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    Noa Alarcón
    14
     

    La ultraderecha evangélica

    Hay un problema grande cuando se asocia ser cristiano a una sección específica del espectro político.

    AMOR Y CONTEXTO AUTOR Noa Alarcón Melchor 30 DE ENERO DE 2017 13:26 h

    Este fin de semana me contaron la historia de un maestro de pueblo que era protestante al que, una vez ya acabada la Guerra Civil, fueron a buscar a la escuela unos milicianos y se lo llevaron para fusilarlo. Se supone que se lo llevaron y lo mataron, porque no se volvió a saber de él. Ya habían ganado la guerra y los asesinos actuaron por su cuenta, sin recibir órdenes de nadie, persiguiendo los ideales que ellos consideraban necesarios para la prosperidad del país.



    Una de las grandes preguntas que nos hacemos a menudo es cómo es posible que en plena era moderna, hace nada en términos históricos, pudiesen llegar a suceder atrocidades así en nuestro patio de casa; cosas como esta historia, o el propio Holocausto que se conmemoraba estos días pasados. Por un lado, sabemos que el mal existe; por otro lado, cuesta entender que se propague y se favorezca de parte del gobierno de turno.



    Nos parece como la última frontera moral y ética que cruzar, y nos da mucho miedo; nos provoca una sensación de impotencia e injusticia difícil de soportar. En principio, deberían existir mecanismos para que no se pudiesen volver a dar situaciones de injusticia parecidas; en principio, ese fue el problema de la primera mitad del siglo XX: que los mecanismos para garantizar los derechos humanos y civiles llegaron tarde. Sin embargo, el ascenso de Trump y de su ideología extremista en EE. UU. vuelve a hacernos dudar de que existan mecanismos suficientes no ya solo para parar el mal que provoca el ser humano, sino simplemente su estupidez. Vivimos muy cerca de Estados Unidos en términos culturales, y todo lo que ocurre allí nos repercute. Durante este fin de semana allí se han puesto en marcha algunos mecanismos (algunos oficiales, otros extraoficiales) para parar el veto antimusulman en los accesos al país, incluso de musulmanes en situación de legalidad a los que se les ha expropiado, sin previo aviso, su vida cotidiana; se han escuchado noticias e historias que nos hacen volver la mente a esos otros momentos históricos que nos ponían la piel de gallina. Nos vuelve a dar miedo no ya el mal, sino la simple expansión de la estupidez humana.



    Pero la parte más difícil de todo lo que viene ocurriendo últimamente la tenemos, en términos de cultura, de nuevo en el patio de casa. Los evangélicos españoles y europeos no consiguen entender a las grandes figuras del evangelicalismo estadounidense que apoyan con esa rotundidad las ideas retorcidas de la política de Trump, e incluso disculpan (o alaban, lo que es peor) las salidas de tono del personaje. Ser presidente de Estados Unidos conlleva un respeto asociado a la institución que nos cuesta comprender fuera; pero, aun así, ese respeto institucional no es suficiente para entender estas justificaciones. Realmente estas personas están de acuerdo con sus políticas e ideas, aunque nos recuerden a las que preconizaron la guerra.



    Y, de repente, nos damos cuenta de que el problema es mucho más grande de lo que queremos admitir. Ojalá esto fuera algo así de puntual, un simple apoyo a unas ideas que rozan la ultraderecha; con todo su peligro, podría delimitarse y, con el tiempo, se diluiría. Porque puede que el ser humano, en su estupidez, alguna vez llegue a apoyar ideologías o políticas que, aunque prometan paz y seguridad, en el fondo van en contra de la propia sociedad; sin embargo, esto no perdura en el tiempo, y siempre se acaba volviendo contra sus propios defensores. Pero la brecha que se nos abre aquí es mucho más grande, más profunda y llega más lejos: nos resulta muy difícil, muchísimo, ver cualquier línea de conexión entre ellos que se hacen llamar cristianos y el cristianismo que vivimos aquí. Resulta demasiado difícil llamarnos hermanos. 



    Últimamente he tenido la oportunidad de estudiar un poco más a fondo la enorme influencia que hay en España de una visión estadounidense del cristianismo evangélico. He podido hablar con gente que conoce el tema, y he leído libros, más allá de lo obvio: que la inmensa mayoría de libros y materiales que nos llegan provienen de Estados Unidos. Y ahora, con el ascenso de Trump, se nos cae la venda de los ojos y comprendemos que no, que no podemos volver a decir nunca más que no pasa nada por esa influencia, porque las doctrinas e ideas son neutrales culturalmente, que son meramente “cristianas” y, por tanto, no están influidas por ninguna ideología de fondo. A partir de aquí debemos admitir que eso es sencillamente mentira.



    No estoy criticando a Estados Unidos como país. Tengo amigos y gente muy cercana allí y de allí. Me gustan muchos aspectos de su cultura, y aprecio a muchos de sus pensadores, pastores e intelectuales. No es eso de lo que estoy hablando. Estoy diciendo que la corriente “oficial” de cultura evangélica de Estados Unidos, la que nos llega como propaganda de forma abrumadora a través de libros, televisión y materiales didácticos, está inmersa en una corriente ideológica concreta que no tiene nada que ver con el evangelio, pero que se nos presenta como un paquete indisoluble: si te quieres llamar “cristiano”, debes creer este paquete de cosas, o si no te pondrán en duda. Y eso es peligroso. Por ejemplo, en Europa tenemos una amplia tradición política asociada a la socialdemocracia, que tiende a la izquierda; parece ser que esa visión está vetada por ciertos bienpensantes del stablishment evangélico en EE. UU. Me asombra (y me preocupa) cómo los poderosos dentro de la cultura evangélica rechazan y admonizan contra cualquier cosa que se acerque un poco a la izquierda política. Eso es algo muy de la cultura estadounidense, que haya varios espectros de derecha (de hecho, sus dos partidos principales son de derechas), y que la izquierda sea vista con recelo y miedo. Eso es herencia de la Guerra Fría. Hasta aquí nos llega ese miedo a ese lado del espectro político a través de la literatura cristiana; puede parecer inocente, o secundario, pero atenta contra la libertad de pensamiento que, entendemos en Europa, es una de las bases cristianas de la sociedad moderna.



    Hay un problema grande cuando se asocia ser cristiano a una sección específica del espectro político. Se puede ser de derechas, de centro, de izquierdas e incluso apolítico si se tercia, o al menos así solemos entenderlo en Europa; sin embargo, la influencia que nos llega desde este evangelicalismo cultural de Estados Unidos nos obliga sutilmente a pensar que uno solo puede ser un buen cristiano si es de derechas.



    Pero hay más problemas en esto; por ejemplo, con la ciencia. La ciencia, que en principio es algo positivo para el ser humano, más allá del activismo de los nuevos ateos, tiene una visión muy negativa desde ese evangelicalismo cultural estadounidense “oficial”. También ocurre con otros aspectos de la vida en sociedad, como la ecología. Supone un choque demasiado grande que desde el evangelicalismo radical se niegue el cambio climático, por ejemplo, y se le dé un cariz doctrinal o teológico para argumentar la postura.



    Podríamos continuar poniendo ejemplos. Cuando nos paramos a pensarlo, nos damos cuenta de que década tras década, sobre todo desde comienzos del siglo XXI, nos hemos dejado permear por una agenda, una ideología y unas tendencias ajenas a nuestra cultura y a nuestra libertad (herencia de la Reforma) para interpretar la Biblia. Existen como dos niveles en esta influencia: en la parte sutil estamos totalmente inmersos; en la parte consciente, sin embargo, no. Por eso ahora nos asombramos de que pastores que pensábamos serenos y centrados estén apoyando políticas de ultraderecha; sin embargo, en cierto modo no estamos lejos de eso: llevamos años y años escuchándoles hablar, casi exclusivamente.



    La solución, de mi parte, es aspirar a poder ser independientes culturalmente; es poder desarrollar literatura y materiales que estén más conectados con lo que vemos y vivimos desde aquí más que con temas y cuestiones con las que no tenemos nada que ver. Por eso creo que es tan positivo que existan portales como Evangelical Focus y que, como a veces he podido hablar con Joel, su director, se esfuercen por ofrecer un diálogo centrado en la realidad europea.



    Creo que, a pesar de que por delante tenemos una época oscura, podrán salir cosas buenas de aquí. Al menos, espero, podrá salir el primer despertar de una nueva conciencia que nos haga ver que, desde el punto de vista bíblico, en primer lugar, ser cercanos a la cultura en la que vivimos no es una ofensa a Dios, como mucha de la literatura del evangelicalismo radical estadounidense insiste; y, en segundo lugar, que podemos alejarnos de los temas y preocupaciones de la cultura estadounidense para empezar a encargarnos, de una vez, de los problemas de la cultura española y europea.


     

     


    14
    COMENTARIOS

        Si quieres comentar o

     

    jcofer23
    31/01/2017
    17:19 h
    8
     
    Todos pensamos de acuerdo a tendencias heredadas y aprendidas. Ser de izquierda también es pensar de forma tendenciosa incluyendo sus estereotipos (USA es el gran Satán. El Imperio es el enemigo culpale de todo). La tolerancia es un valor que respeto. Siempre que lo que se tolere no sea el mal. Tarde o temprano los cristianos y el mundo debemos reconocer que estamos en guerra. Está llegando el momento del cual hablo Dios por medio de sus profetas. Claridad moral, valor y Fe en nuestro Salvador
     

    benjamin
    31/01/2017
    06:46 h
    5
     
    Si bien entiendo el llamado de atención a ver hacia adentro, percibo mucha generalización en el artículo, y la sensación de los extremos: ellos o nosotros. No hay puntos medios. La realidad europea nos ha demostrado también que los sinsentidos pueden venir de iglesias europeas.
     
    Respondiendo a benjamin

    Marc
    06/02/2017
    14:27 h
    10
     
    Concuerdo Benjamin...
     
    Respondiendo a Marc

    Protestantólogo
    31/01/2017
    13:57 h
    7
     
    Los presupuestos ideológicos del mainstream científico son predominantemente ateos y militantemente anticristianos, ¿lo de Trump podrá ser una respuesta “brutal” a la prepotencia de los “especialistas”, un golpe de ira ante un “establishment” etnicida, anti-vida? ¿Qué es lo que importa, en qué término de la ecuación nos ubicamos?, ¿Qué es lo relevante, secundar la agenda creativa de Dios o la destructiva humana? Evangelicalismo radical (como la Reforma) o nada, los tibios…ya se sabe.
     

    Protestantólogo
    30/01/2017
    23:46 h
    3
     
    Montar una sinonimia entre nacional-catolicismo, nazismo (al igual que Carmena hoy) con las bases de apoyo y política de Trump (60,541,308 de votos), me parece una desvergonzada exageración, aparte de implicar una criminalización de los creyentes bíblicos, no dispuestos a soplar las velas de la agenda “progresista”, del izquierdismo ambiental, concomitante con el tradicionalismo católico y su odio obtuso hacia una superpotencia, la única, fundada sobre esquemas ideo-teológicos protestantes.
     

    Félix de Alcalá
    30/01/2017
    22:08 h
    2
     
    Muchas gracias Noa por este magnífico artículo. Tu reflexión es valiente y necesaria.
     
    Respondiendo a Félix de Alcalá

    Protestantólogo
    31/01/2017
    13:39 h
    6
     
    La tradición socialdemócrata, asociada indirectamente por la autora al consenso protestante europeo, es un experimento caduco e insostenible. Los orígenes y la actualización de la izquierda global son primordialmente laicistas, enemigos declarados de los principios bíblicos, salvo que se extienda un cheque en blanco a la planificación estatal socialista, aborto, matrimonio homosexual y eutanasia, el “triángulo de las Bermudas”. ¿Ser de derechas es oponerse a este descalabro injusto y dañino?
     

    OYARBIDE
    30/01/2017
    18:02 h
    1
     
    Agradezco esta reflexión. Necesitamos trabajar por una Iglesia Evangélica con verdadera identidad española. Desde los años 70' hemos vivido una auténtica "colonización" americana, hasta el punto de que cualquier pastor o creyente que quiera postularse en algún ministerio, es mucho mejor valorado tras su "viaje iniciático" a USA. No obstante, reconozco la labor de tantos misioneros que, desde la honestidad y comprensión, han sabido integrarse en nuestra cultura, sin imponernos su "moralina".
     
    Respondiendo a OYARBIDE

    Marc
    06/02/2017
    14:24 h
    9
     
    Pero Oyarbide, ¿qué dice? La iglesia debe tener una única identidad: la de Cristo. ¿Acaso no ha oído mencionar que nuestro reino no es de este mundo? Además si "vivieron" una "colonización americana" tanto del norte como del sur por algo será. Convengamos que sin ellos, el protestantismo local habría crecido poco. De hecho, no conozco UN SOLO MISIONERO ESPAÑOL protestante en Patagonia. ¿No le dice algo este detalle? Los españoles nunca pudieron por si mismos en la obra. Mucha persecución.
     
    Respondiendo a Marc

    Protestantólogo
    30/01/2017
    23:57 h
    4
     
    Lo estrictamente ajeno a la cultura que dio forma a Europa es la supremacía del ocultismo, que todo lo ve y domina, corriente debidamente expuesta y rechazada por amplios sectores del “evangelicalismo” norteamericano. No existe una corriente “oficial” de cultura evangélica en Estados Unidos (¿podrá llamarse consecuencia y compromiso con los principios?), ni una corriente ideológica concreta. El “cristianismo de aquí”: ¿supremacismo, aislacionismo espiritual europeo?
     

    Earendil
    11/06/2017
    05:11 h
    14
     
    "empezar a encargarnos, de una vez, de los problemas de la cultura española y europea." Un encargo curioso...Desde luego los propios cristianos americanos no parecen haberse "encargado" de tales cosas, por lo tanto es bastante hipócrita de su parte el querer enseñarnos a hacerlo. Pero creo q nosotros seríamos muy fatuos en pensar que podemos encargarnos de nuestros problemas culturales. Los cristianos primitivos, cuando eran devorados por los leones, se estaban "encargando de la cultura romana"?
     

    Earendil
    11/06/2017
    03:58 h
    13
     
    Aconsejo al respecto del tema el libro "la americanización del cristianismo" de un autor precisamente estadounidense, Gene Edwards. Está centrado en ese proceso respecto a la Europa del Este a finales de los 80. Es el autor de los clásicos "El viaje hacia el Interior" y "Perfil de tres monarcas". Efectivamente la "culturización" que acompaña el anuncio del Evangelio parece inevitable, pero es justo que efectuemos el mínimo impacto posible. El libro de los Hechos así parece sugerirlo.
     

    Gilmer Estuardo Quinteros
    18/02/2017
    05:23 h
    12
     
    Cuando las personas defienden sus intereses económicos y su comodidad, dejan por un lado las sagradas Escrituras para seguir al político que les prometa defender esos intereses que muchas veces están muy alejados del evangelio predicado por nuestro Señor Jesucristo. Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Marcos 4:19; Atentamente: Gilmer Estuardo Quinteros
     

    Noa Alarcón
    06/02/2017
    22:49 h
    11
     
    Gracias a todos por los comentarios y por leer atentamente el artículo, pero he de aclarar no defiendo ni a la derecha ni a la izquierda (párrafo 8, explícitamente), sino que critico la avalancha de materiales de EEUU que no están adaptados a nuestros problemas de aquí. Esta es una columna que analiza la cultura desde una perspectiva bíblica y esa era mi intención. Luego está la opinión de cada uno, que es libre igualmente. Pero les agradezco que no pongan palabras que no he dicho en mi boca.
     



     
     
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