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Juan Simarro: La fe no puede ser pasiva

“Debemos defender la vida de tantos niños que viven en la infravida, o que mueren nada más nacer por falta de agua potable o de medicinas, por falta de alimentos”.
MUY PERSONAL AUTOR Jacqueline Alencar 12 DE OCTUBRE DE 2013

Los cristianos, arropados por los valores del Reino, deberíamos estar en la vanguardia aproximando el reino de Dios allí donde hay víctimas de los corruptos, de las estructuras económicas y políticas injustas

Hoy hablamos con Juan Simarro, licenciado en Filosofía, escritor y presidente de Misión Urbana de Madrid, sobre cómo debemos actuar las personas y las instituciones religiosas frente a las necesidades, a la injusticia, dolor, violencia, soledad..., que suceden en nuestro entorno y en otras latitudes del mundo que habitamos. Simarro tiene un blog en P+D, “De Par en Par”, donde escribe desde hace años. Su última serie de artículos tiene por título “Los Derechos Humanos, los Cristianos y los Pobres”.

Pregunta.- ¿Cómo describiría nuestra realidad de ahora?
Respuesta.-La realidad en la que se desenvuelven muchas familias es sumamente dura. Si nos fijamos en España y analizamos un poco la situación, vemos que es sumamente difícil. El desempleo se ceba en más de una cuarta parte de la población activa, niños a los que sus padres no pueden alimentar cayendo así en las oscuras sendas de las nuevas pobrezas, dificultades para muchos niños de acceder a los comedores escolares, a las becas para libros de texto. Muchos abuelos jubilados tienen que mantener a familias enteras con sus flacas pensiones que ya no se revalorizarán con el IPC, centros de ayuda social colapsados por la cantidad de familias en situación de dificultad social o en pobreza severa, pérdida de derechos sociales y laborales que quizás ya no se conseguirán nunca, desahucios, los copagos sanitarios que afectan a los más débiles, recortes en sanidad y en educación... La realidad social en que estamos inmersos en nuestro aquí y nuestro ahora es dura. No podemos mirar para otro lado dando la espalda al grito de los más afectados y de los que más sufren. Esto por no hablar de la pobreza en el mundo, un escándalo humano, un mundo regido por el dinero, por un pequeño grupo de ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Las grandes fortunas siguen campando a sus anchas. Los profetas del Antiguo Testamento no se callarían ante estas situaciones y gritarían a voz en cuello denunciando la injusticia. Jesús volvería a contar la parábola del rico necio y la del rico y Lázaro. El desigual reparto y el no compartir es la gran idolatría de nuestro tiempo.

P.- ¿Se habla de Derechos Humanos en la Biblia? A veces huimos de adherirnos a cualquier llamada para su defensa…
R.-La expresión Derechos Humanos no se usa en la Biblia porque es una expresión más de nuestros días, pero todos y cada uno de los Derechos de la Declaración Universal es defendida en la Biblia, tanto lo referente a los derechos civiles y de libertades, como los derechos económicos. Si fuéramos fieles a los valores bíblicos, el cumplimiento de los Derechos Humanos sería muy fácil para los cristianos. Los valores bíblicos y los valores del Reino que nos trajo Jesús tanto en las parábolas del Reino como en sus enseñanzas en general, van mucho más allá de lo reflejado en la Declaración Universal, pero contiene todos y cada uno de los Derechos Humanos allí reseñados. Llevo ya más de un año escribiendo en Protestante Digital sobre “Los Derechos Humanos, los Cristianos y los Pobres” y me ha sido muy fácil mantener un paralelismo bíblico con la Declaración Universal de los DDHH. Las enseñanzas de la Biblia son muy humanas, Jesús fue tremendamente humano. Ya en su declaración programática en la sinagoga según nos narra el Evangelio de Lucas en su capítulo 4, Jesús ya está defendiendo lo que podrían ser los Derechos Humanos y la dignidad de los pobres, defendiendo a los perseguidos, a los injustamente encarcelados y oprimidos. El hombre era para Jesús un lugar sagrado al que no se podía oprimir, ni empobrecer, ni robar, ni dejar tirado al lado del camino. Nos habla del prójimo al que hemos de amar como a nosotros mismos y en semejanza al amor con el que queremos amar a Dios. El cristiano no puede huir de su responsabilidad para con el prójimo porque peca, aunque sea con el pecado de omisión de la ayuda. No podemos huir del reto de los Derechos Humanos porque son derechos todos ellos avalados y defendidos por el texto bíblico.

P.- ¿Quiere decir entonces que los cristianos debemos pronunciarnos respecto a asuntos como los recortes en sanidad y educación, en las pensiones, la violencia doméstica o sobre los niños que van a la escuela sin probar bocado?
R.-Debemos pronunciarnos no sólo de palabra, sino asumiendo compromisos y estilos de vida que avalen nuestras palabras. Debemos denunciar a la vez que extendemos nuestras manos de ayuda. Es verdad que la palabra es muy importante, que la denuncia es básica, pero también las iglesias deben ir creando tejido social que ayude en situaciones de emergencia social. Los niños que van a la escuela sin probar bocado, que no pueden rendir por falta de energía por la escasez de alimentos, interpela a la iglesia como si esos niños nos estuvieran mirando con sus ojos abiertos y llenos de espanto. Es verdad que es difícil organizarse y actuar, pero al menos ahí debemos estar con nuestras bocas abiertas dispuestas a la denuncia y con nuestras manos tendidas a la ayuda. La evangelización tiene un componente de promoción humana que no debe olvidar. La evangelización es anuncio, denuncia y acción social evangelizadora. Lo malo es que en las estructuras sociopolíticas en que nos movemos, podemos quedar marcados como si estuviéramos trabajando desde políticas de partido, políticas partidistas que para el cristiano deben quedar superadas por otro concepto de POLÍTICA, con mayúscula, que se sitúa en la voluntad de Dios sin importarle las simplezas que confundan la denuncia profética con ideologías políticas de partido. Los cristianos tenemos que volar por encima de las izquierdas o las derechas sin entender de ello, sino practicando la denuncia, liberando y ejerciendo la misericordia para con los débiles. Por tanto, no cabe duda que debemos tener voz ante los recortes en sanidad y educación, en las pensiones, en la violencia doméstica, ante el hambre de los niños. Una voz unida a una acción liberadora.

P.- ¿Se abordan estos temas en las predicaciones, medios de comunicación, seminarios, institutos bíblico-teológicos, ONG y otras organizaciones evangélicas?
R.-El problema no es sólo que no se aborden estos temas en seminarios, medios de comunicación, etc., sino que muchas veces se abordan como cuando en las oraciones que hacemos ante los alimentos que Dios nos da diariamente, en las que nos acordamos de los pobres, pero sin compromiso, de forma insolidaria, sin realmente hacer vida en nosotros un sentimiento de dolor por la pobreza en el mundo. Por eso no cambiamos nuestros estilos de vida ni nuestras prioridades. Lo decimos desde la epidermis sin que se involucre nuestro ser, nuestro corazón en ello. Los temas bíblicos que se tocan en los seminarios, púlpitos, medios de comunicación, y otros, se deberían hacer teñidos realmente por el grito de los excluidos, desde su dolor, desde la llamada al compromiso, desde el reto a ser las manos y los pies del Señor que se mueven en medio de un mundo de dolor. Se deberían abordar mucho más e incluirlos en la misión evangelizadora de la iglesia. No hay auténtica evangelización sin esta promoción humana, sin preocupación por el hombre integral, sin acción social evangelizadora. Se debería hablar más y abordar mucho más estos temas, pero también se deberían ver desde la óptica de la projimidad, desde los ojos del buen samaritano que no tuvo otro remedio que ser movido a misericordia, y mancharse sus manos transmitiendo un mandato de acción que era el mensaje de Jesús: Haz tú lo mismo si quieres heredar la vida eterna, pues en el pórtico de la parábola del buen samaritano se da una pregunta por la salvación que es respondida con la acción samaritana… quizás porque la fe no puede ser pasiva y debe actuar a través del amor.

P.- En este sentido, ¿cómo ser luminares en medio de esta sociedad que se desmorona?
R.-Hay que seguir los pasos del Maestro que anduvo por la tierra haciendo bienes. Si tuviéramos una balanza en la que pudiéramos colocar en uno de sus platillos el peso de las enseñanzas y las palabras de Jesús y, en el otro platillo, poner la preocupación de Jesús por los pobres y, en su caso, los ricos que sólo se salvarán si se arrepienten y comparten como Zaqueo, si en ese otro platillo ponemos las acciones de Jesús, sus curaciones, la dignificación de los proscritos, de la mujer y de los niños. Si colocamos en este brazo de la balanza su preocupación por los que pasan hambre, la multiplicación de los panes y los peces, etc., veremos que hay un equilibrio que nos dice que la palabrería sin acciones comprometidas es mentira, que el darnos golpes de pecho en el templo sin haber contestado la pregunta “¿dónde está tu hermano?” y sin habernos reconciliado con él, es un engaño. Seremos luminares compartiendo, si ponemos los últimos en los primeros lugares, creando programas que configuren el tejido social cristiano, liberando, acogiendo, haciendo justicia, y consiguiendo que nuestra acción dé coherencia a nuestras palabras. El cristianismo es una religión que, además de mostrarnos la apertura a la vida eterna, es tremendamente ética preocupándose por hacer el bien y evitando el mal, llamando la atención a los que se refugian en el pecado de omisión no haciendo nada. Eso ya es pecar y ser un mal prójimo. El cristiano recibe como don de Dios una fe viva que es también activa y que lo convierte en imitador del Maestro que lavó los pies a sus discípulos.

P.- ¿Cómo debe ser una pastoral que afronte toda esta problemática mencionada?
R.-Hay que trabajar por marcar las líneas que debe tener una pastoral de la pobreza, una pastoral social. Esta pastoral tiene que mostrar de forma continuada, poner de relieve continuamente, la situación del mundo, la pobreza, la opresión, las desigualdades y las acumulaciones desmedidas contra las que clama la Biblia tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Esta pastoral tiene que acostumbrar a los creyentes a buscar la justicia y denunciar toda injusticia. Por otra parte, esta pastoral social tiene que trabajar los estilos de vida de los cristianos, las prioridades de los creyentes. Promover estilos de vida sencillos y la austeridad esencial en la vida de los cristianos, para que no se dejen llevar por la sociedad de consumo, y para que no gasten en lo superfluo en un mundo en el que hay tantas necesidades y tanta pobreza. Debe concienciar, sensibilizar y luchar contra los valores antibíblicos que se meten en nuestras congregaciones haciéndonos llegar a considerar el consumismo, el enriquecimiento aunque sea ilícito y la adquisición de lo caro y superfluo como prestigio. Una pastoral de la pobreza debería advertir lo siguiente: Consume lo necesario para vivir dignamente y todo lo que te sobra, compártelo. Por otra parte, habría que trazar las líneas de pastoral práctica con ayuda asistencial, crear centros de ayuda tanto alimentaria como de orientación e información profesionalizada. Hay que trazar las líneas para poder transmitir consuelo y ánimo, para dar acompañamiento y autoestima. Hay que formar a los que serán los responsables de esta pastoral aunque toda la congregación participe de ella. Crear tejido social evangélico que, con toda seguridad, va a redundar también en nuestra evangelización.

P.- Clamamos para que los niños nazcan vivos, y así debe ser, pero pienso que este clamor debe ir a la par de una lucha para que estos no nazcan pobres. ¿Cuál su opinión al respecto?
R.-Es verdad que el cristiano muchas veces parcela la realidad y queda como estancado en alguna de sus parcelas sin ver la totalidad y la integralidad. Eso puede ocurrir también con los niños. Defendemos el aborto, y está bien. Debemos defender la vida del no nato al que Dios conoce ya desde que es formado en las entrañas de la madre. Pero también debemos defender la vida de tantos niños que viven en la infravida, o que mueren nada más nacer por falta de agua potable o de medicinas, por falta de alimentos. Hay como todo un holocausto de niños en el mundo que mueren, que no se desarrollan… Falta clamor por estos niños, defensa de ellos por parte de los cristianos. Se hacen manifestaciones y marchas contra el aborto y dicen que es a favor de la vida de estos niños, y nos olvidamos de los que se mueren de hambre o por enfermedades vencibles, de los que ya nacen en la infravida y permanecen en ella hasta terminar por morir. La voz de los cristianos y su acción deben defender la vida de los niños de forma integral, sea cual sea la causa de su muerte o de su sufrimiento en la infravida, en el no ser de la marginación.

P.- Si leemos a Habacuc, pareciera como si a nosotros dijera: “Si tus ojos son demasiado limpios para contemplar el mal y no puedes soportar la opresión, ¿por qué contemplas callado la traición viendo como el impío devora al que es más justo que él?”. Ante esto, ¿tenemos algo que decir?, pregunto…
R.-Se trata del pecado de omisión de la ayuda. Nos callamos y, aunque la Biblia no lo dice con estas palabras, el silencio nos hace cómplices. El impío devora al que es más justo, vemos sin decir nada como muchos acumulan casa a casa y heredad a heredad hasta ocuparlo todo, y callamos. Vemos la escasez del pobre en las mesas de los ricos y lo vemos como prestigio del rico a quien consideramos un ganador, un triunfador. Exclamamos como decía Quevedo: “Poderoso caballero es don dinero”. Son los adoradores del dios Mamón a quienes podemos llegar a admirar. Nos callamos y, en el peor de los casos, les rendimos pleitesía. Nosotros, los cristianos, a quienes nos han quitado la venda de los ojos y somos capaces distinguir lo bueno y lo malo, contemplar el mundo discerniendo toda maldad, habilitados para ver la opresión y comprobar que nos resulta difícil aprobarla, no podemos callarnos. Si nosotros los redimidos por Dios nos callamos, Dios también callará y guardará un silencio sepulcral ante nuestros ruegos y peticiones. Se dará el silencio de Dios, como se ve en el caso de los escritos proféticos. El cristiano tiene que ser siempre una voz de denuncia y un agente de liberación en busca de justicia para los apaleados, oprimidos y empobrecidos. A veces contemplamos callados, refugiados en nuestros templos y queremos meter a Dios en ellos. Es entonces cuando Dios huye de nosotros y abandona nuestras seguridades insolidarias y de espaldas al dolor de los pobres y oprimidos. Convertimos, así, a la iglesia en iglesia del antirreino, en donde no pueden florecer los valores solidarios y liberadores del reino que irrumpe en nuestra historia con la venida de Jesús al mundo. Estamos llamados a no callar ante lo marginante, lo malo o lo que es injusto, y retados a actuar como agentes de liberación del reino. El cristianismo no es refugiarme en una comodidad que me da gozo, sino comprometerse con Dios y con el prójimo para que Dios nos use contra el mal.

P.- ¿Está viviendo la Iglesia en integridad, humildad y sencillez para ser un referente en medio de la ciudad? ¿O por el contrario se ha instalado en ella el ansia por el poder, el enriquecimiento o la vanagloria?
R.-La verdad es que siempre cuesta trabajo criticar a la iglesia. No voy a hacerlo, pero lo que está claro es que no vivimos las demandas del Evangelio con la radicalidad con la que se expresa la Biblia, con la radicalidad del Maestro. Las demandas al servicio, a la ayuda al prójimo necesitado, el compartir con los pobres y el no confiar en las riquezas, son tan radicales, que la iglesia y los creyentes se han decantado por temáticas espirituales, el querer estar más cerca de los ángeles que de los humanos, mutilando así el Evangelio, faltando a su integridad, humildad y sencillez. La espiritualidad cristiana se debería vivir con mucha más radicalidad, siguiendo las líneas de servicio imitando al Maestro. Es verdad que la iglesia en tantas ocasiones se ha instalado al lado del poder y ha amado las riquezas, se ha vanagloriado de estar separada del mundo de forma insolidaria con los pobres y los que sufren, pero lo más grave es la predicación de un Evangelio desencarnado y poco comprometido con el dolor del prójimo, de los hombres, de los pobres de la tierra. Muchas de sus campañas evangelísticas son demasiado celestiales y dan la espalda a la promoción humana que debe comportar toda evangelización. Dan con rapidez el anuncio, pero suprimen la denuncia. No adoptan el punto desde el que Jesús evangelizaba: Evangelizaba desde su compromiso con los pobres. Mucha veces la iglesia evangeliza desde el coqueteo con los integrados, desde ciertas prepotencias que se identifican más con los poderosos que con los excluidos y empobrecidos. Son fallos de perspectiva entre los cuales nos movemos muy cómodos. Habría que hacer toda una inversión de valores en nuestra acción y evangelización, siguiendo los valores del Reino que son comprometidos, solidarios y que sacan al plano del ser a todos aquellos últimos que viven en el no ser de la pobreza. Ponerse a evangelizar desde la perspectiva y óptica de Jesús.

P.- Usted es presidente de la Misión Urbana de Madrid, por ello le pregunto: ¿Ha aumentado con la crisis el número de personas que solicitan vuestra ayuda? ¿Cuál el perfil de estas personas?
R.-Por supuesto que ha aumentado. Lo que pasa es que como no podemos atender a todas las demandas que nos llegan de todo Madrid, tenemos que hacer, desgraciadamente, un control de los flujos y no podemos atender a todos. Es una pena, es una de las impotencias que siente el que trabaja en la acción social en las grandes ciudades. En cuanto al perfil, éste ha cambiado un poco con las nuevas pobrezas, con aquellos que se tienen que lanzar a pedir ayuda sin tener mentalidad de pobreza, ni estar marcados por esa mentalidad de fatum o destino que se da en muchos de los que ya han nacido en focos de pobreza. Ya sabéis que en Misión Urbana no nos marcamos solamente un perfil de ayuda. Tenemos desde los pobres urbanos sumidos en la pobreza severa hasta el tema de los niños que nacen en pobreza, como es el caso de nuestro servicio Da Vida que también es un programa Pro Vida, que atiende y da alternativas al aborto. Tenemos otros usuarios con el perfil de dificultad económica, pero sin estar en la pobreza profunda y severa. Familias que han venido abajo y que buscan desesperadamente ayuda. Ayudamos a los usuarios que se adaptan al perfil de desempleados de larga duración y que son atendidos en nuestro Programa de Búsqueda Activa de Empleo. Otro mundo con otro perfil es el tema de la mujer que, quizás, sufre más que los hombres en los campos de marginación. Tienen hijos y eso es una de las causas de un sufrimiento añadido. Está también el tema de los inmigrantes que han fracasado en su búsqueda de trabajo digno en España, gente muchas veces culta y formada que deambula buscando alimentos y pequeños trabajos o “chapuzas”. En fin, la Misión no restringe su ayuda a personas con cierto perfil. Lo que sí se distingue es que tenemos un centro para la mujer y la infancia a la que cuidamos ya antes de nacer y otros para adultos y niños de más de dos años. Todo un trabajo variado que podemos hacer gracias a las ayudas de las iglesias evangélicas y de los creyentes en su ámbito particular o familiar.

P.- ¿A veces podríamos pensar que la gracia como regalo nos incita al conformismo?
R.-Hay que huir de lo que el pastor alemán Dietrich Bonhoeffer llamaba “la gracia barata”. Es verdad que la gracia es un regalo, pero no ha sido nunca un regalo barato. Esa gracia de Dios ha costado mucho. Es una gracia que podríamos llamar gracia cara para seguir un poco la línea de “gracia barata” del pastor Bonhoeffer. Nuestra salvación por gracia y por la fe ha costado mucho. No es una baratija casi sin precio aunque nosotros la recibamos de gracia, sin tener que pagar nada por ello. Esta carestía de la gracia, esta salvación por fe que no nos la tenemos que ganar ni siquiera por obras, nos obliga a responder de forma también “cara y apreciada”. La fe, la gracia, es el don de Dios a precio de la sangre de Jesús. La gracia cara es la que hace que la fe pueda actuar a través del amor y que corra el riesgo de morirse y dejar de existir cuando nos metemos en un conformismo cómodo como si la gracia que nos es dada fuera una gracia depreciada, barata, sin valor. Nos equivocamos. Esa gracia cara nos debe llevar al compromiso, a la acción, al servicio, a la entrega incondicional al prójimo, a las obras de amor, las obras de la fe. La fe necesita todo esto para no morirse y dejar de ser. La gracia como regalo no nos puede incitar al conformismo insolidario. Eso sería malentender la gracia de Dios y nos llevaría a la ruina espiritual, a no poder vivir con integridad todo lo que implica y significa la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana.

P.- ¿Por qué se quiere dar una imagen de un Jesús ajeno a las relaciones políticas, sociales y económicas de su época? ¿Por qué piensa nos cuesta tanto hablar de la integralidad de la misión dejada por Él?
R.-El hombre, el cristiano, tiende a espiritualizar todos los términos y a refugiarse en su cápsula de cristal que le sitúa dentro de los cuatro muros de la Iglesia, que les separa del mundo. Para seguir a Jesús hay que aceptar su yugo que pasa por evangelizar la cultura, las estructuras injustas de poder, los ámbitos sociopolíticos y las estructuras económicas injustas. Aquí habría que hablar de nuevo entre la diferencia entre la política de partido, casi siempre con estigmas de corrupción, y la POLÍTICA con mayúsculas. El cristiano puede o debe participar en la política de partido, pero su visión debe ser superior, situarse un poco por encima y pasar a la defensa de los valores solidarios y de los derechos que se deben defender desde la política depurada de la vida de los partidos de turno. A veces no queremos hablar de política porque pensamos desde nuestro partido con sus corruptelas. No pueden casar la política de partido con el Evangelio. Pero sí casa con los valores bíblicos la POLÍTICA, la defensa de los Derechos Humanos, la defensa de los pobres y de los proscritos, de los oprimidos, la búsqueda de políticas que ayuden al hombre, el luchar contra la desigual redistribución de los bienes del planeta tierra, contra las injustas acumulaciones. Todo eso está en relación con la política y con el Evangelio. Nos cuesta tanto trabajo hablar de la integralidad de la Misión dejada por Él, porque quizás no queremos pagar el precio y nos quedamos paralizados dentro de nuestra política de partido en la cual, realmente, el cristiano también puede o debe militar, pero sin perder la visión más amplia e imparcial que le da el Evangelio y sus valores.

P.- ¿Escasean las voces proféticas en diversos ámbitos evangélicos que puedan dar voz a los débiles y oprimidos de nuestra época?
R.-Por supuesto que escasean. Voces proféticas que no tienen por qué ser de los profesionales de la religión. Voces proféticas que tienen que partir de sus hijos allí en sus ámbitos de actuación. El sacerdocio universal del que habla la Biblia y el protestantismo, nos habilita a todos a ser profetas que puedan gritar con voz como de trompeta en el nombre de Dios. El pueblo cristiano laico también puede ejercer la voz profética. Debemos potenciar esta voz que hoy permanece un tanto callada. Voz profética que hable del silencio de Dios cuando no hacemos justicia a tantos colectivos marginados que están representados en la Biblia por los huérfanos, las viudas y los extranjeros en tiempos en que estos colectivos eran los más desamparados. Hoy hay muchos otros colectivos ante los que hay que levantar voz profética. Colectivos que todos conocemos y que se nos meten en nuestras casas a través de los modernos y potentes medios de comunicación. Tenemos que pedir a Dios que levante nuevos profetas que denuncien, que busquen y hagan justicia, que eleven su voz contra toda opresión, marginación y empobrecimiento de unos hombres contra otros. Profetas que sean la voz de los sin voz, pero que no hagan a los pobres solamente objetos de misericordia y asistencia social, sino sujetos de su propia liberación.

P.- En una noticia aparecida en P+D se comenta que los españoles se muestran pesimistas y se preocupan ante la corrupción, la economía y la política… ¿Y qué pasa con nosotros los cristianos? ¿Nos da igual?
R.-Los cristianos, arropados por los valores del Reino, deberíamos estar en la vanguardia aproximando el reino de Dios allí donde hay víctimas de los corruptos, de las estructuras económicas y políticas injustas. ¿Por qué no estamos a la vanguardia en preocupación, denuncia y acción? Quizás es que no hemos entendido el Evangelio y estamos haciendo de él algo intimista, individualista, un tanto egoísta que busca solamente el goce y el disfrute espiritual que, en el fondo y de espaldas a estas problemáticas, va a ser vano. Creer es comprometerse con Dios y con el prójimo. Todo lo que afecta al prójimo debe estar en el centro de la preocupación de los cristianos considerando al prójimo como el primer y mayor lugar sagrado que hay que visitar y con el que hay que comprometerse. Hay que llorar con el que llora, pero en compromiso activo. ¡Qué difícil! Para mí también que escribo estas líneas a pesar de mi compromiso con los más pobres, mis escritos continuos en esta área y mi compromiso en la puesta en marcha de las Misiones Urbanas de España. No hemos encontrado aún los evangélicos auténticas vías de compromiso y protesta contra la corrupción y las problemáticas sociopolíticas. Hemos de trabajar más y crear medios para que nuestra voz no quede relegada a oírse solamente en nuestro reducido ámbito.

P.- ¿Cuál el gran reto que tenemos los evangélicos en este siglo XXI, aquí en España?
R.-El gran reto de los evangélicos es la coherencia entre lo que decimos, predicamos y creemos con lo que hacemos o dejamos de hacer cayendo en el pecado de omisión. Si viviéramos con total autenticidad la espiritualidad cristiana, esta falta de coherencia caería de forma natural y llegaríamos a ser noticia y a tener una fuerza imparable en la evangelización de la cultura y de las estructuras sociopolíticas y económicas. Hay muchos creyentes que ayunan, claman a Dios, hacen oraciones, pero Dios no responde y nos dice a través del profeta Isaías: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz…”.

Finaliza la entrevista. Gracias, Juan, por dedicarnos su escaso tiempo para hablarnos acerca de cómo debe encarnarse la iglesia en medio de esta realidad actual en la que está inserta.
 

 


6
COMENTARIOS

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María G. Garrido
19/10/2013
08:58 h
6
 
Ignacio Eyzaguirre: ¡Qué bien expones tus teorías! Lo que no es lícito es que las quieras poner en boca o en el pensamiento de Juan Simarro. Un poco de seriedad por favor. Coincido con Febe Altar. Quererle pasar a Juan Simarro el 'mochuelo' de que habla de los humanismos católicos y se inclina a ellos, cuando de lo que él ha hablado es de los humanismos ateos y la fe, es una especie de sinrazón.
 

Ignacio Eyzaguirre Frei. Caracas
18/10/2013
00:46 h
5
 
Coincido con Jarpa. De lo que se desprende de Simarro no hay diferencia alguna con lo que dictan las Conferencias Episcopales Latinoamericanas sobre doctrina social de la iglesia (documentos de Medellín y Puebla), que adhieren sin más a las teorías de la dependencia y de la marginalidad, según las cuales la riqueza de los países desarrollados tiene relación directa con la explotación colonial hacia afuera y con la injusticia hacia adentro. Que unos son ricos porque otros son pobres. Que en consonancia con Keynes el Estado es quien debe dirigir la economía, oponiéndose al presupuesto desarrollista que apunta al control de la inflación, a la idea de crecer antes de distribuir, disminuir un
 

Juanjo
17/10/2013
14:05 h
4
 
Altar Febe: ante este tipo de discusiones es mejor hacer uso de aparatos de litigio intelectuales, no de los meramente pasional-emocionales. Un saludo. Juanjo.
 

Febe Altar
16/10/2013
20:31 h
3
 
Me parece, Francisco Jarpa, que no conoces bien a Juan Simarro y te decantas, además, por una evangelización basada en la verbalización y exenta de compromiso que no es la evangelización que nos enseñó Jesús. Desgraciadamente este es el caso de muchos religiosos insolidarios con el prójimo y que posponen el mandamiento de Jesús para con él. ¡Cómo si sólo se evangelizase con palabras! ¡Qué error! Desconocimiento bíblico. No he oído hablar nunca a Juan del humanismo católico, pones en su boca palabras para agraviarle y despreciarle. Es verdad que él ha hablado del humanismo ateo y tú se lo pasas a que habla de la superioridad del humanismo católico. Vergüenza. Siento vergüenza ajena por estos
 

Francisco Jarpa
15/10/2013
20:02 h
2
 
Mi hermano Simarro, a quien cordialmente felicito por su arrojo y pasión por lo social, aparece retratado aquí en lo que presumiblemente es un monasterio de la “iglesia”. Es un detalle humorístico, que me resulta una parábola. Siento que Simarro reiteradamente se inclina ante la “superioridad” del humanismo católico, lo admira y hasta envidia. Reconoce en él una sotereología que, basada en la buenas obras- en este caso lo social-, responde mejor que la evangélica tradicional, orientada hacia la realidad de Dios como “autor y consumador de la fe”, la salvación, origen y destino de almas y cuerpos. Para él “La evangelización es anuncio, denuncia y acción social evangelizadora” lo que, aparte
 

luis alberto
13/10/2013
15:33 h
1
 
Siempre me he preguntado por qué el Señor no pudo solucionar la pobreza de su tiempo. No hay que olvidar que en ese tiempo existían los beduinos, que eran personas más pobres que los de la actualidad, y sin embargo el Señor no dijo nada sobre ellos. Ni siquiera los apóstoles tuvieron esta “emergencia” de socorrer a los pobres de sus hermanos. Lo que si me escandaliza es que el autor habla de los pobres, y sin embargo el señor Messi en España gana al año 80 millones de euros, a costa de los “pobres” de España. ¿Acaso nos hemos olvidado cuánto gasta el mundo en armas por segundo? Bueno, ahí está la solución de la humanidad, que las armas se conviertan en lampas para el cultivo.
 



 
 
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