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Relación de Calvino con la muerte de Server

Después de haber sido condenado por la Inquisición, y quemado en efigie en Viena (Francia) donde actuaba como médico, Servet se presenta en Ginebra.
REFORMA2 AUTOR Emilio Monjo Bellido 07 DE JULIO DE 2012

No importa cuántas veces se reconozca que Miguel Servet no debió nunca ser juzgado y condenado a morir en la hoguera, ni cuántas, con todo dolor, afirmemos que Calvino debió actuar de otro modo. Se exige como “obligación ética”, aunque en contra de los hechos, que despreciemos a Calvino como un dictador intransigente. Pues no.

Los hechos previos muestran que Calvino no tenía dictadura alguna sobre Ginebra. Es tal su situación de debilidad ante la acción del Consejo de la ciudad [el Pequeño Consejo, responsable del juicio y condena de Servet], que incluso su amigo Farel se prestaba ya a acudir en su ayuda, y las cartas que escribe Calvino en esos momentos, reflejan su percepción de la situación como insostenible, con la consiguiente preocupación de otros reformadores.

En esa fecha, verano de 1553, le llegan a Calvino noticias de acontecimientos que le agobian en extremo. Sus pastores enviados a Francia, están para ser quemados en Lyon. Los extravíos de algunos visionarios dentro del campo de la Reforma le producen graves quebraderos de cabeza. Se le ha informado de que, especialmente en Italia, las ideas antitrinitarias de Servet están afectando a las iglesias.

Ya hacía 7 años en que escribió con gran enfado por las injurias e insolencias vertidas por Servet contra quien más amaba, por quien estaba dispuesto a dar su vida, a quien solo quería servir y honrar (= Cristo el Redentor), que si éste venía por Ginebra, no escaparía con vida. (Como es fácil dejarlo solo en esta ocasión, yo me quedo a su lado.)

Eso lo escribió a su amigo y colega de toda confianza, Farel. ¿Qué diríamos contra quien se burla, escupe e insulta, por ejemplo, a un hijo al que acaban de asesinar, despreciando su persona y sus ilusiones? Que cada uno ponga el ejemplo que mejor vea.

Luego está la realidad del tiempo, que demuestra que no se trataba de una venganza personal. No es una “búsqueda” para matarlo, con todo tipo de métodos, aun los más infames, como era común en la acción inquisitorial. Pudo descubrir fácilmente a Servet cuando estaba clandestino, y no lo hizo. Su aportación en deshacer la ocultación en Viena es totalmente indirecta. Y llegamos a este momento.

La tensión con el Consejo es evidente. Calvino había logrado con gran esfuerzo algunos avances en la autonomía de la Iglesia frente al Estado. La realidad, así y todo, se dibujaba con un gran control del Estado sobre la Iglesia.

Los pastores tenían que ser aceptados por el Estado, que era quien les pagaba; las iglesias solo podían proponer al candidato. Las actividades propias eclesiásticas estaban gobernadas por el Consistorio, que no tuvo más de seis pastores (incluido Calvino), donde se sentaban doce representantes del Estado. De tal modo que las leyes de orden moral de la “iglesia” eran dictadas por una mayoría de “ancianos” que eran funcionarios civiles. Con esto, es evidente, nunca estuvo Calvino de acuerdo, pero le fue necesario aceptarlo por el bien de la Reforma y su adelanto. Con ello se mostraría, si alguien quiere leer los hechos, que no “pudo” ser dictador. Incluso, solo al final, “logró” que el Consistorio no lo presidiera un funcionario civil (un síndico) con bastón de mando, es decir, lo seguía presidiendo (Calvino no podía presidirlo nunca), pero sin el símbolo de dominación “civil” sobre la iglesia. (¿Se imaginan algo semejante hoy? Pues esa era la situación donde tenía que actuar el “dictador” Calvino.)

Entre los logros alcanzados se incluía la jurisdicción de la Iglesia para dictar una excomunión. Eso es algo que hoy veríamos como evidente, pero en esos momentos fue un logro con gran esfuerzo. Pues ni siquiera ese espacio de libertad se le reconoció a la Iglesia en el caso Servet. Un tal F. Berthelier, que había sido excomulgado unos meses atrás, pidió amparo al Consejo para que actuara en su defensa y pudiera acceder a la comunión que se iba a celebrar en breve. Con toda la oposición, en este caso, de la mayoría del Consistorio, el Consejo le concedió su petición, es decir, se arrogaba el derecho a excomulgar, quedando la Iglesia como simple instrumento del orden civil. Calvino se negó totalmente a aceptar esa situación, y prometió no dar la comunión. La cosa no fue a mayores porque Berthelier parece que al final no se presentó. Esto ocurría paralelo al inicio del juicio contra Servet.

En esas, después de haber sido condenado por la Inquisición, y quemado en efigie en Viena (Francia) donde actuaba como médico, Servet se presenta en Ginebra. Se hospeda con nombre falso, aunque no parece que con mucha seguridad, y luego se presentó al sermón de Calvino. Fue reconocido (13 de agosto) y retenido. (Calvino no bajó del púlpito para echarle mano y llevarlo al calabozo; tampoco puso leña verde para que tardara más en arder; pero si alguien quiere afirmarlo, pues qué le vamos a hacer.)

El primer paso, dentro de lo que podemos saber, era ponerlo bajo juicio del Consistorio. Sin embargo, en el contexto del caso Berthelier, las cosas no eran sencillas. ¿Quiso Calvino proponer un pulso al Consejo con este caso, claramente de más enjundia, para mostrar la jurisdicción de la Iglesia en asuntos religiosos? Si no salen nuevos documentos, nunca lo sabremos aquí, pero lo cierto es que el Consejo tomó a Servet bajo su jurisdicción y redactó su propia acusación. Al final, en medio de una gran contradicción, no solo colaboró en el proceso, sino que Calvino tendrá que escribir un tratado para justificar la actuación del Consejo. (Me quedo con él en medio de esta trágica actuación; su tratado es endeble, se nota que no puede mostrar energía, lo tiene que “extender y formalizar” Beza; su alma debía estar partida, compartimos la miseria de nuestro andar.)

Luego el Consejo requiere la actuación de Calvino como referente acusador y como el teólogo que dispone de las herramientas necesarias en la discusión, pues se trata de dos personas y sus doctrinas que tienen que ser contrastadas. El Consejo, el Estado,” muestra” que tiene a la Iglesia a su servicio. También escribió el Consejo a Viena, el 21 de agosto, para recabar datos de Servet (había sido juzgado no hacía mucho); contestan que no disponen de esos datos, y reclaman su extradición. Ni Ginebra, ni Servet, quieren tal cosa. Al final será juzgado en Ginebra (el Consejo tenía que “afirmar” su posición, inclusive, de nuevo, frente a Calvino).

El juicio termina como seguramente ninguno había previsto. Desde luego, Servet seguro que no. Pero su final no debe ocultar su actuación durante el mismo, en la que parece que al principio vio la posibilidad de liquidar al enemigo de sus doctrinas. (¿Se imaginan la Historia, con un Calvino condenado por sus doctrinas, a instancia de Servet? Pues eso es lo que propuso Servet.) Incluso sus acérrimos defensores tienen que reconocer que su proceder era todo menos adecuado, con todo tipo de insultos contra Calvino y las doctrinas que, a fin de cuentas, también el propio Consejo tenía que defender.

Con la condena a Servet, Calvino tiene que apoyar a un Consejo con el que, en ese momento, no le une nada. Pero, por su carácter, se plantea la mirada más en la situación global en ese instante en el campo Reformado, con los peligros ciertos de grupos sectarios que negaban la necesidad del gobierno civil, incluso considerando que su aceptación era signo de apostasía.

El Consejo, con mayoría de sus enemigos, tiene que confirmar la doctrina de Calvino y condenar a quien, sin conocer sus ideas y conducta mostradas en el proceso, les parecía, al menos, más favorable que Calvino.

El mundo de la Reforma vive este episodio con la misma contradicción que Calvino, pero solo él se ha llevado la culpa. Las iglesias y magistrados del entorno fueron consultados. El mismo Servet tuvo contacto, entre otros, con Ecolampadio, Capito y Bucero, todos rechazando sus doctrinas y exhortándoles a que no las publicase ni las propagara. Lo que en muchos casos, también en Ginebra, hubiera podido terminar con una simple expulsión de la ciudad y un aviso a las iglesias sobre el peligro del personaje, ya sabemos cómo acabó.

El juicio y la condena a morir en la hoguera están llenos de contradicciones. Jurídicas, lo primero, pues no se sabe muy bien ni siquiera qué código se aplica. Es verdad que se suele aceptar la posición justinianea sobre la condena a los herejes, pero eso no está claro en el caso de Ginebra. Se podría decir que tuvo por todas partes defectos de forma.

Ya no importa, ahora nos queda la repulsa de la muerte de Miguel Servet. Y con esa repulsa, quiero indicar también la situación contradictoria de alguien que, por mucho que deseara (cosa que está por ver) la muerte de Servet, no tenía medios específicos para llevarla a cabo. Tan poca influencia tenía en el Consejo, que ni siquiera aceptan su petición de mitigar el modo de su ejecución, cambiando la hoguera por la espada. Sin embargo, se embarca en una defensa de lo ocurrido. Esa defensa traslada el campo que ya está desarrollando la Reforma, de ámbitos locales, con su peculiar aplicación de la legalidad a la Iglesia y al Estado, y lo coloca en el antiguo espacio de la “Cristiandad”, como entidad concreta. Este concepto es premoderno, con resultados muy destructivos para la fe cristiana y para la libertad social. En el caso de Servet, se acude a ese espacio como lugar apropiado para condenar su “blasfemia”. Es decir, se traslada la concreción doctrinal “local” (aunque sea un Estado) a la amplia, y ya desdibujada noción de Cristiandad, que recoge el Sacro Imperio Romano Germánico. (El concepto de Sacro Imperio es fundamental en Lutero, y un referente continuo en sus argumentos; Calvino, sin embargo, ni lo menciona en sus escritos; le importan otros asuntos, no ése que ya es caduco y antiguo, que no forma parte del futuro.)

La compleja situación del juicio contra Servet coloca a Calvino en la posición de defender un espacio que él, con sus enseñanzas, está ya derribando y creando otro modelo religioso y social en su lugar. La modernidad, con sus libertades religiosas y sociales, que tanto puede vincularse con el pensamiento calvinista, es aquí olvidada, y se argumenta en base a una premodernidad que Calvino (aunque a veces su lenguaje no tenga otro referente y aparezca con el significante de premodernidad) ya está señalando como el pasado de donde hay que salir para llegar a la “nueva tierra” de las libertades.

Se podría decir que Calvino se vio atrapado no en las formas de “su” tiempo, sino en lo que en su tiempo y en su espacio concreto queda como residuo de la cosmovisión anterior, “casi” derribada por completo en sus enseñanzas. Por eso la Iglesia, y cada cristiano, están siempre reformándose.
 

 


16
COMENTARIOS

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Belarmino
21/09/2015
16:35 h
13
 
Qué lindo, cómo defienden al asesino Calvino. A veces los protestantes me causan repulsión. No hay forma de defender lo indefendible. Calvino fue un tirano asesino. En "Nam si venerit, modo valeat mea auctoritas vivum exire numquam patiar..." Carta de Calvino a Farel, 1546, Barón (1989, p. 221) Calvino dice textualmente: Si Servet ponía los pies en Ginebra «no saldría vivo de ella».
 
Respondiendo a Belarmino

Jorge Knox
18/10/2017
01:54 h
14
 
Qué lindo, cómo acusan IGNORANTEMENTE de "asesino" Calvino. A veces los católicos, pestecostales y arminianos me causan repulsión. No hay forma de acusar lo inacusable. Calvino NO fue NINGÚN "tirano" y MENOS "asesino". En la Carta de Calvino a Farel, 1546, Barón (1989, p. 221) Calvino escribe sin ánimo de "asesinarlo" escribió esto en expresar lo que los gobiernos de ese entonces decidieron en respuesta a la rebeldía de Servet, dice: Si Servet ponía los pies en Ginebra «no saldría vivo de ella».
 

Julio Loreto
12/07/2012
18:56 h
12
 
Fantástico, me encantó el articulo, felicidades al Sr. Emilio Monjo.
 

Alfonso Chíncaro (Perú)
11/07/2012
22:23 h
11
 
Hno. Emilio Monjo, le pido disculpas. Leí con más cuidado y me di cuenta que tomé ambas expresiones como sinónimos. Aunque Calvino se apoyó en un concepto errado, lo dicho por mí era más grave. Por último, cuando uno se emociona al participar en una discusión es fácil olvidar lo que dice al final de su comentario: 'Es difícil la ética cristiana. Caminamos con nuestras llagas. Solo tenemos la perfección en Cristo.' Gracias y bendiciones.
 

emilio monjo
11/07/2012
02:00 h
10
 
#Alfonso Chíncaro. Calvino no toma el concepto de Sacro Imperio, sino algo que estaba relacionado: 'La Cristiandad'. Realmente su época es compleja, por eso me quedo a su lado. Hoy 'queman' en España a 100000 'servets' (abortos) cada ño. En Irak. .... Es difícil la étcia cristiana. Caminamos con nuestras llagas. Solo tenemos la perfección en Cristo.
 

emilio monjo
11/07/2012
02:00 h
9
 
#Galo Nómez. Casiodoro de Reina no tuvo que huir de Ginebra. Sus circunstancias, como la de otros reformadores españoles no fueron plácidas en Europa, pero Calvino siempre los amparó. Otra cosa es el comportamiento de algunos 'calvinistas'. Servet no fue compañero de monasterio con Casiodoro, parace que usted lo da a entender.
 

Alfonso Chíncaro (Perú)
10/07/2012
01:14 h
8
 
Considerando la seriedad de la fuente, afirmo que Calvino no es responsable de la ejecución de Servet, sino el gobierno de Ginebra. Calvino creía que la doctrina de Servet era digna de condenación y, parece, buscó su aplicación (E. Monjo dice que eso está por ver). Es grave que para justificar la condena, Calvino apoyara el concepto de Imperio Sacro, traicionando su conciencia. Quien cumpla los requisitos, que tire la primera piedra.
 

Francisco Ruiz de Pablos
10/07/2012
01:14 h
7
 
Reitero que es precisa la explicación dada por el doctor Monjo Bellido acerca de lo sucedido en Ginebra a Servet. Yo mismo, uno de tantos mal informados al respecto, lo aprendí del propio doctor Monjo hace ya unos años. Luego, el cuatro veces doctor, César Vidal lo ha vuelto a dejar meridianamente claro: Calvino no es responsable de la quema de Servet, dictada por el Consejo de Ginebra, no por Calvino, que no formaba parte del mismo. Antes de los ginebrinos lo tostaron (en efigie) los católicos de Vienne.
 

José Luis Medina Rosales
09/07/2012
11:36 h
6
 
Com.4. Antonio, me parece una barbaridad lo que escribes que hoy quemarían a Calvino si viviera. Eso no es posible por dos razones muy importantes: Una, porque los tiempos han cambiado; ni siquiera Calvino podría quemar a mas nadie. Dos, porque lo que se condena es el nefando hecho contra un ser humano, inadmisible e incomprensible en un verdadero hijo de Dios. Lo del odio a Calvino es otra tontería; nadie odia al Reformador, pero la historia si le pediría explicaciones. Los hijos de la Reforma se siente avergonzado y humillados ante los hijos de la Inquisición que nos acusan de emplear los mismos métodos represivos que ellos.
 

lilia del mar perez de tudela
09/07/2012
11:36 h
5
 
A veces se opina sin conocer. Una de las obras mas esclarecedoras-no superada, sino silenciada- es C Restituto, o, treinta cartas a Calvino...en cuanto a teologia de Servet. ¿que daño ha supuesto para la libertad y la accion humana la doctrina de la trinidad? ¿igual que la predestinacion? comparese para hablar con fundamento. Calvino fue victima de su propio proyecto teocratico. Unio estado e iglesia, y ese no es principio de la Reforma. Estaba enemistado con todos los que se oponian, fue victima de sus actos colericos, tenian serios dolores de estomago(¿ulceras?) de sus caracter avinagrado. Jamas se le vio una sonrisa. Su vida de Pareja fue otro problema, no supo estar con una mujer. Claro,
 

Antonio
09/07/2012
04:09 h
4
 
Es increible el odio hacia Calvino hoy por tantos que ven la historia de una manera subjetiva. Calvino no tenía el suficiente poder para detener esa muerte, la inquisición era brutal y despiadada, ahora poner a Calvino como el que no hizo lo necesario para 'salvar' a servet me parece que no vivimos hoy en el contexto donde se produjeron estos hechos. Ademas sería bueno destacar porque servet huia de la inquisición y porque llega a ginebra con otro nombre. Si hoy viviera Calvino estoy seguro que lo quemarían los que levantan la bandera de la tolerancia.
 

lilia del mar perez de tudela
09/07/2012
04:09 h
3
 
Por fin, una pluma que sabe lo que escribe sobre esta desgracia para la Reforma ajena al sectarismo. Mi agradecimiento. Despues de ver tantos mal copiados y peor analizados de articulos sobre Calvino, este viene como un agua fresca acerca del tema. No es tan facil decir algo que es bastante complejo en un limite de 500.espacios. Pero lo que si quiero decir es que se esta endiosando a Calvino y eso no es es asi. Quienes lo hacen se tildan de historiadores, -mejor, copiadores- La historia no es para copiar, sino para reflexionar. La doctrina de nuestro Servet, no ha traido desgracia alguna al mundo.Humanista como medico y teologo. Hoy el mundo padece de los derivados del calvinismo. En lo t
 

Galo Nómez
08/07/2012
17:06 h
2
 
Ninguna justificación quita el hecho de que Calvino, en el mejor de los casos, fue cómplice o dejó de hacer lo suficiente para evitar un crimen surgido de esa misma intolerancia religiosa que los reformados se plantearon derribar. Por otro lado, si en efecto fue devorado por las circunstancias, ¿por qué Casiodoro de Reina debió huir de Ginebra y vivir varios años oculto en Alemania, tras el malhadado juicio llevado a cabo contra un amigo personal y ex compañero de monasterio?. El problema de estas atrocidades, es que a diferencia de lo ocurrido con la inquisición católica, los atropellos de los evangélicos se dirigieron en su mayoría contra sus propios hermanos de fe, como sucedió con los ca
 

Bernardo Serrano Gutiérrez
08/07/2012
17:06 h
1
 
Sin ánimo de entrar en polémica; me parece una vergüenza que se intente defender un asesinato sacudiéndole a Calvino toda responsabilidad en el asesinato (que no muerte) de Miguel Servet. Su actuación, la del Consejo, la de los cristianos ginebrinos que lo vieron como normal es tan degradante, que nadie que se llame cristiano puede justificar unos hechos tales. Por otra parte, los evangélicos nos hemos pasado toda la Historia criticando abiertamente a la Inquisición Católica por sus asesinatos injustos por causa de una intolerancia religiosa injustificada, y aquí, en el artículo, parece que se quiere dar carta de aprobación a lo que tanto hemos criticado, una Inquisición intolerante, ases
 

Bereano
08/10/2018
20:26 h
16
 
YO TENGO LA OBRA COMPLETA DE CALVINO Y SI NO LA LEYERON, NO LO DEFIENDAN IGNORANDO LO QUE FUE E HIZO.
 

Bereano
08/10/2018
20:25 h
15
 
LAS EXCUSAS DE LOS PROTESTANTES, HIJOS DE LA GRAN RAMERA, SON VOMITIVAS. QUE HACIA EL DEMONIO CALVINO SENTADO CON DEMONIOS DE ESE DIRECTORIO??? ERA UN COBARDE QUE TEMIA POR SU VIDA Y NEGOCIO SU ALMA PARA PRESERVAR LA ASQUEROSA INVENCION DE SATANÁS, DESPUES DE ROMA; LA REFORMA. QUE ESCRIBIA ENFADADO PORQUE CONSIDERABA QUE DEBIA DEFENDER A SU "CRISTO" GRECORROMANO Y NO AL YESHÚA HEBREO DE LA BIBLIA. DESDE CUANDO EL SEÑOR, SUPONIENDO QUE CALVINO SE REFIERE A EL, NECESITA QUE LO DEFIENDAN.
 



 
 
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