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Protestante Digital

 
Matamoros y las libertades en España (3)
 

Fernando Garrido recoge el testimonio de Matamoros

Una comisión representando a muchos países europeos (25 miembros, personajes de la mayor categoría, o conocidos por su sabiduría o posición social), vino a Madrid para defender a los protestantes ante el Gobierno y la reina de España.
ORBAYU AUTOR Manuel de León 09 DE ABRIL DE 2013

Escribió el profesorTv.J. Knapp, The above interesting account of Matamoros,citado en el “The Christian world: the magazine of the American and Foreign Christian Union, Volumen 20, 1869 y el Evangelical Christendom, XXX.

No conozco la obra de William Ubxbits y que se cita en The Revival de 1862 como “A narrative of the present persecution in spain. Compiled from Original Letters written in Prison. With a Photograph, of Matamoros, taken in hia prison cell at Granada.

Interesante y meditado capítulo dedicado a Matamoros del escritor y político Alfonso Torres de Castilla, seudónimo de Fernando Garrido, correspondiente a su Historia de las persecuciones políticas y religiosas. Volumen 6 de 1866. El capitulo XXXIV tiene el siguiente sumario:

Los nuevos protestantes.—Su credo religioso.—Su sistema de propaganda.—Su descubrimiento y persecución.—Nicolás Alonso.—Prisiones en Granada, Málaga y Sevilla.—Prisión de don Manuel Matamoros en Barcelona.—Sus interrogatorios.—Su conducción a Granada.— Efecto extraordinario de la persecución de los protestantes españoles en el mundo cristiano. — Protestantes y católicos de diferentes naciones piden a la reina de España su libertad.—Persistencia de los presos en sostenerse en su nueva fe.

Para Garrido el detonante de todo este proceso fue la predicación de Nicolás Alonso Marcelau, seminarista de Granada, protegido del arzobispo, elocuente y exaltado, que sería fundador de la Internacional en España y de la Alianza de la Democracia socialista.

Apunta Garrido también a la ya organizada iglesia de Matamoroscon estatutos muy prácticos para la propagación del evangelio y el orden en las iglesias. También las cartas de Francisco Paula Ruet marcaban directrices muy evangelísticas: «Todo español convertido a la verdadera fe debe ser un verdadero misionero para con sus amigos, procurando con palabras persuasivas y con obras de piedad convencer a muchos a fin de que les imiten.»

La iglesia reformada de Barcelona había dado directrices a las demás “juntas y hermanos de Españaexhortándoles a que “si nos animamos mutua y fraternalmente para que nuestra fe no desmaye, acaso nos sea dado saludar con himnos de júbilo la radiante aurora del reinado de Dios en nuestra desventurada patria”. “Trabajemos, pues, con ardor, en la santa obra de la evangelización de nuestros hermanos, y si nuestros esfuerzos fueran estériles, consolémonos con haber cumplido como buenos y sinceros creyentes para con Dios y para con nuestros semejantes.» «¡ Pero no! llenemos el campo de semilla y cuando Dios sea servido fructificará.» «Ya que no podamos otra cosa, sembremos el grano de mostaza y regocijémonos con la idea de que no serán estériles nuestros esfuerzos, supuesto que está escrito que las aves del cielo pueden morar bajo la sombra de las ramas que crecen de la menor de las simientes.»

La iglesia reformada en Málaga estaba formada por diez iglesias según los estatutos. En Málaga a 6 de marzo de aquel misino año (1860), se lee lo siguiente: «Don Emilio Rosendo Toribio[i], secretario general de la Iglesia española reformada de Málaga y su provincia, miembro de su comité directivo y de la segunda congregación de dicha Iglesia , certifico : Que nuestro hermano don Manuel Matamoros, cuyo nombre consta en el folio 1." del libro de inscripciones de esta Iglesia, fue el que dio principio en esta ciudad a los trabajos evangélicos, debiéndose a su conocido y eficaz celo la formación de un comité que los dirigiese, y sustentase la obra comenzada; siendo por elección su quinto vocal, y mereciendo por sus servicios respectivos el cargo de misionero de la tercera Congregación.»—«Su conducta ha sido hasta hoy irreprensible, altamente cristiana y muy en armonía con los santos principios que siempre predicó, por todo lo cual es uno de los miembros mas distinguidos de nuestra comunicación. Y a fin de que lo pueda hacer constar, etc.»—Firma el Emilio Rosendo Toribio, y pone el V." B.* el presidente Juan Vivas; habiendo al margen de esta certificación un membrete litografiado que dice : «Iglesia española reformada de Málaga.»

Parece bastante certera la apreciación del profesor Vilar[ii] : “En sus comienzos la naciente comunidad había funcionado como una sociedad secreta, en la que cada miembro daba fe por escrito de la experiencia de su conversión, lo cual ponía a cubierto de delaciones. Las respectivas manifestaciones al ser leídas, contribuían a la edificación de los demás”.

Tres Reglamentos aparecieron para la organización de esta iglesia que tenía diez congregaciones como hemos dicho.

PRIMER REGLAMENTO
El primerode ellos, o sea el de la Comunión Evangélica, hablando de la admisión de hermanos en su primer capítulo, dice así: «Siendo nuestro objeto propagar las creencias que profesamos y atraer a la verdad a todos los descarriados romanos que sea posible, se admitirán en nuestra comunidad cuantos individuos lo soliciten, sin excepción ni distinción alguna de sexo, clase ni edad ; con tal de que prueben los requisitos que se marcan, protestando al ingresar arrepentirse de haber estado sumidos en el error ; y que prestarán su apoyo a nuestra causa, siempre que en ello no se les pare perjuicio alguno.

El capítulo 2."...se refiere a las obligaciones de los hermanos; y en él se establece que todos están obligados a prestar ayuda con sus esfuerzos al engrandecimiento y propagación de la Reforma, a asistir a las sesiones generales para que fueren citados, a cumplir los acuerdos de la junta, y a poner en conocimiento de esta los abusos que se cometan, teniendo en cambio derecho a que se les socorra de los fondos de la sociedad en el desgraciado caso de enfermedad, encarcelamiento u otro semejante ; a que sus hijos o parientes menores de catorce años ingresen en la escuela, y que se les faciliten gratis los libros necesarios para su educación religiosa y para el mayor apoyo de la propaganda.

En el capítulo 3."...tratándose de la junta que debía crearse para la dirección de los asuntos relativos a la obra, se determina que dicha junta habría de recibir sus inspiraciones de la Superioridad ; que ella era la encargada del bien y de la educación religiosa de los hermanos; que a su cargo quedaba el proporcionarles libros para afirmarlos en la fe, y que de su exclusiva incumbencia era el velar por todo lo concerniente a la prosperidad y aumento de la Reforma.

El capítulo 4."tiene por objeto la creación de una Caja de ahorros titulada de Socorros mutuos, con el fin de que los hermanos, que habrían de depositar en ella las sumas que buenamente pudieran, se ayudaran en sus necesidades.

El capítulo 5."ofrece poco interés, porque solo trata del comisionado o representante que habría de cumplir los acuerdos de la junta en los pueblos de la provincia o fuera de ella;

pero en el 6.", que habla de las sesiones tanto ordinarias como extraordinarias, y de los días en que debían celebrarse las unas y las otras, se dice, que a causa de las circunstancias especiales por que desgraciadamente atravesaban, y por la no tolerancia de la libertad de cultos, era evidente que las reuniones que se verificaran habían de ser secretas. El capítulo 1.", enunciando el pensamiento que envuelve, se expresa así: «Es innegable que las ideas que se graban en el corazón desde la mas tierna edad, influyen poderosamente en la vida del individuo ; por lo cual, y para que la instrucción de los afiliados sea mas sólida, es en extremo importante el establecer una escuela cuando corresponda a nuestra causa, bajo la dirección de un maestro de enseñanza elemental o superior con título por el Gobierno; cuyo maestro abrirá su colegio en la apariencia como otro cualquiera y podrá admitir en él a todos los que lo deseen , cualquiera que sea la religión a que pertenezcan ; pero en las horas que no tenga clase pública, instruirá en los principios religiosos a los alumnos hijos o parientes de nuestros hermanos.»

Finalmente el capítulo 8." y último, que se reduce a establecer las cualidades del secretario, y a determinar sus obligaciones , le impone entre otras la de abrir un registro en el que se anote el nombre, habitación, conducta y fecha de la entrada en la Iglesia de cada uno de los hermanos, siendo también de su incumbencia el administrar la caja, para lo cual llevaría los oportunos libros de ingresos y salidas.

SEGUNDO REGLAMENTO
El segundo Reglamento, o sea el dado para el régimen interior de las Congregaciones, abraza sustancialmente los particulares que siguen: «La Comunión queda dividida en diez congregaciones, número que podrá aumentarse o disminuirse a voluntad del comité directivo: cada congregación tendrá un jefe elegido por la junta, que recibirá el nombre de misionero: los congregados deberán reunirse dos veces al menos cada mes en el sitio, día y hora que el misionero señale : los hermanos que ingresen de nuevo serán destinados por la junta a cualquiera de las congregaciones, no pudiendo rehusar su admisión el misionero: este, no obstante, deberá dar cuenta por escrito mensualmente de lo que ocurra en su congregación: también es el encargado de invitar al pago del socorro, de percibir lo que por tal concepto se le abone, de entregar en Tesorería los fondos que recaude, y de poner en conocimiento de la Junta domiciliaria cuando un individuo caiga enfermo: por último, otra de las atribuciones, la mas importante sin duda, de dicho misionero, consiste en instruir a sus congregados, en leerles y comentarles el Evangelio y demás libros conducentes al objeto de la asociación, en predicarles siempre la palabra divina y en exhortarles a la fe y al amor en Cristo.

TERCER REGLAMENTO
El tercer Reglamento, fundado en la necesidad, según en su ingreso se dice, de regularizar los trabajos de la propaganda evangélica y las atribuciones de los hermanos, crea una Junta directiva compuesta de un presidente, un secretario, un archivero, un tesorero y varios vocales, con los que también forma una comisión domiciliaria de enfermos y otra inspeccionadora.

Esto así, en el capítulo 1." se dispone que los vocales habrían de ser ejemplos de moralidad y cultura, de conocido amor al Evangelio, fieles observadores de él, buenos padres de familia y hombres sin vicios denigrantes: que no deberían desatender el estudio de los libros sagrados, probando este estudio por medio de la instrucción progresiva: que estaban obligados a velar constantemente por la Iglesia, enseñando a sus miembros el verdadero camino de la salvación: que en las discusiones procurarían que hubiese mucha moderación y dulzura, y que los acuerdos de la Junta directiva no serian propalados ni comunicados a persona alguna que no correspondiera al comité; el 8." y último habla de las cualidades de los socios y de la manera como se han de conducir. «Los hermanos, dice, que hoy componen la Iglesia española reformada en Málaga, y los que en adelante ingresen en ella, han de ser personas de probada honradez , sin vicios que los denigren y buenos padres de familia; debiendo, añade, desplegar toda su actividad y celo en el ejercicio de la caridad evangélica; no ver con indiferencia la aflicción de sus hermanos; procurar el mayor engrandecimiento de la Iglesia ; propagar para ello la santa palabra y contribuir al fondo que ha de destinarse al socorro del paciente.

EUROPA ANTE ESPAÑA
Fernando Garridotambién recoge las cartas dirigidas a la reina de España desde diferentes movimientos protestantes europeos:

I.
A pesar de las elocuentes defensas que hemos visto, Matamoros fue condenado a nueve años de presidio, y un grito de horror y de indignación, de piedad y animadversión contra la severidad de los tribunales españoles resonó en todo el mundo cristiano. La prensa de todos los países se ocupó con vivo interés del asunto , mostrándose atónita de que hubiese un país cristiano en que se castigase con la pena de presidio la predicación del Evangelio y el amor al dogma de Jesucristo, al menos según la creencia de los procesados.

No creyendo que tal cosa pudiese ser real, muchos personajes de diferentes países corrieron a España y no se detuvieron hasta penetrar en los calabozos de Granada y Málaga, hasta ver a los presos y convencerse de que en efecto era por su fe religiosa por lo que sufrían tal persecución.

Cuando no les quedó la menor duda, prodigáronles toda clase de auxilios morales y materiales, y pusieron en juego todas sus influencias para obtener la libertad de sus correligionarios. Una comisión de representantes de muchos países, compuesta de veinticinco miembros, entre los que figuraban personajes de la mas elevada categoría, y otros conocidos por su sabia o elevada posición social, vino a Madrid para gestionar con el gobierno y ver a la reina.

Entre aquellos veinte y cinco comisionados figuraban Mr. Samuel Gurney, miembro del Parlamento inglés, el barón K. F. de Lynden, de Holanda, el conde Edmundo de Pourtales, de Francia, el príncipe Reuss, Enrique XIII de Prusia, y los condes Kanitz y Negendauk, de la misma nación, al lado del barón Van Riese Stallbourg de Austria, y del barón de Bussierre de Francia, y del doctor Capadoce de Holanda, y el barón Haus Essen de Suecia. Sir Roberto Peel, el célebre hombre de Estado inglés que no pertenecía a la comisión, hizo también un viaje a España, y fue de los que visitaron a los protestantes españoles en sus calabozos.

II.
La comisión de los cristianos de diferentes iglesias de Inglaterra, Suiza, Francia, Holanda, Prusia, Austria, Suecia y Dinamarca, fue portadora de curiosos y notabilísimos documentos, expresión de los deseos y sentimientos de muchos miles de personas de todas clases y condiciones, y algunos de ellos merecen bien los honores de la historia, no solo por las simpatías que muestran hacia los perseguidos en España por sus creencias religiosas, sino por la variedad de ideas que tendiendo a un mismo fin se manifiestan en ellos. Dejando aparte lo que honra y enaltece a los que con hechos lo muestran, el sentimiento de la fraternidad hacia sus correligionarios sumidos en la desgracia, el gran interés mostrado por la Europa protestante y hasta por muchos católicos en favor de los protestantes españoles, tiene de notable lo unánime y lo espontáneo.

III.
A continuación insertamos algunos de los documentos [remitidos por los individuos de la comisión al marqués de Miradores , a la sazón presidente del Consejo de ministros. Después, en junio de 1863, la reina conmutó las penas impuestas a los protestantes en las de expatriación por un número de años igual a los de prisión que el tribunal les había impuesto y a la vigilancia de la policía cuando volvieran.

Carta de la Diputación a Su Majestad la Reina de España.
«Señora.
»Con el respeto mas profundo nos acercamos a vuestra Majestad para presentarle nuestros humildes homenajes y depositar a sus pies la expresión de nuestra gratitud, como al mismo tiempo las peticiones de que somos portadores. Perteneciendo a diferentes países de Europa, pero con una fe común en Nuestro Señor Jesucristo crucificado, hemos venido a Madrid para interceder con vuestra Majestad en favor de los españoles condenados a penas terribles por haber adoptado nuestra fe y querido propagarla. Pero con grande satisfacción, Señora, y con gratitud profunda hacia nuestro Padre celestial que ha inclinado el corazón de vuestra Majestad, hemos sabido el acto de clemencia con que vuestra Majestad se ha dignado conmutar estas penas rigorosas, en la de expatriación.
»Dando gracias a Dios por este gran alivio en la suerte de nuestros hermanos, hemos pedido sus mas grandes bendiciones para la persona, el trono, y el pueblo de su Majestad.
»Pero osamos confesar a vuestra Majestad, y esto con tanta mayor libertad cuanto que nos sentimos mas agradecidos por lo que ha sido concedido, que la petición de la mayoría de los cristianos de quienes somos representantes y los votos de todos nosotros iban mas allá todavía.
»Deseaban no solo que su Majestad rompiese las cadenas de los cautivos, sino que les librase también de toda pena impuesta por su fidelidad a las convicciones que profesan y que son todo lo que el hombre tiene de mas sagrado ; es decir, las relaciones de su alma con Dios. Con este motivo nos tomamos la libertad de presentar a su Majestad las peticiones de que somos portadores, aunque las habían preparado antes de la conmutación de la pena. Esperamos que dentro de breve tiempo su Majestad se dignará acabar su obra de misericordia, permitiendo a los expulsados de su patria y hogar volver a su país como hombres libres. Son súbditos leales de su Majestad, que quieren seguir el mandamiento del Evangelio que les enseña a temer a Dios y honrar al soberano. Estamos convencidos de que tal acto honraría a España a la vista de todas las naciones de Europa, y añadiría una perla hermosísima a la corona de vuestra Majestad. Además, estamos seguros de que seria aun mas agradable al Rey de los reyes, que protege al mas humilde de los que creen en su nombre. Si deseamos ver triunfar en España la libertad religiosa, admitida hoy en la mayor parte de las naciones cristianas, es por motivos que no tienen nada que ver con la política, y que están sacados del Evangelio, y porque estamos persuadidos de que en esta libertad está encerrado el secreto de la verdadera prosperidad de los estados.
»Depositamos a los pies de vuestra Majestad las peticiones humildes de que somos portadores, y pedimos a Dios derrame sobre la Reina y su familia su bendición todopoderosa.
»Somos, Señora, con el respeto mas profundo...»
Siguen las firmas.



[i]Van der Gripp dice que entonces era llamado Manuel Hernández. (Als Schriftführer wird zunächst Emilio Rosendo Toribio, dann Manuel Hernändez genannt). También se publico un opúsculo con los artículos de Emilio Rosendo Toribio “La autonomía colonial: Articulos publicados en el "Diario de la marina" de la Habana”. Editor Establecimiento tipográfico de los sucesores de Ramírez y ca., 1883N.º de páginas64 páginas
[ii]Manuel Matamoros. Fundador del protestantismo español actual. Juan Bautista Vilar, Editorial Comares. Granada 2003, pág. 34
 

 


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