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    Iglesias destruidas por pastores incompetentes

    La idea de este escrito ha surgido en mí como consecuencia del último -en una amplia lista- desastre de iglesia dividida del que he tenido noticia.

    ENFOQUE AUTOR Juan Antonio Monroy 14 DE FEBRERO DE 2018 10:13 h

    Trato aquí, hoy, un tema nuestro, de familia. Tan hondamente nuestro que afecta a las mismas raíces del ente eclesiástico. La idea de este escrito ha surgido en mí como consecuencia del último -en una amplia lista- desastre de iglesia dividida del que he tenido noticia.



    Lo que cuento es absolutamente real. Actual. Comprobable. Ha tenido lugar en la autonomía madrileña. Un pastor joven, recién graduado de un seminario donde se preparan líderes para el ministerio pastoral. Un hombre de cultura media, equilibrado, temperamento afable. Sólo un año como pastor y la Iglesia se ha dividido en tres grupos. Unos se han integrado en otras congregaciones. Otros, tras el escándalo, han abandonado la fe. El propio pastor frustrado, se encuentra en estos momentos confuso, sin saber cómo orientar su futuro. Le acompaña un tercer grupo de fieles.



    Todos son víctimas. Él y ellos.



    Como este caso que cuento, ¿cuántos hay en España? En el mundo protestante, miles; lo sé, conozco muchos, tengo documentación de otros. Pero yo escribo esto en España y para España.



    Se impone entre nosotros la reflexión. Hemos de hacernos muchas preguntas.



    La primera puede ser ésta: ¿qué hacían esos jóvenes pastores antes de ir al seminario? Puede que aquí encontremos algunas claves del drama. ¿Cuántos años contaban de salvados? Digo salvados, no convertidos. Para mí hay mucha diferencia. En nuestras iglesias hay personas convertidas a una determinada creencia religiosa, a una forma de culto, a un estilo de vida, pero no han experimentado la salvación integral y sobrenatural contenida en el texto del Nuevo Testamento.



    Si no fueron salvados, ¿cómo se puede esperar que haya en ellos pasión por la salvación y cuidado de otras vidas?



    Si fueron realmente salvados, ¿cómo lo manifestaban en la Iglesia a la que pertenecían antes de ir al seminario? ¿Servían en órganos directivos? ¿Trabajaban con grupos de jóvenes? ¿Colaboraban en los distintos departamentos de la Iglesia?



    Se está enviando a seminarios e institutos bíblicos a jóvenes que no han demostrado vocación alguna para el ministerio pastoral. Se los manda sin preparación, sin bagaje espiritual. Su religión la hicieron otros. Les fue comunicada por tradición y conservada por la costumbre.



    Fueron recomendados al seminario esperando que allí los harían pastores. Y ése fue un error.



    Un segundo error, implícito en la siguiente pregunta, pudo ser el seminario en sí mismo: ¿a qué tipo de institución fueron esos jóvenes? Conozco fábricas de pastores que son un fin en sí mismas. Les importa más la institución, el curriculum, el prestigio que puedan conseguir, que la preparación de los jóvenes. Los profesores son cerebros fríos, capaces de explicar toda la Biblia y de descifrar todas las reglas de la homilética, pero con corazones de hielo. Transmiten conocimientos, pero no experiencias. Iluminan conceptos, pero no arrastran pasiones. Ellos mismos fueron al profesorado con poca o nula experiencia pastoral. Algunos optaron por la enseñanza tras fracasar en el ministerio congregacional. Nunca fueron salvadores de vidas y no saben cómo enseñar a otros a serlo.



    Un buen número de estos profesores son extranjeros. No conocen el país ni la cultura, carecen de visión nacional, son de una pobreza humana y de una intolerancia religiosa que deprimen a las piedras. Pueden explicar desde el primer versículo del Génesis al último de Apocalipsis, pero lo hacen en pura teoría, sin vida, sin nervio, sin fantasía ni ilusión alguna.



    Sostengo que esos seminarios y esos profesores son culpables de que muchos jóvenes fracasen en sus primeras experiencias pastorales.



    Los preparan para la discusión y la pelea, no para la entrega de la vida al servicio de otros.



    Y tras graduarse del seminario ¿dónde fueron? Ésa podría ser una tercera pregunta.



    En España, ahora mismo, hay más iglesias que pastores. Faltan hombres para el ministerio. Las iglesias están pendientes de las graduaciones. Contratan a los primeros que salen o a los que creen que pueden ser útiles en el trabajo pastoral.



    En ocasiones son iglesias que están sin pastor porque el último que tuvieron se fue quemado. Iglesias conflictivas, con miembros de muchos años que no cambian ni quieren cambiar. Algunos de ellos son, incluso, pastores frustrados. Poner a jóvenes recién salidos del seminario al frente de una de estas iglesias es hacer con ellos lo que mandó hacer el rey David con el marido de Betsabé, Urías el heteo: ponerlo al frente, en lo más recio de la batalla, para que lo maten.



    Y es más grave cuando el seminario o su Iglesia madre, una vez instalado el joven pastor, lo dejan solo. ¿De dónde va a recibir consejos, ayudas, estímulos, orientación, sugerencias, palabras de miel? De la Iglesia que pastorea, ciertamente no, porque se supone que él está allí para ofrecer todo eso. El apoyo debe llegarle de los líderes de la Iglesia de donde salió cuando fue al seminario o de la dirección y profesorado del mismo.



    Otras veces es el joven pastor quien se niega a recibir consejos. En el seminario le han hecho creer, o lo cree él solito, que es autosuficiente. ¿Acaso no cuelga en la pared de su despacho un título que le acredita tres o cinco años de estudios? ¿Para qué más? Ya lo sabe todo. No necesita consejo de gente madura ni que otros le digan cómo hacer las cosas. Y si coincide que estos pastores jóvenes han realizado estudios universitarios y tienen un poquito más de cultura que otros, entonces sí que no hay quien les tosa. Los consejos son inútiles. Aunque acaben estrellados en pocos años.



    A todo esto, ¿dónde encaja la mujer del pastor? No hay que perderla de vista. No se puede prescindir de ella. Sería como dejar al hombre fuera de su contexto humano y exponerlo al desequilibrio emocional y hasta mental, digan lo que digan algunos psiquiatras que incluso leen la Biblia o la leen mal.



    La esposa del pastor joven que estoy utilizando como figura en este artículo, ¿tiene vocación para el pastorado? Si la tiene, puede ayudar al marido en los momentos difíciles. Ella misma hablará con los líderes de la Iglesia, contribuirá a resolver problemas, emitirá juicios, tomará decisiones, se esforzará por poner las cosas en su sitio. Pero si sólo es esposa de su marido, si no ha sido llamada al ministerio pastoral, a esta mujer joven le pueden crucificar la vida. Le invadirá un sentimiento de angustia, sufrirá interiormente, vivirá períodos de crisis. Y, cuando no pueda aguantar más, se enfrentará al marido.



    Éste vivirá entonces entre dos fuegos: el de una mujer joven a la que ama, posiblemente madre de hijos, pero que no comprende su trabajo, y el de una Iglesia conflictiva que le entorpece el ministerio. Más aún: si la Iglesia ha contratado los servicios no sólo del pastor, sino de un matrimonio, exigirá que la mujer desarrolle determinados trabajos en la congregación. Al no poder hacerlo, porque carece de los dones requeridos, puede deprimirse hasta límites que afecten a su salud. Desde luego, afectará, y gravemente en algunos casos, a su relación matrimonial.



    Pastores sin vocación, mal preparados o mal orientados están desmantelando iglesias todos los días, en todas las denominaciones. Las congregaciones quedan divididas, desanimadas, sin visión, sin ganas de trabajar, sin programa de futuro. Algunos miembros se mantienen, otros se integran in iglesias cercanas. Unos y otros arrastran donde estén las amargas experiencias vividas. Las heridas tardan en cicatrizar. Levantar estas iglesias, ponerlas de nuevo sobre sus pies, infundirles nuevas ilusiones, es trabajo de titanes.



    No corren mejor suerte los pastores. Algunos resisten, se afianzan en el poder congregacional, pero ya no son los mismos. Mucho ha cambiado en su interior. Las predicaciones son agresivas y el carácter muestra signos de dureza y de intolerancia. Incluso se convierten en dictadores de grupos pequeños. Ven a los miembros de la congregación como una amenaza, no como una ayuda  a su ministerio. Y obstaculizan el desarrollo de los dones.



    Otros dejan el pastorado y se dedican a trabajos seculares. Al principio argumentan que darán al ministerio las horas libres, pero poco a poco se van apartando de la Iglesia y hasta del Señor de la Iglesia.



    Los hay también quienes aprenden la lección, cambian de Iglesia y realizan una labor positiva en otra ciudad, con otras personas. Lo triste es que hayan tenido que sembrar y cosechar amarguras en el camino del aprendizaje. Y algunas vidas arruinadas.



    ¿Qué hacer? Nadie tiene la solución. El problema es tan viejo como Alejandro el Calderero y Diótrefes, quienes han cumplido ya dos mil años de edad. Ayudaría mucho si los seminarios y los institutos bíblicos examinaran cuidadosamente a los jóvenes que piden ingreso. Estar convencidos de que son jóvenes salvados, con una vocación definida al ministerio, que hayan trabajado en las congregaciones locales, colaborado en las tareas pastorales, que aporten experiencias previas, que razonen su fe, sus creencias, sus propósitos. Que sueñen, que proyecten, que tengan corazón de pastor, sin esperar a que sea la institución la que les inspire estas motivaciones.



    La Iglesia que envía a un joven a estudiar para el ministerio debe asimismo entender que su responsabilidad no concluye con la alegre reunión de despedida, donde todo son felicitaciones, ni con el sostenimiento económico mensual o el envío de una ofrenda esporádica. Los líderes de la Iglesia deben estar pendientes de su hombre en el seminario, apoyarle espiritualmente, atenderle personalmente, estar al tanto de su desarrollo, hablar con los profesores, ofrecerle oportunidades para que durante las vacaciones pastoree algún punto de misión o realice labores pastorales en la propia congregación bajo la guía de personas experimentadas.



    El propio interesado es el más llamado a prestar atención a sus grandes líneas de desarrollo, teniendo conciencia de que se está preparando para ser conductor de vidas y modelador de conciencias. Si aprende a ser pastor en la misma institución, mientras estudia, donde surgirán muchas oportunidades, saldrá de ella preparado para ser de bendición a la Iglesia local que requiera sus servicios.


     

     


    14
    COMENTARIOS

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    EZEQUIEL JOB
    19/02/2018
    22:57 h
    14
     
    Preocupa que la mayor parte de la discusión del evangelio de vida, se enfoque solo en el 5% donde pasamos nuestras vidas, o sea la iglesia. La verdadera lucha y tentaciones esté en el trabajo, hogar, etc., que representa el 95% restante, o sea el mundo. Los pastores tienen una visión reducida de la vida cristiana, lo encaminan solo a que estés en la iglesia, sin embargo, el diablo está en el mundo(1Jn5:19), ahí nos ataca, ahí tenemos que vencer, somos luz del mundo no solo de la iglesia(Mat5:14
     

    Solo cristiano
    18/02/2018
    23:30 h
    13
     
    Y si, son un problema los profesores de países anglosajones o latinomericanos, cuyas sociedades son tan diferentes a la española ( cada uno en su estilo ) y no conocen la mentalidad ni la psicología de la gente de nuestro país, ni la manera de enseñar y de hablar de Dios. Gente que te habla de Dios de una forma tan fria, tan insensible, tan terrible.... que rompen el alma. Y esa gente enseña a pastores que van a estar con fieles de este país, tan diferentes a los de Texas o a los de Colombia...
     

    Solo cristiano
    18/02/2018
    23:26 h
    12
     
    Gran artículo, que dice las verdades que a muchos les molesta: pastores que no sienten salvos ni amados por Cristo y por tanto no pueden transmitir a los fieles esos sentimientos, seminarios y profesores que enseñan solo teoría y teología pero no la pasión por Cristo ni por ser pastores y por tanto son incapaces de transmitirla...Nadie puede dar lo que no tiene, eso es todo. Un ciego no puede explicar como es la luz y el color.
     

    EZEQUIEL JOB
    18/02/2018
    02:24 h
    11
     
    Las iglesias no son destruidas por pastores incompetentes, sino porque TODOS no obedecemos al Buen Pastor, al Señor Jesús y su Evangelio. La enseñanza de la doctrina no es solamente del Pastor(1Tim5:17), ya que debe designar a otros para enseñar(2Tim2:2), los primeros cristianos enseñaban y no tenían ninguna instrucción “bíblica”(Hech5:42), antes debían tener una conducta intachable(1Tim3:2)(2Tim2:24), el único “texto” oficial y suficiente es La Biblia(2Tim3:16). Dejemos que el ESPÍRITU enseñe.
     

    EZEQUIEL JOB
    18/02/2018
    01:51 h
    10
     
    No estoy de acuerdo en criticar a los pastores, los admiro por dedicar su vida, su futuro, y su sustento familiar solamente a los aportes de la iglesia, cosa no me siento capaz de hacerlo, son valientes. Obviamente excluyo a aquellos que pastorean solamente por el dinero y fama, que ven a la iglesia como fuente de ganancia y que no llevan una vida honesta. Mi pastor es "ordenado", no tiene estudios bíblicos ni de seminario, lo hace por puro amor a las ovejas(Jn21:15). Amo a mi pastor, Dios lo Be
     

    EZEQUIEL JOB
    16/02/2018
    22:15 h
    9
     
    La función del pastor es. "....perfeccionar a los santos... hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;"(Ef4:11-13) enseñen a ser HONESTOS, CUIDAR LA BOCA, enseñen a andar en el ESPÍRITU y no en LA CARNE(Gal5:19-23), enseñar la diferencia entre CARNE y ESPÍRITU es fundamental en el cristianismo que todo pastor debe enseñar. El Señor pregunta: ¿Me amas?...apacienta mis ovejas(Jn21:17)
     

    TeoGraduado
    16/02/2018
    16:31 h
    8
     
    Propongo otra teoría sin culpar a los seminarios. Conozco casos, más de 6, de aquellos que van al seminario sin importarles el aprendizaje, solo van para que les acrediten para ser pastor. Salen de allí habiendo aprobado asignatutas pero sin aprender nada. ¡nada! Luego hay otro factor: Los que van a seminarios de un calvinismo radical y luego vuelven para pastorear iglesias de una larga tradición arminiana (o ajenas a ese "tipo" de calvinismo), el resultado es atroz. ¡doloroso cisma inmediato!
     

    presentador
    16/02/2018
    15:34 h
    7
     
    Personalmente creo que los seminarios solo deberían dedicarse a brindarle a sus estudiantes las diferentes herramientas ministeriales. Dios es el que llama e instituye los ministerios. No se trata solo de una institución sino de almas. hacerle creer a los jóvenes que son Pastores solo porque el instituto los diplomo, es un error. El Espiritu Santo es el que reparte a cada uno en particular y como el quiere.
     

    unapastoraateaseatrincheraensuiglesia
    16/02/2018
    11:26 h
    6
     
    Buen articulo.Pienso que muchos que se meten en el ministerio se equivocan al pensar que porque obtienen una licenciatura en teologia ya son Pastores.Lo tragico es que no saben lo que hacen ya que no se trata de manejar cosas,se trata de cuidar almas y si no ha sido llamado por DIOS puede destruir una vida por toda la eternidad.Yo creo que la persona que ha sido llamada tiene que tener una seguridad total.Francisco gomez
     

    observador
    16/02/2018
    11:03 h
    5
     
    *No me parece equilibrado el artículo. Parece ser que tienen la culpa los Pastores, los Seminarios, los Profesores que no son españoles (sic), las mujeres de los Pastores... ¿no tiene ninguna responsabilidad en las divisiones las misma congregaciones?¿Su falta de madurez,falta de visión y pasión misionera?¿liderazgo mal preparado, falta de mayordomía? ¿Falta de respeto a los Estatutos de la iglesia y de sus compromisos denominacionales?Para ser justos hay que repartir responsabilidades
     

    Protestantólogo
    15/02/2018
    21:14 h
    4
     
    Los pastores, al igual que Pablo, deben saber construir tiendas, ello les permitirá una ventana al mundo que desean salvar; 2. Los misioneros con dones académicos y pasión pastoral (forman pastores) deben dedicarse, asesorados, 100% a ello; 2: las iglesias independientes deben procurar referentes colegiados para dirimir conflictos, y asesoría pastoral para pastores; 3: las congregaciones no deben permitir- como medida de protección - el enclaustramiento del pastor, menos actitudes autoritarias.
     

    el culé
    15/02/2018
    11:05 h
    3
     
    Triste, muy triste!!, pero cierto, muy cierto!!. A algunos les sienta mal hablar de estos temas, pero son realmente importantes porque os aseguro que NO ES EL ESPÍRITU SANTO EL QUE FALLA !!. Bendiciones.
     

    Josema
    15/02/2018
    09:50 h
    2
     
    Buen articulo, añado mas: 1.- La gran soledad del Pastor. 2.- Las demandas de la membresía cada vez mas exigentes en todos los ámbitos. 3.- El tener que complacer a todo el mundo, todo el tiempo, para que no se vayan de la Iglesia, porque de irse, se pueden ir otros (efecto domino), se pierden ingresos, peligra el local de cultos y el sueldo pastoral. Estamos en tiempos como en el Libro de los Jueces, cada cual hace lo que le viene en gana. Es una locura ser Pastor en estos tiempos. Una locura.
     

    Calvo
    15/02/2018
    09:07 h
    1
     
    Muchas gracias por este artículo que tristemente muestra la realidad de muchas iglesias que se llaman evangélicas. Pero hay también la penosa situación de también otras iglesias que presumen de ser evangélicas, que están horrendamente divididas, y con una tremenda hipocresía pretenden que todo va bien. A algunos pastores se les indica la situación, y no hacen absolutamente nada por remediarla. Parece que están totalmente satisfechos, con tal de que a fin de mes reciban su acordado salario. .
     



     
     
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