‘La Estrella de Belén’, periódico de la iglesia mexicana de Jesús

Casi a la par de comenzar actividades en la calle de San Juan de Letrán, la Iglesia de Jesús en México lanza su periódico La Estrella de Belén, que no pasa desapercibida para simpatizantes y críticos.

02 DE FEBRERO DE 2013 · 23:00

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Solamente estuvo en circulación unos meses. La suya fue una vida corta, pero La Estrella de Belén representa, por méritos propios, a un movimiento protestante/evangélico que se estaba gestando en la ciudad de México y entidades aledañas. La lectura de la publicación proporciona datos de primera mano del estado de desarrollo alcanzado por el protestantismo en la capital del país. Antes de pasar comentar las características y algunos contenidos de La Estrella de Belén es necesario aportar información del contexto en el que surge dicha publicación. Con anterioridad a su aparición, en marzo de 1870, habían tenido lugar acontecimientos que prepararon el terreno al cual llegó el impreso. Sacerdotes radicados en la ciudad de México hicieron activismo a favor de la Constitución liberal de 1857, en cuyas sesiones se delibera acaloradamente sobre la libertad de cultos, pero que finalmente no es aprobada como pugnaban los liberales radicales.[i] Desde sus primeros escritos se dieron a conocer como “padres constitucionales reformistas”,[ii] el nombre de Padres constitucionalistas les fue dado desde fuera del movimiento. Los sacerdotes a favor de la Constitución liberal progresan en su organización sobre todo a partir de que el 15 de agosto de 1859, en la ciudad de México, dan a conocer un documento en el cual manifiestan que su objetivo es “la observación verdadera de la santa y justa doctrina de Jesucristo”, y no reproducir “la costumbre del clero y su disciplina [que] parece más bien una secta errónea”.[iii] Denuncian que el arzobispo ha tenido conductas farisaicas, al infundir odio en el clero hacia las reformas liberales, y ello a causa de que las altas autoridades eclesiásticas “no respetan ni las Santas Escrituras, ni los Cánones, ni los Concilios, que por su sórdido interés a los bienes temporales, son la causa del desorden y la revolución social”. Los Padres constitucionalistas enfrentan a la jerarquía católica romana en tres frentes: 1) Comunican a la opinión pública cuáles son sus postulados para intentar establecer en el país una Iglesia cristiana libre del dominio romano. En esta lid el más prolífico de ellos es Juan Nepomuceno Enríquez Orestes, quien escribe un buen número de artículos periodísticos para defender su causa.[iv] 2) Algunos de estos sacerdotes rebeldes conducen servicios religiosos en templos facilitados por el gobierno de Benito Juárez, tales lugares anteriormente estaban bajo el dominio de la Iglesia católica. De la misma manera tienen“frecuentes reuniones en la casa del padre [Manuel] Aguilar [Bermúdez], con la presencia de una docena de sacerdotes cismáticos, a las que se unían el diputado Manuel Rojo y el artesano textil enriquecido, Prudencio G. Hernández, entre otros”.[v] El domicilio de Aguilar Bermúdez estaba localizado en el número 4 de la calle de la Hermandad de San Pablo.[vi] 3) Envían a Estados Unidos representantes con el fin de que establezcan relaciones con cuerpos eclesiásticos protestantes, así como les solicitan apoyo para la obra que comienzan a realizar en México. En 1864 el sacerdote constitucionalista Manuel Aguilar Bermúdez, y el representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, John W. Butler, entre otros, inician reuniones de carácter evangélico en la ciudad de México, “en los bajos de la casa núm. 21 de la calle de San José del Real”.[vii] Entre los asistentes se encuentran José Parra y Álvarez, Prudencio G. Hernández y Sóstenes Juárez.[viii] Otra fuente menciona al padre Aguilar Bermúdez como quien consigue, en la dirección mencionada, “un espacioso salón […] y allí se celebraron las primeras reuniones públicas bastante concurridas”.[ix] Quien facilita el lugar, que era de su propiedad, es el señor Verduzco, “arquitecto y maestro de obras”. Él formaba parte de la congregación, y permite usar las instalaciones sin recibir retribución alguna hasta que el grupo se consolida y tiene fondos para cubrir alguna suma como pago de renta.[x] Las reuniones iniciadas en San José el Real a partir de 1864 alcanzan más organización y el 18 de noviembre de 1865 tiene lugar un culto más formal, en el que participan, entre otros, Manuel Aguilar, John Butler, Sóstenes Juárez, José Parra y Álvarez, Julián Rodríguez Peña, Eusebio Trejo Meza y Antonio Hinojosa.[xi] Tienen reuniones a las que los interesados llegan mediante invitación de alguno de los integrantes de la célula. Es decir, no propagandizan abiertamente la existencia del núcleo, aunque tampoco es un grupo cerrado y secreto. Más bien mantienen un perfil bajo, en espera de fortalecerse para proyectarse hacia fuera. En abril de 1867 muere Aguilar Bermúdez, y es sustituido en el liderazgo por Rafael Díaz Martínez y Sóstenes Juárez, sobre todo por éste último. Mediante el testimonio de Juan Magaña, uno de los asistentes a las reuniones en San José del Real número 21, conocemos que todavía en vida de Manuel Aguilar el liderazgo ya estaba en manos de Sóstenes Juárez.[xii] Años después de su deceso, corre la versión de que Aguilar “murió envenenado por los frailes”.[xiii] En 1868 la agrupación se anuncia en los periódicos con el fin hacer más conocida la existencia de sus actividades. Es así que, por ejemplo, en uno de los diarios más importantes aparece el siguiente aviso: “El Comité de la Sociedad Evangélica invita a sus amigos, a que concurran al culto reformado, que todos los domingos se practicará en la casa núm. 21, calle de San José el Real”.[xiv] A partir de entonces el núcleo gana presencia pública y se agregan a él conversos y simpatizantes. Paulatinamente va ganando el liderazgo Sóstenes Juárez, liberal y masón, integrante de la Sociedad Lancasteriana[xv] decidido partidario de Benito Juárez y su férrea lucha contra la intervención francesa. Sóstenes fue combatiente contra esa intervención y alcanzó el grado de mayor en el ejército juarista.[xvi] Pocos años después se articularía al trabajo de los misioneros metodistas, conectando a estos con la red de congregaciones que le reconocían a él como líder. Hacia mediados de 1869 la prensa consigna el papel preponderante que tenía Sóstenes Juárez en la propagación del naciente protestantismo mexicano. Una nota periodística menciona que el credo “gana terreno aquí, que hay congregaciones evangélicas en Miraflores, Amecameca, Zoyatzingo, Ozumba, Ayapango y Cuautla; que todas estas congregaciones se han organizado por los esfuerzos de D. Sóstenes Juárez, conforme al plan de la que existe en la calle de San José el Real núm. 21, y de la cual es presidente dicho señor; y que hay todavía en esta capital otras congregaciones protestantes, además de estas”.[xvii] Representantes de las comunidades evangélicas mencionadas tienen un encuentro en San José el Real, para coordinar los trabajos y apoyarse mutuamente. Dado el liderazgo de Sóstenes Juárez en ese lugar es muy probable que él haya presidido las deliberaciones. La primera reunión general de las comunidades evangélicas en la ciudad de México y entidades aledañas, “viene a mostrar la incipiente organización de los protestantes, que aun antes de la llegada oficial de las misiones [extranjeras] ya había dado algunos pasos firmes en la construcción de la nueva religión en México”.[xviii] La Sociedad Evangélica de San José el Real muda el domicilio de sus actividades en la ciudad de México al callejón de Betlemitas hacia principios del último tercio de 1869, según publica un importante diario.[xix] El nuevo lugar era más amplio, y por ello representa un avance en el ensanchamiento del grupo que se estaba expandiendo a poblaciones en otras zonas de la República mexicana. En diciembre de 1868, o a más tardar en los primeros días de enero de 1869, llega el misionero Henry C. Riley, para contribuir a fortalecer las comunidades evangélicas en México. Su presencia en el país es resultado de invitaciones hechas por distintos nacionales, extranjeros y el respaldo de organizaciones misioneras norteamericanas. Henry C. Riley dominaba bien el idioma español, por ser hijo de misioneros y nacido en Chile en 1835. En ese país pasa los primeros años de su vida, antes de ser enviado para realizar estudios en Estados Unidos e Inglaterra. Es ordenado como ministro de la Iglesia episcopal en 1866. Antes de llegar al país Riley pastoreaba una iglesia de habla castellana en Nueva York.[xx] En agosto de 1869, a pocos meses de haberse instalado en México, Riley envía una misiva en la que transmite a Melinda Rankin, misionera en Monterrey, Nuevo León, el estado de receptividad existente en la ciudad de México hacia el protestantismo: Hay un sentimiento perfecto de sentimiento protestante alzado contra la Iglesia romana. Me siento como si de pronto me hallara yo mismo en la época de la Reforma. Lo mejor que podemos hacer es plantar iglesias e instituciones cristianas tan rápido como sea posible. Desde hace tiempo estos cristianos nativos han buscado con esperanza su hermandad en los Estados Unidos. Ojalá ahora sus esperanzas se vuelvan realidad. Si la Iglesia norteamericana hace un esfuerzo digno de la oportunidad que Cristo les ha dado en esta tierra, México podrá escribir una de las páginas más brillantes y profundamente interesantes de la historia misionera en el curso de unos cuantos años por venir”.[xxi] Inicialmente Riley apoya los trabajos de la congregación evangélica de San José el Real, y continúa haciéndolo cuando ésta muda sus actividades al callejón de Betlemitas. Después decide abrir un nuevo lugar de reuniones en la calle San Juan de Letrán número 12. Las actividades evangélicas inician en este lugar en la última semana de marzo, tal vez la primera de abril de 1870.[xxii] Pocas semanas después, debido a que los asistentes colman el sitio se hace necesario pasar de un culto dominical a cuatro: “La afluencia de personas que asisten los domingos a la congregación de la calles de San Juan de Letrán núm. 12, es tan grande, que habiéndose notado que muchas se quedan de pie o tienen que retirarse, [se] ha dispuesto haya culto a las nueve y a las once de la mañana, y en la tarde a las tres y media y a las cinco”.[xxiii] Casi a la par de comenzar actividades en la populosa calle de San Juan de Letrán, la Iglesia de Jesús en México (nombre que usaba el movimiento al igual que el de Iglesia Mexicana de Jesús, o simplemente Iglesia de Jesús) lanza a la luz pública su periódico La Estrella de Belén. Su aparición no pasa desapercibida para simpatizantes y acerbos críticos. Unos y otros hacen conocer su opinión sobre el impreso protestante. Ignacio Manuel Altamirano, reconocido escritor y político liberal, informa a sus lectores que ha recibido el primer número de La Estrella de Belén, “que publica una sociedad protestante”. Encuentra que “está bien impreso, bien redactado” y que se anuncia saldrá quincenalmente. Sobre la diversificación de la prensa hace la siguiente valoración: Los hombres verdaderamente liberales se alegran de ver que a medida que avanza el tiempo se hacen más prácticas las conquistas de la reforma. En estos momentos las sociedades católicas tienen varios órganos en la prensa, las sociedades protestantes comienzan también a tener los suyos. Los libre-pensadores pronto contarán también con una magnífica publicación. Así todos propagan sus ideas, todos discuten y la verdad ganará. ¡Y cuando pensamos que hace veinte años esto era una utopía para los hombres de poca fe, no podemos menos de amar con idolatría y cada día más los principios liberales.[xxiv] En nuestra próxima entrega vamos a dar cuenta de los ataques a La Estrella de Belén por parte de la prensa conservadora y católica. Así mismo exploraremos contenidos y rasgos doctrinales de la publicación y lo que ellos revelan del protestantismo mexicano de aquellos días.

[i] Los pros y contras en la discusión en Los debates sobre la libertad de creencias, Facultad de Derecho-UNAM, México, 1994.
[ii] Por ejemplo en La Unidad Católica, 26/IX/1861, p. 2; El Constitucional, 17/XII/1861, pp. 1-2; 28/XII/1861, p. 1 y 29/XII/1861, p. 2.
[iii] Daniel Kirk Crane, La formación de una Iglesia mexicana, 1859-1872, tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM, México, 1999, p. 48.
[iv] Por ejemplo los dos artículos titulados “Los sacerdotes cristianos y los fariseos”, El Monitor Republicano, 22 y 26/V/1862.
[v] Jean-Pierre Bastian, Los disidentes: sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911, El Colegio de México-Fondo de Cultura Económica, México, 1989, pp. 33-34.
[vi]Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 91.
[vii] La Buena Lid, X/1896, p. 4. El lugar mencionado se encontraba cerca del templo popularmente conocido como La Profesa, que se localiza en las actuales calles de Madero e Isabel la Católica en el Centro Histórico de la ciudad de México.
[viii] Ibid.
[ix] Alberto Rosales, op. cit., p. 14.
[x] Arcadio Morales, “Asunto histórico”, 1/VI/1906, p. 97.
[xi] Arcadio Morales, “Datos para la historia”, El Faro, 15/IV/1897, p. 61. El autor menciona que a casi todos ellos los conoció bien y que, por ejemplo, Julián Rodríguez fue quien le invitó a las reuniones de San José del Real; Eusebio Trejo llegó a ser su suegro, y, al tiempo en que escribe menciona que Juan Butler reside en Toluca y Antonio Hinojosa es un anciano de 80 años, sastre, fundador e integrante de la Iglesia El Mesías en la ciudad de México. Manuel Aguilar Bermúdez muere en 1867, antes de que Arcadio Morales se integrara al grupo, razón por la cual no lo conoce personalmente, años después incluso pondrá en duda su existencia como precursor del protestantismo en México. Al respecto ver El Abogado Cristiano Ilustrado, 22/VIII/1901, p 369.
[xii] El Abogado Cristiano Ilustrado, 22/VIII/1901, p. 369.
[xiii] La Patria, 31/VIII/1894, p. 1.
[xiv] El Monitor Republicano, 3/IV/1868, p. 3.
[xv]El Siglo Diez y Nueve, 8/I/1869, p. 3. El sistema pedagógico promocionado por Joseph Lancaster consistía en el uso de los alumnos más avanzados para servir de monitores a sus compañeros de clase, aquéllos, a su vez eran capacitados por un maestro para que los monitores reprodujeran en los grupos lo aprendido. Así con pocos recursos humanos y materiales podían ser escolarizados amplios números de niños y niñas. Para enseñar a leer a los infantes se hacía uso de cartillas preparadas ex profeso y basadas en la Biblia, a la que se tenía como libro de texto. Después los materiales de enseñanza sustituyen a la Biblia, pero el método de aprovechar a los estudiantes más avanzados continúa en uso en distintos países. La Sociedad Lancasteriana se origina en Inglaterra, en 1789. Es fundada en México en 1822, ver Dorothy T. Estrada, “Las escuelas lancasterianas en la ciudad de México: 1822-1842”, Josefina Zoraida Vázquez (Introducción y selección), La educación en la historia de México. Lecturas de Historia Mexicana, núm. 7, El Colegio de México, México, 1992, p. 49.
[xvi] Jean-Pierre Bastian, pp. 36 y 57.
[xvii] La Iberia, 20/VI/1869, p. 3.
[xviii] Abraham Téllez, Proceso de introducción del protestantismo desde la Independencia hasta 1884, tesis de licenciatura, UNAM, México, 1989, p. 170.
[xix] El Monitor Republicano, 9/X/1869, p. 2.
[xx]Daniel Kirk Crane, op. cit., p. 94.
[xxi] Carta en Melinda Rankin, Veinte años entre los mexicanos. Relato de una labor misionera, Fondo Editorial de Nuevo León, México, 2008, p. 212.
[xxii] La Estrella de Belén, 8/IV/1870, p. 6.
[xxiii] La Estrella de Belén, 1/VII/1870, p. 4.
[xxiv]El Siglo XIX, 27/III/1870, p. 2.

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