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Protestante Digital

 
José de Segovia
16
 

La sombra de King y su asesino

En “Como la sombra que se va”, Antonio Muñoz Molina muestra una sensibilidad que brilla por su ausencia, tanto en los cristianos que han idealizado a Martin Luther King, como en los que le critican.

MARTES AUTOR José de Segovia 27 DE SEPTIEMBRE DE 2016 11:14 h
luther king biblia antonio muñoz moilina Para Muñoz Molina, el mundo de Luther King es inseparable de la Biblia.

Un buen lector de la Biblia como Antonio Muñoz Molina no podía dejar de titular su libro sobre Martin Luther King y su asesino, con la expresión de un Salmo en la versión Reina-Valera –la más apreciada por los intelectuales españoles desde la edición que popularizó Alfaguara–, el 102, “Como la sombra que se va”. El libro que Booket ahora publica en formato de bolsillo, es una de esas obras para leer despacio, apreciando cada palabra. Algunos pierden la paciencia con este tipo de literatura, donde parece que no pasa nada, pero a mí me ocurre lo contrario: disfruto su morosidad.



La verdad es que no puedo escribir sobre Muñoz Molina sin entusiasmo. He leído casi todos sus libros y tengo el privilegio incluso de conocerle. De hecho, me ha sorprendido escribiendo sobre mí –aunque no mencione mi nombre–. Comparto su sensibilidad, tenemos intereses semejantes y una forma parecida de mirar al mundo. Le descubrí en los años ochenta y desde entonces mantengo por él, una admiración que he extendido ahora a su esposa, Elvira Lindo, que se desnuda en sus últimos libros como hace él en su última novela.



A ciertas alturas de la vida, uno ya está cansado de imposturas. Busca la honestidad del que ya no tiene pretensiones, sino que se muestra en realidad tal y como es. Tras treinta años escribiendo y unos veinticinco libros, acompañados de una constante presencia en la prensa, Muñoz Molina ha adquirido una sencillez y claridad, que le permite expresarse con una lucidez y serenidad poco habitual en el mundo intelectual de habla hispana. Su larga estancia en Nueva York, le ha dado también una visión de la vida que va más allá del provincianismo que ha marcado la literatura española durante siglos.



 



Muñoz Molina contempla tras el cristal, la habitación del motel donde mataron a King.

Más que un libro sobre Luther King –a quien dedica todo un capítulo, el 25, un magnífico ejercicio introspectivo en que demuestra ser un gran conocedor de sus luchas internas y espiritualidad bíblica–, esta es una declaración de amor a la ciudad de Lisboa, donde estuvo el asesino de King, diez días, antes de ser atrapado en Londres...



 



EN LA CIUDAD BLANCA



Hasta no hace mucho, la localidad portuguesa parecía un lugar por el que no había pasado el tiempo. Cuando todo cambia, la urbe en ruinas que vemos en la película de Tanner, “En la Ciudad Blanca” (1983), parecía encallada como los restos de un naufragio. Su visita producía la evocación melancólica del músico de jazz que protagoniza la novela de Muñoz Molina, “El invierno en Lisboa” (1987), al recordar el amor de su vida. El escritor nos cuenta ahora qué ocurría cuando escribió ese libro.



Sus recuerdos me han trasladado a los años de adolescencia, cuando yo iba también con mis padres en el Expreso Lusitania. Como él, a mí también siempre me han gustado los trenes y he hecho a menudo el recorrido nocturno de Madrid a Lisboa –desde los años 70 hasta su desaparición en 1995–. Al final, la comodidad era mayor, pero al salir de la estación de Santa Apolonia con la luz incipiente de la mañana y las gaviotas sobrevolando el Tajo, te sobrecogía con una impresión que tienes pocas veces en la vida. Tal vez la primera vez que salí de la Estación Central de Amsterdam, o cuando llegue a la estación de Santa Lucia en Venecia, y bajando los escalones, me encontré frente al Gran Canal…



 



Muñoz Molina se mete en la piel de James Earl Ray, el asesino de King.

“Una luz como la de Lisboa no la habían visto nunca mis ojos –escribe Muñoz Molina–. Alumbrados por ella los colores tenían una cualidad atenuada: el azul del cielo y el rojo de los tejados, los azules y verdes y amarillos de los muros castigados por la intemperie marítima; el brillo de los azulejos; las flores rojas y abiertas en las copas de grandes árboles tropicales con troncos como lomos de paquidermos.”



Es la impresión cuando “el sol recién salido más allá de los edificios portuarios y la lámina del río relumbraba en los azulejos de las fachadas y en las ventanas de los edificios, en la ropa tendida, en las terrazas escalonadas que ascendían por una ladera. De los pequeños cafés y las pastelerías llegaban aromas cálidos de desayuno, caminando junto a muros de almacenes abandonados; por calles con nombres antiguos de mercancías… quién no ha estado en Lisboa no sabe cómo es.”



 



EXAMEN DE CONCIENCIA



El regreso a Lisboa por el cumpleaños de su hijo –que ahora vive allí–, le hace recordar su estancia medio furtiva hace veintiséis años, cuando el muchacho acababa de nacer y el escritor intentaba escapar de su vida familiar como funcionario en Granada. El sentimiento de culpa que le embarga, por el distanciamiento de su esposa y el descuido de sus hijos, tras comenzar una relación secreta con su nueva mujer, hace que diga: “ahora es cuando siento vergüenza”. Muñoz Molina quiere “escribir con franqueza sobre la propia vida”. Y su honestidad te deja sin palabras.



 



Un lector de la Biblia como Muñoz Molina no podía dejar de titular su libro con la expresión de un Salmo en la versión Reina-Valera.

La autocrítica que ejerce sobre su vida entonces, le lleva a verse como un “adolescente tardío”. Hasta en su literatura, le parece que “escribía de oídas”. Lo que él no se atreve a hacer ahora, lo he hecho yo, estos días. He vuelto a releer “El invierno en Lisboa”. Hace quince años lo tuvo que revisar para una traducción. Le pareció que “había demasiado humo”. Sin embargo, el libro ganó merecidamente el Premio Nacional de Literatura. Es esa humildad, por la que muchos apreciamos a Muñoz Molina. La verdad es que la gente que realmente he admirado en esta vida, han sido precisamente personas que no tienen un gran concepto de sí mismos. Son los mequetrefes, quienes se creen alguien...



Es esa visión de su propia miseria, la que le lleva a identificarse con un hombre tan despreciable como James Earl Ray, el asesino de King. “Hay que hacer el esfuerzo de ver a la gente en sus propios términos –dice el autor de “Como la sombra que se va” – y gracias a la inmensa documentación sabemos que fue un personaje con una vida espantosa desde que nació”. Cuando en El Cultural le preguntan si “ha llegado a comprenderlo, a perdonarlo”, contesta que no. Para él, comprenderlo todo no es perdonarlo todo. En ese sentido, no le compadece. Su admiración claramente es por King. Entiende su fe bíblica, pero también comprende sus debilidades.



 



¿DOBLE MORALIDAD?



King es uno de esos personajes que la América liberal ha mitificado y la conservadora ha demonizado. Hasta el día de hoy, el acercamiento protestante a la figura de King, oscila entre la admiración ciega de aquellos que silencian sus muchas debilidades –por su lucha por los derechos civiles– y aquellos que se niegan a verle como un ejemplo –por su inmoralidad sexual–. Así mientras unos prefieren desconocer el testimonio de su íntimo amigo y colaborador Ralph Abernathy, otros le atribuyen cosas que él nunca dice. Así he leído decir que el pastor que estuvo con King, la noche de su muerte, reveló en su autobiografía de 1989 (And The Walls Came Tumbling Down) que estuvo sus últimas horas con prostitutas… ¡no es cierto!



Es verdad que el FBI acusó al pastor bautista de tener relaciones con prostitutas en otras ocasiones, pero lo que dice Abernathy es que esa noche estuvo con una mujer con la que mantenía una relación clandestina desde hace tiempo. La senadora Georgia Davis reveló en su libro de memorias de 1995, lo que muchos ya sabían, que ella era la mujer que King amaba secretamente. Lo que inspira a Muñoz Molina en sus últimas páginas, a pensar cómo vivió ella, la mañana de su muerte en el motel Lorraine...



 



La senadora Georgia Davis reveló que era ella, la mujer que estuvo con King, su última noche.



Este problema moral, para muchos conservadores, desautoriza a King como líder cristiano, mientras que el protestantismo liberal lo considera un asunto privado. Lo que ocurre es que el cristianismo fundamentalista norteamericano consideró siempre al pastor bautista como un comunista, mientras mantenía la discriminación racial en sus centros educativos, que llevó a la prohibición del matrimonio mixto en universidades como la de Bob Jones. Hasta el día de hoy, este es un tema tabú en círculos evangélicos estadounidenses, que sólo en los últimos años se ha atrevido a mostrar aprecio por la figura de King, como en el caso de John Piper.



 



HÉROES VULNERABLES



Para Muñoz Molina, “el mundo de Luther King es inseparable de la Biblia”, ya que “los derechos civiles están empapados del lenguaje bíblico, de metáforas bíblicas y las cosas están vistas a través del filtro narrativo de la Biblia”. Especialmente emocionante en el libro, es el último discurso, días antes del asesinato, cuando King habla del Sermón de la Montaña, como bien entiende el autor de “Como la sombra que se va”, utilizando el lenguaje de Deuteronomio.



Leer este capítulo escrito en Memphis, desde el punto de vista de MLK –como en Estados Unidos se suele llamar a King–, es impresionante. Primero, porque está lleno de citas de la Reina-Valera, cuando curiosamente muchos evangélicos están dejando de usarla. No es extraño que un misionero extranjero prefiera una traducción como la Nueva Versión Internacional, porque suena como en inglés, pero cualquiera que conozca nuestro idioma en profundidad, tiene que darse cuenta como Muñoz Molina, que la obra de los reformadores españoles es un monumento a la lengua castellana –la Biblia del siglo de Oro, como dice la Sociedad Bíblica española–.



 



Muñoz Molina ha adquirido una sencillez y claridad poco habitual en el mundo intelectual de habla hispana.



En segundo lugar, el escritor muestra una sensibilidad que brilla por su ausencia, tanto en los cristianos que le han idealizado, como los que le critican. Se mete en la piel de este hombre cansado y abatido, que sufre la incomprensión tanto de los conservadores como de los liberales blancos. Se oponen a él, tanto los musulmanes negros de la Nación del Islam de Malcolm X, como los partidarios de la violencia de las Panteras Negras. Ya que en su lucha se enfrenta tanto al afroamericano que quiere mantener las cosas como están –su propio padre– como al “orgullo negro” que no entiende su creciente preocupación por la pobreza y la guerra del Vietnam.



En tercer lugar, el autor muestra los detalles de alguien que conoce la vida de King, hasta en las pequeñas costumbres. A algunos evangélicos les chocará todavía que fumara y bebiera alcohol, cuando era una práctica habitual incluso en los líderes históricos del fundamentalismo. A King le gustaba comer, pero le cansaba la gente, sobre todo jóvenes ambiciosos como Jesse Jackson. Su mejor amigo fue Abernathy, pero era en la intimidad que tenía con una mujer como Georgia Davis, que se mostraba tal y como era, un hombre débil, pero utilizado por Dios para una gran tarea. Fue en ese sentido, un instrumento de Su Gracia.



 



VASOS DE BARRO



Si hay algo que deja claro la Escritura es que el Señor se complace en utilizar “vasos de barro” (2 Corintios 4:7), para hacer Su Obra en este mundo, “para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros”. No depende de nuestra fidelidad, que Dios nos use, ya que utiliza incluso a personas que no le conocen. El puede usar a cualquier persona, monarcas paganos como Ciro o profetas de motivaciones tan dudosas como Balaam… ¡habló hasta por una burra! No debemos confundir la manera en que Dios nos usa con su aceptación final.



Llevo la mayor parte de mi vida tratando de seguir a Cristo, pero tan a tropezones e ineptamente, que me despierto todos los días con la conciencia de que soy un siervo infiel. Nunca he sido un gran admirador de Billly Graham, pero me emocionó hasta las lágrimas cuando Diane Sawyer le preguntó en televisión: “¿cómo le gustaría ser recordado?”. Tras un momento de silencio, el evangelista contestó con rostro sombrío: “Me gustaría oír decir al Señor de mí, buen siervo y fiel, pero no creo que pueda decirlo”… ¡ya quisiera yo tener esa humildad!



Declaraciones como esta, no sólo explican por qué Billy Graham es el evangelista más popular de Estados Unidos, sino qué gran diferencia hay entre él y sus seguidores. El año 69 Woody Allen le entrevistó en televisión. Después de hacerle objeto de continuas ironías y sarcasmos, a los que responde una y otra vez con una simpatía desarmante, Graham parece haberse ganado el respeto del humorista. Al dejar al final al público hacer unas preguntas, un señor le dice a Allen si se imagina en el ministerio cristiano. Graham se adelanta y dice: “yo puedo responderle, ¡sería un excelente ministro!... ¿Sabe por qué? Porque los grandes ministros del Evangelio han sido siempre grandes pecadores”.



¿Te escandaliza que King pudiera ser utilizado por Dios, con todas sus debilidades? ¡Lee la Biblia! Sus páginas están llenas de siervos indignos. Mira a Noé, por ejemplo, un hombre de fe que se enfrentó al ridículo, construyendo el Arca ante el anuncio del juicio de Dios. ¿Y qué hizo después? “Se emborrachó y se desnudó” (Génesis 9:21). Los hombres y mujeres que Dios usa, pueden ser valientes y sensibles como David, pero también asesinos y adúlteros. Dios parece complacerse en utilizar a notorios pecadores…“¡para que la gloria sea de Dios y no nuestra”!


 

 


16
COMENTARIOS

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flash
07/10/2016
13:55 h
16
 
Es mala leche utilizar citas biblicas para justificar la doble moral de King, me parece que no es cristiano.
 

Alfonso Chíncaro (Perú)
03/10/2016
21:37 h
15
 
Agradezco que a nadie se le haya ocurrido decir que el adulterio de MLK se justifique por lo elevado de su labor. No hay sufrimiento ni heroísmo que cambie la calidad de pecado a nada que Dios señale como pecado. No voy a manchar la memoria de MLK suponiendo hipotéticos arrepentimientos segundos antes de morir, aunque no me extrañaría que sus últimos pensamientos hayan estado junto a Dios. Desde mi fe, desde mi ignorancia y desde mi pobreza espiritual doy gloria a Dios por la vida y obra de MLK.
 

Galo Nómez
28/09/2016
20:37 h
10
 
Marthin Luther King hizo mucho más por el cristianismo que la interminable cantidad de santurrones que se dedican toda su vida a revisar sábanas, pero que desconocen cualquier otro mandato a pesar de estar claramente estipulados en la Biblia. Algunos de los cuales -Swagaard,Baker- también cayeron en esos pecados y empero fueron perdonados por la comunidad creyente en general. Será que varios de quienes condenan al pastor tuvieron vínculos con el KKK,organización cristiana evangélica por lo demás
 
Respondiendo a Galo Nómez

Esclavo
30/09/2016
11:59 h
14
 
#10 Galo: Llamar evangélico al KKK es mucho decir para un evangélico. Sus aportaciones, estimado Galo Nómez, no suelen dejar en buen lugar a los cristianos evangélicos conservadores. No le niego su afirmación. Podría citar algunos fieles evangélicos que denuncian la maldad de gente como el KKK, que también los hay, y no son pocos.
 

Esclavo
28/09/2016
18:49 h
9
 
Como dice el fiel predicador John Piper, no estoy de acuerdo con MLK en todo (en sus trabajos de universidad cuestiona la plena inspiración bíblica y la resurrección de Cristo; no sabemos si se arrepintió), pero doy gracias a Dios por su vida. Fue un instrumento de Dios para denunciar el mal, una lección para liberales y conservadores (Charlton Heston, Billy Graham y otros le apoyaron), otra paradoja que nos humilla, para que la gloria no sea nuestra, sino de Dios.
 

Jose
28/09/2016
14:39 h
8
 
Lúcido, gracias por escribirlo y gracias a PD por publicarlo.
 

Protestantólogo
28/09/2016
12:47 h
5
 
Cito la Reina Valera 1909: “Profésanse conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra”. Tito 1.16. Como líder civil, dudas (“…toda buena obra”). No bajemos el listón: santidad o nada, que habrá tentaciones, sí, pero las vencemos en el Nombre de Jesús. Que la última noche, nó (“sólo” licencia extramatrimonial), en otras ocasiones, sí- ¿en qué quedamos? Sobre Graham, para otro día, que haberlas haylas.
 

Garcilaso
28/09/2016
11:33 h
4
 
Gracias José por este artículo enjundioso, valiente y clarificador. Hay en la cultura española de hoy personas que como Muñoz Molina nos ayudan a entender la condición humana, aunque no utilicen lenguaje ni categorías evangélicas.
 

SMC
27/09/2016
21:47 h
3
 
En las debilidades de los hombres es donde brilla la Gracia de Dios. Sólo cuándo comprendemos el amor de Dios expresado en la muerte expiatoria de Nuestro Señor Jesucristo podemos sentirnos verdaderamente libres y vivos. Estamos llamados a vivir vidas santas, pero aún así a veces el pecado nos domina. Alabado sea el Señor que con su preciosa sangre cubre nuestras faltas. A Él sea la gloria por siempre José eres un gran siervo de Cristo Has traído luz del Evangelio a muchos que te hemos conocido
 
Respondiendo a SMC

Protestantólogo
28/09/2016
13:03 h
6
 
Al parecer basta con que el cristianismo bíblico (fundamentalismo) señale un mal para que éste se transforme en un bien eterno. La historia del mundo no se divide en A de MLK y D de mostrar aprecio. La “práctica habitual incluso en los líderes históricos del fundamentalismo”, produjo una división entre los que aceptaron la “libertad cristiana” y los que mantuvieron fidelidad al llamado escritural a la separación, resistiendo la deconstrucción moral hollywoodense.
 

MICTAM
27/09/2016
19:44 h
2
 
Estupenda reflexión. Gracias por ella. Bendiciones
 

Marc
27/09/2016
16:40 h
1
 
Estaba en estos dias, rezongando que las iglesas evangélicas son INsolidarias en su gran mayoría y que para consolar son como los amigos de Job y pensaba en suicidarme ya que la vida es mierda -así de mal anda mi fe- cuando entre por entrar y me encuentro este artículo. No tienes ni idea de lo importante que ha sido para mi leer esto. No tengo idea quien sos Segovia, pero algun dia te encontrare y te dare un abrazo y te pagare un asado argentino. Abriste mi paracaidas a 100 m del suelo.
 
Respondiendo a Marc

Protestantólogo
29/09/2016
11:22 h
13
 
MARC, contigo a tope. Tienes un espacio en mi lista de oración. Y lo sabes: no te perteneces, y lo que digan o hagan las congregaciones que conoces no altera la personalidad de tu creador, dispensador de vida y salvador. Un abrazo.
 
Respondiendo a Protestantólogo

ANGEL
29/09/2016
09:49 h
12
 
Marc, el otro día me decía un pastor amigo que había leído este artículo y que Martin Luther King no le hubiera dejado ser miembro de su iglesia... a él le llamó la atención los pecados de King... Me instó a leerlo. Lo he leído y he acabado llorando. Ánimo, yo sigo descubriendo que "Dios es muy misericordioso y compasivo" (St.5.11). No que no le dé importancia al pecado; pero le doy más importancia a Dios y su actitud compasiva para con el pecador.
 
Respondiendo a ANGEL

Jose
28/09/2016
14:37 h
7
 
Adelante Marc he pasado por lo mismo que tú Te entiendo perfectamente No te preocupes que los 80 o 100 años que pasemos aquí No son nada comparados con la eternidad que pasaremos junto a nuestro Señor felices y sin problemas Vale la pena esperar Che yo traigo un defectito de fábrica neurológico por eso a veces pensaba en el suicido Entonces aparte de la ayuda de Dios como la viste aquí también me apoyé en un psiquiatra cristiano con mentalidad como la de este artículo Ánimo Anótame pal asado bro
 
Respondiendo a Jose

Marc
29/09/2016
05:10 h
11
 
Asado..., que rico Jose..., por algo Dios le dijo Mata Pedro y come..., sabía lo que decía..., ojala podamos alguna vez compartir un asado argento.
 



 
 
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