El humillante precio de la mentira

La corrupción y la mentira están íntimamente ligadas a la condición humana en su peor versión.

16 DE ABRIL DE 2016 · 19:22

José Manuel Soria.,José manuel soria
José Manuel Soria.

Una de las noticias políticas más llamativas en estos días ha sido la dimisión del ministro José Manuel Soria, en relación a su supuesta vinculación con diferentes empresas opacas (empresas 'offshore') que aparecen en los llamados “papeles de Panamá”, después de haberlo negado categóricamente en todos los medios. Una vez más se pone de manifiesto el constante uso de la mentira (además del fraude político que suponen estas maniobras de evasión fiscal) y especialmente por parte de un alto cargo del gobierno en funciones, como es el caso en cuestión.

Este demagógico cinismo y esta frivolidad tan apabullante, que manifiestan muchos de nuestros políticos, nos revelan que son muy pocos los que merecen nuestra confianza. La lista de mentirosos patológicos es casi interminable: banqueros de la cultura del pelotazo como el señor Conde, un ladrón de guante blanco que con una tremenda desfachatez nos quería dar lecciones de heroísmo financiero y político; y no hablemos de sindicalistas corruptos, políticos de derechas e izquierdas que han resultado ser ladrones a carta cabal, empresarios fraudulentos y un sinfín de cargos contaminados por la insaciable codicia de hurtar y saquear los bienes ajenos como son los impuestos y caudales públicos de los ciudadanos.

Uno puede llegar a imaginarse la inmensa cantidad de redes de blanqueo de dinero y las muchas componendas políticas y financieras que se deben de mover entre los bastidores del poder para enmascarar una gran cantidad de fechorías fiscales y económicas, de las que no nos llegamos a enterar en absoluto. Lo que estamos viendo y sabiendo apenas es la punta del iceberg de un vasto conglomerado de corrupciones y corruptelas más o menos encubiertas por esta enorme jauría de golfos a go-go que desgraciadamente tenemos en todas partes.

La corrupción y la mentira están íntimamente ligadas a la condición humana en su peor versión. La mentira es una práctica corrosiva en su pura esencia y lo alarmante de ello es que hemos llegado a socializarla en todos los campos de la actividad humana: la política, la economía, la publicidad, la educación y la cultura y también enotros muchos aspectos de las relaciones interpersonales que están contaminadas por este diabólico síndrome. 

Jesús declaró, en algún momento de su corta vida aquí en la tierra, que el padre y autor intelectual de la mentira es el mismo Diablo. Esta afirmación es totalmente creíble por su perversa influencia espiritual para la humanidad que, en muchos casos, ha sido devastadora. Prueba de ello es el genocidio nazi basado en la colosal mentira  respecto de la pretendida superioridad de la raza aria y su enfermizo desprecio hacia las consideradas clases inferiores que no merecían vivir, de ahí la aberrante abominación histórica del Holocausto de seis millones de judíos, gitanos, homosexuales y enfermos crónicos. Otras mentiras antropológicas, acerca del origen del ser humano y la identidad de género, se han elevado a categoría de verdades universales, dándoles carta de naturaleza por parte de los gobiernos en general. Mentiras que nos hacen creer como si fuesen verdades desde los centros de influencia social, que no cesan de adoctrinar a la opinión pública, pero que, más temprano que tarde, destruirán las mismas bases de nuestra civilización. 

Solo Jesús es la Verdad suprema de todas las cosas y la misma encarnación de la Verdad de Dios que puede librarnos de nuestras miserias humanas y del poder engañoso que seduce al mundo entero. Ha quedado más que demostrado para millones de personas que Jesucristo es el Camino a Dios, la Verdad  suprema y la Vida eterna que nos hace auténticamente libres de nuestras mentiras y multitud de pecados personales que esclavizan nuestras perturbadas almas.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - El Tren de la Vida - El humillante precio de la mentira