Los álamos
Poema de Alicia Gallego Soler, extraído de la obra 'Cristales del alma', con motivo del 22 de abril, Día de la Tierra. (selecciona Isabel Pavón)
22 DE ABRIL DE 2016 · 05:35
Era un bosque de álamos donde el verde divisaba
los cuarzos del horizonte.
Sus troncos sanos plantaban sus raíces
en el vientre de la tierra.
Estaban serenas sus hojas mirando hacia el cielo,
a los pecíolos los acariciaba el vahaje
con sus manos de seda.
La felicidad brotaba en frondosas ramas
que alzaban sus brazos llenos de vida.
Cuando la lluvia mojaba sus profundidades
el corazón vegetal latía, abriendo el ámbar de sus raíces
con la fuerza de la naturaleza.
Cada primavera se vestían de fiesta,
ofreciendo el esplendor de las mariposas
que osadas bailaban en frágil peana.
Las aves hacían sus nidos en los pechos del viento
apoyándose en la pirámide de madera,
mientras los rayos de sol ungían las sombras.
Se paseaban los versos por la acrópolis luminosa,
guardando inspiración de romero y espliego.
El poleo blandía su aroma en la sibilina estación.
Llegó un descuido, que despertó la soledad
quedando cubierta de tánganos ausentes,
el humo asfixió las perlas de oxígeno.
La muerte calcinó la belleza
exprimiendo los jugos de la vida,
de aquellos álamos de hojas hermosas,
retiro del silencio
donde el sigilo echaba sus promesas,
y ardían las esmeraldas que bebían del rocío.
Sólo quedó un tapiz de luto
con briznas y brozas del paraíso.
Lloran los años que no verán,
las siluetas engalanadas de los álamos.
Alicia Gallego Soler
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