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Protestante Digital

 
Congregaciones tras la Revolución 1868
 

El protestantismo en Sevilla

En el año 1870 también existía una Iglesia Reformada en Sevilla, fundada y pastoreada por Juan Bautista Cabrera, ex-sacerdote escolapio que se había refugiado en Gibraltar hasta la Revolución de 1868.
ORBAYU AUTOR Manuel de León 26 DE FEBRERO DE 2014

En 1876, un Instituto para jóvenes se fundó en Sevilla, con una clase de Biblia y reunión de oración. Esto ha continuado hasta la actualidad, y ha sido un medio de mucho bien entre los jóvenes españoles, algunos de los cuales han sido designados de vez en cuando para tomar los servicios en el campo, y para hablar en las reuniones. Tenemos buenas esperanzas de los candidatos al ministerio de esta fuente.

Con la restauración de la monarquía borbónica en 1875, en la persona del rey Alfonso, los temores se hacían presentes temiendo ser retirada la libertad religiosa concedida en 1869, pero felizmente estos temores se disiparon con una declaración de fecha 16 de enero 1875, que "la libertad religiosa tal como existe en la actualidad no debe ser limitada.

"Uno de los primeros actos del nuevo Gobierno, sin embargo, fue suprimir el órgano de la Iglesia Reformada, La Luz(i) , una revista que había evitado cuidadosamente todas las discusiones políticas. Fue una indicación de que una reacción ultramontana había comenzado, y que la libertad religiosa permitida era un personaje pobre. Hubo, sin embargo, cierto respeto a no intervenir en los servicios, y el trabajo continuó avanzando.

La Iglesia de Triana era otra iglesia católica romana, entonces en los suburbios de Sevilla, que había sido comprada por los protestantes y destinada principalmente a escuela, aunque después se celebraron cultos en ella. Era un edificio en mal estado de conservación y terminó solo como escuela dirigido por Manuel Cortés.

“En el año 1870 también existía una Iglesia Reformada en Sevilla, fundada y pastoreada por Juan Bautista Cabrera, ex-sacerdote escolapio que se había refugiado en Gibraltar hasta la Revolución de 1868. Esta iglesia y la misión iniciada por Palomares realizaban sus trabajos en Sevilla con total independencia, sin más conexión entre ellas que la fraternidad cristiana. La obra supervisada por Palomares quedó definida bajo el nombre de "Iglesia Española Reformada Episcopal" (IERE). Este nombre da a entender que, desde el principio, esta Iglesia tuvo un corte netamente protestante, lo cual siempre constituyó un problema para todos los anglicanos españoles que se sentían más atraídos hacia la tendencia de la High Church (Alta iglesia). Sevilla iniciará los servicios religiosos con dos iglesias o congregaciones protestantes: la primera en el templo de los jesuitas rebautizado con el de la Santísima Trinidad, ligado a la iglesia Evangélica Española y el templo de San Basilio que se vinculó a IERE. Ejercerían en el primer templo sucesivamente Juan Bautista Cabrera de 1868 hasta 1874, Manrique Alonso Lallave de 1874 hasta 1877, Miguel Barroso de 1877 hasta 1894, Emilio Carreño del Toro (†1921) de 1894 hasta 1921 y según Bastian tres de los cuatro pastores de esta congregación que ejercieron entre 1868 y 1924 fueron masones comprobados y, en los años 1930, Eliseo Mariblanca García era maestro de la escuela protestante y miembro del cuadro dirigente del Gran Oriente de España. En el segundo templo, actuaron José Aguilera y Francisco Palomares García (1835- ?) desde 1870 por lo menos hasta 1900, y Juan Cañellas hasta 1883 y mucho después, a partir de 1933, Santos Molina y Zurita (1900-?). Allí también tres de los cuatro pastores mencionados por García Rubio (1994: 194-195) aparecen como masones.

En un informe histórico de la IERE se presenta una visión más anglicana y menos unificadora de Cabrera. Dice: “En noviembre de 1874 Juan Bautista Cabrera se trasladó a Madrid para hacerse cargo de la Iglesia Evangélica del Redentor, cuyo pastor, Antonio Carrasco, había fallecido en un naufragio algunos meses antes. Años después, el 2 de marzo de 1880, y en la ciudad de Sevilla, cinco congregaciones: una en Madrid pastoreada por Cabrera, tres de Sevilla bajo Francisco Palomares y una de Málaga dirigida por el laico Sr. Domínguez, se reunían en Sínodo bajo la presidencia del obispo de la Iglesia Episcopal (anglicana) de México, Enrique Chancey Riley, de visita en España, y se constituían como confesión religiosa. Durante la celebración de dicho Sínodo, y por el mencionado obispo, fue ordenado diácono y presbítero el Sr. Domínguez. Asimismo, Cabrera fue elegido obispo con jurisdicción sobre la Iglesia constituida. En la consagración episcopal de Juan Bautista Cabrera (1894) intervinieron tres obispos de la Iglesia de Irlanda, que conservaban la antigua sucesión de san Patricio de Irlanda. Esta (IERE) se siente moralmente continuadora de la antigua Iglesia Hispana, de la que afirman gozó de independencia jurídica de Roma hasta el siglo XI. La antigua Iglesia de España se rigió por los acuerdos de sus propios y numerosos sínodos, y contó también durante siglos con una liturgia propia: la Liturgia hispánica”.

“La primera edición de la liturgia de esta iglesia, fue aprobada en el Sínodo de 1881 y revisada posteriormente. Su forma y contenido son los del antiguo rito español, también llamado visigótico o mozárabe, completado con elementos anglicanos, de otras liturgias reformadas y originales. Al precisar que la IERE era una Iglesia española, se quería decir que ella no era el resultado de la actividad de misioneros extranjeros. Desde sus inicios sus ministros eran, en su mayoría, ex-clérigos católicos que rompían con la Curia Romana a causa de su conciencia. Por eso, la IERE se presentó siempre como una Iglesia española y para españoles, de corte protestante, pero heredera de la "vía media anglicana" que acepta en su seno las tradiciones católicas de siempre. La Iglesia Española Reformada Episcopal pasó, durante las distintas etapas políticas de España” -dice Carlos López Lozano-.

En Sevilla evangelizaba en el barrio de San Bernardo, Antonio del Pino y Ortiz, natural de Sevilla, y también Nicolás Alonso Marselau que logró abrir iglesia en el barrio de Triana(ii). Antonio del Pino ya evangelizaba en 1863 en Sevilla pero tendría que marcharse a un pueblo de la provincia, Constantina, donde tenía algunos simpatizantes. Volvería en 1868 a Sevilla habiendo dejado establecida una congregación en aquel lugar y se puso al servicio del capellán Tugwell evangelizando y reuniendo enseguida algunos miembros conocidos.

El señor Del Pino colaboraría también en las escuelas que Tugwell había establecido en la calle Zaragoza, 13 de Sevilla. En este lugar se celebraban los oficios religiosos y se daban clases diarias en las escuelas. En uno de los cultos de 1869 con numerosos miembros estaría el Honorable W. Ashley director de la Spanish and Portuguese Church Missions que desde entonces apoyó incondicionalmente esta Misión entre españoles. Del fruto del trabajo del Sr. Del Pino parece haberse constituido una gran congregación que en 1870 celebraría cuatro casamientos(iii) y un bautismo. El Sr. Del Pino no estaba ordenado al modo episcopalial, aunque recibiría las órdenes más tarde, estando encomendado por Tugwell en nombre del cual ejercía su pastorado. Sobre el bautismo decir que bautizaban a niños, siendo en este caso un niño llamado Federico Guillermo.

Entre las cualidades del Sr. Del Pino estaban la de ser un excelente músico y compositor, manteniendo amistad con el maestro Eslava autor del “Miserere” sevillano. Eslava alabaría el método de canto llano compuesto por Del Pino. La Escuela Filarmónica de Sevilla sería fundada por Del Pino y Eduardo Taberner. Se ocupó también en los trabajos en la Cruz Roja, creada en 1859 por el protestante suizo Henri Dunant, llegando a la vicepresidencia, a pesar de las campañas de los católicos para que se abstuvieran de colaborar con la Cruz Roja.

En el protestantismo sevillano sobresale también Manuel Pinto, nacido en Sevilla, que conoció el Evangelio por la lectura del Nuevo Testamento, posiblemente entregado por Vázquez, por el año 1857. Ejercía su trabajo evangelístico y de instrucción bíblica con grupos no superiores a seis personas, cambiando de lugar constantemente ante la intolerancia religiosa del clero. Pinto logró formar congregación en Sevilla que según Peddie no debió pasar de cuarenta personas creyentes. El pastor Nogaret de Bayona solicitó a Pinto para trabajar entre los españoles del sur de Francia, trabajo que aceptó, pero tendría que volver a España enfermo del corazón para morir tres meses entre su familia. El pastor Nogaret, del Comité de Edimburgo, informaba a este Comité que Pinto había llegado a Bayona en 1857 y dejó esta ciudad en febrero de 1858 por su enfermedad. “Su propósito fue para hacer circular la Palabra de Dios entre españoles, que eran entonces muy numerosos en nuestro país, pero el gobierno imperial, que estaban muy en contra de cualquier tipo de proselitismo, no le concedió licencia como colportor. El motivo fue alegado, indicando que Pinto era un revolucionario, a pesar de que aparecía como portador de la mayoría de los certificados de honor ante la autoridades españolas. Nuestro amigo tenía entonces que limitarse a dar a conocer el Evangelio de viva voz, a sus compatriotas Esto no fue sin fruto. , y uno de españoles convertidos por él, Mateo Cosido ha dejado Burdeos, donde ha vivido por un tiempo, para ir a Madrid, donde ahora trabaja”.

Mateo Cosidó que se había convertido al Evangelio en Francia se le conoce por ser uno de los primeros poetas protestantes, siendo conocidos sus himnos “Iglesia de Cristo reaviva el amor” y “Hoy es día de reposo, hoy es día de solaz”. "Se fue", dice una comunicación de Madrid, en 'EL CRISTIANO ' ", uno de los más prometedores y más profundamente instruidos de los evangelistas españoles, y que por más de doce meses ha estado ayudando a su hermano Gould aquí en su trabajo ". En 1858 había sido cedido Mateo Cosidó Anglés de la Sociedad Bíblica francesa al Comité de París, donde colaboró apoyando el movimiento evangélico en Andalucía pero sobre todo en el norte de España en el Valle de Arán de dicado a la difusión de las Escrituras y también en la naciente iglesia madrileña.

Otros evangelistas como el pastor metodista Andrés Fritz ya habían establecido congregaciones en Sevilla con anterioridad a estas fechas de la Revolución, así como el peluquero Fernando Bonhome que también había conseguido formar congregación. Sin embargo el trabajo de distribución de las Escrituras y evangelización se realizó por muchas personas, algunas de ellas casi anónimas como lo fue durante bastante tiempo José Vázquez, profesor de idiomas, ex-catedrático de la Universidad de Granada y sus colaboradores. Es menester destacar que se habían formada iglesias en Sevilla desde 1859 con relaciones fraternales con la Iglesia Reformada Española de Gibraltar que pastoreaba Francisco de Paula Ruet. El peluquero Fernando Bonhome centralizaba las inquietudes reformistas, teniendo entre sus miembros a Manuel Matamoros. Colaboraba también con José Vázquez en labores de distribución de literatura, preparando a jóvenes como Matamoros y otros dos más apoyados por la Sociedad francesa “Comité para la Evangelización de España”(iv) . Bonhome a pesar de estar involucrado activamente en la distribución de biblias, tratados y revistas y en la edificación de la congregación, no descuidó su trabajo de peluquero que usaba como disimulo de sus otras peligrosas actividades. Cuando vio Vázquez que Bonhome atraía demasiado la atención utilizaría a Mr. Baxter, un británico residente en Sevilla, para descargar en su casa los fardos de libros que llegaban del Reino Unido. No estaba confundido Vázquez al descargar de responsabilidad a Bonhome al ver girar la vida congregacional y la evangelización en torno a su persona, presa fácil de descubrir. Cuando en 1860 se desata la persecución y detienen a Matamoros y otro numeroso número de dirigentes protestantes, entre ellos estaba Bonhome que sería encarcelado e incomunicado por 40 días. No se sabe más de su vida porque parece haber escapado y huido a Portugal.

Otro de los discípulos de José Vázquez era el sevillano Manuel León, un hombre de peso en la obra de evangelización al que los curas acusarían ante las autoridad civiles por realizar propaganda protestante, estando preso hasta en cuatro ocasiones, una de las cuales duró diez meses. Al estar preso entre ladrones y criminales, sería objeto de vejaciones e insultos pero más extensamente especialmente por carceleros y capellanes. A Manuel León le apodaron “El Profeta” por la encendida predicación y la sabia enseñanza de la Biblia que conocía profundamente. Uno de sus jueces le absolvió en 1859 considerándole un buen hombre, además de tener un gran conocimiento de la Biblia. La cuarta vez que fue preso, dijo al carcelero amistosamente: “Mi ausencia de esta mansión de miseria y de desgracia no ha sido muy larga. No valía la pena turbar el reposo que tenía aquí. Pero el Señor, sin duda, desea probarme un poco más. No importa que se haga su voluntad. Mis perseguidores, por los cuales oro, verán una vez más que mi fe y mi esperanza en el Señor Jesucristo siguen inalterables”. Moriría poco después de ser preso quebrantado de salud por tantas amargas experiencias.

Después de la Revolución del 68 decenas de miles de Escrituras y libros evangélicos fueron rápidamente introducidos desde Gibraltar por el Comité de Edimburgo, siendo insuficiente la oferta en muchos casos. También se imprimieron veinte mil tratados por la Sociedad de Sevilla, que circularon por varias partes de España. Las iglesias compradas en Sevilla no pudieron acoger a las multitudes que se acercaban a escuchar la Palabra de Dios. Los pastores mantenían la pureza y simplicidad la adoración a Dios, aunque algunas ordenanzas tuvieron que darse para la organización de las congregaciones.

El rápido avance del Evangelio hizo necesaria la formación teológica de los futuros dirigentes por lo que en julio de 1869 el Comité de Edimburgo creó un Seminario Teológico para instruir a catorce alumnos. Tres de ellos comenzarían el trabajo evangelístico como agentes de la Sociedad para evangelización de España: Celedonio Martínez, Luis Fernández Chacón y Ricardo López. Este seminario en 1870 tendría ocho estudiantes residentes y otros tres o cuatro de asistencia diaria, que además de recibir una formación general, tuviesen la suficiente capacitación en las Escrituras, materia que estaba a cargo del Rev. John S. Black, ministro ordenado de la Iglesia Libre de Escocia y profesor universitario. Celedonio Martínez y Luis Fernández Chacón ex sacerdotes católicos, y Ricardo López que había cursado estudios religiosos y también había participado en los sucesos de Loja según manifiesta Vicente de la Fuente(v) , que ahora pastoreaba la iglesia de Málaga. Chacón abandonó la iglesia católica y una vez abierto este Instituto o Seminario teológico protestante sería profesor, junto a Cabrera y el profesor W. Robertson Smith que junto al rector Black habían sido redactores de la Enciclopedia Británica. El Instituto solo estaría en funcionamiento dos años. Después de esta experiencia en el Instituto, Chacón emprendió la aventura de abrir iglesia en Córdoba, ciudad donde fue también secretario municipal. También estuvo poco tiempo porque se marchó a Cuba donde llegó a ser Juez de primera instancia en La Habana. Su hijo Luis A. Fernández Abeza, pastor y maestro seguiría con la obra en Córdoba. Celedonio Martínez había conocido el Evangelio en Orán a través de uno de los agentes de la Sociedad de Edimburgo y habiendo trabajado mucho tiempo en Sevilla, sería pastor en Constantina.
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(i) Otro órgano de comunicación de la obra en España sería Light and Truth: A Record of Church Reformation Work in Spain,
(ii) La España evangélica ayer y hoy. José María Martínez. Andamio-Clie. 1994 pág. 177
(iii) En “Contra vientos y mareas” de Francisco Serrano se cita el Expediente de matrimonios. Pag.25
(iv) Intolerancia y Libertad en la España Contemporánea: Los Orígenes del protestantismo español. Juan Bautista Vilar. Pág. 199; Milicia y religión en la transición al liberalismo en España. María del Mar Vilar Pág. 175 Anales de Historia Contemporánea, 17 (2001)
(v) Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España, y especialmente de la francmasonería, Volumen 2. Vicente de la Fuente Soto Freire, 1871 Pág. 228
 

 


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