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    ¿Amamos con el corazón o con el alma?

    Señor director: No encontraremos los confines del amor si no recorremos los caminos del alma.

    ENFOQUE AUTOR Juan Antonio Monroy 12 DE ABRIL DE 2017 16:20 h

    Señor Director:



    La famosa casa publicadora de libros en inglés Penguin acaba de sacar a la venta un libro titulado “Milton Glaser. Conversaciones con Peter Mayer”. El tal Mayer me interesa menos, Glaser me interesa más. ¿Quién es Milton Glaser, diseñador y escritor norteamericano vivo a sus 87 años? Le haré otras preguntas, Director:



    ¿Qué recuerda usted del año 1977? Le doy una ayudita, como dicen en la tele. Aquél fue el año de los asesinatos de abogados en Atocha. En el aeropuerto tinerfeño “Los Rodeos” murieron 575 personas tras el choque de dos aviones, uno en tierra y el otro llegando. Premio Cervantes para el poeta español Jorge Guillén. Muere un hermano de Franco, Nicolás. Elecciones generales en España que gana Suárez. El Betis gana la copa del rey por primera vez. El Rayo Vallecano le gana al Real Madrid. Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura ¿Recuerda?



    Pero ¿nada más que destacar de aquél año? Sí, muchas cosas que harían este artículo interminable. Entre ellas, esta curiosa noticia: El diseñador Milton Glaser, nacido en Nueva York en 1929, inventa el legendario logo “I love N.Y.”, que en lugar de la palabra love=amor, llevaba un corazón. Este sencillo e inútil invento pronto dio la vuelta al mundo. Se extendió por todas partes.



    “I –corazón- Paris”. “I –corazón- Moscú”. “I –corazón- Pepita”. “I –corazón- Antonio”.



    ¿Usted cree, señor Director, que amamos con el corazón? A mí me parece que no. A lo sumo lo admito como un amor terreno, temporal, material. Dice la gran Enciclopedia Larousse en su tercer tomo: “corazón. Órgano central del aparato circulatorio, situado en el interior de la cavidad torácica, encargado de impulsar la sangre a través del sistema vascular”.



    Ya lo tenemos. El corazón es un órgano más del cuerpo humano. ¿Qué pasa cuando muere el cuerpo? Que muere también el corazón. Si aceptamos la teoría de Carlos Marx, nuestro cuerpo se compone solamente de átomos materiales. Cuando morimos, los órganos se descomponen y desaparecen en la tumba o en el crematorio. ¿Y qué queda de nosotros? La nada que pregonaba Ernesto Hemingway, la nada de los racionalistas, la nada de los materialistas, la nada de los ateos. Se acabó el más acá, nada hay en el más allá.



    Decir de una ciudad “Yo –corazón- Tánger” puede pasar. Pero decir “Yo –corazón- Vanesa”, estamos diciendo que queremos a Vanesa tanto tiempo como dure la vida en la tierra, porque una vez muertos, ese yo y esa Vanesa han dejado de existir y por tanto han dejado de amar.



    Cuando un hombre repite “Yo –corazón- Vanesa”, está negando uno de los artículos más importantes en la doctrina cristiana, porque está diciendo que quiere a Vanesa por el tiempo que le dure la vida en el mundo de la materia.



    Querer con el alma es diferente. De nuevo recurro a la gran Enciclopedia Larousse: “alma. Principio espiritual que informa el cuerpo humano y con él constituye la esencia del hombre”. Nosotros, los creyentes, estamos convencidos de que el alma es inmortal. Muerto y desaparecido el cuerpo, el alma continúa consciente en las moradas del Padre Dios. Así lo leo en la Biblia. Apocalipsis 6:9 dice que el apóstol Juan vio en la eternidad “las almas de los que habían sido muertos”.



    Cuando Alberto, ateo, dice a Pepa, también atea, “te quiero con todo mi corazón”, está diciéndole que la querrá el tiempo que duren sus vidas en la tierra.



    Cuando Carlos, creyente, dice a Julia, también creyente, te quiero con toda mi alma, le está diciendo que la querrá en esta vida y en la otra, en la tierra y en el cielo.



    Mis teorías, señor Director, si alguien quiere considerarlas así, están basadas en pasajes de la Biblia donde se afirma la primacía del alma sobre el corazón cuando de amor se trata. ¿Recuerda usted la historia de Siquem y Dina en el capítulo 34 de Génesis? El príncipe de aquél pueblo viola a Dina, hija de Lea; pero tras la violación dice el texto que “su alma se pegó a Dina y se enamoró de la joven”. Siquem se enamoró de Dina con el alma, no con el corazón.



    En el capítulo 30 de Números, cuarto libro del Antiguo Testamento, Moisés da instrucciones al pueblo judío sobre la ley de los votos. En ella, las parejas habían de comprometerse mutuamente con el alma, no con el corazón.



    La casada había de obligarse por el alma (vrs. 6). 



    El marido debía ligarse a la mujer por el alma (vrs. 7-8).



    Todos los votos, tanto por parte del marido como de la mujer, habían de tener por testigo el alma (9-14).



    La inquebrantable amistad entre David y Jonatán era amistad del alma, no del corazón: “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David y lo amó Jonatán como a sí mismo”. (1º Samuel 18:1).



    En la literatura universal, el libro más antiguo que existe sobre el amor es el Cantar de los Cantares, atribuido a Salomón. Siglos antes que “El banquete” y “Fedro” de Platón, dos mil años antes que “El arte de amar”, de Ovidio. Más que un libro religioso, pues no trata de Dios, el Cantar de los Cantares es el más bello poema de amor escrito por ser humano alguno. Pues bien, como usted sabe, por ser lector asiduo de este libro, aquí se insiste en que amamos con el alma, no con el corazón. Leamos.



    1:7: “Hazme saber, oh tú a quién ama mi alma”.



    3:1: “Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma”.



    3:2: “Buscaré al que ama mi alma”.



    3:3: “¿Habéis visto al que ama mi alma”.



    3:4: “Hallé luego al que ama mi alma”.



    Señor director: No encontraremos los confines del amor si no recorremos los caminos del alma. El alma, decía San Agustín, “está en cada cuerpo, en todo él, en cada una de sus partes porque el alma es el motor del amor”.



    Dice la novia: “me llamas tu corazón, llámame tu alma, porque el alma es inmortal, el corazón no”.



    Ya lo sabe, señor director. No diga más a su bella esposa: “Asun, te quiero con todo mi corazón”, dígale: “Asun, linda canaria mía, te quiero con toda mi alma”.



    Puede que el señor Milton, si le queda vida, pueda rectificar alguna vez. Páselo bien.


     

     


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    COMENTARIOS

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    EZEQUIEL JOB
    18/04/2017
    21:29 h
    1
     
    En La Biblia cuando habla de corazón se refiere al espíritu: "Mar 12:30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.", "1Pe 3:3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 1Pe 3:4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios."
     



     
     
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