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2ª reforma protestante en España (3)
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2R: un pueblo protestante español culto

El protestantismo del XIX refleja a una sociedad muy por encima del obrero iletrado y supersticioso, y además con una clase media alta.
ORBAYU AUTOR Manuel de León 29 DE FEBRERO DE 2012

Los análisis de Juan B. Vilar, respecto al protestantismo, siempre son ponderados, pero en algunos casos determinadas afirmaciones no parecen tener demasiada consistencia sobre la clasificación social del protestantismo o al menos nosotros no la vemos.

En algún otro escrito mío ya he comentado que el protestantismo del XIX, a pesar de las apariencias, me parece que refleja a una sociedad muy por encima del obrero iletrado y supersticioso, pero además hay una clase media alta que van formando un cuerpo de personas que no son de “medio pasar”.

Iremos comentando varios hechos como la visión que sobre el pueblo español tiene William H, Rule y que hemos relatado anteriormente. Rule ve y entiende la postración espiritual y social del pueblo español y que había unos pocos liberados del yugo de las supersticiones, hombres de mente abierta a los que iba a dedicar todos sus esfuerzos. Vilar considera que el protestantismo no tuvo éxito ni siquiera entre las clases obreras como lo fue en Noruega o Suecia. Sin embargo, ¿podríamos igualar la superstición, la ignorancia, la impiedad a los países noruego, o sueco? Evidentemente no. El pueblo de estos países leía la Biblia, tenía una cultura protestante. El español, sin embargo, a lo largo del siglo tuvo que ir decreciendo la tasa de analfabetismo con el casi 100% de 1800 al 75% de 1850 y 50% de 1910. A ello sin duda contribuirían las primeras escuelas protestantes y la distribución de Biblias y tratados o porciones de textos bíblicos y sermones que se distribuyeron en cantidad. ¿Qué fue insuficiente? Solo Dios sabe si lo fue, porque en estas cosas del espíritu los éxitos y los resultados suelen medirse con otros proféticos instrumentos que solo Dios tiene.

Cuando se hacen valoraciones como la hace Jacques Delpech en “Les Protestants en Espagne” se refieren al estado de la religión de Roma y por tanto al muro que habría que derribar para que progresara el Evangelio. Dice Delpech “que la masa obrera, en su mayoría, ha desertado de la casa de Dios, siendo los extramuros de las grandes ciudades como islotes de irreligiosos. Las zonas mineras e industriales les ha ocurrido lo mismo, pudiendo percibir que la clase media e incluso en la aristocracia el mismo fenómeno de deserción y de grave crisis religiosa”. Decir que el protestantismo de principios del XIX fue rural, solo quiere decir que también se preocupó de evangelizar por los pueblos, pero los convertidos nunca fueron gente corriente ni la penetración protestante era un fracaso.

Cuando aún Rule no había establecido su misión en Cádiz, pero había distribuido abundante literatura y Biblias, los españoles con los que contactó en Gibraltar eran de elevada cultura para aquel tiempo. El enfoque que suele darse del fracaso de los primeros años de Rule, es que el asalto a la fortaleza papista tuvo escasos resultados. Sin embargo llamar fortaleza papista a aquel estado de la religión, sin Biblia, sin iglesia y sin Dios resulta al menos irónico. Las escasas proporciones a las que la misión metodista de Gibraltar se dirigía, no dejaba de ser una luz en la negra noche de siglos de Inquisición y dominio clerical. Los opúsculos y Biblias que se difundieron hasta 1842 de la Methodist Bible Society eran el único despertador de conciencias para volverse a Dios.

Cuando años más tarde se describe la congregación de la Calle Madera en Madrid en Daybreak in Spain, de James Aitken Wylie se describe una congregación siempre atestada de gente y cuyos componentes estaban en fervorosa adoración, “al contrario de los papistas, que llegan de prisa del mercado con las cestas en la mano, otros santiguándose o recontando sus legumbres y marchándose deprisa”. Aunque estaban de pie, el silencio reinaba acompañando la espiritual adoración. La congregación estaba compuesta en su mitad por obreros y artesanos y la otra mitad de clases medias, personas de título y de vez en cuando algún ex-cura papista que venía a oír el sermón protestante –dirá este autor-.

Al comenzar a tratar el tema de la “propaganda acatólica”[i], no debemos olvidar que bastantes diputados en Cortes del campo católico y algunos siendo presbíteros y obispos en las mismas Cortes, manifestaban sus desacuerdos con las autoridades eclesiásticas en sus discursos y en sus libros, como es el caso de José García Mora, más conocido como El Cura Mora ( 1829- †1910) nacido en la ciudad de Plasencia cuya evolución religiosa pasó de ser un ultramontano a convertirse en un liberal.

Sirva también como ejemplo el caso de Bernabeu y su disputa con el obispo de Valencia. En una carta de este se dice: “Con el mismo motivo, y aprovechándome de esta ocasión, me ha parecido oportuno dar parte a V. E. de lo que me está pasando con don Antonio Bernabeu, presbítero, actual diputado de Cortes, y nombrado por S. M. para el Arcedianato de Murviedro, dignidad de esta santa Iglesia metropolitana. El referido Bernabeu es autor de un folleto impreso, que anda en manos de todos , titulado: Juicio histórico canónico político de la autoridad de las Naciones sobre los bienes eclesiásticos. Este folleto fue condenado por el tribunal extinguido de la Inquisición en 22 de julio de 1815, por contener proposiciones heréticas, sapientes haresim, cismáticas, injuriosas a los Sumos Pontífices y a todo el Clero. Y no constando que las haya retractado antes, sí que las ha reproducido en otro folleto que acaba de dar aluz, titulado: La España venturosa por la vida de la Constitución y por la muerte de la Inquisición, en el que, según dictamen de algunos teólogos, a cuya censura lo he mandado, añade nuevos errores a los primeros, he creído que faltaría a uno de los principales deberes de mi sagrado ministerio, si yo le admitiese en el clero de mi diócesis”.[ii]

Uno de los primeros procesos por propaganda anticatólica es el del protestanteJosé María Pla, y un prusiano llegado del Reino Unido, Juan Eduardo Zielich en Gijón, donde desde 1808 ya se reunían en casa del cónsul Kelly para tener sus cultos. El folleto en cuestión refutaba la Inmaculada Concepción de María. Otro libro hostil y acatólico es conocido porque Uzoz y Rio conoció la Apología Theologicae veré Christianae, de Robert Barclay, tratado clásico de la doctrina cuáquera, publicada por vez primera en 1676, y que debió leer a través de la versión castellana del sevillano Antonio de Alvarado, libro éste singularísimo editado por el impresor londinense J. Sowle en 1710. Este libro aparece en varios lugares de España como propaganda protestante.

SegúnGeschichte der schönen Literatur in Spanien: Supplementband, enthaltend die wesentlichern Berichtigungen und Zusätze der dritten Auflage des Originalwerks de George Ticknor, tres son los españoles de está época del XVIII convertidos al protestantismo Tomás Carrascón, ex monje agustino que huyó a Inglaterra y en tiempo de Jaime I se hizo canónigo de la catedral de Hereford, escribiendo varios tratados contra la vida monástica o la misa en latín. Se incorporó en la Universidad de Oxford presentando su grado de bachiller en teología por Salamanca, publicando “Texeda retextus”, el latino “Hispanus conversus” (El español convertido) y un opúsculo Scrutámini Scripturas, además de el Texeda Retextus y el Miracles unmasket; Juan de la Enzina que revisa en 1708 el Nuevo Testamento de Cipriano de Valera y el citado Alvarado[iii] todos estos un poco alejados de esta época del XIX que queremos conocer, pero representan la literatura protestante y acatólica.

“Los heterodoxos -dice Matilde Gallardo[iv]-aparecen confundidos entre la maraña de afrancesados y liberales que formaron parte de las dos emigraciones de 1814 y 1823 (vuelta de Fernando VII y fracaso de Riego). La obra de Vicente Llorens corrobora lo dicho. Si bien no se les puede considerar un grupo diferenciado del resto de los exiliados políticos, también ellos lo fueron y de esta minoría liberal salieron, sí es importante destacar su rechazo absoluto al poder eclesiástico al que conocían desde dentro, que les llevó a denunciar de forma particularmente aguda los abusos y las miserias de la nación, en definitiva a tener una visión mucho más progresista y crítica que el resto de los liberales”.

En las primeras décadas del siglo XIX cita Menéndez y Pelayo algunas versiones de la Biblia que siempre fue la literatura primaria y primera: “En 1806, sin lugar ni más estampas que el nombre del impresor (S. Rousseau), se había impreso El Testamento Nuevo de N. S. Jesucristo. 12.º En 1811 (Bungay), El Nuevo Testamento, de Cipriano de Valera. En 1820 el Nuevo Testamento, traducido al español, de la Vulgata Latina Shacklewell). En 1817 (sin lugar) el Nuevo Testamento. En 1823 (Londres) El Evangelio según San Lucas y los Hechos de los Apóstoles. En 1828 (Londres) El Sermón de J. C. en el Monte, explicado en preguntas y respuestas. En 1845 (Nueva York) El Nuevo Testamento, de Cipriano de Valera, revisado en 1831. En 1849 (Glasgow, imp. de W. G. Blackie et C.) el mismo Nuevo Testamento de la misma revisión. En 1850 (Nueva York) la Biblia, del P. Scio. En 1863 (Oxford) la de Cipriano de Valera.

En 1823 Cayetano Ripoll considerado última victima de la Inquisición, fue ahorcado y pintadas unas llamas en el tonel donde lo subieron para que pareciera quemado. Lo quemarían después en el mismo tonel. Es considerado como un hombre de gran cultura al servicio de los más necesitados, que con toda probabilidad se hizo cuáquero y otros creen que próximo al unitarismo.

Sobre el farmacéutico y latinista José Melchor Prat, primer taquígrafo de las Cortes de Cádiz, diputado en 1822 y expatriado primero al condado de Cork y después a Londres con su familia en 1823, se conocen sus trabajos como traductor de obras inglesas al castellano o catalán a cuenta de la British Foreign Bible Society.

Prat llevó a cabo en Londres en 1832 la única traducción al catalán que se hizo de la Biblia en esa época la cual fue reeditada por la Sociedad Bíblica en 1836, Lo Nou Testament de Nostre Senyor Jesé Christ; traduhit de la Vulgata llatina en llengua catalana ab presencia del text original, obra de gran impacto entre los escritores catalanes y a la que contribuyeron Vicente Salvá y Antonio Puigblanch (Llorens, op. cit.: 161). En cuanto a la obra literaria de Vicente Salvá, Palau le atribuye Don Termópilo o defensa del Prospecto del Doctor Puigblanch. Por Perico de los Palotes, Londres, 1829, y La bruja, o cuadro de la corte de Roma, París, 1830, e Irene y Clara o la madre imperiosa, París, 1830, novelas estas últimas.(Como Natanael Jomtob) Antonio Puigblanch escribió La Inquisición sin máscara, o disertación en que se prueban hasta la evidencia los vicios de este tribunal y la necesidad de que se suprima. Cádiz, Imprenta de Josef Niel, 1811.

Sobre José Muñoz de Sotomayor no tenemos más información que las noticias extraídas de Llorens, Menéndez Pelayo y de las que el mismo aporta en las obras que de él se conoce. Blanco White le señala como clérigo: “[…] que había abrazado el protestantismo en Francia. Se hallaba en gran penuria singularmente porque al hacerse protestante había sido para casarse con una señora italiana, a la cual tenía que mantener en su destierro. […] se me ocurrió que podría hacerle ganar algún dinero de la Sociedad de Traducciones por medio de mi versión del Dr. Paley. Se la di a condición de que revisara el estilo, quitando todos los anglicismos que encontrase” (Menéndez Pelayo, op. cit.: 17).

Entre las traducciones de los heterodoxos de la primera emigración destaca la realizada en 1827 por José Muñoz de Sotomayor de la obra clave en el movimiento abolicionista de William Wilbeforce que él tradujo con el título de Perspectiva real del Cristianismo práctico o sistema del Cristianismo de los mundanos en las clases alta y media de este país parangonado y contrapuesto al verdadero Cristianismo[v]. En esta obra que sin duda sirvió para divulgar las tesis anti-esclavistas entre el público latinoamericano al que iba destinada, este escritor de buen estilo, versado en el pensamiento francés e inglés de la época como demuestran sus frecuentes citas de Stuart Mill, Gibbon y Pascal, hace una crítica cruda a la Iglesia de Roma así como un llamamiento al pueblo hispano (para el que utiliza el apelativo españoles de ambos mundos) al levantamiento del yugo opresor de la superstición, mostrando muchos puntos coincidentes con su benefactor Blanco White: Si llegase a reinar en la Península el verdadero cristianismo […] si no llegase a reinar alguna vez en ella el verdadero cristianismo, ¿podría jamás consolidarse un gobierno paternal y equitativo? Y a las naciones americanas, acabará de amanecer el día claro de su verdadera felicidad y gloria. […], cuán inciertos y cuan vanos serán los más sublimes cálculos de la humana política, si se miran con indiferencia los pestíferos efluvios de estas e inmundas cloacas!. Españoles de ambos mundos, sin que acabemos de ser supersticiosos o irreligiosos, no podemos dejar de ser inmorales y siéndolo es imposible que seamos felices. Acabémonos de persuadir del axioma sentado en esta obra: que el mejor patriota es el verdadero cristiano (Muñoz de Sotomayor, 1827: 334)[vi].



[i]Usaré este término “propaganda acatólica” para englobar toda literatura apologética protestante, así como las Sagradas Escrituras, casi siempre sin notas, pero que se consideraba también propaganda anticatólica.
[ii]Colección eclesiástica española: comprensiva de los breves deS.S., notas ...del Señor Arzobispo de Valencia a Monseñor Nuncio.
[iii]Una pequeña semblanza ya la hemos publicado en protestante Digital http://www.protestantedigital.com /ES/Blogs/articulo/2789/Felix-antonio-de-alvarado
[iv]Gallardo, M. (2009). Heréticos, liberales y filólogos: la labor lingüística de los heterodoxos decimonónicos en Inglaterra. In: García Martín, J. M. and Gaviño Rodríguez, V. eds. Las ideas y realidades lingüísticas en los siglos XVIII y XIX. Universidad de Cádiz, pp. 189–204.
[v]Perspectiva real del cristianismo práctico ó sistema del cristianismo de los mundanos, en las clases alta y mediana paragonado y contrapuesto al verdadero cristianismo Autores William Wilberforce, José Muñoz de Sotomayor Publicado en1827
[vi]Matilde Gallardo O.C.
 

 


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