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Juan Antonio Monroy
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La transición religiosa en España (II)

Nacieron a la nueva vida en Cristo y encendieron la luz del Evangelio donde antes difundieron tinieblas de error. 

ENFOQUE AUTOR Juan Antonio Monroy 03 DE OCTUBRE DE 2018 10:00 h
William Rule. / Wikimedia Commons

LA SEGUNDA REFORMA EN ESPAÑA



En 1901 apareció en Holanda un excelente estudio sobre la Historia de la Reforma en España escrito por el protestante de aquella nacionalidad M. K. Van Lennep. Casi inmediatamente fue traducido al español y publicado por Jorge Fliedner. En la página 269, Van Lennep dice: “La luz del Evangelio que tan espléndidamente comenzó a brillar en España en el siglo XVI, fue apagada por el rey Felipe II. Este rey, que había declarado que prefería reinar sobre un desierto antes que sobre un país habitado por herejes, había logrado su deseo. A su muerte no se encontraba ni un solo protestante en España. Los pocos que habían escapado a los autos de fe de la Inquisición huyeron al extranjero. España, pues, en el orden espiritual, había sido convertida por su rey en un desierto donde el árbol de la fe no podía prosperar más”.



“Esta situación se prolongó hasta el siglo XIX. Entonces comenzó a despuntar la luz de una segunda reforma que, a pesar de la mucha oposición por parte de los hombres, tanta bendición trajo a España hasta el presente. Si se vivieron tristes experiencias, si muchos fueron los desengaños que sufrieron, también se dejaron oír brillantes testimonios de fe y se pueden mencionar nombres de mártires esforzados”.



 



GIBRALTAR, PUNTO CLAVE DE LA SEGUNDA REFORMA



El tan discutido peñón de Gibraltar, retenido tozudamente por Inglaterra y repetidamente reclamado por España, fue la zona clave para el inicio de la Segunda Reforma en España.



Hacia mediados del siglo XIX algunas sociedades misioneras de Inglaterra decidieron reanudar los intentos evangelísticos en España.



Ante las dificultades que presentaba nuestro país a causa de la intolerancia religiosa, decidieron mandar sus hombres a Gibraltar y establecer allí una misión para españoles.



La estrategia dio resultado. Menéndez y Pelayo dice: “La propaganda que se hacía en el peñón era grande y la que de allí partía para la Península era extraordinaria”.



En los puertos españoles del Sur, de Cataluña y de Levante, los barcos descargaban toneladas de literatura procedente de Gibraltar, que luego era distribuida clandestinamente y leída con avidez en los grandes núcleos urbanos.



 



WILLIAM RULE



Entre los misioneros ingleses llegados a Gibraltar hay que destacar a William Rule. Era un hombre muy culto. Pronto aprendió el español a la perfección. Menéndez y Pelayo lo considera pieza clave de la Segunda Reforma en España.



Rule fundó en el peñón una Iglesia compuesta de españoles. En cuanto las circunstancias políticas se lo permitieron viajó a la Península y estableció numerosos contactos en Málaga, Sevilla, Madrid y otros puntos de la geografía española. En Cádiz abrió una escuela para niños y estableció una congregación que llegó a contar con un número importante de convertidos.



William Rule escribió numerosos folletos, algunos libros, y también nos dejó un tomo contando sus trabajos en España y Gibraltar.



Su infatigable dedicación a la causa del Evangelio en España dio el impulso inicial al movimiento protestante conocido como Segunda Reforma en España.



Fue miembro destacado de un equipo de misioneros ingleses que propusieron romper con las barreras de intolerancia religiosa imperantes en nuestro país. En su persona quedan citados, reconocidos y honrados todos los demás hombres de Dios que desde Inglaterra llegaron a nuestras ciudades con la luz del Evangelio.



 



MANUEL MATAMOROS



Otrohéroe y lumbrera de la Segunda Reforma en España fue Manuel Matamoros García.



Nació en Málaga en 1836. Su padre era teniente coronel de artillería. El propio Matamoros estudió durante tres años en la Academia Militar de Toledo.



Tendría unos 20 años cuando realizó una visita a Gibraltar. Allí entró en contacto con un pastor evangélico catalán llamado Francisco Ruet. La conversión de Matamoros fue rápida.



 



Manuel Matamoros. / Wikimedia Commons

Inmediatamente emprendió una activa e incansable tarea de evangelización por diferentes lugares de España: Málaga, Sevilla, Granada, Barcelona.



En octubre de 1860 fue encarcelado en Barcelona por distribuir literatura protestante.



Los gobernadores civiles de Málaga, Córdoba, Sevilla y Granada escribieron al de Barcelona pidiendo que el preso fuera enviado a sus respectivas jurisdicciones.



El 1 de enero de 1861 fue encarcelado en la prisión de Granada. Con él fueron encarcelados otros líderes evangélicos de la Segunda Reforma, entre ellos Trigo y Alhama.



Celebrado el juicio contra Matamoros, en la acusación fiscal se decía: “Matamoros y sus asociados, olvidando la religión de sus padres, predican los errores de Lutero, catequizan a los incautos, fundan iglesias protestantes y asociaciones prohibidas por la ley”.



El joven evangélico fue condenado a nueve años de cárcel. Representantes evangélicos de diferentes países pidieron a la reina Isabel II que indultara a Matamoros y a sus amigos. La reina respondió que prefería cortarse la mano derecha antes que firmar el indulto de los presos evangélicos.



Tras permanecer dos años y medio en la cárcel fue liberado y condenado al destierro.



En Francia y en Suiza organizó dos instituciones para preparar pastores españoles.



Desgraciadamente, los años pasados en la cárcel fueron fatales para su salud. Contrajo una tuberculosis de la que nunca se recuperó. Murió en Suiza a los 31 años.



Matamoros sólo vivió unos siete años después de su conversión. De estos, pasó casi tres en la cárcel.



En nada más que siete años de vida activa recorrió la Península de un extremo a otro, estimuló a muchos para que se dedicaran a la gloriosa tarea de anunciar el Evangelio, estableció congregaciones en España, Francia y Suiza, y dio un enorme impulso a la Segunda Reforma en España.



 



JUAN BAUTISTA CABRERA



Aunque en esta semblanza de hombres que lideraron la Segunda Reforma en España deje de mencionar nombres importantes por las naturales circunstancias de este trabajo, no puedo pasar por alto el de Juan Bautista Cabrera.



Cabrera nació en Benisa, Alicante, el 23 de abril de 1837.



A los 15 años ingresó en un seminario católico de los escolapios y en 1862, cuando contaba 25 años, fue ordenado sacerdote.



De una gran inquietud intelectual y teológica, Cabrera empezó a leer la Biblia. A medida que leía se daba cuenta de que sus doctrinas católicas se iban derrumbando.



Al mismo tiempo nacía en él un sentimiento de simpatía hacia Matamoros y demás líderes evangélicos encarcelados, de quienes la prensa española informaba ampliamente.



El cuadro de su disconformidad con la Iglesia católica fue completado al enamorarse Cabrera de una joven llamada Josefa Latorre.



La pareja se refugió en Gibraltar y allí contrajo matrimonio. Empezaron a asistir a reuniones en la Iglesia evangélica y casi inmediatamente abrazaron las ideas del protestantismo.



Cabrera estuvo trabajando y enseñando en Gibraltar entre 1863 y 1868.



Aquel año se produce en España un alzamiento militar que derriba a la monarquía, da el triunfo al general Prim y logra instaurar la primera y breve República entre 1873 y 1874.



Inmediatamente Cabrera forma en Gibraltar un comité de evangelización. Pasa a Cádiz y luego a Sevilla. En la capital del Guadalquivir se dedica a anunciar el Evangelio en los lugares más pintorescos, cafés, casinos, plazas públicas, etc.



Aquellas experiencias las resume en el siguiente poema:




“Sevilla en aquellos días



era un profundo vivero



de comicios populares



y de oradores ingenuos.



Una noche y otra noche,



en varios sitios a un tiempo,



para tratar de política



congregábase el buen pueblo.



Ya en los altos de un café,



que ad hoc cedía su dueño,



bien en la vasta nave



de algún suprimido templo…



En una de estas secciones



grité: ¡Pido la palabra!



¿Quién la pide? –Un forastero.



Todos somos aquí iguales,



para nadie hay privilegio.



Venga arriba el ciudadano,



háblenos y escucharemos”.




Cabrera murió en 1916, a los 79 años de edad. La suya fue una vida enteramente dedicada a la difusión del Evangelio. Fue un gran predicador. Fundó la Iglesia Española Reformada Episcopal y fue su primer obispo en España. Durante 40 años ejerció su ministerio en Madrid.



Intelectual de grandes valores, destacó como escritor. Escribió libros de ensayo y de poesía. Compuso himnos que aún figuran en nuestros himnarios y se cantan en las iglesias, entre ellos “Despliegue el cristiano su santa bandera”, “Nunca, Dios mío, cesarán mis labios” y otros muchos.



En los funerales celebrados para enterrar su cuerpo, otro destacado líder evangélico de aquella época, Cipriano San José, dijo de Cabrera: “En los campos del Israel cristiano reformado ha caído uno que, desde sus primeros combates, vióse rodeado de estos enemigos, de adversarios tenaces; uno que ha librado batallas sin que en el fragor de la pelea pensara volver atrás; sí, ha caído un campeón de la Reforma en España; pero no a impulso del cansancio, sino como caen, como cayeron siempre los valientes, es decir, en su puesto, desempeñando el cometido que le fuera confiado”.



 



SACERDOTES CONVERTIDOS AL EVANGELIO



Una característica muy peculiar de la Segunda Reforma en España, que no se repitió a partir del establecimiento de la República en 1931,fue el relativamente elevado número de sacerdotes católicos que se convirtieron al protestantismo.



Juan Bautista Cabrera no fue el único. Cabe destacar la conversión de Cipriano Tornos, que fue confesor privado de la reina Isabel II. De una elocuencia extraordinaria, llegaban evangélicos de todos los lugares para escucharle. En la calle Noviciado, en Madrid, construyó un templo que todavía está en funcionamiento.



Antonio Vallespinosa, sacerdote catalán convertido en Barcelona, quien desplegó una enorme actividad en Cataluña.



Luis Fernández Chacón, cura del pueblo de Maguilla, en Extremadura. Trabajó mucho por las tierras de Andalucía.



Francisco Palomares, valenciano, párroco de Cuenca, fue convertido en Madrid y ejerció un dilatado ministerio evangélico en Andalucía.



Un seminarista católico catalán, Pedro Sala y Villaret, condiscípulo del gran poeta Jacinto Verdaguer, enriqueció el protestantismo español de aquella época con una importante aportación literaria de carácter religioso y filosófico.



Falta tiempo y espacio para mencionar uno por uno los nombres de la larga lista de sacerdotes católicos convertidos al protestantismo entre 1836 y 1936, fechas que marcan el inicio y el fin de la llamada Segunda Reforma en España.



Al despojarse de sus vestiduras sacerdotales y sustituirlas por una vestimenta sin símbolos religiosos, dejaron atrás el oscurantismo católico, nacieron a la nueva vida en Cristo y encendieron la luz del Evangelio donde antes difundieron tinieblas de error. 


 

 


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COMENTARIOS

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El gallo de Sócrates
04/10/2018
10:56 h
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Quizá vengan a cuento los versos de Miguel Hernández: "... átale fuerte carcelero./ No le atarás el alma".
 



 
 
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