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    Leopoldo Cervantes- Ortiz
     

    Diálogo con Samuel Gallegos sobre el monólogo basado en Lutero o el criado de Dios, de Francisco Prieto

    El actor y pastor Samuel Gallegos encarna al reformador alemán en el monólogo basado en la obra de teatro Lutero o el criado de Dios (1999), de Francisco Prieto.

    GINEBRA VIVA AUTOR Leopoldo Cervantes-Ortiz 17 DE NOVIEMBRE DE 2017 07:55 h
    Cartel de la obra.

    El pasado 29 de octubre se estrenó con gran éxito en la Ciudad de México el monólogo basado en la obra de teatro Lutero o el criado de Dios (1999), de Francisco Prieto (quien estuvo presente), en ocasión de los 500 años de la Reforma Protestante.



    El actor y pastor Samuel Gallegos fue quien encarnó al reformador alemán, y quien volverá a representarlo el sábado 18 de noviembre en el Colegio Sara Alarcón de la Iglesia Metodista. Se recogen aquí algunas de sus impresiones sobre los preparativos, la adaptación (que duró unos tres meses) y el estreno de dicho monólogo.



    Gallegos es un reconocido actor de cine y televisión, y cuenta en su haber con dos películas dirigidas por Arturo Ripstein: Carnaval de Sodoma (2006) y La calle de la amargura (2015).



    ¿Qué te ha parecido la propuesta de la obra de Prieto sobre Lutero?



    Para mí, uno de los mayores logros de Francisco Prieto en su obra es que logra unir la interioridad humana de Lutero con parte de su quehacer intelectual, que a mi parecer están indisolublemente unidos.



    Los diálogos en los que Lutero se expresa están escritos de tal manera que Prieto logra presentar ese dominio del idioma que sabemos tenía el reformador, combinado con su imaginación desbordada y la pasión con la que hacía brotar sus palabras desde las profundidades de su ser, lleno de miedos y certezas que surgían desde su propia experiencia.



    Prieto refleja claramente las fuerzas poderosas que movían a Lutero: la salvación, el diablo, la carnalidad, la familia, sus errores, su vocación, etcétera, acomodado magistralmente en una estructura dramática en donde recrea cómo vivía el reformador esas fuerzas poderosas en situaciones de su vida, en donde intervienen personajes claves (sus hijos, sus padres, Cayetano, Tetzel, Catalina, etcétera).



     



    ¿Imaginaste que la representarías en algún momento de tu carrera? ¿Cómo ha sido esa experiencia?



    No solo no me imaginé que la representaría. Después de leerla, ni siquiera sentía ganas de representarla y nunca, por mí mismo, creo que hubiera hecho el más mínimo esfuerzo de montar dicha obra.



    La razón es que el Lutero de Prieto, capta la complejidad de su personalidad y resulta un personaje muy exigente y difícil de interpretar. Para ser franco, de inicio me causó rechazo hacerlo. Yo sólo quería adaptar la obra de teatro a monólogo y dirigirlo; que otro actor representara a Lutero. Pero no encontré a alguien que se interesara, especialmente porque lo consideraban muy difícil.



    El reformador sigue imponiendo a sus 500 años. El caso es que, al no encontrar un actor dispuesto, me dije: “Ni modo, hazlo tú”. Pero créeme, Lutero no es nada fácil. Comenzando por el propio texto de Prieto, que me costó mucho trabajo aprender (es más, todavía me cuesta trabajo decirlo sin error), pues la estructura de ese español y muchas de las palabras con las que habla son absolutamente ajenas a mi forma de estructurar mis pensamientos y de hablar.



    Luego está el asunto de dar sustento emocional y psicológico a lo que expresa Lutero. Los cambios emocionales que experimenta el personaje, la fuerza que imprime a su modo de hablar, la profundidad y veracidad que exigen la proyección de sus experiencias personales y de sus ideas, la recreación de su mundo interno y sus vinculaciones con la realidad, etcétera, son de una demanda tal, que cada ensayo terminaba cansado de estar en la constante búsqueda de que todo eso tuviera verdad, tanto escénica, como personal. En realidad, es un personaje que me rebasa con mucho.



     



    Samuel Gallegos.



     



    Cuéntanos algo sobre la ardua tarea de adaptarla como monólogo.



    Bueno, la adaptación no fue tan complicada como pensábamos. Sí tuvimos que leer la obra varias veces ya demás hacer algo de investigación. Sin embargo, varias cosas lo facilitaron.



    Primero, el propio texto de Prieto. La manera en que Prieto hace hablar a Lutero está hecha de tal manera, que casi cada participación suya es un mini-monólogo. Segundo, en sentido literario, escogimos la secuencia de textos que nos permitieran abarcar las ideas fundamentales del reformador.



    Después fuimos depurando los textos que repetían alguna idea y tratamos de dejar ideas claras escogiendo las frases que mejor lo expresaban.



    En algunos casos cambiamos algunas palabras o añadimos otras sólo porque en el texto original, la redacción obedecía a que el personaje interactuaba con otros y de dejar el texto como estaba, resultaría difícil de entender.



    Tercero, en el sentido escénico, fue fundamental la experiencia de Gregorio Reséndiz como director. El hecho de que él tuviera una idea clara de lo que haría el personaje en el escenario, ayudó a que el texto se fuera conformando de acuerdo con momentos determinados, dentro del trazo escénico que él se propuso.



    ¿Qué pasaba por tu mente mientras trabajabas en la adaptación?



    Básicamente mi idea era dejar un texto que fuera manejable, entendible, que me fuera fácil aprender. En un inicio hasta pensé reescribir algunas frases, pero al final desistí, porque me di cuenta de que hacer eso era arruinar la obra de Prieto y que estaba cayendo en hacer a Lutero a mi modo en lugar de yo hacerme al modo de Lutero, una tentación grande entre los actores, cuando encuentran difíciles a los personajes.



     



    ¿Cómo participó Gregorio Reséndiz en este trabajo excepcional?



    Una vez que decidí que yo haría a Lutero, comencé a buscar quien me dirigiera. Era claro para mí que yo no me podría dirigir solo, pues ya es bastante difícil el personaje como para pretender hacerlo sin dirección externa.



    Así que encontrar a Gregorio y que aceptara dirigir, fue providencial. Porque no sólo tiene una amplia experiencia como director de teatro, tiene una enorme sensibilidad, es muy comprometido y tiene gran claridad de lo que quiere.



    Siendo franco, yo entré al personaje sin saber qué hacer con él. De no haber sido por la dirección de Gregorio, no sé qué hubiera hecho. Lo que viste en escena que hice, se lo debo enteramente a su dirección. Yo sólo me dejé guiar.



    En el caso de textos complicados, buscamos juntos, caminó conmigo cada paso en la construcción del personaje, exploramos posibilidades cuando el texto se nos mostraba abierto y también fue contundente cuando fue claro para él cómo había que interpretar los textos.



    Fue muy paciente conmigo en mi retraso al aprenderme el texto. Me tardé más de dos meses en dominarlo con una cierta confianza. Incluso puedo decirte que me ayudó a memorizarlo, conforme construíamos y ensayábamos cada párrafo. Realmente Gregorio bordó fino, frase a frase; no dejamos ninguna sin analizar, ninguna quedó sin sustento.



     



    Leopoldo Cervantes, Gregorio Reséndiz, Francisco Prieto y Samuel Gallegos.



    En la primera representación que hiciste, el pasado 29 de octubre, fue notorio tu enorme esfuerzo. ¿Qué te dejó esa primera puesta en escena?



    Hacer la representación con público nunca es lo mismo que hacerla en solitario para el director. Hacer que la energía fluya entre el espectador y el actor en el teatro, que haya una real comunicación, captar la atención, resultar verdadero, etcétera, es algo que siempre nos exigimos los actores.



    Lutero tiene una energía que yo no tengo. Es un personaje que tiene el peso de 500 años, con todo lo que eso conlleva. Así que interpretarlo me exige una energía tal que apenas si logro dársela al personaje.



    Si en un ensayo terminaba cansado, hacerlo con público es agotador. Así que la experiencia de ese 29 de octubre y basado en que sentí que el público estuvo atento en todo momento, en los comentarios que me hicieron, me dejó la idea de que logré dar al personaje la energía necesaria a las vivencias del reformador, la proyección suficiente para hacer que el público las sintiera y la veracidad para que, siendo yo tan diferente físicamente a Lutero, pudieran ver al personaje.



     



    ¿Qué recomendarías al público que seguramente irá a presenciar el monólogo el próximo 18 de noviembre?



    Con base en que lo que se ha expuesto de Lutero en el cine, lo que se dice en las iglesias como reformador, en la exaltación que se hace de él como figura legendaria de la Reforma, no relacionar sus enseñanzas teológicas con sus vivencias personales, yo recomendaría que quien vaya a ver el monólogo lo haga pensando que se va a encontrar con un ser humano lleno de pasiones, contradicciones, luchas emocionales, dudas en la fe, convicciones y vivencias de Dios que pueden ser distintas a las nuestras hoy. En fin, diría que hay que ir dispuesto a encontrarse con un ser humano muy distinto a nosotros quizá, pero muy cercano en muchos sentidos.



     



    ¿Qué lugar tendrá esta notable actuación (una hora exacta de intenso trabajo) en tu carrera profesional?



    He hecho teatro en muchas ocasiones, pero nunca había hecho un monólogo. Y para colmo, el primer monólogo que hago resulta que es éste de Lutero y tiene una dificultad enorme, y me ha exigido como ningún personaje lo había hecho. Así que, lo dejaré como mi carta de presentación como actor dramático.



     



    Finalmente, ¿qué le dirías al público de origen eclesial para que se acerque a esta obra: la adaptación y el texto completo?



    Tengo la impresión de que el público eclesial no tiene tanto interés en el teatro a este nivel. Por lo menos, no en las iglesias locales o desde las iglesias locales. Yo mismo he tratado de armar grupos de actores en las iglesias, con formación en serio, pero llega un momento, casi de inmediato, que la formación les asusta o los prejuicios les impiden hasta decir ciertos textos.



    Y en donde hay un cierto interés en el teatro, se suele hacer un teatro utilitario y sin profundidad. Así que, si la pregunta tiene que ver con acercarse a estas obras de teatro sólo como literatura, leerlas para conocerlas, yo diría que está bien, que debieran hacerlo para que, por lo menos, hubiera un acercamiento distinto al que se suele hacer sobre Lutero.



    Pero como soy un actor comprometido con el fenómeno escénico, yo preferiría que el público eclesial procurara acercarse a estas obras y a otras, poniéndolas en escena, que para eso fueron escritas y buscaran tener grupos de actores que las representaran con amor y compromiso.


     

     


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