de ese carro de donde jamás se va a levantar.



    “Y murió al ponerse el sol”. El disfraz no le sirvió. La coraza no lo protegió y la profecía se cumplió al pie de la letra. “y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre…conforme a la palabra que Jehová había hablado”.



    Los términos son muy serios. El rey que “se había vendido a hacer lo malo” y que había derramado la sangre inocente del creyente Nabot(I Rey.21:20) ha sido juzgado (Gal.6:7).



    Esa noche luego de la batalla Josafat no puede dormir. Vienen a su mente las imágenes de la boda real, de la fiesta que le hizo Acab, de los cuatrocientos sacerdotes optimistas pero equivocados.



    Piensa en el “pobre” Micaías siendo arrastrado en forma brutal a la cárcel por ser fiel a Dios. No puede olvidarse de las escenas de muerte en el campo de batalla.



    Recuerda los carros y los capitanes apuntando sus flechas y lanzas hacia él. A veces, se toca para darse cuenta que realmente está vivo. Es que estuvo tan cerca de la muerte que no puede creer que se salvó



    Josafat sabe que Dios no está contento con lo que él ha hecho. El Señor en su misericordia le escuchó y le salvó pero las cuentas no están todavía arregladas. Antes de llegar a Jerusalén le sale al encuentro el vidente Jehú quien le da un mensaje del Señor:



    - ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? (2 Cor. 6:14)



    Josafat ha aprendido mucho con esta experiencia. Sabe que el SEÑOR es misericordioso y oye la oración del creyente. Suponemos que Micaías recobra su libertad.



     



    Comentario



    El primer hecho sobrenatural que podemos mencionar es la profecía de Micaías que se va a cumplir exactamente. El rey muere en la batalla y el pueblo se dispersa.



    El segundo, es la visión del Señor en su trono. Notamos que aquí no se hace referencia en cuanto a las caracteristícas del trono, como lo han hecho otros, sino a un aspecto de su funcionamiento. Sí se menciona, que todos los ejércitos de los cielos estaban a su derecha y a su izquierda.



    La pregunta que Jehová formula “¿Quién inducirá a Acab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?” es una figura de lenguaje. Se tiene en vista una corte oriental y se utilizan términos de acuerdo a esto. Por supuesto que Jehová no necesita preguntarle a sus súbditos qué es lo mejor que puede hacer.



    Jamiesson nos dice :“De la misma manera que los príncipes terrenales no hacen nada sin obtener el parecer de sus consejeros, Dios está representado como consultando en cuanto al destino de Acab. Este lenguaje profético no debe ser interpretado literalmente, y el mandato debe ser visto como solamente un permiso para el espíritu mentiroso (Rom.11:34) (Calomet)”.



    La frase “ve pues y hazlo así” (v. 22) se puede interpretar como “Yo no voy a impedir que tú los tientes, ni le voy a dar la gracia para que puedan resistir la tentación, por lo tanto puedes estar seguro de tú éxito” (Mathew Poole)



    Micaías va desde una visión del trono de Dios a una mazmorra inmunda. Pero él sabe que vale la pena ser fiel al SEÑOR



    En tercer lugar, el “salvataje de Josafat” también es un hecho extraordinario.. No se nos dan detalles pero se nos dice claramente que Jehová lo ayudó. Ignoramos en qué forma especial lo hizo. Sabemos que los capitanes enemigos pudieron reconocer que Josafat no era el enemigo que ellos estaban buscando.



    Cuarto, la flecha dirigida que llega a su blanco es un hecho también admirable. La posibilidad que un dardo pudiera penetrar la armadura era mínima. De la misma manera que la piedra de la honda de David halló su “blanco” el yelmo de Goliat no sirvió (1 Sam. 17:50) así sucedió con esta saeta.



    Durante la guerra del Golfo Pérsico vimos fotografías en las que misiles dirigidos por sistemas de radar y rayos laser podrían entrar con toda precisión por la ventana de un edificio. Aquí la flecha encuentra su objetivo por un intersticio en la armadura



    Sólo un arquero tiró la flecha al “azar”. Dios no necesita cien arqueros para lograr sus propósitos



    Quinto: Tiene que ver con la limpieza del carro de Acab luego de su muerte. Esta parte de la profecía es muy gráfica y la leemos con temor reverencial. La sentencia de que en el mismo lugar que se derramó la sangre del justo Nabot va a ser derramada la sangre del injusto Acab se cumple fielmente(I Rey.21:19) .



    Los perros lamiendo la sangre del rey es una imagen cruenta y solemne que Dios en su justicia infinita ha decidido vengar la muerte de su fiel siervo Nabot.



    El V. 23 es difícil: “ Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas”. Por supuesto que el Señor no crea el mal. El concepto aquí es que el Señor ha permitido que esos profetas profeticen de acuerdo a sus propios deseos malvados. “Dios puso espíritu de mentira” es una manera de decir que no estorbó que esto sucediera. Algo similar va a suceder en relación al Anticristo cuando leemos que “Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” (2 Tes. 2: 11)



    Dios en su misericordia salvó al Rey de Judá de sus enemigos. Josafat hubiera evitado este desastre y el peligro de muerte que tuvo tan cerca si no se hubiera en “el círculo de Acab”: relacionarse por parentesco, la visita, la cooperación y el comprometerse en una guerra que no le correspondía. Tampoco consultó a Dios en tal aventura bélica.



    El creyente que se aparta de la comunión con el Señor y de los hermanos, muchas veces lo hace de una manera progresiva, descendiendo por pequeños escalones. Josafat no se dió cuenta hasta el fin de como un paso lo llevó a otro y así estuvo muy cerca de la catástrofe.



    Nosotros hacemos muchas veces lo mismo. Nos metemos en peligros y en situaciones desesperadas y luego clamamos a Dios. El Señor en su gracia muchas veces nos ayuda y saca, pero a veces quedan cicatrices muy profundas.



    Había 32 capitanes con sus soldados tras al rey. “No peleéis ni con chico ni con grande, sino sólo contra el rey de Israel.”(2 Cron.18:30).



    En esa época en la que solamente existían efigies grabadas o pintadas la mayoría de los soldados no podrían reconocer a ninguno de los reyes.



    Algunos de los disfraces en las Escrituras son interesantes:




    • El rey Saúl lo hizo cuando fue a visitar a la pitonisa de Endor (I Sam. 28.8)

    • La impía esposa de Jeroboam también fue descubierta. (I Rey. 14:5)

    • Los que se disfrazan como apóstoles de Cristo y no lo son (2 Cor. 11:13)

    • El mismo Satanás “que se disfraza como ángel de luz” (2 Cor.11:14)



    Temas a considerar:



    1) Relaciones peligrosas



    2) El apurarse en las decisiones.



    3) Micaías como ejemplo del creyente sufriendo por causa de su fidelidad al SEÑOR



    4) Discutir el ciclo de Josafat: casamiento, fiesta, compromiso, un gran proyecto militar sin la bendición del SEÑOR



    5) El juicio del rey impío Acab, y el juicio inexorable de Dios sobre los impíos.



    6) La misericordia de Dios hacia Josafat.



     



    Preguntas para grupos de estudio:



    ¿Pueden cuatrocientos estar equivocados y uno en lo recto?



    ¿Qué tendría que haber dicho Josafat cuando Acab lo invita a ir a la guerra?



    ¿Qué aprendemos en cuanto a los disfraces’?



     



    Referencias



    Jamieson, Fausset / Brown. Comentary pag. 268 Zondervan. Mathew Poole Vol 1 pag 713. Hendrickson.



     



    Tomado del libro: Cuando Dios hace maravillas  Autor: Dr. Roberto Estévez Editorial Mundo Hispano - Casa Bautista de Publicaciones



     


     

     


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