¿Ateos de qué Dios? La apología del ateísmo, a debate

Teólogos y filósofos, creyentes y ateos, comparten en una revista sus inquietudes por el auge del ateísmo más combativo.

ESPAÑA · 22 DE JUNIO DE 2011 · 22:00

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Desde que comenzó el siglo XXI y, sobre todo, a partir del 11-S, se ha formado una tendencia creciente entre ateos que han pasado del anterior “pasotismo” del fenómeno religioso a la confrontación más fuerte. La revista teológica Concilium dedicó recientemente un monográfico a este tema de actualidad que permea la sociedad actual en muchos niveles. Bajo el título “¿Ateos de qué Dios?”, se presentan las convicciones que creyentes y ateos manifiestan. La revista descubre que, aunque todavía hay prejuicios y malentendidos, hay más puntos de contacto de lo que se creía. Los editores del número han sido contrastados intelectuales, Solange Lefebvre (directora del Centro de Estudios de las Religiones de la Universidad de Montreal), Andrés Torres Queiruga (profesor de Filosofía de la Religión de la Universidad de Santiago) y Maria Clara Bingemer (profesora de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro). La serie de artículos destaca cómo ha renacido la “propaganda atea” en el siglo XXI, algo que parecía enterrado tras la caída de la URSS. Sin embargo, el “nuevo ateísmo” surge desvinculándose de relaciones políticas para aferrarse a la ciencia. Así, se reconocen cuatro figuras editoriales fundamentales: Richard Dawkins, Sam Harris, Daniel Dennett y Christopher Hitchens, a los que podría agregarse Stephen Hawking. La crítica atea a las religiones se ha convertido en un gran negocio que mueve millones en todo el mundo. Incluso en internet es muy seguido el blog “Ateísmo para cristianos” que no pretende convencer sino presentar los argumentos ateos para que los creyentes los conozcan. Y lo mismo se puede decir de los grupos “escépticos” y racionalistas que impulsan el pensamiento racional siguiendo a Mario Bunge. Estos autores –junto con otros- están librando una batalla contra lo que ellos entienden como la intolerancia, la ignorancia religiosa, el mito, la superstición y diversas formas de adoctrinamiento, mostrando que sólo visiones y comprensiones del universo de corte naturalista, irreligioso y ateo sirven para el avance de la sociedad. A ello se agrega que el año 2009, con ocasión del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) tuvo lugar una gran cantidad de conmemoraciones que en algunos casos se centraron en las funestas consecuencias de las religiones sobre la humanidad y la naturaleza. Sin embargo, no todo es ataque a la religión. Hay pensadores ateos que reflexionan honestamente acerca de un ateísmo que puede vivirse y experimentarse como un tipo de espiritualidad, sin asumir una confrontación con los creyentes. André Comte-Sponville, un filósofo francés que se declara ateo, escribe un artículo en el que explica su postura, receptiva ante ciertos valores religiosos. EL DEBATE CIENCIA-FE Concilium ¿Ateos de qué Dios?
Muchas de las objeciones a la existencia de Dios proceden de ámbitos científicos. El evangélico Alister E. McGrath, un ex ateo que estudió inicialmente Ciencias Naturales en la Universidad de Oxford y, a continuación, Teología Cristiana, de la que fue profesor, titula su aportación en la revista como “Los ateísmos de superventas. El nuevo cientificismo”. Para los nuevos ateos, el cristianismo representa un anticuado modo de explicar las cosas que pueden descartarse en la época científica moderna.
En una de las afirmaciones maravillosamente gratuitas que forma parte de su oposición contra la religión, Christopher Hitchens nos dice que, desde la invención del telescopio y del microscopio, la religión “ya no ofrece ninguna explicación de nada importante”. El artículo finaliza con esta frase: “Tal vez, una de las lecciones más importantes que debemos aprender del “nuevo ateísmo” es la importancia de que los científicos que están comprometidos religiosamente puedan y quieran defender y, sobre todo, explicar su fe a sus propios colegas”. ¿TEOLOGÍA IRRELEVANTE? Por su parte, Philip Clayton, doctor en Filosofía y en Teología en la Universidad de Yale y profesor de la cátedra Ingraham en la Claremont School of Theology, se pregunta: “¿Por qué debe evolucionar el teísmo en la Era de la Ciencia?”. Una de las consecuencias de su trabajo es el descubrimiento de un consenso general en las universidades, donde mayoritariamente se considera que los teólogos trabajan con creencias que tienen poco interés para el mundo contemporáneo; conciben a Dios tan distante de esta era científica como irrelevante para las inquietudes contemporáneas. Cuando los teólogos se defienden ante este juicio, suelen hacerlo de uno de estos dos modos: en ocasiones, apelan a la invencible autoridad de sus escrituras sagradas o sus credos. Probablemente, quienes están fuera de los círculos cristianos no disputen el derecho que tienen los teólogos a realizar esta apelación, pero no le conceden apenas relevancia en la cultura contemporánea. Por otra parte los creyentes y los teólogos pueden apelar a sus experiencias subjetivas para dar garantías a lo que dicen sobre Dios. De nuevo, la gran comunidad intelectual está dispuesta a tolerar estas apelaciones como experiencias subjetivas, pero está menos dispuesta a admitir que sean indicadores de verdad o que deben ser adoptadas como algo normativo para los demás. El resultado evidente ha sido una notable “guetización” de la teología. Sus preocupaciones parecen cada vez más irrelevantes a la sociedad y a sus más urgentes desafíos. Incluso muchos que aún se mantienen en la órbita de la iglesia, han comenzado a desarrollar una actitud similar sobre su propia tradición religiosa. Así pues, aún cuando usen un lenguaje bíblico y de la fe y puedan haber tenido experiencias espirituales que suenan a cristianas, no opinan que ese lenguaje se oponga a la visión secularizada del mundo que han asumido por su educación, sus colegas y sus lecturas. Todo un signo realmente grave de que la teología cristiana se ha hecho irrelevante incluso para los cristianos. “La iglesia como tal puede aún sobrevivir. Pero a menos que permitamos que nuestros conceptos de Dios evolucionen, de modo que afronten esta crisis de relevancia y hablen con más fuerza al mundo contemporáneo, la influencia de la Iglesia sólo puede ir mermando cada vez más”, concluye tajante Clayton.

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