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    Depresión después de la victoria

    Un estudio novelado del relato de 1Reyes 19:1-6.

    AHONDAR Y DISCERNIR AUTOR Roberto Estévez 22 DE OCTUBRE DE 2016 21:45 h
    Elias después de la victoria

    Por uno de los tantos caminos polvorientos de Israel iba un hombre caminando. El insoportable sol lo quemaba. Parecía que cada paso lo daba con un esfuerzo tremendo. Su rostro denotaba una complejidad de sensaciones.



    Era el semblante de un hombre recio, determinado. Pero esa huída y ese caminar sin fin por los senderos inhóspitos estaba tomando su tributo.



    - No puedo más – dice - Me doy por vencido, me rindo, nadie me comprende, todos están contra mí, nadie está a mi lado. Sus ojos ahora no miraban hacia arriba ni siquiera en forma horizontal hacia ese panorama monótono y que parecía interminable. Ahora su mirada estaba dirigida al suelo. Por último encuentra un arbusto y allí se echa, toma un poco de esa agua de su improvisada cantimplora y se desploma porque siente que no puede avanzar más.



    ¡Quién iba a decir que ese caminante, que parecía uno más de esos tantos nómades que cruzan los desiertos era nada más ni menos que un hombre que hace unos pocos días había obtenido una tremenda victoria!



    En 1Reyes 18 tenemos el triunfo contundente del profeta Elías contra los profetas de Baal.



    Un total de 450 falsos profetas han sido exterminados. Es en esa oportunidad que se pronuncia la famosa frase “El Dios que responda por fuego; ¡ése sea Dios!” (18:24)



    El versículo 1 nos dice: “Acab informó a Jezabel de todo lo que Elías había hecho y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías diciendo: “¡Así me hagan los dioses y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he hecho con tu vida como la vida de uno de ellos!”. El mensajero viene y le comunica a Elías el mensaje de la reina.



    En pocas palabras le está diciendo: - Te voy a mandar a matar a espada de la misma manera que tú has hecho con mis profetas de Baal. Y todos sabían que la reina Jezabel cuando hablaba lo hacía en serio.



    El profeta de Dios que no tuvo miedo cuando enfrentó a cientos de enemigos, ahora tiene pavor de esta reina impía. V.3: “Entonces él tuvo miedo, y se levantó y huyó para salvar su vida.



    Así llegó a Beerseba, que pertenece a Judá.” Muchos comentaristas recalcan el hecho que hubiera sido muy importante que Elías se hubiera quedado allí. Argumentan que cuando hay una revolución espiritual, un avivamiento como el que tendría que haber ocurrido luego que “fuego cayó del cielo” hubiera muy importante que él permaneciera en el mismo lugar.



    Quizás, razonan, hasta el mismo rey Acab hubiera cambiado su posición. Pero la realidad es que ni Acab ni Jezabel se convirtieron por el milagro del fuego del cielo. Sin duda que habrán tenido una explicación “científica”. Como médico me acerco a esta historia con respeto y seriedad.



    Dios nos permite ver la intimidad del alma de un hombre que ha pasado por grandes pruebas y sufrimiento. Muchos lo consideraban fuerte, severo, quizás demasiado duro. Pero no era un hombre a “prueba de balas”.



    ¡Qué fácil es para nosotros decir que Elías no tuvo “el indomable espíritu de mártir”! Pero, ¿acaso tú o yo tenemos ese “espíritu de mártir”?



    Por supuesto que la fe le menguó. Pero probablemente nosotros no hubiésemos sido distintos.



     



    Leemos en los vs. 3 y 4 “Dejó allí su criado, y él se fue un día de camino por el desierto. Luego vino, se sentó debajo de un arbusto de retama y ansiando morirse dijo:



    - ¡Basta ya, oh Jehovah! ¡Quítame la vida, porque yo no soy mejor que mis padres!” ¿Por qué tuvo miedo? En otras versiones (RV 1960) leemos “y viendo el peligro”.



    Observen la táctica de guerra sicológica que Jezabel utiliza. La reina podría haber enviado varios soldados para matarlo. Aparentemente esto no hubiera sido muy difícil. Pero, ¿cómo evitar un gran tumulto? Después de todo, el pueblo había visto que Dios le ha respondido a Elías enviando fuego del cielo.



    En vez de eso le manda al mensajero para prevenirlo: Mañana a esta hora te vamos a matar. ¡Cómo nos parecemos nosotros a Elías! ¡Qué fácil es después de una victoria, un triunfo, el haber logrado una meta que se deseaba por tan largo tiempo y cuando se llega allí en vez de tener un espíritu de agradecimiento y gozo, el cuervo gris de la depresión sicológica empieza a volar sobre nosotros! Los grandes militares de la historia como Napoleón y otros han hecho monumentos como los Arcos de Triunfo para celebrar sus victorias. Pero ningún general ha levantado el arco de la derrota a pesar de que todos tuvieron bastante de ellas también.



    Y de la misma manera nosotros edificamos monumentos a nuestras victorias ¡pero qué pocos nos acordamos para edificar recordatorios a nuestras derrotas! Un famoso ajedrecista le aconsejaba a sus estudiantes: - Estudien las partidas que han perdido, no las que han ganado. Las ganadas no les van a enseñar mucho.



    Pero de las perdidas extraerán mucha instrucción, para no repetir los mismos errores. Por el momento parecería que Jezabel va ganando y Elías huye. Ella puede jactarse que “aquel que hablaba tanto de Jehovah ha desertado,”desapareció”.



    ¡Qué fácil nos es ceder al miedo y temblar frente al peligro!



    Elías tuvo miedo:vio el peligro, pensó en el peligro, desayunó, almorzó y cenó con el peligro, y después se lo llevó a dormir con él. De alguna manera cuando Elías mira el peligro y tiene temor es como si una nube obscura se le interpone entre el y el SEÑOR en los cielos. Antes había dicho: “Vive el SENOR en cuya presencia estoy” (18:15). Ahora que ve el peligro tiene temor. Tiene pesadillas con el sitial de Jezabel y no puede ver a Dios en su trono.



    Alguien lo expresó en una oración: “Amado Salvador, dame una victoria completa sobre el miedo.



    El miedo de la enfermedad; el miedo de los accidentes; el miedo de la pobreza; el miedo de la persecución, el miedo del ridículo, el miedo de la soledad; el miedo de las pruebas; el miedo de la vejez; el miedo de todo lo que me puede suceder en la tierra; el miedo de la misma muerte, y el miedo del más allá” (Sidlow Baxter)



    Así que Elías se decide a huir. Un día de camino en el desierto sería entre 15 a treinta kilómetros. Si el terreno era muy dificultoso la distancia sería menor. Pero en aquellos tiempos esa distancia en el desierto haría prácticamente imposible encontrar la persona. Los vientos cubrirían fácilmente sus huellas.



    lías tuvo miedo y el resultado es que huyó y después se quiere morir. Sin duda que si realmente lo deseara, nada más fácil le hubiera sido que quedarse en el lugar donde estaba y la reina Jezabel lo hubiera muerto.



    Probablemente él habría visto los cuerpos troncados de aquellos profetas fieles que ella había asesinado. ¡Qué precioso es para nosotros el saber que no vamos a vivir un minuto más ni menos al que Dios determinó en su propósito y voluntad!



    Y ahora encontramos al profeta durmiendo debajo del árbol de retama (enebro).



    De pronto siente que alguien lo toca y una voz que le manda levantarse y comer(v.5). Observen cómo el SEÑOR actúa con su siervo que está deprimido. Nosotros le hubiéramos dado una larga sección de consejos sobre la importancia de no deprimirse.



    Pero el ángel no lo regaña sino que despertándole le ordena alimentarse. Para su sorpresa el vuelve su mirada y ve a su cabecera una “torta cocida sobre las brasas y una cantimplora de agua.”



    Tú y yo diríamos: - Señor, está bien que “a falta de pan buenas son tortas”, pero ya la viuda me tuvo comiendo tortas por más de un año ¡y me mantienes el mismo régimen! Elías se alimenta y se vuelve a dormir. Tene tanto sueño, que no puede mantener sus ojos abiertos. Está totalmente extenuado. No se nos dice si se sorprende que un ángel le ha traído la vianda y vuelve a dormirse. Pero nuevamente el enviado celestial le tocó y con esa voz clara y terminante le insiste:



    - Levántate, come, porque el camino es demasiado largo para ti. Otra traducción es “Porque largo camino te espera (RV 1960). No sabemos cuánto había comido la primera vez, pero ahora el ángel le está recomendando que coma bien por lo extenso de la jornada que tiene por delante.



    V.8: “Se levantó, comió y bebió. Luego, con las fuerzas de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el Monte de Dios”.



    Sin duda que la Agencia Espacial de la NASA estaría muy interesada en utilizar este tipo de comida y bebida. ¿Se imaginan la cantidad de espacio que se ahorrarían en las estaciones espaciales si pueden darle un plato de comida a los astronautas y que les alimente por cuarenta días? Con aquella comida Elías caminó cuarenta días. Dios es el único que puede darnos una “comida espiritual” que satisface.



    El hombre que un rato antes estaba tirado en el suelo, sin fuerza y sin aliento de pronto se levanta. Advierte que algo increíble le ha pasado adentro de su cuerpo.



    Percibe que no solamente ha recuperado sus fuerzas sino que está tan vigoroso como cuando tenía 20 años. El cansancio ha desaparecido y se siente como alguien que estando muy anémico recibe 3 o 4 transfusiones de sangre acompañadas por inyecciones de vitamina A hasta la Zeta.



    Comienza a caminar y a caminar. Aquí y allá encuentra un lugar donde descansar a la sombra de una roca o donde hay unos arbustos. ¿Qué pensará mientras camina por esa ruta interminable, con un paisaje tan monótono? Elevaciones de arena, montañas desoladas, rocas y el cielo azul que irrita con el resplandor sus ojos.



    Quizás piensa en las palabras de su contemporáneo el profeta Isaías: “Pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas, levantarán las alas como águilas. Correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” ( 40:31). No sabemos por qué se dirige a ese lugar.



    Durante esta larga caminata tiene suficiente tiempo para recapacitar en su vida. Sin duda las imágenes de su pasado están en su mente. Los ídolos paganos que ha levantado el pueblo de Israel le quebrantan su corazón. Su experiencias a solas con el Señor en el arroyo de Querit.



    El cuidado que Dios ha tenido con él, la crisis nacional debida a la sequía. La experiencia de la provisión de Dios en Sarepta; la enfermedad de ese niño y su lucha e intercesión. ¿Cómo olvidar ese milagro increíble?



    Las imágenes de los 450 sacerdotes falsos le siguen volviendo a su memoria. Y sigue ese largo camino hacia ese monte que en el día de hoy no sabemos exactamente donde está ubicado.



    Si fue el ángel del Señor el que le indicó que fuese allí lo ignoramos. Los Israelitas caminaron cuarenta años para llegar a la tierra prometida. Elías camina 40 días y llega al monte Horeb.



    Desde el monte Carmelo en línea recta a la península de Sinaí hay unos 600 kilómetros. Hacía cuarenta días que había llegado al punto donde creía que no podía ir un metro más.



    Pero cuando llega al monte Horeb no está cansado. Es después de esa experiencia en que siente que todo terminó y que se quiere morir que va a tener uno de los eventos más grandes de su vida. Solamente lo podrá comparar con el que tendrá mucho después con Jesucristo en el Monte de la Transfiguración.



    Es muy interesante cómo Dios obra para ayudar a su siervo que está tan deprimido. En primer lugar, le envía un ángel. Muchas veces Él nos manda un hermano para alentarnos.



    El ángel en vez de darle un discurso le ofrece una comida y agua para que pueda recobrar su fuerzas. El ángel lo vuelve a tocar y despertar. En la depresión la tendencia a dormir mucho es muy característica.



    Es bueno saber que el Señor se ocupa de cómo es nuestro camino. Y creo que esta es una de las enseñanzas de esta historia.



    A veces nosotros, como Elías, creemos que todo se acabó. Que no servimos. Que nunca podremos hacer lo que Dios quiere que hagamos. A veces sentimos como que no podemos más, y sin duda que las circunstancias nos pueden ser muy duras. Pero cuando Elías llega a ese momento Dios le va a mostrar varias cosas.



    Comienza por anticiparle que “le espera un largo camino”.



    Años atrás fui a visitar un paciente y amigo al hospital. Era un pastor a quien se le había diagnosticado un cáncer. Sentí en mi corazón compartir con él esta Escritura. “Levántate, come, porque el camino es demasiado largo para ti”. Cuando lo volví a ver al día siguiente me maravillé. El gozo resplandecía en su rostro.



    El Señor le había mostrado que a pesar de su enfermedad todo no estaba acabado. Siguió sirviendo al Señor por un buen número de años y siempre gozándose en su Salvador. La persona deprimida piensa que está en un túnel oscuro y sin salida. Que para él la vida no tiene nada más por delante.



    El Señor lo anima por su ángel al indicarle que no ha llegado al final de su camino sino que Dios después de todo tiene algo más para él.



    Pero hay otra interpretación a estas palabras “el camino que te espera es demasiado largo para ti”. Para mí esto es precioso. ¡El Señor en su trono se ocupa de cómo es nuestro camino! Muchas veces nuestro sendero es muy difícil. Hemos tenido muchos obstáculos y conflictos.



    Nos han atacado y nos han dejado heridos emocionalmente, como si fuesen los mismos malhechores que atacaron a aquel que socorrió el Buen Samaritano. Pero lo increíble es que el Señor sabe que el camino es demasiado largo. Es decir, Él sabe exactamente cuánto podemos soportar. Es por eso que las palabras del Apóstol son tan preciosas: “Dios no os dejará ser tentados más de lo que podéis soportar” (1Co.10:13)



    Los que son aficionados a la pesca saben que hay distintas clases de tanza (hilos o fibras de “nylon”) que pueden colocar en su caña. Algunos pueden aguantar el peso de un pez de 5 kilos. Otros uno de 20 o más kilos. ¡Qué consuelo es saber que Dios sabe exactamente cuánto mi cuerda puede aguantar y si está pronta para romperse podemos escuchar la dulce voz de nuestro Salvador diciendo: “Yo he rogado por ti que tu fe no falle” (Lc. 222:31)



    Le va a preguntar una y otra vez: - ¿Qué haces aquí Elías?



    Y le va a dar varias misiones que cumplir y volver por el “camino del desierto”. A todos nos disgusta y cuesta ese camino “del desierto”. El mismo Señor Jesucristo dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí tome su cruz y sígame”.



    ¡Qué paradójico es que aquel a quien querían matar y él mismo quería morir, no experimentara la muerte sino que subió al cielo en un carro de fuego!



    Debemos destacar que el SEÑOR nunca le reprochó a Elías por el hecho de tener temor (huir).



    Un hombre comienza el camino fatigado, triste y deprimido. Ahora tiene energía y ánimo. Pero, el tratamiento que Dios está haciendo no ha concluido. “El paciente está mucho mejor pero no está curado…”



     



    Causas de la depresión



    Nos preguntamos por qué Elías estuvo tan deprimido que se quería morir. Y las razones son múltiples.



    Si bien la depresión está muy a menudo asociada con fracasos, falta de trabajo, divorcio, fallecimientos también lo está con episodios que llamaríamos de “éxito”.



    Esa victoria contra los sacerdotes paganos le ha costado mucho en su vida emocional. El mira la situación alrededor y ve una decadencia espiritual tremenda. El pueblo se ha dado a la idolatría. Llamaríamos a estos los factores externos o ambientales. Luego tenemos factores internos como la sensación de soledad, aislamiento e incomprensión.



    Cuando le agregamos el cansancio físico y probablemente falta de alimentos nos damos cuenta que no se necesita “muchas gotas para desbordar al vaso”.



    Hasta este momento hemos visto que el SEÑOR utiliza varios elementos para ayudar a Elías. Primero, le envía un ángel; luego le da un alimento muy especial. Tercero, le muestra que hay más cosas para él en su vida y que hay un camino para seguir. El “tratamiento divino” va continuar en el Monte Horeb.



     



    Temas para grupos de estudio



    1)El propósito de Dios en nuestras vidas



    2)El fortalecimiento y la animación del Señor



    3)Causas de depresión y como evitarlas.



     



    Preguntas



    ¿Puede un creyente espiritual caer en la depresión?



    ¡Que factores externos e internos que influyen nos influyen se pueden ver en esta narración?



    ¿Que clase de alimentación espiritual tenemos?



     



    Tomado del Libro Cuando Dios hace Maravillas, DE Dr. Roberto Estévez Editorial Mundo Hispano Casa Bautista de Publicaciones


     

     


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