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    Leopoldo Cervantes-Ortiz
     

    La génesis de “Él entre nosotros”: un diálogo con Tomás Castaño Marulanda

    Entrevista a Tomás Castaño Marulanda, director del documental, "Él entre nosotros".

    GINEBRA VIVA AUTOR Leopoldo Cervantes-Ortiz 29 DE MARZO DE 2018 17:16 h
    Tomás Castaño Marulanda.

    Él entre nosotros es un documental producido en Colombia en 2017, que se ha presentado en varios festivales internacionales. Se ocupa de mostrar cómo se experimenta la fe en Jesús de Nazaret, en Medellín, a partir de testimonios e imágenes asociadas, ambientado todo en la vida cotidiana de dicha ciudad. En suma, se trata de algo completamente distinto al llamado “cine evangélico”. En palabras de David Gaitán, este documental “se convierte en una radiografía de la belleza del caminar en Jesús, sus acciones, pensamientos y discursos en medio de un barrio cualquiera de nuestra geografía latinoamericana”. Su director, Tomás Castaño Marulanda, habla aquí ampliamente de los entretelones del proyecto y de su visión personal.





    Cartel de Él entre nosotros

    Pregunta: Un gusto, Tomás. Has encabezado el proyecto fílmico Él entre nosotros, un documental externado el año pasado, que rompe con todos los convencionalismos del llamado "cine religioso", aunque, en este caso, dicha categoría no ayuda mucho. ¿Qué nos puedes decir de manera general sobre la idea de la que surgió este trabajo?



    R:Antes que nada, agradezco profundamente que tuvieran en cuenta nuestro trabajo, para hacer mención, y a mí para contestar estar preguntas, me honran profundamente. Por otro lado, saludo con afecto a quienes leen, que el buen Dios los abrace.



    Bueno, yo llevo varios años dedicado a la comunicación audiovisual, desde diferentes frentes, a veces he sido camarógrafo, otras veces editor, otras productor o realizador, y así, dependiendo de las necesidades. A veces he hecho todas a la vez, aquí, en mi país es usual que haya poco presupuesto para algún trabajo audiovisual y entonces uno es “todero”, hace “de todo”. En algún momento, pensando en “el reino de Dios” y “el evangelio”, por alguna razón se me pasó por la mente la pregunta ¿Qué has hecho por el reino de Dios y por el evangelio desde lo que haces profesionalmente? Era como una conversación entre una parte de mí y otra parte de mí en que la respuesta fue: “No, no he hecho nada” y entonces hubo una contra-respuesta: “Hay que hacer algo”.



    Comencé a escribir ideas, a orar, a seguir escribiendo, a intentar imaginar lo que quería. En la medida en que la estructura iba teniendo más cuerpo, cuando ya había algo más organizado, comencé a mostrar las ideas, primero a mi esposa para que me contara cómo le iba pareciendo todo, ella fue un apoyo invaluable, luego a algunos amigos del medio audiovisual de la ciudad para que me criticaran. Fue una sorpresa ver que los amigos a quienes yo les mostraba la estructura para que la criticaran, que me servían como filtro de calidad y aprobación, querían comenzar a ser parte del proyecto. Así, una obra que yo grabaría en los tiempos libres con mi cámara réflex, se comenzó a convertir en una producción con muchos amigos y amigas dispuestos a aportar tiempo, plata y conocimiento.





    P: ¿Cuál es tu formación como director? ¿Te has inspirado en algún cineasta en particular?



    R: Yo, en términos académicos, soy técnico en edición de video, tengo un diplomado en fotografía digital (del que aún no he pagado la certificación) y soy comunicador social. Creo que la formación más importante es la de la experiencia que contaba allá arriba. Me he movido más en las esferas de visibilizar dinámicas, procesos y movilizaciones sociales. He hecho parte de colectivos defensores de derechos humanos, de acciones de comunicación para el cambio social y de paz y reconciliación. Así, creo que he desarrollado una sensibilidad importante por las historias particulares y cómo ellas se enlazan en contextos donde convergen otras particularidades. Como creyente, creo que he aprendido a mirar a Dios en medio de esas realidades sociales. Él entre nosotros es en realidad el primer “gran” proyecto que dirijo. Me refiero a “gran” teniendo en cuenta el número de personas involucradas en su producción y todas las piezas que lo forman.



    Yo veo cine (mucho) pero tengo algo característico y es que no “sé” de cine, casi nada. Yo disfruto ver los filmes y suelo relacionarlos realidades humanas, distingo en ellos narrativas visuales y maneras de contar las ideas/historias que los conforma, pero poco me he interesado por quienes lo dirigen o de donde salen los guiones, o cuál es el entorno bajo el cual tales o cuales personas que lo producen tienen incidencias inmediatas o mediatas. Lo sé, es decepcionante, pero tiene explicación, nunca me visioné dedicado al cine, sino a las ciencias sociales, y si bien el cine sirve como fuente en algunos estudios sobre algunos temas, no necesariamente es el foco, como sí lo es para quien hace cine. Dirigir este proyecto me cogió por sorpresa y sin referentes cinematográficos conscientes.





    P: Hemos leído que quisiste estudiar teología, pero que ese sueño se frustró, pero que también te has documentado bastante para comprender mejor tu fe. ¿Cuán es tu trasfondo eclesial o espiritual? Incluso has publicado algunos textos en Lupa Protestante.



    R: Mi abuelo, que hace un tiempo falleció, conoció del evangelio siendo un campesino labriego, esposo de una mujer trabajadora, también campesina, y dedicado a la vida rural. Ellos vivieron en una época en que a los “evangélicos” se les tiraban tomates (o piedras) en las casas donde vivían. Y no sólo fueron creyentes y asistieron a las iglesias (que solían ser las salas de las casas de otros creyentes) sino que poco a poco se perfilaron como pastores. El abuelo no tuvo academia, en la familia, creo que una prima o una tía, le enseñó a leer y, eso sí, desde que aprendió, no soltó los libros. Él y la abuela son los responsables de que sus hijos e hijas nos heredaran a nosotros, sus nietos, las buenas noticas de Jesús.



    Yo vengo de una familia de pastores. Mi vieja (así le digo a mi mamá), sirve de manera pastoral en una iglesia local, en la primera iglesia protestante (o bueno, de corte pentecostal) a la que alguna vez asistí. Tengo un tío pastor, una tía que es esposa de un pastor, hace poco supe que tengo algunos primos que son pastores. Y así, crecí viviendo de cerca los “tejemanejes” (eso es un populismo aquí que significa algo así como “las realidades”) del ministerio. Y bueno, me he caracterizado por hacer preguntas, y buscar respuestas a esas preguntas, no necesariamente las que me gusten, sino respuestas que sean bien fundadas, con argumentos que dejen pocas ideas sueltas. Eso ha sido problemático, a veces los que preguntan son incómodos, me he caracterizado por ser incómodo para quienes viven la fe sin cuestionarla.



    La historia de querer estudiar teología se conecta con eso, la sed de aclarar dudas, a la falta de dineros que me sostuvieran el seminario, a combatir con horas de lectura. Al principio no entendía gran cosa, pero seguía leyendo, algunas cosas solo encontraban sentido cuando leía a otros autores, y así, me fui llenando de autores que me ayudaron, no a solucionar las preguntas que tenía, sino a consolidarlas mejor, a tener nuevas. En la presentación de la tesis de maestría de Juan Esteban Londoño, a la que fuimos invitados varios amigos y llenamos el pequeño salón (yo estaba sentado en el piso), hubo una afirmación de él, que se ha encarnado en mí: “Yo me encuentro mejor relacionándome con lo divino desde la pregunta que desde la respuesta” (Juan, si lees, no me mates por decirlo de otra manera). Así lo siento, así lo veo, así lo vivo, por eso vivo buscando insaciablemente, a Dios, en medio de la pregunta. En ese ejercicio conocí a Lupa Protestante y a su director, Ignacio, ellos han tenido a bien publicar un par de mis escritos, me han honrado haciéndolo.





    Juan Esteban Lendoño

    P: ¿Cómo surgió la idea de incluir teólogos/as o pastores (como Elsa Tamez y Juan Esteban Londoño) en el documental? ¿Este trabajo se orienta en el sentido de alguna teología en particular o piensas que va más allá de eso?



    R: Desde el principio, y como parte de la estructura, queríamos proyectar a Jesús y el reino de Dios, desde diferentes posibilidades, la teología era una de ellas, o más bien, el acercamiento teológico. Estaba claro que había unas vacantes para unos teólogos en el documental, no estaba claro quienes las iban a ocupar. Juan es el asesor teológico de este primer proyecto. Y en conversaciones con él se pusieron las posibilidades sobre la mesa. Quisimos, desde la producción, abordar el tema de Jesús desde la diversidad. El evangelio es el resultado del estudio de cuatro versiones diferentes de los dichos, los hechos y la muerte (y resurrección) de Jesús. Cuatro escritores (o grupos de escritores), con contextos diferentes, que estaban buscando qué tenían los relatos acerca de Jesús, para aportar a sus comunidades de fe; van unidos en el canon neo testamentario, y es en la revisión de las cuatro versiones que tenemos un panorama más o menos global, de lo que se decía de Jesús en los tiempos posteriores a su ascendencia.



    En el documental están Elizabeth Sendek, que es rectora del Seminario Bíblico de Colombia, ella es presbiteriana; Elsa Tamez, doctora en Teología, escritora, mexicana, de la iglesia metodista; John Hernandez, pastor y teólogo luterano; Felipe Trujillo, pastor y teólogo de uno de los concilios pentecostales más reconocidos del mundo, “Asambleas de Dios”; y Juan que de alguna manera, directa o indirectamente, ha pasado por todas las ramas mencionadas y aun así, creo que no pertenece a ninguna, ahora sigue su formación en Alemania como candidato a doctor en Teología. En realidad, no es un grupo que busque legitimar una teología u otra, más bien busca construir un cuerpo de ideas en torno a Jesús, a partir de la diversidad teológica.





    P: Llama la atención que la voz en off, que dice bastantes textos bíblicos, se acompañe de imágenes de la cotidianidad de los personajes cuya vida es el centro de la narración. ¿Consideras que este cruce visual y discursivo traslada la experiencia de fe de estas personas a otro plano expresivo?



    R: Los textos bíblicos se narran, específicamente, en unos fragmentos artísticos. Estos fragmentos personalmente me emocionan mucho. Quisimos que los artistas conscientemente prepararan un acto de honor a la idea y a la persona de Jesús, desde el vínculo que cada uno de ellos tuvieran con él, y así se los explicamos en conversaciones previas a la grabación. Claro, nosotros no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar, escasamente teníamos idea del arte ejecutado, pero, a partir de ahí, cada artista tenía su propia intencionalidad.



    Por otro lado, una de las mujeres del equipo, nos ayudó a fragmentar las declaraciones del Nuevo Testamento que hacían afirmaciones acerca de quién es Jesús, y de su obra, es decir, la cristología de las comunidades de fe que nos permite reconocer el canon del Nuevo Testamento, es lo que se habla en esas voces que mencionas. Así, el artista está expresando su sentir, su pensar, su sentir con respecto del Jesús que las narraciones están describiendo. Un acto, si se quiere, de adoración artística, de manifestaciones del arte que se ponen al servicio de Jesús, lo que hizo, lo que dijo y lo que representó para las comunidades de fe primarias.





     



    Elizabeth Sendek.





    P: El ambiente que refleja el documental es completamente urbano y juvenil. ¿Crees posible que mucha gente se identifique con lo que acontece en Medellín, Colombia, con la población juvenil creyente en Jesús?



    R: Por mucho tiempo las teologías en nuestro medio eran herméticas y más o menos estáticas. Había, aunque sigue habiendo, pero no con las mismas posibilidades que en el pasado, un grupo de personas que ostentaba el conocimiento. Desde los púlpitos se exponían unas ideas específicas y no había muchas posibilidades más que, o bien, confiar en que el expositor decía la verdad, o buscar libros para documentarse y sopesar las fuentes, por lo menos en lo concerniente a lo teológico; esos libros se encontraban en las bibliotecas de los pastores (a las que no muchos teníamos acceso).



    Ahora ya no, ya tenemos celulares con acceso casi que ilimitado a la información, bastan algunos segundos moviendo los dedos y ya nos podemos estar dando cuenta si lo que dijo el predicador es cierto, es medianamente cierto, es cierto sólo desde unas miradas específicas, o definitivamente, no sabe de lo que habla. Las conexiones que nos permiten las posibilidades virtuales hacen que las ideas estén en constante conversación. Es muy usual que, a grandes rasgos, en América Latina, escuchemos a los mismos cantantes, veamos los mismos memes, contemos los mismos chistes y hagamos más o menos las mismas críticas. Esto que se describe es una realidad colectiva, y se aplica a los escenarios no cristianos, en la política, en la ecología, en las desigualdades sociales, en los valores comportamentales, en los rechazos, en las marginaciones, en la segregación, en la esperanza de nuevas posibilidades, en el anhelo de cambio y transformación, vivimos más o menos mundos similares.

     



    P: ¿Qué opinas del uso proselitista del “cine evangélico” que se produce en Estados Unidos y en otros países? ¿Consideras que cumple una función auténticamente misionera?



    R: Diré primero, que poco estoy de acuerdo con el uso proselitista de ningún discurso. Creo que no hemos sido llamados a hacer del otro un objeto de la evangelización, hemos sido enseñados por el Galileo, a permitir que el otro sea un sujeto del evangelio. No a convertir a las personas sino a convivir con las personas, y si esa convivencia en la que el creyente debe ser portador de la sanación, la vida, la libertad y la esperanza (“Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios”), lleva a las personas a querer vivir el reino de Dios, se estará cumpliendo “la gran comisión” y estaremos a la vista de nuevos discípulos del reino. Dicho esto, debo matizar algunas ideas. En otros tiempos, bajo otras posibilidades, como por ejemplo la carencia de la democratización del conocimiento que nos permite internet, con otros imaginarios casi que obligados, de la divinidad, de lo que es ser cristiano, y de las motivaciones para serlo, el cine dio a luz intentos por “evangelizar” y esos intentos alcanzaron personas que seguramente se valieron del mensaje que portaban esas películas para encontrar rumbo. A Dios gracias que su vida (Espíritu Santo) vino sobre “toda carne”, menos mal él ocurre incluso en los escenarios donde menos nos parece verlo. Hoy, nosotros, bajo los presupuestos y las posibilidades actuales, podemos y debemos buscar cada vez más, traducir el evangelio y su exposición del reino de Dios, no sólo al quehacer cinematográfico sino a todos los aspectos de la vida profesional, familiar y personal.





    P: ¿Consideras que Él entre nosotros puede contribuir en algo a cambiar la mentalidad eclesial acerca del potencial de un buen cine con “mensaje cristiano”?



    R: No sé. Para nosotros es difícil ver las bondades de nuestro trabajo. Hace unos meses, Samuel Lagunas en México escribió un artículo hermoso acerca de nuestro trabajo. La primera vez que lo leí lloré muchísimo, aparte de la genialidad de Samuel con las letras, leer lo que externamente se dice o se siente al respecto de lo que hicimos es hermoso, más si es algo positivo. Nosotros amamos nuestro “hijo” pero lo conocemos al detalle, sabemos los errores que cometimos, las cosas que quisiéramos haber hecho de otro modo, conocemos sus diálogos de memoria (creo). Entonces cuando hablan de nosotros como los hacedores de “buen cine” no nos queda más que agachar la cabeza y agradecer. Ahora, hemos visto cómo en las iglesias donde hemos sido invitados a conversar alrededor del documental y su temática, y su teología, y sus acercamientos a Jesús, algunas barreras tradicionales se caen, algunas preguntas que antes no se hacían se ponen sobre la mesa y muchas de las ideas que se guardaban con miedo, van teniendo lugar en la conversación, se ponen en diálogo. Creo que la iglesia necesita iniciativas de acción que traduzca el evangelio a sus escenarios más básicos.





    P: Finalmente, ¿qué le dirías al público que está en busca de un buen cine con temática religiosa, espiritual o mística? ¿Y a quienes desean producir material audiovisual desde los espacios eclesiales?



    R: Luego de una conferencia con la hermana Maritze Trigos, yo quería abrazarla, todos la querían abrazar, se hizo una fila gigante de gente que estaba esperando abrazarla, yo decidí desistir, siempre he tenido problemas con ser uno más del montón. Maritze es una monja que se ha dedicado a acompañar comunidades enteras, víctimas del conflicto armado colombiano, mientras uno la escucha uno puede pasar de la carcajada al llanto en unos cuantos segundos, pero siempre al final, uno termina con una noción de esperanza inigualable. Ese día estaba programado para presentar nuestro trabajo en el evento, era un seminario de la Universidad Claretiana sobre teología y paz. La hermana Maritza entró cuando ya había comenzado la proyección, me alegró mucho verla. Al terminar, fue ella quien se levantó entusiasta y me abrazó. En el abrazo me repitió unas tres veces “vale la pena, lo que están haciendo vale mucho la pena, sigan haciéndolo, vale la pena”.



    ¡Vale la pena! No esperen a tener las mejores herramientas, siempre den lo mejor que tienen, siempre busquen ir un poco más allá de lo “normal”, trabajen en equipo, denle valor al equipo y sus capacidades, nuestro proyecto no sería nada sin el equipo que se entregó para él.


     

     


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