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    Greg Pritchard
    1
     

    Eliminando los obstáculos de la fe

    Tanto Jesús como Pablo se comunicaban de forma creativa en respuesta a las situaciones a las que tenían que hacer frente. Ambos se enfrentaban y demolían falsas creencias.

    FORO DE LíDERES CRISTIANOS AUTOR Greg Pritchard TRADUCTOR Joana Morales 20 DE MAYO DE 2015 16:59 h
    Castillo de San Felipe (Ferrol, España).

    Si quieres construir una casa en un terreno en el que ya hay otra casa, ¿qué haces? Necesitas demoler la casa vieja para hacer sitio para la nueva. Pasa lo mismo con el evangelio.



    Pablo lo explicó en 2 Cor. 10:5: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. El trabajo de Pablo era derribar los argumentos y las falsas ideas que competían con el evangelio. Y ese también es nuestro trabajo.



    Imaginen un agricultor que piensa que todo lo que tiene que hacer es echar la semilla en el campo y esperar a que aparezca una buena cosecha sin que él tenga que hacer nada más. No, un agricultor debe arar y preparar el terreno, sembrar, fertilizar, regar, proteger la cosecha de las malas hierbas y, al final, recoger la cosecha. Estas son las imágenes que Pablo utilizó para describir su trabajo y el de otros líderes cristianos en la difusión del evangelio (I Cor. 3:6-9).



    Piensen en cómo se comunicaba Jesús. Se enfrentaba constantemente a las creencias de los líderes religiosos de su época y les decía que estaban equivocados. Jesús decía constantemente "oísteis que fue dicho" y luego le daba la vuelta: "pero yo os digo". Algunas de las frases más comunes de los Evangelios, como "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos!", subrayan esta identificación y rechazo de las creencias populares. Jesús se enfrentaba y derribaba las falsas creencias de sus oyentes con regularidad. Y los que escuchaban se daban cuenta: "Sabían que había hablado esta parábola contra ellos" (Lucas 20:19).



    Sin embargo, los cristianos de hoy en día suelen decir cosas como "es nuestro trabajo presentar el evangelio, y es trabajo de Dios convertir a la gente". Hay verdad y falsedad en este enfoque del evangelismo. Sí, Dios tiene que abrir los ojos de los no creyentes a la verdad del evangelio ("y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía", Hechos 16:14); y sí, hay cierto contenido del evangelio que debe ser comunicado para que la gente confíe en Jesús.



    Pero este enfoque del evangelismo ignora cómo se comunicaban Pablo o Jesús. Jesús usaba parábolas, hacía preguntas y a veces hablaba de una manera que no era fácil de entender. Pablo ajustaba sus argumentos de por qué el evangelio es verdadero según su audiencia. Pablo utilizaba las profecías del Antiguo Testamento con los judíos, y con los griegos utilizaba sus símbolos culturales y su literatura. Tanto Jesús como Pablo se comunicaban de forma creativa en respuesta a las situaciones a las que tenían que hacer frente. Ambos se enfrentaban y demolían falsas creencias.



     



    Suiza. / Brad Thames



    Tuve la oportunidad de disfrutar de una tranquila comida un domingo en casa de Francis y Edith Schaeffer, en Suiza, junto con otras nueve personas que estaban estudiando en la comunidad L'Abri. La escena era encantadora: había flores en la mesa, y las ventanas abiertas dejaban entrar el sol y el aire fresco de montaña. La comida consistió en una deliciosa sopa caliente, crujiente pan francés y ensalada. La mesa no se dividió en pequeños grupos de conversación, sino que la conversación fluyó entre todos desde el principio. Después de unos 15 minutos, Francis empezó a hacerle preguntas a una mujer de cuarenta años sentada a su lado. La mujer tenía una hija de ocho años que estaba sentado a su otro lado.



    De forma natural, la conversación dejó de ser general para prestarles atención. Francis hizo una amable pregunta tras otra, y la mujer explicó en el transcurso del almuerzo que su compromiso más apasionado era con su encantadora y preciosa hija, que se sentaba a su lado. Francis le preguntó por qué había ido a L'Abri y le preguntó cuáles eran sus convicciones de la vida más básicas. A lo largo de la conversación surgió que ella era atea convencida, como resultado de mucho estudio y deliberación. Cuando Francis le preguntó más a fondo, reconoció que como atea materialista no creía en el concepto del bien y del mal. Reconoció que los seres humanos no tenían ningún valor único en su cosmovisión materialista (porque sólo éramos animales impulsados por instintos) y que las relaciones sólo eran un mecanismo social de darwinismo sin ningún valor real.



    Pero Francis amablemente unió las dos partes de su debate y le preguntó a la mujer cómo podía explicar o justificar desde su cosmovisión materialista por qué quería y apreciaba tanto a su hija. Ella dijo que sabía que su hija era valiosa y amarla era lo correcto, pero que no tenía medios para justificar su profunda convicción y compromiso desde su ateísmo. Se le explicó con gentileza que su ateísmo era una base inadecuada para tales compromisos relacionales, y por lo tanto su vida era incoherente con su cosmovisión.



    ¿Qué vemos aquí? Vemos cómo un cristiano ama a alguien lo suficiente como para ayudarle a ver que su cosmovisión no sostiene sus convicciones más profundas. Francis deconstruyó suavemente su cosmovisión, pero no le presentó el Evangelio. Estaba haciendo una pre-evangelización desde el amor. Schaeffer lo describe como "quitar el techo" para ayudar a la gente a darse cuenta de que su casa actual (su cosmovisión) no es adecuada.



    "Cada persona construye un techo sobre su cabeza para protegerse en el punto de tensión. En el punto de tensión, una persona no está en un lugar coherente dentro de su sistema, y construye el techo para protegerse de los golpes del mundo real, tanto internos como externos. (…) El cristiano debe eliminar el refugio con amor y permitir que le golpee la verdad del mundo externo y de lo que el hombre es. Cuando ya no hay techo, cada hombre debe enfrentarse desnudo y herido ante la verdad de lo que es".2



    A menudo, antes de que un no creyente esté dispuesto a considerar seriamente las afirmaciones de la verdad del cristianismo, debe estar dispuesto a cuestionar su cosmovisión actual o la explicación del mundo. Un no creyente se abre cada vez más hacia una alternativa cuando se le muestra que su visión del mundo no explica el mundo adecuadamente.



     



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    Un ejemplo actual



    Greg Koukl es el fundador y presidente de “Stand to Reason”, una organización que forma a los cristianos para que puedan pensar con más claridad acerca de su fe y para que puedan hacer una defensa ecuánime, incisiva y amable del cristianismo clásico y de los valores cristianos clásicos en público. Puede escuchar a Greg señalar las debilidades de naturalismo en "¿Cuáles son los problemas que tiene el naturalismo a la hora de explicar la vida?".3



     



     



    Greg Koukl.



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    ¿Cómo ayudamos a nuestra familia y a nuestros amigos incrédulos? Tenemos que amarles y entenderles e identificar los obstáculos particulares que les impiden responder al evangelio. Para aclarar este proceso, examinaremos la vida y la conversión del gran escritor cristiano Agustín de Hipona. A través de su historia podemos entender cómo alguien supera un proceso bíblico de persuasión para comprometerse con Cristo.



     



    AMAR A LAS PERSONAS



    El primer principio de un modelo bíblico de persuasión es amar a la gente. En el evangelio de Marcos 6:32-34 se relata cómo se enfrentó Jesús a las necesidades de la multitud de gente no creyentes en la alimentación de los cinco mil:



    Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas”.



    El Señor ve la multitud y siente una profunda compasión porque eran “como ovejas que no tenían pastor”.



    El Señor siente empatía y compasión al ver gente así. Lo fascinante de este pasaje es que los individuos que Jesús vio no eran sus discípulos. Eran una multitud de personas que aún no habían llegado a la fe y que necesitaban escuchar y creer el mensaje del evangelio que cambia vidas. Jesús enseña que estas personas necesitan pastores espirituales que los amen y los guíen. Con la apologética no debemos simplemente proteger a nuestro rebaño, sino que debemos intentar ganar las ovejas sin pastor.



    Vemos la realidad de este amor en el modo en que Agustín de Hipona llegó a la fe en el siglo IV. Agustín fue atraído hacia el evangelio por el genuino amor de los cristianos que conocía. Agustín describe el amor de su madre por él como un amor que le llevaba al Señor. La bondad y la generosidad de Ambrosio de Milán también le impactaron profundamente. El amor de Ambrosio ablandó el duro el corazón de Agustín y le ayudó a ser capaz de escuchar el evangelio desde una nueva perspectiva. Por último, vemos que al principio de su conversión a Agustín le impactó profundamente el ejemplo de San Antonio, cuyo modo de vida, escribe, "estaba lleno de tu dulce fragancia". La realidad del amor de Dios que se muestra a través del amor de los discípulos de Jesús se ha descrito adecuadamente como “el mayor ejemplo de apologética”. Como enseñó Jesús, "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35).4



     



    COMPRENSIÓN



    Intentamos comprender a un no creyente porque le amamos. Hay una muy buena razón por la que un misionero meticuloso intenta aprender el idioma, la historia y la cultura de las personas a las que pretende alcanzar. Para poder comunicarse de manera efectiva con una persona, primero hay que comprenderla.



    Vemos este elemento contextual en el ministerio de Jesús. Jesús se comunicaba principalmente con audiencias rurales. Sus parábolas reflejan este fondo agrícola: Jesús enseñó acerca de árboles que dan buen fruto o mal fruto, de semillas que son fructíferas o estériles, y de árboles que deben ser podados. Jesús entendía a su audiencia y empleaba imágenes relevantes a sus experiencias de vida. También vemos a Jesús adaptar sus mensajes para hablar con personas específicas. No podría hacerlo si no entendiera primero a sus oyentes.



    Del mismo modo, el apóstol Pablo no entraba en cada ciudad, repetía el mismo mensaje que se sabía de memoria y listo. El Nuevo Testamento relata la historia de un evangelista que trató de proclamar, explicar y defender el evangelio (persuadir) de manera que tuviera sentido en cada contexto independiente. En el Areópago de Atenas, Pablo ratificó la creencia de su audiencia pagana en un "Dios desconocido", citó a un poeta pagano y luego explicó el evangelio (Hechos 17:16-34). En contraste, cuando Pablo entró en la sinagoga de Tesalónica, "por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo" (Hechos 17:2-3). En otras palabras, Pablo buscaba comprender cada audiencia a la que se dirigía y trataba de persuadirlos creativamente con referencias y un lenguaje que podían entender.



     



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    Un ejemplo de objeciones modernas



    Grenville Kent, cineasta y profesor de Letras y del Antiguo Testamento en el Instituto Wesley de Sídney (Australia), se dirige a adultos jóvenes en los campus universitarios. También crea películas apologéticas para hacer frente a las objeciones más comunes de los no creyentes en respuesta al evangelio. Grenville busca entender y desmantelar los obstáculos comunes a los que se enfrentan los no creyentes urbanos y educados a la hora de escuchar el evangelio. Puede escuchar las respuestas de Grenville a las preguntas: "¿cuáles son las objeciones comunes de la gente urbana y educada frente al cristianismo?" y "¿qué factores inclinan a la gente educada y urbana hacia la creencia en Dios?".5



     



    Grenville Kent.



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    A menudo hay diversos obstáculos que entorpecen el camino de una persona hacia la fe. Un apologista que está tratando de ayudar a alguien a llegar a la fe debe identificar primero los obstáculos particulares que existen entre esa persona y un compromiso con el Señor. Sólo será capaz de ayudar a eliminar esas dificultades después de entender a un individuo o a un grupo. Echemos un vistazo a cuatro ejemplos de obstáculos en la vida de Agustín de Hipona.



     



    Cairo. / Eleanor McDowall (Flickr)



     



    EL OBSTÁCULO DEL ORGULLO



    El sendero que lleva a la verdad es la humildad. Si alguien quiere entrar, debe agachar humildemente la cabeza. Cuando Agustín examinó el cristianismo por primera vez, lo rechazó porque su inflado orgullo no se sentía atraído hacia él. Escribió lo siguiente:



    "Por lo tanto decidí centrar mi atención en el estudio de las Sagradas Escrituras y ver cómo eran... Me parecía que no eran dignas de ser comparadas con el gran estilo de Cicerón. Mi orgullo se encogió debido a su modestia, y mi aguda vista no penetraba lo suficiente como para escudriñar sus profundidades".7



    En un momento dado, como cristiana, la madre de Agustín le pidió un obispo que hablara con él acerca de la fe:



    "Mi madre le pidió a este obispo que fuera tan amable de hablar conmigo y exponerme mis errores, para que desaprendiera lo que estaba mal y me enseñara lo que era bueno. Esto era algo que el obispo solía hacer si encontraba personas apropiadas para su instrucción. Sin embargo, se negó a hacerlo en mi caso (con mucha sensatez, como me di cuenta más tarde). Le dijo a mi madre que yo aún no estaba listo para ser enseñado, porque estaba lleno de vanidad".8



    Este obispo era un apologista. Debatía con los que le hacían preguntas, les exponía sus errores y falsas creencias y les enseñaba la verdad. Pero el obispo no quería siquiera iniciar este proceso con Agustín porque se dio cuenta de que Agustín, con su orgullo y vanidad, no era humilde y no estaba verdaderamente dispuesto a aprender. No se le podía enseñar. ¿No nos hemos encontrado con escépticos como éste? Personas que hacen preguntas no para obtener respuestas, sino tratando de evitarlas movidas por su orgullo. Esto forma parte de las tareas de un apologista: desafiar a los no creyentes orgullosos a que busquen la verdad sinceramente, o tal vez no estar dispuesto a hablar con ellos.



     



    EL OBSTÁCULO DEL PECADO Y LA LUJURIA



    En un curioso incidente de su juventud, Agustín robó unas peras a un vecino. Al recordar este evento, no sabía por qué sus amigos y él las habían robado, ya que tenían peras a su disposición que además eran mejores. Agustín reconoció que era persistentemente egoísta y explicó: "nuestro verdadero placer residía simplemente en hacer algo que no estaba permitido".9



    El deseo egoísta de Agustín se convirtió en auténtica lujuria en su juventud. Agustín explicó: "vivía una vida en la que seducía y me dejaba seducir, engañaba y me dejaba engañar; era presa de varios deseos".10 Agustín tuvo una amante durante catorce años y estaba profundamente apegado a su estilo de vida sexual. Su forma de vida sensual siguió siendo un ancla que le lastraba incluso cuando estaba al borde de su conversión. Agustín recordóaba así lo que le pasaba por la mente inmediatamente antes de su conversión: "espera. Estas cosas mundanas también son dulces; el placer que dan no es despreciable; no debemos rechazarlas con premura.".11 Más tarde, Agustín describió sus deseos sexuales como una cadena que lo había mantenido alejado del Señor. Sólo fue capaz de aceptar y recibir la verdad cuando su deseo por la verdad cortó el ancla de sensualidad.



     



    EL OBSTÁCULO DE LAS FALSAS CREENCIAS



    El cristianismo que Agustín rechazó inicialmente era un cristianismo deformado y distorsionado de su propia creación. Escribiendo a Dios más tarde, Agustín explicó: "cuando pensaba en Ti, no pensaba en algo firme y sólida. Puesto que no eras Tú el que era mi Dios; mi Dios era una fantasía vacía, una creación errónea mía".12 Agustín había creado un subterfugio del cristianismo y lo había echado a un lado arrogantemente.



    El problema de Agustín, y el de muchos otros no creyentes hoy en día, era que descartó como falso lo que de hecho es falso. Tal vez la pregunta apologética más importante que hoy podemos hacerle a un no creyente es "¿qué clase de Dios es ese en el que no crees?". A menudo, después de que expliquen algunas distorsiones o falsas ideas, podemos responder: "me alegro de que no creas en esa clase de Dios, porque yo tampoco creo en él". Estas falsas creencias, estos obstáculos, necesitan ser identificados y desmantelados.



    Cuando Agustín preguntó a los cristianos con los que se encontró, le respondieron que esas preguntas eran necesariamente pecaminosas. Estos creyentes eran fideístas: no creían que hubiera lugar para responder a preguntas honestas. Estos cristianos enseñaban que una persona curiosa debe asumir una postura de fe. Puesto que no recibía respuestas del cristianismo, Agustín las buscó en otros lugares.



     



    EL OBSTÁCULO DE LOS FALSOS CAMINOS A LA VERDAD



    Curiosamente, en un momento dado, la misma búsqueda de la verdad llevó a Agustín lejos de la verdad.13 Cuando era un hombre joven, Agustín comenzó la búsqueda de la verdad y se expuso a la enseñanza de los maniqueos, una secta filosófica. Este grupo se dirigía a individuos como Agustín que tenían deseo de aprender. Agustín explicó que los maniqueos "obligaban a la gente a no creer sin antes haber buscado y desentrañado la verdad. ¿Quién no se sentiría atraído por estas promesas? Lo que es más: no podría haber una seducción mayor para una mente joven deseosa de la verdad.".14 Los maniqueos proporcionaban una explicación al mundo despojada de la "creencia" requerida por los católicos que Agustín había conocido. Como ventaja añadida, la enseñanza moral maniquea le permitía racionalizar su vida inmoral. Simultáneamente, en la opinión de Agustín por aquel entonces, las críticas de los maniqueos a la Biblia "eran incontestables".15



    Cada persona no creyente tiene que hacer frente a sus propios obstáculos frente al evangelio. Pocas personas pueden acercarse al cristianismo sin un bagaje emocional e intelectual. Estas ideas equivocadas, falsas creencias, ideologías, adicciones y deseos son obstáculos que evitan que las personas consideren las afirmaciones de verdad del evangelio. El Señor nos ha dado la tarea de ser apologistas deconstructivos: debemos comprender los obstáculos y eliminarlos uno por uno.



     



    APOLOGÉTICA DECONSTRUCTIVA



    Un argumento deconstructivo busca eliminar obstáculos como los que he descrito antes. La teoría sociológica describe este proceso de deconstruir o desestabilizar la cosmovisión de otra persona como "nihilación". La palabra nihilación proviene de "nihilismo", la creencia filosófica que rechaza la existencia de significado en el mundo. En esencia, este proceso de desestabilizar la cosmovisión de otra persona busca empujarla hacia el nihilismo.



    Un ejemplo de nihilación es cuando Agustín observa cómo un apologista cristiano se enfrenta públicamente a los maniqueos en un debate abierto. Agustín lo cuenta así: "había empezado a sentirme incómodo al escuchar a un hombre llamado Elpidio que hablaba y discutía abiertamente contra los maniqueos, basándose en pruebas de la Escritura que no eran fáciles de resistir. Y la respuesta que [los maniqueos] daban me parecía muy débil”.16



    Uno de los objetivos de un apologista es incomodar a los no creyentes, o desestabilizar a su cosmovisión. Otra vez, esto es a lo que se refiere Schaeffer cuando habla de "quitar el techo". Está exponiendo a los no creyentes a la tensión entre su cosmovisión y la realidad.



    "Esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de quitar el techo. Pero no podemos pensar que es fácil. Lo más difícil es que cuando hemos expuesto al hombre moderno a su tensión, puede que aún no esté dispuesto a aceptar la verdadera solución. Como consecuencia, puede parecer que lo dejamos en un estado peor del que estaba".17



    Igual que los profetas del Antiguo Testamento, tenemos que estar dispuestos a derribar los ídolos de nuestra época. Por ejemplo, el objetivo principal (ídolo) de muchas personas en el mundo es la realización personal. ¿Cuáles son los elementos de esta alternativa al cristianismo? ¿Realmente puede la búsqueda de la felicidad aportar satisfacción personal? ¿Explica este punto de vista el mundo en que vivimos? Cada cultura y cada contexto tiene diferentes obstáculos y objeciones que necesitamos comprender y desmantelar para ganar una audiencia para el Evangelio.



    Hasta ahora, en esta serie de apologética hemos demostrado el impacto de la apologética en la vida de William Wilberforce y explicado cómo la apologética es las letras y la ciencia de la persuasión cristiana. Hoy hemos visto cómo un elemento central de la apologética es deconstruir y eliminar obstáculos a la fe. La semana que viene veremos la apologética como un argumento persuasivo positivo para la veracidad del Evangelio.



     



    -----------



     



    1 Brad Thames. “Chalet and Flag.” (20 de octubre de 2007). www.flickr.com



     



    2 Francis Schaeffer, El Dios que está aquí (1968) en Las obras completas de Francis A. Schaeffer: una cosmovisión cristiana, volumen uno, Una visión cristiana de la filosofía y la cultura (Westchester: Crossway Books, 1982), 140.



     



    3 Encontrarán más recursos de Greg Koukl en http://www.foclonline.org/users/greg-koukl-0



     



    4 Agustín, Las confesiones de San Agustín, traducido por Rex Warner. (New York: New American Library of World Literature, 1963), 110-112, 171. Algunas porciones son reproducciones exactas o parciales de mi libro “Willow Creek Seeker Services” (Grand Rapids: Baker Books, 1996), 187-205.



     



    5 Encontrarán más recursos de Grenville Kent en http://www.foclonline.org/users/grenville-kent#profile-main



     



    6 Eleanor McDowall. “Roadblock, Cairo.” (18 de diciembre de 2012).



     



    7 Agustín, Confesiones, 57.



     



    8 Agustín, Confesiones, 67-68.



     



    9 Agustín, Confesiones, 45.



     



    10 Agustín, Confesiones, 69.



     



    11 Agustín, Confesiones, 129.



     



    12 Agustín, Confesiones, 69.



     



    13 Agustín, Confesiones, 77. Como escribe Agustín: “cuanto más me alejaba de la verdad, tenía la impresión de acercarme más a ella” .



     



    14 Agustín, Confesiones, 8.



     



    15 Agustín, Confesiones, 106.



     



    16 Agustín, Confesiones, 106.



     



    17 Schaeffer, El Dios que está aquí, 142. 


     

     


    1
    COMENTARIOS

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    EZEQUIEL JOB
    25/05/2015
    00:39 h
    1
     
    Aquí se habla de "derribar argumentos" que se oponen al Evangelio (2Cor10:3-6), toda persona tiene un:"razonamiento que demuestra, refuta o justifica algo (argumento)". Creo yo, que derribar un argumento lo puede hacer solo el Espíritu Santo hablando a través del creyente, nuestras armas no son "carnales"(humanas), sólo el Espíritu Santo convence de pecado (Jn16:8). Pablo rogaba que al "abrir la boca" le sean dadas palabras(Ef6:19)(Sal 81:10). Es cuestión de fé, vida pura, oración (Sal51:10-13
     



     
     
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